Política

Padre Uriel Vallejos: “La voz de Dios no se calla”, a pesar de las amenazas

“Diga lo que diga el presidente (Ortega) o Rosario Murillo, la Iglesia siempre será profética en estos momentos difíciles que vive la nación”, opina

“Este siete de noviembre mi huella estará limpia, como mi conciencia”, dijo en una homilía el presbítero Uriel Vallejos, párroco de la iglesia Divina Misericordia, en Sébaco, Matagalpa, al referirse a la crisis nacional nicaragüense, las votaciones sin legitimidad y las violaciones a los derechos humanos.

“Ese mensaje es lo que cada nicaragüense tenía en la garganta para expresarlo, externarlo. La gente lo ha dicho, no vamos a votar”, asegura el párroco matagalpino.

Vallejos considera que en Nicaragua “no existen” las condiciones para unas elecciones justas y democráticas. “Ya sabemos que el circo electoral, son ellos mismos. Entonces, es ser payaso salir a votar, salir a elegir”.

El párroco admite que “predicar con la verdad” en Nicaragua es arriesgar la vida. “Todos somos amenazados”, sin embargo, pese a las amenazas, persecución y chantaje, “la Iglesia no callará”, afirma.

En una entrevista con el programa Esta Noche, el presbítero cuestiona la “farsa electoral”; denuncia el arrebato de los derechos civiles y políticos de la ciudadanía; y afirma que un mensaje de la Conferencia Episcopal apela a la conciencia de los servidores públicos.

¿Cuál es la principal preocupación que tienen las familias en sus comunidades?

La migración; la desintegración familiar que está causando esta migración; la falta de empleo; los despidos masivos que hay en instituciones del Estado, cuando una persona, un laico, no está de acuerdo al sentir o los parámetros del Gobierno de turno; y la pandemia.

La gente está preocupada. Ellos dicen: “quiero ponerme la vacuna, inclusive, puedo pagar”. A Sébaco vinieron 3000 vacunas. Eran las grandes filas, y los pobres ancianos ahí esperando, y al final no hay vacuna, y todos se quedaron sin la vacuna. Es triste ver esta realidad, muy dolorosa.

Usted acompañó a un grupo de feligreses que viajaron hasta Honduras para vacunarse. ¿Por qué no esperaron en Nicaragua?

Debido a la desconfianza que hay. Ellos dicen: “padre, están aplicando la vacuna Sputnik Light”, que no está aprobada por la OMS, la OPS; entonces no es creíble. El pueblo no es tonto, y los jóvenes peor. Es duro ver las grandes peregrinaciones en esa frontera del Espino, ver hermanos nicaragüenses también que están dentro esperando. Es una realidad que deben pensar quienes tienen la incidencia en la Salud. No hay necesidad de ir a otro hermano país para brindar la atención, sino que hay que pensar en el pueblo, hay que invertir en medicinas, en este caso la vacuna, que es el momento necesario, porque el pueblo se está muriendo, porque esta pandemia ha causado mucho estrago.

El mensaje de su homilía del domingo pasado ha sido reproducido por muchas personas. ¿Pueden hoy los sacerdotes, y la Iglesia, predicar en libertad en Nicaragua?

Es difícil, aquí es arriesgar la vida, porque todos somos amenazados: soy uno. El Gobierno, con sus órdenes que da a las instituciones y a la Policía, me vive vigilando. Si uno tiene fe y ha hecho la opción por Jesucristo, sabemos que la voz profética incomoda a los poderosos; entonces, solo me fijo en Jesús, en sus momentos difíciles nunca abandonó a su pueblo, Jesús siempre denunciaba las injusticias, y eso es lo que le incomoda a los poderosos, que le digas la verdad, la Iglesia no está para callarse, ser perro mudo ante las dificultades, ante los asedios, las amenaza; aunque ella misma esté siendo amenazada, siempre tiene que ser luz y esperanza para el pueblo, en este caso específicamente para Nicaragua.

Sé que hay muchos sacerdotes que, por miedo, por temor, no lo hacen, y sé que en el fondo llevan ese llanto; pero hay que hacerlo, porque es el momento que todos tenemos que apoyar a nuestro pueblo que sufre.

Campaña contra la Iglesia

El Gobierno ha emprendido una campaña negra contra los sacerdotes, a quienes tilda de curas políticos, y los fanáticos del régimen también les cuestionan por hacer comentarios de la crisis nacional.

Eso se llama intimidación, para callar. Muchos callan porque están casados con el Estado, y por eso no quieren hablar. Entonces, mientras tú no tienes nada que te pisen, tú tienes la valentía y el poder de predicar con la palabra, porque la palabra trasciende, la palabra es transversal, y esa palabra se tiene que llegar a todos.

¿Qué es lo que tenemos que hacer nosotros como Iglesia, como sacerdotes? Hablar con la verdad, porque tenemos al frente, al pueblo santo de Dios que está sufriendo asedio, amenazas, persecución, asesinato, y es lo que vemos a diario, y eso no lo podemos callar porque es pecado para mí, es pecado para todos, y eso es lo que incomoda, que les digás la verdad.

La pareja presidencial los ha tildado de “curas del demonio, criminales y terroristas”. ¿Se sienten amenazados?

Sí, hay una amenaza verbal, y una amenaza, podemos decir, orquestada, ordenada y también activada. Pero si yo me escondo en mi casa cural, y no ilumino en la predicación la realidad de la palabra de Jesús. La voz de Dios no se calla. La voz de Dios habla. Porque, si nosotros no hablamos, ¿quién lo va a hacer?

¿A menos de dos semanas de las votaciones del 7 de noviembre, cuál es el sentir de la feligresía de las comunidades de Sébaco?

La gente lo ha dicho: “no vamos a votar”. Esperaban el mensaje de la Conferencia Episcopal, de nuestros obispos, ya se ha dado lectura a nivel nacional, hasta la última comunidad que tenemos.

“Padre, sería bueno que usted se pronuncie, cuente con el apoyo del pueblo”.  Y eso es lo que siento acá en Sébaco, la gente me apoya, y yo no los he dejado solos, he caminado con ellos, y pienso que ese mensaje es lo que cada nicaragüense, y especialmente estos hermanos nuestros que están en esta ciudad, lo tenían, como decían, en la garganta para expresarlo, externarlo. Y la gente no va a salir. Ya sabemos quiénes son los que van a salir.

¿Hay condiciones para que se realicen en Nicaragua unas elecciones verdaderamente democráticas el 7 de noviembre?

Ninguna condición tiene este país, ya sabemos que el circo electoral, son ellos mismos. Entonces, es ser payaso, salir a votar, salir a elegir. El país en la calle está armado, ¿y quién ha armado el país? Es el mismo Gobierno. Aquí nadie ha desarmado a todos los paramilitares, y muchos adeptos del Gobierno también tienen armas, y la gente no va a exponer su vida.

Mensaje de los obispos

La Conferencia Episcopal en su mensaje apela a la conciencia de los ciudadanos para decidir qué hacer o no el 7 de noviembre. ¿Cómo se traduce este mensaje en la vida cotidiana de la gente?

Me atrevo a decir, que lo tomen en serio aquellos que están trabajando en el Estado y son fieles, muy fieles a la Iglesia, y son cristianos que uno dice: padre, estoy acá, pero estoy por mi trabajo. Yo sé y sufro mucho y llevo una cruz internamente, porque a cada rato recibo chantaje, amenaza, e inclusive, por tener amistad con usted, me viven señalando, lo que hago es evitar tener contacto, mejor le escribo por allá, vengo a visitarle que no esté nadie porque siempre hay alguien vigilando.

Este mensaje es para todos, pero específicamente para aquellos hermanos que están dentro de las instituciones del Estado, y que por cualquier “x”, “y” invitación, y que no asistan, van a perder su trabajo. Entonces, eso es apelar a su conciencia, porque hay muchos que han decidido no hacerlo.

¿Qué consecuencias puede tener para la ciudadanía que se les arrebate el derecho a elegir democráticamente en las urnas?

Aquí el soberano tiene que decidir. ¡O la bebemos o la derramamos! En este caso, la comunidad internacional, que ha sido gallo-gallina, en este aspecto. También la oposición en su momento, hoy están mirando las consecuencias que tiene; la empresa privada. El pueblo ha puesto ya lo que tenía que poner, pero el pueblo no se cansa, el pueblo está ahí. Como dijera monseñor Silvio Báez: “el pueblo está esperando”. El pueblo lo que espera es un cambio, y que haya un líder que pueda decir: “aquí estoy”. Creíble, un líder que de verdad ame a este pueblo. Pero, desgraciadamente, ellos saben el temor, que los líderes los tienen en la cárcel.

¿Y qué evaluación tiene la Iglesia católica en relación a los más de 150 presos políticos y los juicios en su contra?

Es una farsa judicial lo que hay, porque son personas limpias. El pueblo había puesto su esperanza en ellos; entonces, el Gobierno a eso es lo que le teme, por eso los tiene encerrados, encarcelados injustamente.

¿La iglesia tiene esperanza de que se supere esta crisis después del 7 de noviembre?

La esperanza siempre va a persistir. Un pueblo sin esperanza es un pueblo que va a la ruina, y un pueblo que se mirará sumergido en el sufrimiento. La fuerza de la esperanza viene en Cristo Jesús; los poderosos no prevalecen, son finitos, personas que hoy están y mañana no están.

La Iglesia, aunque sea perseguida, aunque sea amenazada, aunque sea chantajeada, la Iglesia estará ahí siempre. La Iglesia nunca va a apagar su voz profética, aunque diga lo que diga el presidente (Daniel Ortega), la Rosario Murillo, la Iglesia siempre será profética en estos momentos difíciles que vive la nación. Nada ni nadie nos puede callar.


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