Opinion

¿Y la libertad de cátedra?

Profesores son objeto de acechanzas por parte de dirigentes estudiantiles, quienes actúan como comisarios políticos.

Al entrar al período de preguntas y respuestas durante la presentación de mi libro Asedios a la libertad (2016), en el hotel Posada del Doctor, en la ciudad de León, alguien me sorprendió, al decir que el profesor Salomón Manzanares había sido echado de su cátedra por no haber aprobado a varios estudiantes de comunicación de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, UNAN-León. Estábamos hablando de los males que aquejan a la profesión, cuando vino añadirse este otra tragedia, más vergonzosa e inaceptable. Al indagar las causas y la clase en que habían sido reprobados (Periodismo en Radio y Semiótica Periodística), mi mayor asombro fue enterarme que uno de los alumnos —Marlon David Figueroa Tellería— alegaba para que lo aprobaran, ser representante estudiantil de tercer año de la Carrera de Comunicación Social. Como poquísimas veces se presentó a clases, el profesor Manzanares le puso NSP, (No Se Presentó). Eso resintió profundamente el ánimo de Figueroa Tellería, quien logró el apoyo inexplicable de los dirigentes estudiantiles y autoridades de la Carrera de Comunicación Social.

Salomón se graduó en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Centroamericana (UCA), en el año 2001. La última vez que lo vi fue para la conmemoración del primer aniversario del radio-noticiero, León es Noticia, que dirige en radio Mi Favorita (89.5 FM), el experimentado periodista, Jorge Luis Calderón. Esa vez llegó vestido camisa manga larga y una corbata anudada al cuello, que le daba aires de profesor, pese a su juventud. Con alegría me manifestó que había sido incorporado al cuerpo docente de la Carrera de Comunicación Social de la UNAN-León en 2009 y que le había adquirido sabor al magisterio. Desde entonces lo he perdido de vista. A eso se debió mi sorpresa. Los estudiantes añadieron que lo ocurrido era un mal enquistado en la UNAN-León. Profesores son objeto de acechanzas por parte de dirigentes estudiantiles, quienes actúan como comisarios políticos. La misma dirigencia que se opuso a que presentara mi libro Avatares mediáticos (2011), en la sede del Sindicato de Profesores-UNAN-León. Me declararon proscrito

Las credenciales académicas de Manzanares como profesor son inobjetables, ha sido el organizador de Éxtasis Audiovisual y creador del Festival de Comunicación Social que se inició desde la primera promoción de graduados de la Carrera de Comunicación Social. Con el deseo de poner en contacto a los estudiantes con la realidad profesional que les espera, realizó dos viajes a la capital para que conocieran las instalaciones de distintos medios de comunicación, instituciones privadas (especialmente con estudiantes de tercero y cuarto año); colaboró gratuitamente en tutorías monográficas y microprogramaciones, entre las asignaturas impartidas destacan Cátedra Abierta, Divulgación, Publicidad y Propaganda, Semiótica Periodística y Periodismo en Radio. La inconformidad de los estudiantes que rechazan su despido, se debe al compromiso evidente y al empeño mostrado en su formación académica. Su involucramiento en diversas actividades lo sitúan en un lugar destacado junto al resto de profesores de comunicación social. Una pérdida innecesaria y contraproducente. ¿Rectificaran?

Como señalan los estudiantes, el profesor Manzanares fue objeto de represalias por ajustarse al reglamento universitario. Para su perplejidad, lo despidió quien debió protegerle: el maestro Víctor Manuel Castro Mairena, director de la Carrera de Comunicación Social. La preocupación generalizada apunta a las carencias futuras que tendrán como profesionales, los graduados en la UNAN-León. Lo malo no es que sean dirigentes, lo grave es el abuso que cometen —afirmaron— contando con la venia de las autoridades de comunicación social. Para los estudiantes, el deterioro de la calidad de la enseñanza obedece al creciente poder que ha venido acumulando la dirigencia estudiantil, al extremo de interferir en la libertad de cátedra. Los márgenes para ejercer la docencia, sin temor a represalias, continúan reduciéndose. El alineamiento político de muchos profesores es visible. Los han debates han desaparecido. La crítica a las políticas gubernamentales fue reducida a cero. El disentimiento dejó de formar parte del credo universitario. Nadie puede discrepar sin temor a ser objeto de agravios.

Si la manifestación de intolerancia resulta inadmisible en cualquier estamento de la sociedad, en un centro de estudios superiores resulta chocante. Una universidad que desatiende los vejámenes que se comenten contra sus profesores —sobre todo sin causa justificada— pierde de vista su misión. Peor aun cuando entran en connivencia con dirigentes que ponen en mal predicado su prestigio educativo. Los más celosos guardianes de la calidad académica deben ser quienes ostentan las más altas responsabilidades. Cuando ocurren casos como este lo que está en juego en una universidad es su reputación. Existen complicidades de las que deben desmarcarse. En la sociedad del conocimiento las exigencias y calidades profesionales se han multiplicado. En Nicaragua se requiere, hoy más que ayer, ser cada vez más exigentes. La pérdida del profesor Manzanares ha sido adversa. Estudiantes de comunicación —pese a su militancia sandinista— han decidido abandonar la UNAN-León, para inscribirse en la Universidad de Managua (UdeM), campus León.

Las máximas autoridades educativas de la UNAN-León, deben volver por los fueros del profesor Manzanares. Ni siquiera fue depuesto por motivaciones políticas. Prescindieron de sus servicios por apegarse a lo establecido en los estatutos. Hay quienes descorazonados me dijeron que nada podía hacerse. El creciente poder de los dirigentes estudiantiles, inhibe a las autoridades facultativas. Soy partidario que los estudiantes tengan voz y voto e incidan en la mejoría de su formación académica, como también disiento de la extralimitación en las cuotas de poder que administran los profesores y autoridades universitarias. Hay que ser rigurosos con la calidad y pertinencia educativas. El abuso cometido por el estudiante Figueroa Tellería pone en entredicho la libertad de cátedra y afecta sensiblemente la reputación de la universidad más antigua de Nicaragua. Una universidad de la que no solo los leoneses, sino todos los nicaragüenses, nos sentimos orgullosos. Al profesor Salomón Manzanares, en vez de premiarle por la forma en que se comportó, lo castigaron.

 



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