Política

José Pallais: “Repetir el error de la división de 2006, sería una traición”

Exdirectivo de Alianza Cívica: en la Coalición, primero es el plan de lucha y la unidad en la acción, no es hora de definir una casilla electoral

El exdiputado José Pallais Arana renunció a la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD), ante las dudas que expresó esa organización opositora sobre la firma de los Estatutos de la Coalición Nacional. Un texto que el político liberal ayudó a redactar, desde febrero pasado, junto a otros miembros de la llamada Mesa Multilateral.

“Viví la experiencia de la división del 2006. Ese error no podemos permitirlo, es una traición a la lucha del pueblo de Nicaragua, permitir o contribuir a que volvamos a ir divididos”, argumentó Pallais, durante una entrevista con el programa Esta Noche, que se transmite en el canal de YouTube de CONFIDENCIAL.

“La Coalición es el germen de la derrota de la dictadura y es un germen que debemos cultivar, desarrollar y apoyar, aprovechando todos esos espacios de inclusión que permiten los Estatutos”, justificó.

A continuación, la entrevista con Pallais, quien se unió la Alianza Nacional durante el segundo y último intento de diálogo nacional con el régimen orteguista.

¿Cuál es el fondo de la crisis política que estalló a lo interno de la Alianza Cívica sobre la Coalición Nacional?

Hubo dudas, a lo interno de la Alianza Cívica, de que sea el momento de arrancar con esta Coalición Nacional, a pesar que la idea de conformarla y construirla partió de la Alianza.

También hay preocupación de algunos pocos que pretenden se determine ya por qué casilla (electoral) se va ir, y entienden equivocadamente que al firmar una coalición con el PLC (Partido Liberal Constitucionalista) y el PRD (Partido Restauración Democrática), ya se estaría definiendo por una de estas casillas. Ellos prefieren ir en la casilla del CxL (Ciudadanos por la Libertad). No tiene ninguna razón de ser este problema, si CxL se hubiera integrado a la Coalición, a como se le invitó, y a como decidieron ellos no hacerlo.

La propuesta de reforma electoral que estamos haciendo es que la casilla y el nombre, con que debería aparecer en una eventual boleta electoral, es una nueva que aglutine a todos. Como fue en 1989 con la Unión Nacional Opositora, que eran 14 partidos, pero no se llamó como uno de los 14, sino que se llamó UNO.

El tema de la casilla no tiene ningún sentido, y tampoco es un tema de estar discutiendo ahorita cuando no sabemos si (Daniel) Ortega va aceptar las elecciones y cuál va a ser la calidad de esas elecciones,

¿El borrador de Estatuto establece cuál va a ser la alianza electoral o cuál es la casilla?

No, en absoluto. Ese tema debe ser definido en su momento, porque la primera gran decisión que debe tomar la alianza es: luchemos todos juntos para que nos restituyan nuestros derechos y garantías. Es decir, esto no es una alianza electoral tradicional, y no lo puede ser porque no estamos en democracia. Es una unidad para enfrentar a la dictadura.

El Estatutos dice que las decisiones se toman por consenso, pero cuando no hay se van a una mayoría de ¾ de los votos. La Alianza propuso que varios temas fundamentales fuesen decididos por consenso. ¿Qué diferencia hace una u otra opción?

Ese tema fue el más discutido, que requirió mayor inversión de horas, de buscar acercamientos. Se llego al entendimiento: una sesión de busca de consenso, si no hay, habrá otra sesión diferente de búsqueda de consenso para dar espacio de interactuar y negociar; y hasta la tercera (sesión), como excepción, el voto calificado de una mayoría muy alta, que son las ¾ partes de los integrantes.

Se llegó a eso porque se estimó que es muy importante evitar el veto, cuando vos obligás a que todo sea por consenso, estás dándole a una de las organizaciones el derecho de vetar, si no le gusta dice: ‘no hay consenso’, y se pasa así indefinidamente.

El derecho de veto hoy te puede convenir, pero mañana puede ser en contra, pero definitivamente el derecho de veto es una herramienta que atrasa el funcionamiento de organizaciones colegiadas, diversas y múltiples.

La mayoría del electorado azul y blanco se pregunta por qué si en la Coalición todos los actores tienen el mismo nivel de votos: ¿Todas las organizaciones tienen un voto cada una?

Así es, efectivamente. Se siguió el sistema que funciona en la OEA. (Cada país, independientemente de su tamaño, peso e influencia tiene un voto). La otra alternativa era ponderar el peso de cada una, en esto hay diferentes sistemas que pueden determinar cuál es esa ponderación.

Los miembros de la sociedad civil decíamos que teníamos más peso porque teníamos más legitimidad y tenemos el espíritu de abril. Los partidos políticos decían: yo tengo una estructura territorial, tengo una personería jurídica. Eso dilató mucho, se vio que era una discusión estéril.

La solución fue consenso donde se puede, y mayoría calificada de los ¾, donde no se alcance. Eso evita que una organización juegue un rol hegemónico. Los estatutos están diseñados para que esa posibilidad no exista. Nadie se puede imponer a los demás, puede convencer, pero no intentar lograr que se haga la voluntad de uno solo, sino que la voluntad colectiva sea la prevalezca en todos los casos.

Antes que la Alianza expresara públicamente sus reservas ante el estatuto, existía algún entendimiento entre los participantes sobre la secuencia política de este proceso: ¿qué es primero la Coalición; el plan de lucha; la organización; la alianza electoral; el programa de Gobierno; la casilla y el candidato?

La Coalición tiene esa característica de una unidad en acción y de una alianza electoral; las dos combinadas y con sus momentos bien diferenciados. Lo primero en el ‘plan de lucha’ es la restitución de los derechos y garantía que están de facto suspendido. Segundo: luchar por la liberación de los presos políticos. Tercero: cómo enfrentar la pandemia al lado de la población y (cómo) enfrentar la difícil situación económica. Cuarto: continuar actuando conjuntamente en el escenario internacional para lograr el apoyo a todas las causas. Quinto: luchar juntos para que tengamos una reforma electoral. Esas son las primeras tareas delineadas y están contempladas en los estatutos.

Si se lograra todo eso, empezaría ya la parte de la alianza electoral, que ya es entrar en cuál casilla o cómo lo hacemos. Los estatutos establecen una cosa muy importante: si la ley electoral no contempla la posibilidad de crear un nuevo partido político o reconocer una personería jurídica a las fuerzas emergentes, entonces hay que crear un vínculo y la posible alianza electoral formal debería firmarse en una escritura pública y presentarse ante el Consejo Supremo Electoral (CSE).

Esa escritura no pueden aprobarla los partidos por si solos, la escritura tiene que ser el reflejo del acuerdo a lo interno de la Coalición. Eso costó mucho imponerlo, pero se logró porque es lo único que puede dar legitimidad de que esa alianza electoral sea el reflejo del espíritu la Coalición.

¿Estos Estatutos se pueden reformar o son una ley escrita en piedra?

Perfectamente, acá no se puede hablar de que es una Constitución inamovible. Si las circunstancias lo requieren, si hay un acuerdo o una necesidad, los estatutos perfectamente se pueden modificar o adecuar para las nuevas realidades, los nuevos escenarios a los que tengamos que enfrentarnos.

¿Ante su renuncia qué pasa con su representación del sector político ante el Consejo Ejecutivo de la Alianza? ¿Cuál será tu participación en la Coalición?

No sé lo qué pasará en la Alianza, a quién van a nombrar representante del sector político, eso les corresponde a ellos. He dicho que mi compromiso es con la Coalición. Viví la experiencia de la división del 2006. Ese error no podemos permitirlo, es una traición a la lucha del pueblo de Nicaragua, permitir o contribuir a que volvamos a ir divididos.

La Coalición es el germen de la derrota de la dictadura y es un germen que debemos cultivar, desarrollar y apoyar, aprovechando todos esos espacios de inclusión que permiten los Estatutos.

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