Política

Almagro: Centroamérica también debe presionar a Daniel Ortega

Asamblea de OEA debatirá sobre Nicaragua el 20 de octubre: Los vecinos deberían estar preocupados por la seguridad regional

Un panel de expertos que disertó sobre “Elecciones Libres y Justas en Nicaragua”, concluyó que, si bien la presión internacional no dará al traste con el Gobierno dictatorial de Daniel Ortega y Rosario Murillo, sí debería servir para obligar al régimen a sentarse a una mesa de negociación, que tenga la intención real de encontrar una salida a la crisis que vive el país.

El evento fue moderado por Robert Destro, vicesecretario del Departamento de Estado de Estados Unidos, para Democracia, Derechos Humanos y Trabajo; y contó con la participación del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, y del nicaragüense Manuel Orozco, director del Centro de Migración y Estabilidad Económica de Creative Associates International.

También expusieron sus puntos de vista Aimel Ríos Wong, gerente de Programa para Nicaragua del National Endowment for Democracy (NED), y el embajador Michael Kozak, vicesecretario del Departamento de Estado, para Asuntos del Hemisferio Occidental.

“Él [Ortega] está ganando tiempo. Esa es su especialidad”, aseguró el secretario general Almagro, cuyo análisis indica que Ortega “no permite que la presión permee su piel”, por lo que vislumbra que el dictador seguirá adelante aprovechando la ventana que le da la pandemia, así como el propio ruido que generan las elecciones estadounidenses, “así que se está aprovechando de estas dos circunstancias para tratar de avanzar lo más lejos que pueda hasta el 2021”.

Con todo, esa podría ser una estrategia fallida, si se considera que la política estadounidense hacia Nicaragua “tiene apoyo bipartidista en nuestro Congreso, y Estados Unidos no estará satisfecho hasta que los derechos de los nicaragüenses sean plenamente respetados. Haremos responsable al régimen de Ortega-Murillo por sus acciones y sus inacciones”, aseveró el embajador Kozak.

“Ellos creen estar ganando tiempo esperando nuestras elecciones, pero yo recibo llamadas y correos todos los días de demócratas que fueron simpatizantes del proyecto sandinista, quienes están dándonos paliza por no poner suficiente presión sobre ellos, así que no deben esperar muchos cambios en la política americana”, precisó.

Mantener condiciones

En vez de eso, el régimen debería aprovechar la oportunidad de incidir en su propio destino, accediendo a una negociación que no buscará mientras no se les apliquen más presiones porque “sin ellas, no hay negociación, no hay del todo solución. Nadie se tomará en serio una negociación, si no hay alguien más aplicando presión”, dijo Almagro.

“Ortega sabe que si hay elecciones libres las perderá. Si fueran hoy, las pierde. El no confiaría, si intentamos convencerlo que podría ganar, porque es una historia que ya vivió [en 1990], así que no creería eso nunca más. Él sabe que no tiene oportunidad de ganar las elecciones en una competencia justa y tratará de alcanzar la fecha de las elecciones manteniendo la mayoría de las condiciones que tiene ahora el sistema electoral”, detalló.

Eso explica la importancia de la presión internacional. “Deberíamos empezar a trabajar en su ilegitimidad para el año próximo, y trabajar muy duro para crear las condiciones políticas y electorales para que pueda haber elecciones justas”, añadió.

“La sociedad civil juega un papel, los medios juegan un papel, pero la oposición necesita una organización política más compacta, y un liderazgo que haga viable una solución electoral. Aunque la popularidad de Ortega esté muy baja, no hay desafío para él en términos de liderazgo”, admitió.

Occidente y el continente

El titular de la OEA detalló dos niveles de presión internacional que deben funcionar para obligar a Ortega a negociar: uno continental y otro solo ístmico, sin olvidar la aplicación de nuevas sanciones, aunque también hay un nivel hemisférico, si se suma la ayuda que pueda dar Europa, para que el régimen entienda el riesgo real de aislamiento al que se enfrenta.

“Estados Unidos no está solo en la labor de pedir rendición de cuentas. Los Ortega se están aislando de la comunidad internacional y de los mercados mundiales con sus acciones represivas. El año pasado, Canadá, la Unión Europea y el Reino Unido anunciaron sus propias sanciones contra actores corruptos en Nicaragua”, detalló el embajador Kozak.

Aunque cuenta con los esfuerzos extracontinentales para enrumbar a Nicaragua por la senda democrática, el secretario general, Almagro, ponderó especialmente el papel que la OEA debe y puede jugar, al señalar no solo el peso específico de la organización, sino también el hecho que Ortega le tiene aversión a la idea de que a su Gobierno se le considere ilegítimo.

“Él sabe que su legitimidad depende de lo que sucede dentro del organismo”, que en su momento declaró la ilegitimidad del régimen de Maduro, al aceptar al representante de Juan Guaidó en el Consejo Permanente.

“Él sabe que, si tiene que ponerse de acuerdo con alguien sobre la futura legitimidad de la situación o del sistema político en Nicaragua, tendrá que lidiar con la Organización de Estados Americanos”, añadió. “Por eso es que siempre ha mantenido la puerta abierta al trabajo de las reformas electorales con el secretariado general”, sin obviar que “las condiciones son óptimas para que él gane tiempo, por lo menos hasta noviembre o diciembre”.

Se refirió al hecho —también remarcado por Manuel Orozco— de que “está la expectativa de la Asamblea General de la OEA en octubre, para tratar sobre el caso de Nicaragua y el destino que tendrá en ese contexto. Así que los tiempos están para noviembre”, remarcó, recordando la importancia regional de acelerar una solución a la crisis sociopolítica en tiempos de pandemia.

“Me gustaría enfatizar… y enviar un mensaje claro: es la OEA, con la OEA y en la OEA, donde esto debe resolverse, donde la crisis debe ser atendida y resuelta. Ortega podría estar buscando un organismo alterno, como el SICA, pero debe ser dentro de la OEA, que debe empoderarse al máximo para lidiar con esta situación”, sentenció Ríos Wong.

El istmo: cuando los vecinos que quejan

El estar situada en el centro de Centroamérica, le confiere a Nicaragua la posibilidad de perjudicar al resto de la región, sea generando olas de exiliados (a finales de los años 70, mediados de los 80 y del 2018 en adelante, o de migrantes por razones económicas en la década de los 90); creando en los años 80 un ejército enorme que puso nerviosos a los vecinos, o simplemente, interrumpiendo el tránsito terrestre de personas y mercaderías.

“Necesitamos que él sienta que el vecindario no está contento con la situación en Nicaragua, que es un país muy relevante. Es el cinturón de Centroamérica” donde mucho comercio se hace por tierra, “lo que hace relevante al Gobierno de Ortega hasta cierto punto”, dijo Almagro.

“Él debe sentir que hay presión de sus vecinos. Eso es extremadamente relevante para que esto funcione”, añadió recordando que “eso fue lo que abrió la solución en la Nicaragua de fin de los 80, cuando los vecinos dijeron: necesitamos que Nicaragua sea un país estable y democrático porque afecta al resto”, recordando que se podría aplicar el Protocolo de Tegucigalpa “para defender la paz y la democracia”.

Orozco identificó dos opciones más. La primera, que “el secretario general participe en un acuerdo negociado, triangulado con el Gobierno y la oposición, para llegar a un entendimiento común en cómo proceder electoralmente, con el compromiso que se hará público”.

La otra es que la diplomacia estadounidense contacte a Gobiernos como el de México, Guatemala y Honduras, que “han estado jugando al riesgo moral de no votar en la Asamblea General cuando la resolución se trate de Nicaragua, porque temen ser los próximos”.

Pero no todo el trabajo deben hacerlo las cancillerías de las Américas. También hay trabajo qué hacer desde los despachos de las organizaciones de la sociedad civil, o aún desde las viviendas de quienes integran las comisiones internacionales de las organizaciones opositoras.

“La Coalición Nacional y las fuerzas prodemocráticas en Nicaragua podrían realizar un mejor trabajo internacional de defensa. Podrían fortalecer su capacidad de contactar a otros gobiernos para hablar con los de habla inglesa en las islas del Caribe, y sus contrapartes en Centroamérica”, aprovechando las afinidades étnicas o ideológicas existentes, propuso Ríos Wong.

A su juicio, esas reuniones deberían servir para mostrar que el SICA por sí solo no es la solución, ni tampoco lo es una negociación bilateral con Estados Unidos, sino que debe ser resuelto dentro de la OEA.

“La Coalición Nacional y las principales estructuras que la integran tienen comisiones de relaciones internacionales de las que hemos oído desde hace rato pero no parecen estar cocinadas todavía. Necesitan ponerse en forma, comportarse como es debido, trabajar para presentar el caso de Nicaragua a sus vecinos, y hacer un mapa de cuáles serían los países a persuadir”, como México, Guatemala, y las naciones del Caricom, enfatizó.

Los grupos de la sociedad civil, organizaciones de derechos humanos, y otras similares que están documentando la represión, “tienen redes relevantes para trabajar con la sociedad civil de esos países, donde pueden levantar el perfil público… sobre lo que está pasando en Nicaragua y por qué debería importar en la región, siendo Nicaragua el cinturón de Centroamérica”, sugirió.


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