En pantalla

“Enemigo invisible” que todo ve

La cámara puede acercarse al blanco, pero el ejecutor nunca estará en peligro de represalias

Una de las consecuencias más inesperadas – y menos importantes – de la revolución tecnológica bélica, es la desactualización instantánea de como se retrata la guerra en el cine. El combate cercano entre ejércitos enemigos, kinético y violento, fértil para crear suspenso, es tan actual como la carnicería medieval. A miles de kilómetros del teatro de operaciones, un piloto controla un dron que descarga un misil con relativa exactitud, siguiendo las órdenes de un superior que bien puede estar en otro pais. Toda conexión humana esta mediatizada. Rostros en pantallas, voces en auriculares. La cámara puede acercarse al blanco, pero el ejecutor nunca estará en peligro de represalias. Nunca sentirá el aliento del enemigo que se extingue. ¿Como hacer que esto sea interesante para el público?

El director sudafricano Gavin Hood enfrenta este problema dramático en “Enemigo Invisible”, retratando un operativo que cruza continentes. En Kenia, una célula de terroristas se reune con dos jóvenes reclutados para ejecutar atentados con chalecos explosivos. En Inglaterra, la Coronel Katherine Powell (Helen Mirren) dirige el operativo de captura a los cabecillas del grupo, un extremista islámico y su esposa, una ciudadana británica radicalizada. A kilómetros de distancia, el teniente general Frank Benson (Alan Rickman, en su última actuación en cine) sirve de enlace con el poder civil, encerrado en una sala de conferencias con el ministro Brian Woodale (Jeremy Northam) y otros burócratas. En Estados Unidos, en una base militar de Las Vegas, los soldados Steve Watts (Aaron Paul) y Carrie Gershon (Phoebe Fox) se involucran cuando la misión escala a exterminación. Ellos deben jalar el gatillo que disparará el misil. El único en peligro inmediato es Jama Farah (Barkhad Abdi), agente de seguridad del ejército keniano, tratando de acercarse al blanco para minimizar el daño colateral: Alia (Aisha Takow), una niña que vende pan justo fuera del muro perimetral de la casa en la mira.

Una niña en peligro. No hay recurso dramático más básico. Por algún milagro de contención, el guionista Guy Hibbert no puso al lado de ella un canasto con una camada de perritos. Pero tiempos de desesperación requieren medidas desesperadas. Es difícil infundir un sentido de urgencia y conexión emocional en una película que separa físicamente a sus protagonistas. La estrategia del director Gavin Hood consiste en reclutar actores transparentes. Mirren convierte el acto de pensar en un espectáculo. El sentimiento corre por cuenta de Aaron Paul, capaz de activar las lágrimas con la precisión de un gatillo. Cada personaje es humanizado con breves pinceladas: Mirren no puede dormir, Rickman es incapaz de cumplir con una encomienda doméstica, el Ministro del Exterior tiene diarrea…Los decididores son gente también. Los giros de la trama permiten que cambie el registro dramático. El suspenso más puro da paso a una sátira sobre la burocracia. En sus mejores momentos, “Enemigo Invisible” se convierte en “Esperando a Godot”, con el visitante que nunca llega convertido en una orden de disparar.

Es interesante ver como los realizadores se cubren las espaldas para sobrevivir en el campo minado de la opinión pública. Las autoridades kenianas son activas en el operativo, neutralizando cualquier sospecha de imposición imperialista. Una inglesa comanda el operativo, un norteamericano dispara. La pandilla de criminales incluye a otra inglesa blanca. No solo los africanos ponen a los villanos, ni a los muertos. La apremiante necesidad de ejecutar sin juicio a los terroristas se reafirma con alusiones a los ataques que perpetraron en la región, incluyendo el del centro comercial Westgate en Nairobi, en el año 2013. También se grafica como la imposición más radical de la ley Sharia afecta negativamente la vida cotidiana de Alia. Las niñas como ella no pueden estudiar, ni siquiera jugar. A puerta cerrada, sus cariñosos padres tratan de que tenga una vida normal.

Ninguno de los personajes tendrá certeza sobre el desenlace de Alia. Hood únicamente le concede ese conocimiento a la audiencia. Es la última oportunidad de implicarnos. Le toca a usted decidir si el precio que se paga es válido. Si “Enemigo Invisible” es una honesta exploración de los dilemas de la guerra en el siglo XXI, o una apología de la nueva carrera bélica. Yo estoy al menos agradecido de que tengamos en cartelera un thriller para adultos después de un mes de súper héroes, dibujos animados y melodramas pseudo-religiosos.


Calificación 

***Buena

“Enemigo Invisible” 

(Eye in the Sky)

Dirección: Gavin Hood 

Duración: 1 hora, 42 minutos 


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