Opinion

Semblanza familiar

Una inmensa telaraña me ata con casi todas las familias juigalpinas. ¡Algo que celebro!

I

Uno nunca termina de conocer la historia de su propia familia, las versiones muchas veces nos llegan encontradas. Aludo a la familia formada por padre, madre, hijos y hermanos. Menos que alcancemos conocer la vida y milagros de toda nuestra parentela. Hay quienes elaboran con esmero el árbol genealógico. Nunca he sido partidario de hurgar con esa curiosidad —casi arqueológica— con que muchos hunden sus narices para husmear con olfato certero los rincones jamás imaginados sobre nuestros antepasados.

Las travesías azarosas emprendidas por Moisés Aguilar Hurtado, Denis Artiles Montiel y Róger Camilo Arguello Rivas, me permitieron asomarme a los abismos de mi procedencia familiar. Me condujeron de la mano por los laberintos de mis raíces más profundas,denso tejido donde corroboré los cruces sanguíneos más enrevesados. Soy el resultado de un revoltijo de herencias. No vislumbro ninguna pureza racial. El filósofo español Fernando Savater clama, “¡Puras, ni las vírgenes!” ¡Así sea!

Más bien me preocupa que en algún momento mis parientes paran un hijo enfermo o atacado de algún mal. El temor de Úrsula Iguarán no era infundado. José Arcadio —advertido— no atendió las súplicas de su mujer. Prudencio Aguilar tiró el cerillo que provocó el incendio. El amor precipita hacia los infiernos. La cordura se pasa por alto cuando el corazón se acelera. No me explico —con los datos puestos en mano— como todavía sobrevivimos, sin lamentarnos, por el nacimiento de un engendro que nos haga sentirnos culpables.

II

Me fui enterando hace pocos años de mi herencia familiar, mi madre fue la primera en tirar los dados sobre la mesa. Siempre fueron parcos. En pocas ocasiones hablaban de sus padres. Al primero en conocer más de cerca fue a mi abuelo Carlos Manuel Villanueva. Mi madre sentía orgullo especial al contar la forma que se abrió pasos exitosos. Su niñez fue dramática. Nunca se arredró. Más bien se empinó sobre el horizonte para conocer qué le deparaba el futuro.

Trabajó muy duro en las minerales de La Libertad y Santo Domingo. No encontraba empleo. Salió de Juigalpa. Los conservadores le tenían ojeriza. Marchó a Bluefields. Vivió en Old Bank en una casa encajada sobre pilotes. Los únicos blancos. Ahí atacó la viruela, losniñitos morían. Mi madre,de apenas dos años,enfermó. Mi abuela Berta prometió a la virgen que si sanaba le pondría su nombre. A eso se debe que le hayan antepuesto el nombre de María.

Se embarcó de regreso con destino a Granada, días después mandó a pedir a mi Mama Berta le enviará un hato de ganado.Chepe King se encargó del arreo. Mi abuelo Carlos lo hizo con la intención de iniciar sus estudios en la Universidad de Oriente, donde se graduó de abogado. Diario ordeñaba y vendía leche. Siempre contó con el apoyo incondicional de don Carlos Molina Ramírez. Los Rothschuh-Villanueva viajamos en romería hastaCococina, su finca, para rendir tributo a su memoria. A mi abuelo debió gustarle.

Tenía un carácter fuerte, enamorado de mi abuela, cuando eran novios, le dijo: Berta, última vez que te vengo a pedir que nos casemos. Ya no regreso. La hija del coronel Rafael Suárez lo siguió, mi bisabuelo no asistió a la boda. El ascenso del doctor Carlos Manuel Villanueva,en la administración pública fue meteórico. Como juez,tenía que viajar a los minerales de La Libertad y Santo Domingo, acompañado desu secretario Homero Sierra Suárez, primo de mi abuela Berta. Gustoso cumplía su tarea.

Disciplinado, riguroso, se entregó por completo a sus deberes profesionales. Su formación académica le permitió ocupar el cargo de inspector departamental de Educación Pública. Como alcalde, remodeló el Parque Central. Construyó el Quiosco. Don José Tomás Abaunza fue encontrado por la guardia una madrugada —con cincel y martillo— desprendiendo el registro de su nombre. Pidió que lo dejaran en libertad. Así era él.

III

Mi padre habla muy poco de mi abuelo Guillermo Rothschuh Cisneros. En la amistad entrañable que lo ligó con el poeta Luis Alberto Cabrales —fundador del Movimiento de Vanguardia—pesó mucho la relación que mi bisabuelo, el doctor Ernest Rothschuh, tuvo con el padre de Cabrales. Mi padre ha ido desgajando los datos a cuenta gotas. Sonríe al recordar su filiación conservadora. Mi padre no era solo conservador, además fue chamorrista. Por enredos de faldas lo enviaron a Bluefields. Siendo blanco y católico fue director del Colegio Moravo.

El tropiezo impidió que fuera a Francia a realizar sus estudios. Viajaría junto con el poeta Cabrales. Don Edelberto Torres Espinosa creía que los hermanos Rothschuh Cisneros —Guillermo y el tío Emilio— estaban destinados a descollar. De Bluefields lo trasladaron a ciudad Ramay luego a Juigalpa, conoció a mi abuela María del Carmen Tablada. Pidió que lo enviaran como maestro a La Libertad. Estando allí salió huyendo.El pueblo sería atacado por Pedro Altamirano, famoso lugarteniente del General Sandino. Entraron a Juigalpa a las seis de la tarde.

Mi padre dice: Nunca olvidaré que las luces se encendieron cuando caminábamos frente a la casa de don Teófilo Castilla. Me aclaró que el terreno y la casa de mi abuela María del Carmen no eran un regalo de su padre, don Octavio Tablada Vargas. Me enteré haceunas semanas que el terreno lo comprómi abuelo Guillermo. Ganó un concurso convocado por la revista Argentina Leoplan. La retribución de ciento cincuenta dólares la destinó parala compra del terreno yla construcción de dos casitas. Todavía las recuerdo, unafrente a doña Adela García y la otra contiguo a la casa de don Víctor Báez.

IV

Supe que nací en la casa de mi tío Guillermo Tablada Mora, porque yo lo pregunté. Con sentido del humor, agregó que allí la municipalidad va a poner una placa testimoniando mi arribo al mundo. El médico que asistió a mi madre durante mi nacimiento fue Monsieur Robleto. Sobre su noviazgo con mi padre me fui enterando poco a poco. Se casaron a escondidas. Mi abuela María del Carmen se oponía. Ambos viajaron a Teustepe. Los casó el general Gregorio Valle. El testigo de bodas, Ramón Téllez, amigo entrañable.

Igual pasó con la boda religiosa. Se casaron de madrugada en la iglesia de Juigalpa. Los desposó el padre Mejía Vílchez. Mi abuela estaba cuidando la casa de su hermana Isaura, esquina opuesta a la iglesia. No querían que se enterara. La Chaguita, casada con el teniente G. N. Guillermo Duarte, andaba de viaje. El teniente Duarte participó en el levantamiento contra Anastasio Somoza García, el 4 de abril de 1954. Los arreglos del casamiento religiosos los hizo la niña Elaísa Sandoval Vargas. Yo ya había nacido, Jorge Eliécer venía en camino.

En esos almuerzos interminables, mi padre me contó —mi hermana Luzana ya lo sabía— que durante su noviazgo, un día viniendo de Palo Solo, mi madre le dijo: Aquí te voy a construir una casa. Compraron el terreno a doña María Delia Matamoros y en ese lugar construyeron su casa hace sesenta años, la primera de concreto armado en Juigalpa.

V

Mi madre era la mayor de siete hermanos, mi padre el segundo de siete. Crecimos en un ambiente cargado de amor y alegría. Cuando nos pasamos a nuestra casa en Palo Solo, mi padre ya era director del Instituto Nacional Central Ramírez Goyena. Viajaba a Juigalpa los fines de semana.Venía cargado de regalos. El nacimiento de Luzana hizo tambalear el lugar de hijo preferido ocupado por Jorge Eliécer. Ella nació en nuestra casa, el médico que atendió a mi madre fue el doctor Germán Jarquín Sandoval.

Cuatro años después nació Vladimir. Mi padre se encontraba en París estudiando literatura y pedagogía. Al saber que era varón, el cablegramaque escribióa mi madre rezaba:Besos para la mamá de Vladimir. Durante un año las cartas iban y venían. Mi padre le escribía una carta diariaa máquina en papel cebolla. En una ocasión leí a hurtadillas una carta escrita a mano mientras estaba en el Ramírez Goyena. Me impresionó. Era una expresión clara de su compromiso con mi madre y sus dos hijos nacidos hasta ese momento: Jorge Eliécer y yo.

Su lucha contra los gamonales locales eratenaz. No daba ni pedía tregua. Jorge Eliécer preguntó una vez a Mama Guicha a qué se debía su cariño por mi padre. Ella había llegado de Granada a Juigalpa con el ánimo de quedarse para siempre.Tu padre era muy jovencito cuando se les plantó a los mandamases del pueblo.Solo faltó pedir que lo quemaran. Admiraba su valentía. Esa fue toda su respuesta.

El Clan Intelectual de Chontales fue el instrumento que combatió el atraso y el oscurantismo prevalecientes. En 1962 el Clan decidió asumir —entre diversas actividades conmemorativas— la celebración de las fiestas patronales agostinas. Para evitar que ocurriera—sus adversarios—argumentaron ante los dueños de los toros, que los miembros del Clan no tenían dinero para pagar si un animal moría o sufría algún percance. Mi padre llegó a traer la escritura de nuestra casa. ¡La puso en garantía!

VI

Cuando cumplí catorce y Jorge Eliécer los trece, nos llamó, quería negociar las reglas de la casa. Mi madre estaba sentada a su diestra. Son fáciles —manifestó—. Como yo me comporté se comportarán ustedes. Si yo no estudio, tampoco ustedes, si yo vago, igual ustedes, si yo vengo noche a casa, igual ustedes, si yo soy un mal padre, ustedes no tienen por qué ser buenos hijos. ¿A cuenta de qué los padres van a pedir a sus hijos que no se emborrachen cuando ellos lo hacen? Nos quedamos viendo y aceptamos. No sabíamos en que líos nos estábamos metiendo.

Un sábado después de almuerzo, cuando se dirigía a su estudio, al pasar frente a nuestro cuarto —todavía no nos habían construido al fondo el segundo piso— se detuvo y dijo en voz alta: María Elbá, aquí tus hijos durmiendo, está bien que lo hagan, ellos ya están formados. Como yo no lo estoy soy yo quien debe estudiar. Nos desarmaba. A salir de la cama. Empezó a seducirnos para que leyéramos. Nos entregaba a los primeros narradores hispanoamericanos. Jamás hizo gala de su erudición. El aliciente era que en esas páginas encontraríamos amores contrariados, curas con doble moral y políticos vendiendo sus países a la United Fruit Company.

Mi relación familiar más intensa era con Sonia, Berta del Socorro, Deyfilia y sobre todo con mi abuela María del Carmen. Tenía (y tengo) un cariño especial por Octavio Villanueva Suárez. El tío consentidor que todos desearíamos tener. De forma tardía y gracias a Moisés, Denis y Róger Camilo, pude conocer la inmensa telaraña que me ata con casi todas las familias juigalpinas. ¡Algo que celebro! ¡No corro peligro de engendrar un hijo con una enorme cola de cerdo!


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