Opinion

Un periodista ciento por ciento

Danilo deja una herencia indiscutible como periodista, su legado alcanzó incluso a un nueva generación de periodistas

Un año después de desembarcar en La Prensa (1971) —con visión diáfana y certera— su director, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, trajo a su lado al periodista Danilo Aguirre Solís. La primera de las múltiples responsabilidades que le asignó el director, fue garantizar la edición de Managua y la portada de la página offset del rotativo más importante del país. Para entonces la redacción del diario acampado en la calle El Triunfo, estaba conformada por una pléyade de periodistas de primera. Chepe Chico Borgen, Horacio Ruiz, Agustín Fuentes, Filadelfo Alemán, Hermógenes Balladares, Bayardo Arce, Oscar Reyes Baca, Ángela Saballos, Edgar Castillo, Anuar Hassan, Eugenio Leytón, Edwin Iyescas, Pablo Emilio Barreto y Carlos Ramírez, constituían el cuerpo de redacción, comandada por Pedro Joaquín Chamorro. El poeta Pablo Antonio Cuadra ejercía como codirector del diario y director de La Prensa Literaria. Xavier Chamorro Cardenal era su subdirector y la poeta Rosario Murillo la asistente de Pedro Joaquín. Las finanzas habían sido confiadas a Jorge Cárdenas.

Danilo no solo llegó a reforzar la redacción central, en poco tiempo logró ubicarse como su jefe de redacción y líder indiscutible de ese grupo consagrado. Unos meses después se incorporarían Manuel Eugarrios, Luis Rocha, Roberto Sánchez, William Ramírez, Ricardo Trejos y Edgar Tijerino. Sin lugar a dudas Chepe Chico constituía la bisagra entre la vieja guardia del periodismo y la nueva generación que irrumpía con fuerza en el horizonte del diarismo nacional. Danilo estaba a medio camino —como él mismo se definió alguna vez— entre el periodismo bohemio y el periodista profesional que reclamaban los tiempos. Danilo empezó a convertirse en un periodista indispensable. En la medida que Danilo mostraba su temple y entrega, Pedro Joaquín empezó a transferirle mayores compromisos. Con una clara vocación demostraba lo bien que había asimilado sus años de formación juvenil en Radio Mundial, su breve estadía en el periódico La Nación y su paso por Extra. Danilo formaba parte de la generación formada en los años más duros contra el somocismo. Una de las líneas de sangre del periodismo nacional.

El magisterio de Danilo iba más allá de sala de redacción, se extendía en las tertulias en el Drive Inn Santa Ana, donde doña Rosita, Mama Sara, Las Ticas, Chico Toval y doña Alicia. En todos estos lugares seguía discutiéndose de periodismo, el acierto de un titular o la falta de garra en un reportaje. Danilo empezó a fraguarse prestigio como mejor titulador. Todavía los diarios eran de ocho columnas. Danilo invertía tiempo e ingenio para dejar estampadas sus huellas en esos titulares memorables que cobraron reputación. Las discusiones eran un trasunto del día. En varias ocasiones se colaba Ignacio Briones Torres. Con Nacho el debate se crecía. En cada lance asomaba una asimilación aguda y a la vez mordaz de la historia del país. Afloraba una sensibilidad emparentada con el futuro de Nicaragua. Su destino inmediato era tema obligado. El análisis político adquiría nuevas resonancias. Las bromas, el pan nuestro de todos los días. Danilo se había colocado prácticamente como segundo al mando de La Prensa. La confianza había sido ganada a base de tesón y una consecuencia sin límite.

Su ascenso meteórico hundía sus raíces no solo en esos titulares que los jóvenes elogian como uno de sus más grandes legados. Tenían como base una versatilidad asombrosa. Escribía con igual maestría de política nacional como de deporte nacional e internacional. Para asentar su liderazgo tenía que mostrar dotes relevantes como reportero. No había gratuidad. En cada conquista brotaba la asimilación de sus grandes lecturas. Para competir exitosamente leía y escuchaba con fruición las noticias que los demás medios utilizaban para articular sus políticas informativas. Radio Mundial —en una nación con altos índices de analfabetismo— continuaba siendo el mayor referente informativo del país. Su columna vertebral estaba conformada —además de las telenovelas— por radioperiódicos con varias audiciones: Reportero Matinal, Extra, La Verdad, La Prensa en el Aire, El Momento, El Pensamiento y Radio Informaciones. La extraordinaria dupla constituida por Manuel Arana Valle y Julio César Sandoval había convertido a la Mundial en la Catedral de la Radiodifusión Nicaragüense. En esas aulas se formó Danilo.

El vacío dejado por Enrique Alvarado Abaunza como director de la Carrera de Comunicación de la UCA fue llenado de inmediato por Danilo. Le dije al padre Arturo Dibar que la mejor decisión que podía tomar era nombrar como sustituto de Enrique a uno de los periodistas de mayor renombre para que imprimiera a los alumnos su sello característico. Si al despuntar los setenta —siendo estudiante de derecho— Pedro Joaquín Chamorro Cardenal me llamó a La Prensa y se encargó de impartirme mis primeras lecciones de periodismo, Danilo decidió abrirme un mayor espacio en el diario. Con su arribo a la UCA como director de la Carrera de Comunicación, Danilo tuvo la posibilidad de expandir su maestría en el ámbito académico. La Prensa había reaparecido el 1 de marzo de 1973, después de la breve pausa impuesta por el terremoto que demolió Managua el 23 de diciembre de 1972. Sabedor de la penetración de la Mundial y del prestigio de Radio Informaciones, Pedro Joaquín, acudió a sus estudios días antes para dar la buena nueva de su reaparición.

A partir de 1974 Danilo pasó a gozar de mayor capacidad de maniobra; Pedro Joaquín se entregaba a forjar un nuevo frente de lucha política contra el somocismo, a través de la creación de la Unión Democrática de Liberación (UDEL). Si me pidieran comparar con algún periodista el desarrollo vertiginoso de Danilo, solo podría hacerlo con Edgar Tijerino. Después que Edgar mostró que sabía de deportes catapultándose a la fama al pronosticar con acierto quienes jugarían la final de la Copa de Futbol que se jugaba en México, entre el 31 de mayo y el 21 de junio de 1970, y escribir una vez por semana una página entera —Lunes deportivo— con su firma, aprovechó el espacio que le abrió Danilo para cubrir con creces el tiempo que Angelita Saballos dejó el periódico, para dar a luz a su hija Ximena. Así siempre fue Danilo. Cuando veía destacarse a un periodista lo acuerpaba. Sabía reconocer el talento. A Edgar solo le bastaron tres meses para mostrar su valía. Mientras tanto, Danilo continúo prodigando su ayuda a quienes se la pidieron. Sabía multiplicarse para los demás.

Danilo se caracterizó por ser un periodista ciento por ciento, jamás dejó de apoyar las iniciativas impulsadas por los jóvenes, ni dejó de hablar a favor de los periodistas bajo su dirección. No salirse nunca de la ruta trazada lo distinguirá para siempre. Mucho menos que lo hiciera cuando emprendió junto a Xavier Chamorro Cardenal la fundación de El Nuevo Diario. Un diario que hubiese constituido uno de sus grandes legados si su política informativa y editorial no hubiese sido torcida. De aquel medio combativo y beligerante ya no quedan ni vestigios. Hoy en día El Nuevo Diario constituye la negación absoluta en la que invirtieron sus afanes y esperanzas. El medio ha sido desmontado gonce a gonce hasta convertirlo en un periódico anodino. Danilo sufrió mucho cuando varios de sus compañeros salieron declarando que El Nuevo Diario de ahora era mucho mejor que el anterior. Esa falacia fue una dura estocada en su corazón. Al menos tuvo la certeza que sus miles de lectores jamás creyeron esta mentira. El Nuevo Diario dejó de ser hace mucho tiempo lo que una vez representó.

Danilo deja una herencia indiscutible como periodista, su legado alcanzó incluso a la nueva generación de periodistas que trabajó a su lado. Sus alumnos de toda una vida hablan de su forma singular de apreciar los fenómenos políticos, sociales, económicos y culturales del país. Sabía escuchar, pero sobre todo preguntar, ahondar más y más sobre la versión puesta frente a él para su correspondiente edición. A puro pulso supo labrarse su propio camino. Danilo memorioso, a nadie rindió mayor tributo que al barrio San Sebastián. En su remembranza La Mundial en el archivo del corazón, afirma que nada más entrañable que todo lo que se dio en Radio Mundial en su primer cuarto de siglo tuvo como escenario el barrio San Sebastián, mi barrio, donde nací y crecí, para luego agregar orgulloso que ese barrio acogía también al diario La Prensa y a muchas de las grandes figuras de la radio. Se ufanaba de sus orígenes. Quiso a su madre como adoró a doña Albita, su esposa. Sentía por Nicaragua un amor entrañable. Un amor al que ajustó su vida, sufriendo cárceles, persecuciones, sin transigir ni dar tregua. ¡Este es Danilo que yo conocí!


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