En pantalla

“Batman vs Superman”, demasiado grande para fracasar

Un impersonal filme de acción, que no deja satisfecho a nadie

La kriptonita que afecta a “Batman versus Superman…” no es un mineral extraterrestre, si no la malsana polinización cruzada del comercio con el arte. O con el entretenimiento. El tribalismo que enfrenta a los productos de Disney/Marvel contra Warner Bros/DC Comics afecta sus decisiones creativas. La necesidad de superar espectáculos anteriores extiende metrajes y agiganta la destrucción. La nueva tiranía de los “Universos Cinemáticos” impone también sus reglas, aunque son eminentemente maleables. La continuidad o fidelidad al comic es sagrada, excepto cuando el estudio necesita alterarla.

“BvS” se sitúa en un momento crítico para DC Comics: Marvel ha lleva años de ventaja construyendo su “universo” en más de una decena de películas. DC se ha quedado a la saga, sus principales personajes se encuentran en posiciones incómodas. Batman, 4 años después de que el director Christopher Nolan culminara su popular trilogía. “Man of Steel” (Zack Snyder, 2013) re inició la historia de Superman para una nueva generación, con el actor británico Henry Cavill portando la capa roja. Tuvo buena taquilla, pero no pudo disipar la noción de que DC trataba infructuosamente de hacerle sombra a su competidor. Por eso, nos llega ahora esta “película evento”, que apuesta por combinar los poderes y la mística de dos super héroes. O más bien, tres. La Mujer Maravilla (Gal Gadot) asume un papel crucial. Ben Affleck tiene la ingrata tarea de re inventar a un personaje en tiempo record, en medio una trama sobre poblada y densa.

“BvS” comienza como un flashback a “Man of Steel”, revelando lo que sucedía en la ciudad mientras Superman y el General Zod destruían la ciudad en su climático duelo de titanes. Uno de los edificios caidos es la torre de la Financiera Wayne. El rencor de Bruce es aprovechado por Lex Luthor (Jesse Eisenberg), quien quiere sabotear la invencibilidad del hombre de acero por misteriosas razones. El reclamo de un sobreviviente (Scoot McNairy) pone a Sups en la mira de una investigación gubernamental: ¿qué responsabilidad tiene el todopoderoso héroe ante la sociedad, cuando su búsqueda por el bien causa daño? El dilema lo lanza a una profunda crisis de conciencia, mientras Lois (Amy Adams) se arriesga tratando de entrevisartar a un terrorista.

El estilo de Marvel se define por el desenfado, cierta ligereza, y la ironía. En oposición, DC Comics se lanza al otro extremo. Sus películas son sobrias y sombrías, desde la fotografía hasta la actitud de los personajes. Se toman a sí mismas mortalmente en serio. Aprecio que “BvS” asuma preocupaciones más adultas que el empoderamiento simbólico de hombres blancos. El dilema ético del Superman frente al gobierno va más allá de la usual suspicacia ante los políticos, especialmente gracias a Holly Hunter como una inquisitiva congresista. También es más exitosa a la hora de emporedar a la mujeres. Lois trasciende al rol de la damisela en peligro – aunque tiene que asumirlo de vez en cuando – , y Gal Gadot es intrigante como la Mujer Maravilla.

Superman es un símbolo de todo propósito: es un Dios en cuerpo de hombre, y la imaginería del filme no pierde ocasión de posicionarlo como Jesucristo en una estampa animada. El cuestionamiento a su poder, al aplicarse en escala global, lo define como un extensión de los mismísimos Estados Unidos, cuando asumía el papel de policía del mundo en la era pre-Obama. Su carácter alienígena nos permite decodificarlo como un migrante. Hasta los acólitos de Donald Trump pueden ver en él al hombre blanco asediado por el sistema que antes lo aclamaba.

Lamentablemente, el director Zack Snyder no tiene la habilidad, ni la sutileza necesaria, para armonizar los temas que la película invoca. Lo suyo es la acción, en clave aparatosa. El guión de Chris Terrio y David S. Goyer toma un giro que deja anegados los dilemas más interesantes la película, para abrirle paso a la destrucción monumental. La película sucumbe ante las demandas utilitarias del negocio de la franquicia, asumiendo mucho peso muerto. Se invierte mucho tiempo en sembrar las semillas de futuros filmes, introduciendo personajes de La Liga de la Justicia. Con una explosión – literal y simbólica – los realizadores cambian el registro de la película, convirtiéndola en un impersonal filme de acción, que no deja satisfecho a nadie.

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