Opinion

Verificación electoral: el termómetro del régimen Ortega-Murillo

Si hay una participación importante de la población en el proceso de verificación, el régimen tendrá que poner su barba en remojo

De conformidad al calendario electoral del Consejo Supremo Electoral que controla el régimen Ortega-Murillo, el sábado 24 y domingo 25 de julio se realizará la verificación electoral. Pero, ¿Por qué esto puede ser importante para el futuro inmediato de la democratización en el país?

Pese a la presión de la comunidad internacional, el régimen Ortega-Murillo no ha dado muestras de tener interés que las elecciones de noviembre próximo sean un proceso auténtico que represente la voluntad popular de los nicaragüenses. El régimen, ha encarcelado a seis precandidatos presidenciales opositores; contará los votos; y no permitirá la observación electoral, con la suma de esos factores no se puede hablar de un proceso electoral con garantías mínimas.

Dicho esto, si no vamos a un proceso electoral auténtico, ¿Qué sentido tiene la verificación, para quienes aspiramos a poner fin al régimen por la vía electoral? La respuesta a la interrogante planteada debe valorarse a la luz de tres factores: la sostenibilidad del régimen; el derecho humano a votar; y la estrategia opositora.

Desde el 2018, hemos visto como la comunidad internacional ha dado golpe tras golpe a la dictadura Ortega-Murillo: condenas, sanciones y resoluciones. El régimen, se ha quedado solo, viviendo el día a día, su incertidumbre es tan grande como la nuestra y cada vez cuenta con menos recursos para comprar lealtades y reprimir. Su final está cerca y lo saben, que Daniel Ortega haya dicho en su discurso del 19 de julio que: “El pueblo armado, jamás será aplastado” no es una amenaza, sino la admisión que afrontará lo inevitable de forma fatal, antes que entregar el poder y ser llamado a cuenta por sus crímenes.

Es justo esa debilidad del régimen Ortega-Murillo la que incrementa su paranoia, paranoia que a su vez justifica los encarcelamientos y persecución contra opositores por el temor a que el pueblo se organice. De manera tal que, si hay una participación importante de la población en el proceso de verificación, el régimen tendrá que poner su barba en remojo, porque lejos de causar desesperanza en la población por la realización de un proceso electoral viciado, el régimen entenderá que éste se ha convertido en una bomba de tiempo que se activará en su contra.

Pero el proceso electoral, aunque viciado, se convierte en una bomba de tiempo contra el régimen porque es lo único que queda. No podemos criticar libremente al régimen sin enfrentar cárcel; no podemos protestar en las calles; encarcelan a líderes opositores; impiden reuniones. ¿Qué nos queda? Si el voto en Nicaragua no es un instrumento de elección, debemos convertirlo en un instrumento de protesta, en el actual contexto es necesario aprovechar cada espacio disponible para expresar nuestro rechazo al régimen.

Si bien el pacto Alemán-Ortega permitió el regreso al poder de Daniel Ortega y nos han despojado de nuestro derecho al voto, es un error pensar que la defensa de nuestro derecho al voto le toca a la comunidad internacional o a líderes de oposición. El voto, debemos defenderlo nosotros, cada nicaragüense. ¿Creen que el régimen nos va a apresar por irnos a verificar para su proceso electoral viciado?; ¿Creen que el régimen nos va a apresar por ir a votar? No lo haría, más que por ser una infamia, porque simplemente no hay cárcel para tanta gente.

Por otra parte, ante un proceso electoral viciado hay dos opciones. No participar y denunciar la falta de condiciones en el proceso; o bien participar, documentar el fraude y denunciarlo, para que la comunidad internacional desconozca al régimen Ortega-Murillo como gobierno legítimo. La batalla no está perdida, ni todo está dicho en el próximo proceso electoral, pero eso es lo que necesita el régimen que creamos.

La abstención en un proceso electoral viciado es el principal aliado en la estrategia de continuidad del régimen Ortega-Murillo, sin participación, el mayor obstáculo que enfrentará el régimen ante la comunidad internacional es la demanda de cambios en el sistema electoral. Con participación masiva y documentación del fraude, el régimen ya no sólo será criminal y represivo ante la comunidad internacional, sino que también ilegítimo y un régimen criminal, represivo, solo e ilegítimo, no tiene otra alternativa que la de caer.

*Maestro en Derechos Humanos.


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