Opinion

Si la verdad duele, esconderla mata…

La dictadura Ortega Murillo no tiene nada de comunista, sino mucho de fascista, desgobierna y se lucra de las leyes y estructuras capitalistas

Es un hecho universalmente conocido, que la ideología es un conjunto de ideas que caracterizan el pensamiento de las clases sociales, aunque, en la realidad, las ideologías trascienden esas imaginarias fronteras. Hoy, esta es una verdad confirmada por las nuevas tecnologías de la comunicación.

Por el trasiego e intercambio ilimitado de pensamientos de los más diversos matices ideológicos, es frecuente escuchar o leer a las personas de clase pobre y media expresándose con conceptos propios del discurso político identificado con la ideología de personas de alto nivel económico.

También entre gente rica hay quienes sustentan y defienden conceptos ideológicos identificados con las causas de las clases populares, pero este un fenómeno que, de tan raro, pasa socialmente inadvertido.

Es lógico, que un escrito no revele por sí solo el origen de clase de su autor, pero sus conceptos, cómo son expuestos y qué intereses defienden, sí pueden revelar su tendencia ideológica.

Cuando en las redes sociales, en un diálogo interpersonal, una discusión o en una tribuna política se ataca y califica al régimen dinástico de los Ortega Murillo como “una dictadura comunista”, sin mayor argumentación, ni mediante análisis serio, y con graves errores gramaticales, además, es fácil imaginar que, por su bajo nivel cultural, se trata de un analfabeto político de humilde origen social.

Es alguien políticamente desclasado, con su conciencia alienada, pues solo está repitiendo el discurso de ideólogos, gobernantes, políticos y defensores del sistema social capitalista, autobautizados democráticos.

Pero, cuando escuchamos, leemos en noticias y comentarios a personajes millonarios y a ideólogos defensores de su sistema social, diciendo que el régimen de los Ortega Murillo, es “una dictadura comunista”, están revelando su propio discurso ideológico y político, sin lugar a dudas ni motivos para extrañarse.

La persona del primer ejemplo, en su discurso nos refleja el pensamiento de una persona ideológicamente alienada; y, en el segundo caso, la persona nos está reflejando un esquema propagandístico muy coherente con sus intereses políticos, económicos y sociales.

II

En el intercambio de ideas por Internet, más que las maravillas tecnológicas que lo hacen posible, revelan la desventaja en que están los sectores sociales de bajo nivel cultural.

¿Por qué?

Porque, al hacer uso del medio y de la técnica, un analfabeto político no ofrece concepciones ideológicas propias ni sólidamente expuestas, y se vuelve un consumidor de ideas ajenas que vuelve un reproductor de los mensajes ideológicos de quienes sí, pueden ofrecer su concepción mejor elaborada, aunque esta no tenga verdades, pero sí mayor capacidad de influencia.

Por eso es que, con las redes sociales por Internet y la profusa propaganda política que por allí circula, se ha creado una gran confusión ideológica, pues una misma persona –independiente de su origen de clase y la causa que defienda— puede decir una verdad que duele de tan cierta, pero esa misma persona puede esconder la verdad, con lo cual, aunque no lo pretenda, oculta cosas, incluso crímenes contra los pueblos.

III

Eso, trataré de probarlo con algunos ejemplos:

En nuestro país, la dictadura de los Ortega Murillo, que no tiene nada de comunista, sino mucho de fascista, desgobierna y se lucra de las leyes y estructuras económicas capitalistas, ha venido dando golpes contra la institucionalidad del Estado y, con ello, también contra los derechos democráticos y humanos de los ciudadanos adversarios de su régimen.

Con un discurso dizque revolucionario, Ortega está aplicando métodos represivos terroristas (el terrorismo no es una ideología, sino un instinto criminal), buscando su tercera reelección continua, después de haber violado la Constitución Política que prohibía la reelección.

Buscando su cuarto período presidencial consecutivo, utiliza juegos sucios para ilegalizar partidos políticos, inventa delitos absurdos e ilegales para inhibir precandidatos presidenciales opositores que ni siquiera se han inscritos oficialmente como tales.

El caso de Cristiana Chamorro, y la persecución de periodistas es el más emblemático en términos de ilegalidad e instintos terroristas, y detrás de ella están en peligro todos los precandidatos, pues lo que motiva a Ortega no se lo puede esconder a nadie: le teme a la competición electoral libre y en igualdad de condiciones. Esta es una verdad que duele a los dictadores.

Sin embargo… teleSUR (siendo La voz de los pueblos de América Latina), esconde la verdad de lo que vive nuestro pueblo, bajo el régimen de Daniel Ortega, quien está violando leyes, persiguiendo, encarcelando y matando opositores, con lo cual teleSUR parcializa la información, pues mientras constata gráficamente y dice la verdad que duele a los que reprimen y asesinan al pueblo colombiano, oculta la represión, restringe libertades del pueblo nicaragüense y viola otros derechos democráticos y humanos.

Peor aún, esa dualidad dibuja un mezquino interés político, un esquemático sentido de la solidaridad y una supuesta identidad ideológica con los dictadores Ortega Murillo. Y, al asociarse con ellos, afilan el arma de sus propios adversarios, y estimulan el oportunismo de los dictadores, solo porque izan una falsa bandera de izquierda.

¿Acaso también ignoran que los dictadores Ortega Murillo se embolsaron miles de millones de dólares de la colaboración venezolana, y que no los incorporaron al Presupuesto General de la República?

¿O es que esta verdad por algo les duele, y prefieren esconderla?

IV

En Colombia, durante 42 días continuos (desde el 28 de abril), se han multiplicado los crímenes que contra el pueblo la oligarquía, sus militares y paramilitares vienen cometiendo desde hace más de 60 años. Esta es una verdad que duele escucharla a sus aliados neoliberales, y tratan de esconderla.

No se escuchan condenas contra Iván Duque en la OEA, en el Gobierno USA ni en la UE. Y, tampoco podrán escucharse los ecos de voces de una condena que no existe, a través de los medios de comunicación “democráticos” del mundo.

De Iván Duque y su patrón Álvaro Uribe, se esconde la verdad, mientras estos matan al pueblo colombiano. Han escondido la verdad, desde cuando los culpables del genocidio son parte de la clientela política estadounidense, y muchos todavía son imágenes de su santoral “democrático”, y firmas seguras para condenar a otros gobernantes fuera del círculo neoliberal latinoamericano.

Desde el asesinato del primer candidato presidencial –Eliécer Gaitán, 1948— han desfilado por la presidencia por lo menos catorce políticos libero conservadores, y cada uno de ellos tiene su cuota de muertes de colombianos de una suma cuya totalidad ni siquiera se puede imaginar.

Esa suma, quizás solo la conozcan los organismos de derechos humanos, que también han aportado víctimas. Hay datos parciales escalofriantes de muertes, como estos de la Oficina de Derecho Internacional Humanitario de la Defensoría del Pueblo: de 1991 a 1999… ¡el Ejército cometió 2 037 masacres con el resultado de 9 017 muertos, sin meter los asesinatos individuales!

En ese decenio, gobernaron los “demócratas” César Gaviria, Ernesto Samper y Andrés Pastrana. Y vean qué descaro: Pastrana llegó a Perú, junto a otros neoliberales… ¡a darle apoyo a la hija de Fujimori!

Son verdades que duelen, pero las muertes causadas por el Plan Colombia estadounidense, el narcotráfico, los paramilitares y las diferentes guerrillas, están dentro de las verdades escondidas.

V

Hasta hace dos días, Perú tenía un escenario político electoral, en el cual las verdades que duelen a su oligarquía pretendieron esconderlas detrás de una terrorista campaña anticomunista fuera de lugar y tiempo, pero útil para alienar con su discurso a cualquier sector del pueblo peruano.

Ese terrorismo ideológico, no fue un estreno en Perú, pero esta vez, tuvo un signo anticomunista diabólico (como si el diablo existiera): Mario Vargas Llosa, que como escritor posee una sustanciosa imaginación para crear tipos y comportamientos humanos, como político esconde verdades que, en otra época, él mismo reveló con crudeza.

Antes y después de ser derrotado electoralmente por Alberto Fujimori, Vargas Llosa reveló verdades irrefutables de ese político corrupto, autoritario y criminal que, exactamente, por lo que mereció condena de 25 años de cárcel, que aún está cumpliendo.

Las dos veces anteriores que su hija Keiko Fujimori, quiso ser presidente, a Vargas Llosa no le fue difícil probar que ella, hija de tigre, había salido rayada. Esas rayas, ella solo estuvo a punto de lucirlas en el uniforme carcelario por corrupción, pero la cobijó el manto de impunidad con el que se cobijan los políticos corruptos peruanos, sean congresistas como ella, presidentes o ministros.

¡Y participó en las elecciones, estando enjuiciada por corrupción!

Vargas Llosa dio un salto de acróbata ideológico que ni en sus novelas pudo imaginar: llegó a Perú, escondió las verdades que había dicho de la familia Fujimori, y las convirtió en excitativas electoreras para complacer a la derecha neoliberal. Para él… ¡Keiko Fujimori sería un mal menor que lo del maestro “comunista” Pedro Castillo!

Al margen de estas cuartillas

*En Finlandia, periodistas demandaron la renuncia de la primera ministra, acusándola de corrupción por pagar sus desayunos con fondos del Estado…

*En Nicaragua, presidentes y ministros han hecho los tres tiempos toda su vida a cuenta del Estado… ¡y de postres engullen medios de comunicación y periodistas!

*En Israel, la extrema derecha, el centro y la izquierda se unieron para sacar del gobierno al autoritario Netanyahu…

*En Nicaragua, la extrema derecha y el centro prefieren que el autoritario Ortega siga jodiendo… ¡antes que unirse con la izquierda!

 



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