Opinion

Tiene el ejemplo de Pedro Joaquín

Los cálculos políticos resultaron fallidos, Esta Semana, Esta Noche y Confidencial no interrumpieron su funcionamiento

Las vicisitudes de Carlos F. Chamorro durante los últimos doce años, son muy parecidas al calvario permanente que padeció su padre, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal durante el somozato. Desde el asalto en 2008 de las instalaciones del Centro de Investigación de la Comunicación (CINCO), como represalia por la investigación realizada por Esta Semana y Confidencial sobre un caso de extorsión en las playas de Tola (2007), donde estaban involucrados operadores políticos del partido gobernante, las acechanzas en su contra crecieron: le iniciaron una investigación por lavado de dinero, Telcor prohibió a Canal 12 transmitir por señal abierta sus dos programas televisivos, hasta desembocar en la ocupación por fuerzas policiales en diciembre de 2018, de la sede de Invermedia y Promedia. No le han concedido tregua ni respiro.

Ante el incremento de la represión en 2018 tuvo que exiliarse, Pedro Joaquín salió igualmente por veredas, ante la embestiva persistente del somocismo. La familia dinástica no toleraba su férrea oposición al abuso sistemático del poder, ni las denuncias de sus pillajes. La salida del hijo menor del Mártir de las Libertades Públicas, estaba encaminada a evitar el silenciamiento de Esta Semana, Esta Noche y Confidencial. Los gobernantes creyeron que al arrebatarle las instalaciones, y al no disponer del estudio de grabación y computadoras, entorpecerían durante un buen tiempo su labor informativa y editorial. Creían librarse de sus críticas. Pensaban que en lo inmediato no serían objeto de investigaciones periodísticas. Ni habría más denuncias sobre colusión de intereses y la absorción de todos los poderes del Estado por parte del Ejecutivo. Un movimiento erróneo. Creyeron optar por el mal menor.

Los cálculos políticos resultaron fallidos, Esta Semana, Esta Noche y Confidencial no interrumpieron su funcionamiento. La diáspora de los periodistas agrupados alrededor de estos medios de comunicación, como el resto de periodistas nicaragüenses que salieron al exilio para evitar cárcel y agresiones, produjeron un efecto contrario: provocó la unidad gremial y la creación de diferentes iniciativas periodísticas desde el exilio. El arreciamiento de las agresiones contra el periodismo nacional terminó revitalizándoles. El intento por debilitarlos fue un movimiento en vano. La fractura provocada por el Gobierno con la creación de los Foros de Periodistas Sandinistas, la expulsión de periodistas y cooptación de las organizaciones gremiales (Unión de Periodistas de Nicaragua y Colegio de Periodistas de Nicaragua), no afectaron su ánimo. En vez de amedrarles persistieron. Continúan firmes en su labor informativa.

Los gobernantes olvidaron las lecciones aprendidas en casa, Carlos F. Chamorro contaba con el ejemplo de su padre. De recordarlo debieron inhibirse. No era la ruta indicada. Uno de los legados de Pedro Joaquín Chamorro al periodismo nicaragüense, fue recordar que cuando la censura se tornaba absoluta —lo dice alguien que laceró sus carnes— quedaban las paredes para seguir librando batallas por la libertad y el decoro nacional. Los periodistas siempre han sido creativos. En 1978 cuando el último Somoza impuso la censura total, nació el periodismo de catacumbas. El mejor texto para enterarse de su posición inclaudicable, es la investigación realizada por Juan Alberto Enríquez (Periodismo popular o de catacumbas para la revolución, 2014). El cierre de imprentas, la toma de radioemisoras, el asalto de instalaciones, multas, agresiones y aún su muerte, nunca han sido suficientes para contener sus luchas.

Existe un hecho innegable: la vida de las familias Chamorro Cardenal y Chamorro Barrios, han estado vinculadas históricamente con el periodismo nicaragüense. La conversión de La Prensa, en el primer diario en crear opinión pública en Nicaragua, fue gracias a la visión de Pedro Joaquín. El relevo definitivo de su padre en 1952, se tradujo en otro momento para redefinir el perfil de La Prensa. En 1948 —siendo codirector— introdujo las primeras variantes. El viraje experimentado a partir de mediados de los setenta del siglo pasado, resultó positivo para todas las corrientes político-ideológicas. Durante la celebración del 50 Aniversario de La Prensa, en marzo de 1976, entre diversas consideraciones que hizo Pedro Joaquín para esa fecha, fue reiterar que: “La Prensa que se hace como república para establecer el ideal de la república que debería hacerse en este país”. Un sueño inconcluso de lo nicaragüenses.

La Prensa bajo su dirección fue bastión de enfrentamiento contra la dinastía. Pedro Joaquín nunca cedió a las granjerías ofrecidas por el régimen. Hizo de la Libertad de Expresión un estandarte de lucha, altamente valorado por la sociedad nicaragüense. Su actitud rectilínea fue una herencia dejada al país. Su conducta política, junto con la forma que condujo a La Prensa, lo convirtieron en el más alto exponente del periodismo nicaragüense durante el siglo veinte. Jamás renunció a la lucha. Su asesinato fue resultado por no ceder nunca a los halagos y ofrecimientos del último Somoza. El impacto de su muerte enervó los sentimientos de justicia de los nicaraguenses. El representante más relevante del liderazgo cívico cayó abatido por las balas. ¿Qué hacer entonces? Su martirio hizo comprender a la ciudadanía nicaragüense que todas las salidas legales estaban selladas.

El asesinato a mansalva de Pedro Joaquín Chamorro, fue determinante para que Carlos F. Chamorro aceptara incorporarse a La Prensa en 1978. Los argumentos de Pablo Antonio Cuadra y Xavier Chamorro Cardenal —quien relevó en el cargo de director a su hermano— fueron suficientemente convincentes. La valentía del héroe nacional —exaltada y reconocida por todas las corrientes político-ideológicas del país— sirvieron como catalizadoras para que Carlos F. Chamorro ingresara al periodismo nacional. La trayectoria de su padre marcó el discurrir periodístico de Violeta Barrios de Chamorro, de sus hermanos, Pedro Joaquín y Cristiana Chamorro Barrios y, los de su tío, Jaime Chamorro Cardenal. La llegada de Carlos al periodismo por la puerta grande, tenía como propósito confrontar a quienes conculcaban las libertades ciudadanas y administraban Nicaragua como una hacienda.

Tocar a rebato las campanas de la libertad, como hacen los periodistas, en un universo cada vez más estrecho, cercado por leyes que inhiben la expresión ciudadana, es tarea riesgosa. Buscan acallar sus voces. La imposición de la censura indirecta por distintas vías, pretende evitar críticas y cuestionamientos. En nuestra historia reciente y pasada, los poderes constituidos se han empecinado en restringir la Libertad de Expresión. En circunstancias impensables, el periodismo nicaragüense ha sabido sortear la adversidad. Sobre esta mar borrascosa han logrado navegar. Los periodistas que disienten del Gobierno han evitado autocensurarse. La naturaleza intimidante de la nueva legislación, aprobada por una asamblea proclive a los dictados gubernamentales, ¿se convertirá en instrumento disuasorio? Creo que a lo sumo —para no dar pretextos— los periodistas serán más firmes y cautelosos.

El penúltimo ultraje recibido por Chamorro, el pasado 14 de diciembre, se debió a que miembros de la Policía Nacional, impidieron el acto de repudio por la ocupación de Esta Semana, Esta Noche y Confidencial. El más reciente ha sido el anuncio de que sus instalaciones, como las de 100% Noticias, Cenidh, Cisas y Popol-Na fueron confiscadas por las vías de hecho. Un acto violatorio de la Consitución Política de Nicaragua. En su Artículo 45 prohibe de manera expresa toda confiscación: Se prohíbe la confiscación de bienes. Los funcionarios que infrinjan esta disposición, responderán con sus bienes en todo tiempo por los daños inferidos”. La decisión tensa aún más las relaciones de medios y periodistas con el Gobierno. ¿A qué obedecería una determinación tan radical con efectos adversos para los gobernantes? La reacción inmediata de los dueños de estas propiedades fue ratificar que no retrocederían un palmo. Siguen invariables.

La última acción contra Carlos F. Chamorro, ratifica la indisposición gubernamental en su contra. Ahondó las contradicciones y mostró la irritabilidad que causan al Gobierno, la política editorial e informativa de los medios bajo su dirección. Siguiendo las huellas de su padre, ha mantenido una posición beligerante. Se ha convertido en crítico tenaz de la gestión del comandante Ortega. Estamos frente a uno de los periodistas más destacados de Nicaragua. Cada vez que las circunstancias lo exigen, ha izado las banderas éticas de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Para asumir esta conducta solo tenía que ajustarse al ejemplo de su padre. Una herencia de la que siente orgullo y que de una u otra manera ha influenciado el comportamiento de numerosos periodistas nicaragüenses. Esperamos que su disentimiento no se traduzca en una escalada mayor. ¡Sería terrible para el país! Debemos tomar nota.

 



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