Política

Daniel Ortega inventó un “tío abuelo obispo” para atacar con virulencia a la Iglesia

Su hermano Humberto Ortega lo desmiente: Marco Antonio Ortega no era un obispo “cómplice”, sino el abuelo que abogó por su padre Daniel Ortega en 1934

El presidente Daniel Ortega se inventó un obispo para descalificar políticamente a la Iglesia católica, en una larga diatriba el lunes contra la institución con mayor credibilidad nacional que ejerce un liderazgo moral en el país, y que ha cuestionado de manera consistente desde hace años por el irrespeto sistemático a los derechos humanos.

Si algún estudioso busca en la historia eclesial de Nicaragua quién es Marco Antonio Ortega, “el primer obispo de Nicaragua” como dijo el gobernante, no encontrará ningún rastro ni oral ni escrito. El mandatario dijo durante la conmemoración del 41 aniversario del inicio de la Cruzada Nacional de Alfabetización que la primera hazaña de su tío abuelo “el obispo” fue ser cómplice de Anastacio Somoza García.

“Yo conocí cuando era un muchacho a esos señores obispos, porque incluso un tío-abuelo, Marco Antonio Ortega, fue el primer obispo de Nicaragua, ¿y cuál fue la primera hazaña de Marco Antonio, el obispo? Hacerse cómplice del sistema, del régimen”, afirmó el gobernante, quien posteriormente y de manera inmediata intentó corregir su lapsus.

“Recordando bien lo del tío-abuelo, el extremo, estaban aquí las tropas yanquis en Nicaragua, y él, monseñor Antonio Lezcano y Ortega, hermano de Marco Antonio, bueno, ahí están las fotos, quedaron las fotos de la vergüenza; el señor obispo bendiciendo a las tropas yanquis con todos los fusiles tendidos ahí. No había amor al prójimo, no estaba Cristo en sus prácticas”, agregó Ortega.

Según la versión del gobernante, fue hasta el triunfo de la revolución en 1979 que se establecieron “valores” gracias a un proceso que describió como “lleno de amor al prójimo, a Cristo y prácticas cristianas”, aunque en el país los ciudadanos cuestionaban al Gobierno por su verticalismo, la mala gestión económica, el irrespeto a los derechos humanos, la corrupción y el Servicio Militar, impuesto durante la guerra en que Estados Unidos financió a la Contra. 

Los hechos históricos

El general retirado Humberto Ortega, hermano del gobernante, confirmó vía correo electrónico a una consulta realizada por CONFIDENCIAL que Marco Antonio Ortega Echaverry fue en realidad su abuelo y el religioso a quien se refirió el mandatario es monseñor Lezcano, consagrado como arzobispo el tres de mayo de 1914.

El jefe militar en retiro explicó que su abuelo fue exdirector del Instituto Nacional de Oriente, además del compositor del himno de Nicaragua, La Patria Amada, vigente entre 1910 y 1939 según el historiador Jorge Eduardo Arellano.

“Mi abuelo Marco Antonio era pariente del monseñor. Y mi abuelo dio clases a Anastasio Somoza García, vínculo que sirve (al abuelo) para interceder por mi padre Daniel Ortega Cerda, para no ser fusilado por soldados GN en 1934, al descubrirse la relación e intercambio de cartas de mi padre con el General Augusto César Sandino”, explicó el general en retiro.

En su discurso del lunes, Ortega hizo un repaso histórico, en el cual cuestionó los 16 años de “gobiernos neoliberales”, entre 1990 y 2006, que siguieron al fin del primer Gobierno sandinista, justo cuando él estuvo en la oposición. “Se puso en práctica durante tres gobiernos, alimentados, mantenidos, alentados, por el imperio yanqui; alentados, mantenidos y bendecidos por las cúpulas religiosas y otras personas que visten el hábito, y como bien se ha dicho, `el hábito no hace al monje`”, afirmó.

Estas declaraciones fueron las primeras que dio el mandatario, luego que el fin de semana su régimen fue cuestionado por el obispo de Matagalpa, Rolando Álvarez, y el Auxiliar de Managua, Silvio Báez, este último desde el exilio en Estados Unidos.

Álvarez dijo en su homilía este fin de semana que los poderosos “llegan a sentirse dueños de nuestras vidas, pretenden que actuemos como ellos y todo lo que disiente de tal postura es para ellos una lesión a la soberanía de la que ellos se han constituido jueces y dueños”. Báez sostuvo en cambio que “la Iglesia no se doblega ante los poderosos”.

Parrales: el error de todas las tiranías

Para el ex sacerdote Edgar Parrales y miembro del Grupo de los Doce, quien fue embajador de Nicaragua ante la OEA entre 1982-1986 —durante el primer Gobierno sandinista—, la posición de Ortega obedece a una estrategia planificada, dado que no ha podido desvirtuar a la Iglesia y al criticar a monseñor Lezcano intenta venderse como alguien justo que incluso cuestiona a “religiosos de su familia”.

“Como la Iglesia es la piedra en el zapato del Orteguismo —la única institución a la que no ha podido doblegar y corromper, porque a todas las instituciones del Estado las ha sometido, a los partidos los ha doblegado o corrompido—, pero él sabe que a la Iglesia no puede atemorizarla. Entonces la ataca frontalmente, buscando cómo desacreditarla y se equivoca como se han equivocado todas las tiranías, todos los absolutismos, las dictaduras de la historia: la Iglesia tiene su fuerza en Jesucristo”, añadió Parrales.

Otro analista consultado bajo condición de anonimato sostuvo que Ortega convierte en “somocista”, a todo aquel que lo cuestiona. En la actualidad, la comunidad internacional demanda el cese de la represión, pero el régimen de Nicaragua insiste en que es víctima de intervencionismo y acusa directamente a Estados Unidos, la Unión Europea y Canadá de entrometerse en los asuntos internos nicaragüenses. 

Con una escalada represiva, iniciada a finales de mayo pasado, el régimen anuló la competencia política y mantiene a más de 30 personas detenidas, entre precandidatos presidenciales, líderes cívicos, políticos, periodistas cuando restan poco más de dos meses para las votaciones presidenciales. A la mayoría de ellos, el sistema judicial bajo control del FSLN los señala de violar la ley de soberanía, aprobada el 21 de diciembre del año pasado.

En medio del incremento de la represión, basado en el control del Poder Judicial, la Arquidiócesis de Managua dijo con claridad que no observan condiciones para elegir. Ortega y la vicepresidenta Rosario Murillo—candidatos a la reelección y en el poder como familia desde 2007— llamaron a los sacerdotes en un acto posterior “curas del demonio”, mientras justificaron el allanamiento a las instalaciones del diario La Prensa, acusando sin pruebas a sus directivos de lavado de dinero y defraudación fiscal.

El otro objetivo de la dictadura, según el analista, es intentar amedrentar al clero. “Los ataca para también amedrentar a la gente que va a las misas a escucharlos. Los ataca para que sus seguidores sientan que tienen ‘carta blanca’ para atacarlos ellos, sabiendo que tienen impunidad garantizada si entran a una iglesia a quebrar imágenes, a robar, a hacer pintas en los muros… Y los ataca porque les tiene temor. Sabe que hoy por hoy la Iglesia católica tiene la red con mayor presencia en el país para decir cosas que lo incomodan”.


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