Política

Jared Genser: “Ortega tendrá que liberar a los presos políticos”

Abogado internacional: en la medida en que se estrechen sus opciones tendrá que decidir entre mantenerlos en la cárcel, o mantener el poder

El abogado internacional Jared Genser ha sido bautizado por The New York Times como “el extractor”, por su labor en más de 25 países para sacar a presos políticos de las cárceles. Ha defendido al obispo Desmond Tutu en Sudáfrica y al premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo en China, y en Nicaragua es el defensor de los precandidatos presidenciales Félix Maradiaga y Juan Sebastián Chamorro. 

Genser considera que “Ortega no está violando únicamente el derecho internacional sino también la propia Constitución y leyes de Nicaragua al detener a personas y mantenerlas incomunicadas durante largos periodos de tiempo”, y llevará el caso de los detenidos ante el Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria de las Naciones Unidas.

El abogado compara a Ortega con “un perro rabioso, acorralado, atrapado, y tirando a morder a cualquiera que le pase cerca”, lo cual puede ser muy peligroso, pero sostiene que la forma de persuadir a un dictador para que cambie de rumbo es apelando a esos miedos. “Creo que a medida que sus opciones se vayan estrechando y vaya enfrentando decisiones más difíciles, tendrá que decidir qué tan importante es mantener a los prisioneros políticos en la cárcel, y si eso es más importante para él que mantener el poder, que estas otras cosas que pueden pasar. Mi experiencia siempre ha sido, que la forma de sacar a prisioneros políticos de la cárcel es elevando drásticamente el costo de mantenerlos detenidos por encima de los beneficios de hacerlo”, dice en esta entrevista con Esta Semana.

Este viernes el Gobierno de Nicaragua ignoró el mandato de la Corte Interamericana de Justicia, de liberar a cinco presos políticos incluyendo a sus defendidos, los precandidatos presidenciales Félix Maradiaga y Juan Sebastián Chamorro. ¿Cómo evalúa este resultado negativo? 

Me parece que es justo decir que Daniel Ortega es un tipo con bastante suerte. La realidad práctica es que la comunidad internacional ha estado distraída en semanas recientes con Afganistán, pero antes de eso con Haití y Cuba, y por ende el mundo no está prestando la atención que debería a la situación en Nicaragua, y esto le permite a Ortega pensar que de alguna manera se puede salir con las suyas virtualmente con cualquier cosa. Creo que la única forma en la que la dinámica va a cambiar es que la comunidad internacional reenfoque sus esfuerzos en Nicaragua y en la situación de los más de ciento cincuenta prisioneros políticos, treinticinco ahora, desaparecidos, y que esa es la única manera en la que me parece que vamos a ver un cambio finalmente en Nicaragua.

El Gobierno no solo ignoró el mandato de la Corte, sino que también acusó a Félix, a Juan Sebastián, y a otros presos políticos por los llamados crímenes de conspiración en una audiencia secreta.

Me parece chocante que a Félix y Juan Sebastián se les haya señalado con cargos tan obviamente políticos. Estas dos leyes son sobre estatutos amplios de seguridad nacional que son ridículos; la idea de que se puede condenar y enviar a alguien a la cárcel durante entre quince y veinticinco años simplemente por decirle la verdad al poder, por ejercer sus derechos fundamentales de libertad de opinión y expresión, libertad de reunión pacífica, libertad de participación política, es indignante, y la falta de debido proceso en sus casos es descaradamente ridícula. Cualquiera que sabe algo sobre leyes sabe que la forma en la que esto se está manejando es una violación de la Constitución y las leyes de Nicaragua, pero también de sus obligaciones bajo el derecho internacional.

Pero aún en el caso de que los jueces observaran de manera correcta los procedimientos legales, hay otro problema, y son las leyes bajo las cuales están siendo enjuiciados ¿Cómo van los jueces a determinar qué es el crimen de conspiración?

Hay dos grupos de violaciones aquí. Unas están relacionadas con el hecho que la ley primaria bajo la cual los están acusando, socavando la integridad nacional, es un estatuto exageradamente amplio de seguridad nacional y estos tipos de leyes han sido calificados como ilegales repetidamente en el derecho internacional porque se pueden interpretar antojadizamente por una dictadura, y no cumplen con los estándares internacionales. Adicionalmente, están todos estos abusos del debido proceso, un tribunal secreto, la violación del derecho a una audiencia pública, la falta de acceso a un abogado, el Poder Judicial obviamente no es independiente ni imparcial, la presunción de inocencia de la que todos los acusados penalmente deben gozar también está siendo violada porque se les presume culpables. 

También se cuenta con el derecho a la fianza bajo el derecho internacional, y en caso que no se otorgue fianza, entonces se supone que exista una determinación específica basada en hechos presentados, explicando las razones que puedan justificar que una persona no tenga acceso a libertad bajo fianza. Incluso si creyese que estas acusaciones son precisas, las presuntas ofensas no son como otros crímenes verdaderamente serios, por ejemplo, presunto asesinato, u otros que harían que una persona sea un peligro para la sociedad en el tipo de situación que amerite negar la fianza.

Hasta este momento nadie ha visto a los presos políticos en prisión y sus familiares están demandando una fe de vida, porque se encuentran completamente incomunicados, ¿Puede el Gobierno de Nicaragua mantenerlos en aislamiento de manera indefinida mientras están siendo procesados? 

¿Pueden hacerlo y van a hacerlo? Vamos a tener que esperar y ver. ¿Es eso legal? Absolutamente no. Es bastante claro que la desaparición prolongada constituye tortura bajo el derecho internacional. Félix y Juan Sebastián, y los demás que han sido desaparecidos por este largo periodo de tiempo, están siendo torturados por Daniel Ortega. En materia de derecho internacional no cabe duda sobre eso y la Constitución de Nicaragua deja claro que los tratados internacionales firmados por el Gobierno son vinculantes domésticamente y en materia de ley. Así que Ortega no está violando únicamente el derecho internacional sino también la propia Constitución y leyes de Nicaragua al detener a personas y mantenerlas incomunicadas durante largos periodos de tiempo.

En la Audiencia de la Corte este viernes también se demandó que vaya a Nicaragua la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA y que visite las cárceles de El Chipote, pero la CIDH fue expulsada por el Gobierno de Ortega en diciembre de 2018, ¿Cómo puede regresar al país? 

Esa es más una pregunta para la Comisión. Creo que debemos usar todos los medios pacíficos a nuestra disposición, para impulsar la libertad de los prisioneros políticos en Nicaragua. Creo que el mundo entiende, que la forma en la que está operando Ortega es ilegal y viola el derecho internacional. Lo más importante de entender es que la forma en la que está actuando no demuestra fuerza ni valentía, sino debilidad e impotencia. Lo digo porque un líder poderoso, un líder que sabe que cuenta con la confianza del pueblo, dejaría que cualquiera se postule para presidente, porque su trayectoria sería tan fuerte y buena que ningún candidato legítimo podría competir y ganarle. Si Daniel Ortega es tan fuerte, ¿por qué no deja que estas personas salgan de la cárcel? ¿Por qué no dejó que los partidos de oposición, salvo uno, se registren para competir por la presidencia, y luego descalificó incluso a ese único partido? Esto es porque él sabe que perdería fácilmente en una elección libre y justa en noviembre, no solamente contra los candidatos destacados, sino contra cualquier candidato.

Así que una de las cosas de las que tomo consuelo es que él está demostrando lo débil que es y eso significa que los esfuerzos de la comunidad internacional, enfocados y dirigidos como creo que serán, pueden tener una influencia profunda sobre su comportamiento. Creo que finalmente hay un lado positivo en la oscuridad, y que él se verá forzado a tomar decisiones muy difíciles en los próximos meses sobre qué es lo más importante para él, y finalmente creo que tendrá que liberar a los presos políticos en Nicaragua.

Usted ha sido llamado por la prensa internacional como el “extractor” por su éxito en liberar a presos políticos en gobiernos totalitarios como China o como Sudáfrica. ¿Cómo se compara Ortega con esos Gobiernos y qué posibilidades de éxito puede tener para liberar a los detenidos?

Esa es una pregunta clave. Lo que diría es que ya he sacado a un preso político de la cárcel en Nicaragua antes, hace unos años, este es un caso muy diferente, pero representé a Jason Puracal, un ciudadano estadounidense que había sido sentenciado a veintidós años de prisión en Nicaragua por cargos absolutamente fabricados en relación a drogas, y logré sacarlo después de aproximadamente un año de trabajo. 

Nelson Mandela, el expresidente de Sudáfrica que estuvo en la cárcel durante veintisiete años, dijo que siempre parece imposible hasta que se hace. Así es como esto se siente ahora para Nicaragua, para el pueblo nicaragüense, que esto es imposible, que él se aferra tanto al poder, con tanta saña y crueldad e imponiendo abusos tan horribles, ¿qué esperanza podría tener el pueblo nicaragüense? Y lo que yo diría es que, siempre se siente así cuando estás en el medio de todo, basándome en mi experiencia trabajando en más de veinticinco países en todo el mundo, pero el pueblo nicaragüense es fuerte y digno, quiere su libertad, quiere poder elegir su propio presidente a partir de deseos colectivos, y el pueblo nicaragüense puede y va a triunfar contra Daniel Ortega y su esposa, finalmente. Generalmente no comparo el sufrimiento entre países porque no es algo particularmente útil, pero lo que diría es que, aunque los abusos que él está cometiendo, especialmente contra cualquiera que considere como su opositor, son profundos y severos, se le puede forzar a cambiar de curso, y creo que es finalmente lo que la comunidad internacional tiene que hacer o va a hacer, y creo que hay un camino para ir adelante y asegurar la libertad de los prisioneros.

Basado en su experiencia ¿qué es lo más importante en estos procesos, es un asunto legal de estrategia jurídica, o de presión política internacional? 

Creo que hay una amplia gama de estrategias que se pueden implementar a través de organismos internacionales y bilateralmente entre Nicaragua y otros países del mundo. Tomando en cuenta la manera en la que cierta conducta está siendo criminalizada por Daniel Ortega, prefiero no entrar en muchos detalles en una entrevista, pero en términos generales hay varias docenas de cosas que la comunidad internacional podría estar haciendo que no está haciendo en este momento, y vamos a desplegar una amplia gama de iniciativas para dejarle claro a Daniel Ortega que habrán consecuencias profundas y severas si mantiene este rumbo. Eso será, como mencioné, tanto bilateralmente como multilateralmente a través de organizaciones como las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos.

¿Tiene la expectativa de que sus defendidos y los otros presos políticos puedan ser liberados antes, o después de ser condenados? 

En este momento no podría predecir eso. Es bastante claro que Ortega cree que va a concretar sus condenas y se está moviendo rápido para que así sea. He visto este tipo de situaciones desarrollarse de muchas formas distintas. Al final del día Daniel Ortega es como un perro rabioso, acorralado, atrapado, y tirando a morder a cualquiera que le pase cerca. Obviamente un perro rabioso puede ser muy peligroso, como todos sabemos. Cree que se puede salir con la suya con todo lo que está haciendo, todo depende de cómo la comunidad internacional está reaccionando. Más que nada en el mundo tiene miedo, miedo de perder el poder, miedo de la justicia y la rendición de cuentas, miedo de que su familia sea un blanco, y la forma de persuadir a un dictador para que cambie de rumbo es apelando a esos miedos. Creo que a medida que sus opciones se vayan estrechando y vaya enfrentando decisiones más difíciles, tendrá que decidir qué tan importante es mantener a los prisioneros políticos en la cárcel, y por ejemplo si eso es más importante para él que mantener el poder, o más que estas otras cosas que pueden pasar. Mi experiencia siempre ha sido, habiendo trabajado en más de veinticinco países en el mundo, que la forma de sacar a prisioneros políticos de la cárcel es elevando drásticamente el costo de mantenerlos detenidos por encima de los beneficios de hacerlo. Eso es lo que planeamos hacer y ese es el camino en el que estamos.

¿Cómo está litigando en este proceso? Usted es un abogado internacional, y Róger Reyes, el abogado de Félix Maradiaga ahora está preso, Juan Sebastián Chamorro y los otros presos políticos tampoco están representados por un abogado nicaragüense.  

Como abogado internacional litigo casos ante varios organismos, tribunales internacionales. Prontamente vamos a llevar sus casos al Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria de las Naciones Unidas. Este es un órgano experto, de cinco integrantes, que ve casos de este tipo. He llevado más de cincuenta casos a este órgano a lo largo de mi carrera y puedo decir que nunca he perdido. Una razón por la cual eso es menos impresionante de lo que suena es que solamente he llevado casos en contra de Gobiernos cuando estoy convencido de que mis clientes son en realidad inocentes de los cargos que les imputan y que nunca han usado ni alentado la violencia. Como abogado, al tomar un caso con hechos sólidos ante una Corte que es en realidad independiente e imparcial, no debe sorprender ganar frecuentemente. 

Estoy muy convencido de que vamos a prevalecer en nuestro caso ante las Naciones Unidas. Ahora, esto no obliga a Ortega a liberar a Félix y Juan Sebastián inmediatamente, será una condena adicional contra Ortega y su régimen, como la de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que mencionaste antes y que demanda su liberación inmediata e incondicional. Mi experiencia ha sido que este tipo de decisiones de la ONU también son muy útiles para movilizar el tipo de presión hacia un Gobierno que es necesaria para obligarlo a liberar a prisioneros políticos. 


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