Opinion

Una institución llamada CONFIDENCIAL

Su contribución a la defensa de la democracia, se refleja en que su periodismo ha sido declarado enemigo público por la corrupción y la tiranía

“Al buen periodismo
le hace falta sociedad
que lo acompañe”
Javier Valdez
(Periodista mexicano
asesinado por el narcotráfico)

CONFIDENCIAL nació en plena transición a la democracia, en un momento de crisis y de rupturas en todos los ámbitos de la sociedad que demandaba un nuevo ejercicio de periodismo, distanciado de las guerras de trincheras que reclamaban el realineamiento en los antiguos bandos del conflicto armado. Lo demás fue obra de la ley de las proporciones constantes aplicada al oficio informativo: un tanto por ciento de compromiso, otro tanto de testarudez, muchas moléculas de profesionalismo y otras de optimismo. El resultado ha sido la consolidación de Confidencial como institución fiable de la sociedad civil.

No ha sido fácil en un país como Nicaragua con instituciones precarias: las gubernamentales en fase de gestación después de tantos años de guerras y las sociales atrapadas entre los antivalores (secretismo, la corrupción, clientelismo, la apatía) y la polarización política. Más aún; derivado de lo anterior, hace 25 años CONFIDENCIAL enfrentaba el reto particular de abrirse campo en los medios de comunicación entre el sensacionalismo y la nota roja, entre el costumbrismo y el panfleto. En otras palabras, entró a jugar en un terreno donde las reglas ya estaban predeterminadas para que uno hiciese más de lo mismo. Pero en vez de ser rehén de estas reglas del juego (que para los neoinstitucionalistas son las instituciones) optó por reivindicar valores y normas de lo correcto frente a lo que entonces era conveniente: el alineamiento partidista y la sumisión ante el poder fáctico del gran capital. Sin padrinos ni servidumbres, no era fácil empezar.

Pese a ello, CONFIDENCIAL empezó su andadura con una apuesta clara por el periodismo de investigación que en vez de aplaudir hurgara en las agendas ocultas del poder público, del tráfico de influencias de los empresarios de cualquier origen y tamaño y, sobre todo, de lo que estaba pasando en el país real, el que no figuraba en las primeras planas de los noticieros. Por ello no fue casual que abriera sus páginas a los municipios ni que del entorno de CONFIDENCIAL naciera Onda Local, el primer programa de radio enfocado en lo que estaba ocurriendo en ese nivel de gobierno que estaba renaciendo después de 50 años de otra clausura dictatorial.

El hecho de no tratar la crónica de sucesos ni otras secciones habituales en la prensa diaria, le dio al inicio cierto perfil de publicación elitista dirigida a un público con formación académica e interesado solamente en la política. Pero en vez de entrar al redil de las normas establecidas para ser potable ante las audiencias masivas, Confidencial encontró la manera de diversificar su formato, de semanario impreso a diario digital, de lo analógico a la televisión y de la política al aire fresco de la vida cotidiana con secciones pensadas para los segmentos jóvenes de la población. Pero este cambio de continente no implicó en el cambio del contenido; siguió apostando por arrojar luz sobre temas que nadie trataba, por controlar a los poderes ante la ausencia de controles entre las instituciones estatales y por dar visibilidad a los sujetos que encarnaban problemas y experiencias exitosas.

Estos cambios tampoco implicaron abandonar la ética periodística del rigor, la calidad de los trabajos, la comprobación de las fuentes y, sobre todo, su protección. Sin estas normas CONFIDENCIAL hoy no estaría celebrando 25 años ni sería un referente creíble de lo que ocurre en Nicaragua. Por estas mismas razones tampoco se hubiera convertido en uno de los exponentes de la libertad de prensa en Nicaragua, junto a tantos medios que están sufriendo la represión de la tiranía orteguista, ni estaría entre los últimos reductos donde puede manifestarse la libertad de expresión a pesar de la estrategia dictatorial de acallar con cárceles y torturas las voces críticas.

Al contrario, CONFIDENCIAL se ha convertido en lo que los padres del neoinstitucionalismo denominaron una estructura de significación, aquella de la que se nutren la sociedad y las instituciones públicas para construir el significado de lo que es correcto, frente a un orden político que intenta resetear la moral pública con su neolengua para auto justificar sus crímenes de cada día. Al defender valores como la transparencia, la rendición de cuentas y la fiscalización del poder político, Confidencial ha contribuido no solo a mantenerlos vivos, sino que además a incorporarlos dentro del ambiente de socialización en el que se está formando la ciudadanía (y los servidores públicos) y que serán necesarios para la regeneración democrática posdictadura.

Al mismo tiempo, al ejercer de manera coherente estos valores frente a los poderosos a pesar de las consecuencias personales y organizacionales, CONFIDENCIAL también se ha convertido en un puente entre el sistema de valores socialmente aceptados -y no aceptados- e instituciones necesarias para realizarlos, y que son fuentes de la legitimidad política.

Mantener estas características a lo largo de 25 años ha hecho de CONFIDENCIAL una institución en todos los renglones: como estructura de la sociedad surgida en la transición –incompleta- hacia la democracia; por su estabilidad en el tiempo, durante el cual cada cambio experimentado ha contribuido a reafirmar el modelo de autonomía y profesionalismo inicial; porque al hacerlo cambió las reglas del juego que se encontró al nacer, y al hacerlo influyó en las pautas del comportamiento individual de los nicaragüenses que ya no ven como normal los atropellos del poder; y por haber creado un universo de valores compartidos entre una sociedad que poco a poco empezó a creer que era posible medirles las costillas al Gobierno a pesar de los pactos y de los chanchullos.

No se puede saber con certeza en cuánto ha contribuido CONFIDENCIAL a la defensa de la democracia en estos 25 años, pero si tomamos en cuenta que ha sido declarado enemigo público por la corrupción y la tiranía, su aporte ha sido innegable. En este papel, y en línea con el epígrafe de Javier Valdez que encabeza este artículo, la sociedad ha estado acompañando el buen periodismo de CONFIDENCIAL.


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