Política

Abstención masiva se impone en la farsa electoral de Ortega

FSLN convocó a militantes y trabajadores del Estado como “movilizadores” para “garantizar el voto sandinista”, pero no funcionó

Votar fue un proceso de no más de diez minutos. La escasa participación en las elecciones de este domingo fue tal que las únicas aglomeraciones se dieron cuando los centros de votación aún no abrían las puertas, antes de las 7:00 a. m. No hubo filas porque la población no salió a votar. El observatorio independiente y multidisciplinario Urnas Abiertas habla de un abstencionismo del 81.5%.

Las elecciones —en las que Daniel Ortega busca su cuarto periodo consecutivo y segundo junto a su esposa, la vicepresidenta y vocera del régimen, Rosario Murillo— son consideradas como una “farsa” por la comunidad internacional y organizaciones nacionales. 

La falta de votantes agilizó el trámite en los 3106 Centros de Votación (CV). Sin hacer filas, los ciudadanos entraban a los locales, donde funcionarios electorales equipados con computadoras portátiles los buscaban en un sistema, y luego les indicaban en cuál junta receptora les tocaba votar. El proceso se extendió en aquellos sitios donde no había sistema computarizado y los ciudadanos se tenían que buscar en unos padrones electorales pegados en las paredes. 

El Consejo Supremo Electoral (CSE), dominado por el gobernante Frente Sandinista, habilitó 13 459 Juntas Receptoras de Votos (JRV), en los más de 3000 Centros de Votación en todo el país, que equivalen a 1202 CV eliminados en comparación con las votaciones nacionales de 2016, pese a que el padrón electoral creció en más de un millón de votantes.

En las semanas previas al 7 de noviembre, Urnas Abiertas valoró que la eliminación de estos CV tendría la intención de aumentar la cantidad de votantes en fila, al haber menos mesas electorales. La táctica no funcionó.

Un equipo de CONFIDENCIAL recorrió varios CV y constató la poca asistencia de ciudadanos. Las JRV estuvieron vacías todo el día. Los votantes asistieron principalmente por la mañana, en su mayoría empleados del Estado obligados a votar o fanáticos orteguistas, quienes eran despachados rápidamente debido al poco trabajo que había.

A eso de las 10:00 a. m., un policía electoral asignado al centro educativo Pedro Apóstol de Ticuantepe confió en que solo “habían llegado 25 votantes a la JRV en la cual estaba apostado”.

En los departamentos

Reportes de ciudadanos y organizaciones opositoras registraron que la pobre afluencia se repitió en todos los departamentos del país. Donde la población no salió a votar.

CONFIDENCIAL verificó esta información a través de reportes desde los territorios de periodistas aliados y ciudadanos y de observadores independientes voluntarios. Según describen, en los CV recorridos en los departamentos de Managua, Granada y Masaya, observaron poca o nula participación de votantes. En los sitios donde sí hubo filas, había solamente de 10 a 20 personas, y únicamente en un caso se observaron entre 20 a 50 personas en cola para entrar a la JRV.

“Llegué con mi familia a la Junta Receptora de Votos (JRV) a las 11:50 a. m, entré a votar a las 11:56 a. m. y mi proceso duró 4 minutos y 30 segundos. Cuando salí, solo mi pareja estaba en la fila. Nadie más se sumó. Otros familiares fueron a otra JRV y solo había ocho personas. No llegaba ni a dos el promedio de votantes por Junta. Había más presidentes, fiscales y policías electorales (que votantes)”, cuenta el lector.

Campaña del “no voto”

La oposición excluida de participar en las elecciones, los nicaragüenses en el exilio y la Asociación Madres de Abril, que aglutina a familiares de las víctimas del estallido social de 2018, lanzaron campañas desaconsejando votar bajo el argumento de que hacerlo sería legitimar a la “dictadura Ortega Murillo”.

Las organizaciones llamaron a no votar como una forma de protesta y pidieron a la población quedarse en casa “en reflexión, remembranza y oración” por “nuestras víctimas, por la libertad de nuestros presos políticos y por el retorno seguro de todos los exiliados”.

Los opositores utilizaron las etiquetas #YoNoBotoMiVoto, #YoNoVoto o #NicaraguaNoVota, entre otros, con las que instaron a los nicaragüenses a no salir de sus casas, mantener las puertas cerradas y las calles vacías, porque consideran que “no hay por quién votar”.

Los nicaragüenses “cerraron las puertas” a la dictadura ante “farsa electoral” y “el llamado a quedarse en casa ha sido un rotundo éxito”, según miembros del Consejo Político de la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), Alexa Zamora y Marcela Guevara.

FSLN usa a “movilizadores”

Ante el llamado al “no voto” de la oposición, el partido de Gobierno movilizó a su militancia para salir a votar. El Frente Sandinista convocó también a los trabajadores del Estado y militantes del régimen a trabajar como “movilizadores” para “garantizar el voto sandinista”.

Petrona Lezama es sandinista y “movilizadora”, como ella misma se denomina. Su trabajo consistió, según sus propias palabras, en “acarrear” votantes a los CV para amortiguar la escasa convocatoria que tuvo el Gobierno.

Ella tenía asignado el Centro de Votación establecido en la sede del Distrito II de la Alcaldía de Managua, en el barrio Edgar Lang. Al momento de la entrevista, aseguró haber llevado a 37 personas a votar, la mayoría adultos mayores.

“Mi trabajo es visitar a la gente en sus casas y traerlos para que puedan ejercer su derecho al voto”, explicó la militante sandinista, quien añadió que los ciudadanos vienen de forma “voluntaria”, y ella solo los apoya disponiendo de “caponeras” y “mototaxis” para trasladarlos.

El mecanismo establecido para que Lezama pudiese hacer su labor de acarreo de votantes fue desarrollado semanas antes de las votaciones. La misma Lezama relató que hizo visitas a distintas casas del sector que le fue asignada para hacer un sondeo sobre los habitantes sobre los cuales tendría asignada la misión de llevarlos a votar.

“A nosotros nos dan un listado, y de ese listado fueron tres visitas las que hicimos. Nosotros llegábamos y decíamos ‘en esta junta es la que va a votar usted, esta es la junta que le pertenece’. Tenemos caponeras, hay vehículos, hay sillas de rueda, para mover a las personas de más edad”, detalló.

Lezama es uno de los rostros de un despliegue de su militancia hecho por el Frente Sandinista para contrarrestar la poca convocatoria ciudadana para estos comicios.

Un reporte publicado por CONFIDENCIAL este 17 de octubre adelantaba sobre el despliegue de “movilizadores” por parte del Frente Sandinista con trabajadores del Estado y simpatizantes a para “garantizar el voto sandinista” y promover la idea de una “votación masiva” para justificar el triunfo de Daniel Ortega y Rosario Murillo en un ficticio ambiente de voto masivo y aprobación.

CONFIDENCIAL también supo que para este rol de “movilizadores” utilizaron a los suplentes de sus miembros en las Juntas Receptoras de Votos. La orientación fue que a los miembros propietarios no se podía mover por ninguna razón de las JRV, para que el suplente estuviese dedica enteramente al acarreo de votantes.

Para lograr estos acarreos, se ha documentado que el Frente Sandinista hace uso de recursos del Estado, como el tiempo de los empleados públicos, vehículos y combustibles de las instituciones públicas.


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