Política

El reto de la oposición: reorganizarse sin libertades y bajo persecución

Víctimas de la represión rechazan que los presos políticos sean una moneda de cambio

Han sido tres años de hostigamiento incesantes para la oposición. Con más de 150 presos políticos en las cárceles del régimen, entre ellos 40 líderes cívicos, políticos y empresarios en los últimos cinco meses, el orteguismo continúa su escalada represiva y persecución en Nicaragua.

Además de dirigentes presos, en la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), una de las expresiones de la oposición organizada tras la Rebelión de Abril de 2018, 17 de sus coordinadores departamentales se encuentran actualmente asediados y perseguidos, mientras a nivel municipal al menos 70 líderes han sido citados por la Fiscalía o la Policía y están amenazados para evitar que hagan cualquier actividad opositora, entre ellas el llamado al “no voto” para los comicios generales del 7 de noviembre.

En octubre pasado, nueve organizaciones firmaron un comunicado en Costa Rica, Estados Unidos y Europa, en el cual plantearon su rechazo a la “farsa electoral” y demandaron la libertad de los presos políticos y la declaración internacional de ilegitimidad de las votaciones.

La hoja de ruta firmada por esas agrupaciones es un buen inicio, según el exdiputado opositor Eliseo Núñez, pero falta mucho camino por recorrer. A favor, asegura que la lucha contra Ortega se ha vuelto atemporal.

“Ya no tenemos hitos electorales enfrente, simplemente debemos diseñar nuestra propia estrategia y cuidarnos de que no nos robe la agenda. Nosotros debemos ponerla”, sostiene Núñez.

La reinvención de la oposición significa vencer, en primera instancia, la división que es vista como un error que se cometió en el pasado, del que hay lecciones que aprender, según la integrante del consejo político de la UNAB, Alexa Zamora. 

“Estamos en un momento de asumirlos con madurez y la no repetición de los mismos. Estas divisiones sin sentido bajo cualquier argumento —sea ideológico o de cualquier corte— pues no son positivas”, afirma Zamora.

Jesús Téfel, otro miembro de la UNAB, sostiene que se debe comenzar un diálogo interno respetuoso, porque en los últimos años la política se ha construido a base de ataques.

“Había una teoría que se demostró equivocada que era una cuestión ideológica, una guerra ideológica. No terminó siendo así, a las distintas ideologías les terminó por caer el peso de la represión por igual. Todos definitivamente necesitamos repensar la estrategia”, coincide Téfel.

La comandante guerrillera e historiadora de la lucha sandinista, Mónica Baltodano, considera que se debe superar “el hegemonismo” que también es parte de la herencia de la cultura política nicaragüense y consiste en que algunas organizaciones quieren estar siempre controlando, desde arriba, los espacios de articulación.

“Construir alianzas supone que hay diversidad de principios y pensamiento. Debemos ser capaces de enfrentar y superar  la labor de la dictadura, orientada a mantener la dispersión y la fragmentación de la oposición”, explica Baltodano.

Falsos comicios: el entierro de la democracia

Para Nemesio Mejía, uno de los líderes del Movimiento Campesino, las votaciones irregulares representan el entierro de la democracia y  destaca el contexto adverso sobre el tema de derechos humanos.

“Hay una persecución a todos los nicaragüenses que alzan la voz contra lo que hace este Gobierno. Ese 81% que reflejan las encuestas que no están con Ortega no los van a poder callar y esperamos que en este tipo de elecciones a su medida no va a llegar a ningún lado”, expresa. 

Baltodano hace una retrospectiva a los años de la lucha de la dictadura contra Somoza, cuando incluso había más libertades que ahora. “Las reuniones eran permitidas, los juicios eran públicos. En las universidades había libertad de organización y autonomía. Y si nos referimos a la libertad de prensa, no olvidemos que La Prensa de Pedro Joaquín circuló hasta junio de 1979,  antes de ser destruida a bombazos”, comparó Baltodano, quien considera que la clave para enfrentar a la tiranía actual es la organización, un punto en que la oposición luce más débil.

Ana Quirós, quien fue expulsada de Nicaragua en 2018 por razones políticas y despojada de su nacionalidad y de su organización CISAS, señala que a partir de ese año se han cerrado al menos 49 organismos.

“Hemos visto el endurecimiento de las condiciones”, valora Quirós. En esa visión coincide con Álvarez, quien estima que Nicaragua vive ante un terrorismo de Estado. “Ya no se le puede llamar régimen, es terrorismo”, sentencia.

No serán fichas de cambio

La semana pasada, las autoridades permitieron a los familiares de los presos políticos una segunda visita en más de cien días de cárcel. Ana Lucía Álvarez se quedó preocupada por el estado de salud de su hermana Támara Dávila y de su tía Ana Margarita Vijil.

Dávila ha perdido 32 libras desde que fue detenida en junio. Ahora pesa 108 libras, según contaron sus familiares. Las condiciones en las que sobrevive son extremas. 

Álvarez narra que no les permiten entregar alimentos para sus familiares, salvo agua. “En algún momento, recibieron yogurt, pero en ningún momento un plato de comida caliente. Un gallopinto”, lamenta.

Los presos políticos son víctimas de torturas, algunos permanecen en penumbra y otros con la luz encendida las 24 horas del día. Algunos están ubicados junto a otro reo político en la misma celda y otros en regímenes de aislamiento en los cuales son sometidos a interrogatorios.

“Que un ser humano solo tenga contacto con sus interrogadores, que la interroguen todos los días y Tammy (Tamara) 27dice que han sido 16 personas distintas sus interrogadores. Eso es parte de un sistema de tortura”, valora Álvarez.

Ante la posibilidad de un diálogo, Álvarez rechaza que los reos sean usados como monedas de cambio.

En enero pasado, Ortega mencionó la posibilidad de estas conversaciones después de las votaciones de noviembre. Recientemente la idea fue repetida por el diputado sandinista Wálmaro Gutiérrez, pero advirtió que se permitiría participar solo a los que amen a “Nicaragua, no a los que piden sanciones”, que es uno de los pretextos del régimen para encarcelar a los opositores.

Para Álvarez, lo que debe haber es “una libertad incondicional de todos los presos políticos” y afirma que se mantienen en la tarea de documentar las arbitrariedades.

El exdiputado Núñez se imagina “el diálogo” como los de Venezuela, en los cuales la dictadura busca a colaboradores para legitimarse. “La diferencia es que aquí no tenemos constituyente”, agregó el político, a quien tampoco le extrañaría que Ortega se reelija con el 95% como el sirio Bashar al-Ásad en mayo pasado, siguiendo el deseo de Ortega, que no ha ocultado su vocación por un partido único, como también funciona en Cuba.


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