Opinion

Una conversación pendiente: ¿“Unidad” o claridad de objetivos?

Los grandes momentos de “claridad” en nuestra historia: 1856, 1927, 1956, 1979, 1990, y 2018

En estos últimos meses he tenido la oportunidad de cultivar la amistad con amigos de formación conservadora, liberal, socialcristiana, marxista, sandinista. Hemos compartido como nunca antes. Y creo que ese intercambio es un subproducto de lo ocurrido en abril del 2018. Lo que yo en retrospectiva llamaría “los sucesos de abril” abrió a mi juicio una amplia ventana de oportunidades para este tipo de intercambio de ideas, experiencias y perspectivas.

En 1978 fue la primera vez que tuve la oportunidad de tener un intercambio similar. Yo militaba en el FSLN (en su versión GPP), y el asesinato de Pedro Joaquín Chamorro había puesto en evidencia cual era el “problema inmediato a resolver “, la magnitud de lo ocurrido el 10 de enero de ese año hizo que el “problema del Somocismo ” fuese “el problema de todos”. Atrás quedaban los colores partidarios, el Somocismo se había declarado “enemigo de todos”, y en trágica reciprocidad, todos habían decidido responderle “con todo”, literalmente.

Las esperanzas de un cambio por la vía electoral se habían agotado en 1974. Había sido precisamente Pedro Joaquín desde la Unión Democrática de Liberación (UDEL) quien habia hecho el último intento electoral, del cual de manera memorable se recuerda su proclama: “No hay por quien votar”.

El terremoto de 1972 había antecedido a la crisis constitucional de 1974, y ese año cerró con la validación de la vía armada como la inevitable (aunque fatídica) opción para resolver de raíz el problema político que llevaba para entonces cerca de 40 años, y en desafío al conjunto de la sociedad nicaraguense, desde el cerro Motastepe en Managua, proclamaba: “Somoza forever”

Aún con la trágica muerte de Pedro Joaquín un sector de la sociedad, los partidos tradicionales, y los empresarios del COSIP albergaban la esperanza de que un desenlace violento se podía evitar. Semanas después promovieron una “Huelga general de brazos caidos”. Todo eso corría paralelo a la vía armada impulsada desde el FSLN quien meses atrás, en su versión Tercerista había impulsado los ataques a los cuarteles en varios departamentos en la llamada “Ofensiva de Octubre “.

Eran tiempos recios. Sobraba voluntad de hacer las cosas, pero igual entonces como ahora, faltaba unidad. El mismo FSLN desde 1975 se había dividido en tres tendencias. La misma oposición tradicional no encontraba el camino, y el somocismo no mostraba voluntad alguna de reconocer la nueva coyuntura, Nacional e internacional. Justo recién había sido la derrota norteamericana en Vietnam, el escándalo del Watergate, el ascenso de Jimmy Carter con su énfasis en los Derechos Humanos.

El somocismo por el contrario parecía confiado de seguir contando con el tradicional respaldo norteamericano en el marco de la Guerra Fria, y eventos como el Golpe de Estado de Pinochet contra Allende en Chile parecían validar tales creencias. En respuesta, la luchas guerrilleras en América Latina era el pan de cada día. Solo una de ellas, la nicaraguense lograría cuajarla en victoria, el 19 de Julio de 1979.

El “socialismo” llegó tardío a Nicaragua, a como igualmente tardío había llegado el liberalismo de Zelaya a finales del Siglo XIX y comienzos del siglo XX. Y esa “llegada diferida” la seguimos pagando caro los Nicaraguenses ahora que ya casi llegamos al primer cuarto de siglo del siglo XXI.

Retomando el hilo con que inicio esta reflexión: el intercambio con hermanos nicaraguenses de diferentes perspectivas ideológicas: A pesar de que siempre ha faltado “unidad”, ha habido momentos de “inmensa y absoluta claridad”: la guerra nacional en 1856, el rechazo a la intervención norteamericana de parte de Sandino en 1927, la gesta solitaria de Rigoberto López Pérez en 1956, la gran Coalición Nacional que en 1979 dió al traste con el somocismo, la “Unión Nacional Opositora” (UNO) que en 1990 detuvo la guerra, la rebelión de Abril del 2018 que abrió una ventana para romper el monopolio del usufructo del poder por parte de un grupo político devenido en grupo familiar.

A juicio, y en libertad lo cito, a uno de esos amigos, refiriéndose a esa conversación de “filosofías políticas”: “Es larguisima y no es precisamente el mejor momento porque una eleccion es como una guerra, excepto que es con votos em vez de balas, y exige enorme organizacion y esfuerzo. No es el momento de filosofar sino de actuar !”

Por mi parte le respondí: “Lo mío, mi aspiración (y mi inspiración) es poner un granito de arena en la parte cultural. Y con amigos como usted lo he venido logrando. Nos toca entre todos.” Más que un asunto de “unidad “, es un asunto de “claridad…..de objetivos”.

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