Política

“Oficiales del Ejército no querrán irse al abismo” con Ortega

General en retiro Hugo Torres: “hay preocupación” por el papel pasivo del Ejército frente a la represión del régimen

La lealtad política y obediencia que el general Julio César Avilés, jefe del Ejército de Nicaragua, le profesa al dictador Daniel Ortega, no es extensible a todo el cuerpo armado, según el comandante guerrillero y general en retiro, Hugo Torres Jiménez, quien añade: “Dentro de la oficialidad hay mucha preocupación por los acontecimientos que hemos venido viviendo, y por el papel del Ejército al respecto”.

El viernes pasado, Avilés inició un tercer período consecutivo al frente del Ejército, tras ser prorrogado dos veces en el cargo por Ortega.

Torres comenta que, durante su discurso de entronización, Avilés detalló que el Ejército “ha resguardado 200 puntos estratégicos entre generadores de agua, torres eléctricas, pero también mencionó Alcaldías, desde donde salían los paramilitares a actuar, para nadie eso es un secreto”.

“También la población vio que resguardaban algunas instalaciones policiales. ¿Por qué tiene el Ejército que resguardar instalaciones policiales?, desde donde salían los policías de negro a actuar contra la población”, se pregunta Torres, durante una entrevista con el programa Esta Semana —que se se encuentra censurado en la televisión— y se transmite este domingo a las 8:00 p.m. en el canal de Confidencial en YouTube.

El general en retiro advierte que “en momentos que puede haber una situación de quiebre: o te vas al abismo con Ortega o tomas una decisión (…) Miles de oficiales no van a querer irse al abismo, porque tienen conciencia de oficiales profesionales”.

Subraya que pese a ser una institución vertical, donde sus integrantes siguen órdenes, “eso en algún momento podría cambiar (en el Ejército) porque a veces los oficiales no actúan, porque si no tenés un alto porcentaje de seguridad de que le podés dar vuelta a la situación, se calma. Es un asunto inclusive de correlación. Depende del cambio político”.

Tapón institucional

Los antecesores de Avilés, los generales Joaquín Cuadra, Javier Carrión y Omar Halleslevens cumplieron sus cinco años como jefes militares y luego pasaron a retiro, tal como lo establecía el Código Militar. Sin embargo, en enero de 2014 se instauró la reelección en el mando militar propiciada por Ortega.

Para Torres, este enraizamiento de Avilés en la jefatura militar tendrá un impacto institucional en el Ejército, ya que “al ser nombrado para un tercer mandato significa que estará diez años más de lo que normalmente tenía que ejercer en el cargo. Esto significa diez años de retraso en la carrera de los oficiales para buscar como ascender en los cargos superiores del Ejército”.

Miembros del Ejército de Nicaragua participan en la toma de posesión del general del Ejército Julio Cesar Avilés. Foto: EFE/Jorge Torres

“Es un tapón institucional. Significa que, en la pirámide de empleo, algunos buenos oficiales tendrán que salir por los lados de la pirámide, van a truncar su carrera. Es una gran losa puesta sobre las aspiraciones de la oficialidad”, explica.

Preguntado sobre si esta situación ha sido expresada de alguna forma, el general en retiro señala que “es muy poca la información que circula al respecto. Los oficiales son muy herméticos, para dar opiniones se cuidan muchísimo, porque saben que están en una institución, de mando único, vertical, que deben tener mucho cuidado, que deben cumplir órdenes”.

Malestar de Estados Unidos

La entronización de Avilés se llevó a cabo en una actividad sobria y protocolaria, en la Plaza de la Revolución, a la que asistieron delegados militares de México, Venezuela, Cuba, Centroamérica, España, Alemania, y Vietnam. Fue notoria la ausencia de una representación del Ejército de Estados Unidos.

Según Torres, la ausencia estadounidense “es un mensaje claro de reprobación, de que no están de acuerdo con una acción que consideran ilegal. La ilegalidad de origen de Ortega, producto de farsas electorales, la traduce también en ilegalidad de origen para estos nombramientos en estos cargos”.

El comandante guerrillero destaca también las ausencias de los excomandantes en jefe del Ejército, Cuadra, Carrión y Humberto Ortega Saavedra. Al acto solo asistió el general en retiro Omar Halleslevens, quien fue vicepresidente de Daniel Ortega.

Añade que otros ausentes fueron “algunos mayores generales que ocuparon cargos de jefes de estado mayor, inspector general. Creo que los invitaron, pero no estaban”.

La conexión económica

La fidelidad de Avilés y su comandancia más que un asunto de ideología política, es una relación, principalmente, “de carácter económico y financiero”, según Torres.

La prestigiosa publicación británica The Economist Intelligence Unit (EIU), ha indicado que Ortega “ejerce una influencia significativa” sobre el Ejército. “Los oficiales militares más veteranos han sido aplacados con el acceso a activos comerciales y los ingresos derivados de estos”, sostiene el informe.

“(Esa lealtad) afecta a la institución, mucho más a la comandancia. Eso no tuviera importancia si se pudiera hacer una diferenciación entre la comandancia y la institución, por eso es que el descrédito en la institución ha ido creciendo”, subraya Torres.

Agrega: “La confianza de la población en la institución militar se ha erosionado, se ha perdido en un alto porcentaje. Es una desgracia, porque nos costó mucho construir esa institución, dejarla encarrilada en el cauce de la institucionalización y la institucionalidad”.

Ambas características se han perdido en el Ejército “desde que Ortega llegó al poder (en 2007) y empezó a arrastrarlos (a los altos oficiales) hacia el terreno de la identificación de su proyecto político, y se dejaron arrastrar”, manifiesta el militar crítico de Ortega y el FSLN.

Banderas rojinegras en el acto

Esa identificación con el sandinismo, a criterio de Torres, ha sido más evidente con Avilés al mando de la institución militar. Un ejemplo es la instalación de banderas rojinegras en los actos del Ejército. La tarima donde Avilés asumió su tercer mandato consecutivo estuvo adornada con las banderas del FSLN, y la azul y blanco.

“En los primeros años de Ortega no había banderas partidarias. Ya con la comandancia del general Avilés comenzaron a aparecer las banderas”, recuerda el general en retiro. “(Con Halleslevens) por lo menos cuidaban ese detalle, para que no se les acusara de identificación política partidaria con el régimen, pero de pronto empezaron a aparecer (las banderas) hasta que se convirtió en una norma”.

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, le entrega el bastón de mando al general de Ejército Julio Cesar Avilés. Observa atenta la primera dama y vicepresidenta, Rosario Murillo. Foto: EFE/Jorge Torres

En su discurso de entronización, Avilés proclamó el carácter apolítico y apartidario del Ejército. Abogó por la tolerancia y abandonar el odio, pero no hizo ninguna referencia a la crisis sociopolítica del país provocada por la represión del Estado, ni a la existencia de grupos paramilitares que han sido fomentados por Ortega.

“Hablar de paz en términos generales, sin especificar qué medidas se están tomando para realmente sentar las bases para una paz verdadera, es un absurdo. Es un discurso que no dice nada”, señala el exguerrillero.

“La ley es clara cuando dice que el Ejército coadyuvará con las fuerzas policiales por el mantenimiento de la paz y seguridad ciudadana. La paz y seguridad ciudadana se rompieron (en 2018), quiere decir que se vieron sobrepasadas las capacidades policiales; acá estamos claros que quienes fueron factor de primer orden y han seguido siéndolo para romper esa paz han sido las fuerzas parapoliciales, las fuerzas policiales y las turbas de Ortega”, enfatiza Torres.

 



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