Opinion

Rosario Murillo y la participación política de las mujeres en Nicaragua

La propuesta del FSLN es un mecanismo de violencia política contra las mujeres

La propuesta de reforma electoral presentada por el régimen Ortega-Murillo acentúa la participación política de las mujeres al establecer cuotas en la integración de las Juntas Receptoras de Votos, Consejos Municipales y Consejos Departamentales. Pero, ¿Esta medida  impacta realmente en la participación política de las mujeres a la luz del Derecho internacional de los Derechos Humanos?

La Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer dispone en su artículo 7:

“Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas para eliminar la discriminación contra la mujer en la vida política y pública del país y, en particular, garantizarán a las mujeres, en igualdad de condiciones con los hombres, el derecho a:

  1. a) Votar en todas las elecciones y referéndums públicos y ser elegibles para todos los organismos cuyos miembros sean objeto de elecciones públicas;
  2. b) Participar en la formulación de las políticas gubernamentales y en la ejecución de éstas, y ocupar cargos públicos y ejercer todas las funciones públicas en todos los planos gubernamentales;
  3. c) Participar en organizaciones y en asociaciones no gubernamentales que se ocupen de la vida pública y política del país

En adición a la Convención, el Comité CEDAW emitió la Recomendación General 23 donde analiza el contenido sustancial del derecho a la participación política de las mujeres y llega a algunas conclusiones que vale la pena referir con el contexto político de Nicaragua.  Por ejemplo, el párrafo 12 establece: “El ejercicio del poder por las mujeres en algunos países tal vez sea más un producto de la influencia que han ejercido sus esposos…” Es decir, que le guste o no a Doña Rosario, su paso por la política nacional es y será siempre consecuencia de los vicios y estereotipos predominantes en sociedades patriarcales, y no un auténtico ejercicio de participación política.

Pero hay algo fundamentalmente más grave, ya que el párrafo 6 contiene que para que la igualdad entre hombres y mujeres sea efectiva –en la participación política-  se requiere qué: “…cada ciudadano disfrute del derecho a votar y ser elegido en elecciones periódicas legítimas celebradas sobre la base del sufragio universal y el voto secreto, de manera que se garantice la libre expresión del electorado….” Esto implica que en la medida que el régimen Ortega-Murillo no garantiza procesos electorales transparentes y justos, sino que por el contrario, se robe las elecciones, niega el derecho de participación política de las mujeres, así de simple. Doña Rosario, para que haya participación política de las mujeres, debe existir en primer lugar democracia, sostener lo contrario, es un vulgar chamarrazo.

Pero el comité CEDAW también señala factores que obstaculizan el derecho de participación política de las mujeres, obstáculos que son más que evidentes en Nicaragua. Específicamente, el párrafo 20, inciso d) se refiere a las restricciones a la libertad de circulación. Doña Rosario, ¿Qué pasa en Nicaragua si una mujer o varias deciden caminar por las calles con banderas azul y blanco?; ¿Tendrán todas las mujeres la libertad de moverse libremente en el país para hacer proselitismo político en ésta elección?

Finalmente, la participación política de las mujeres no puede reducirse a elegir y ser electas, ya que como se desprende del propio instrumento recomendatorio, las mujeres tienen derecho a participar en ONG y asociaciones que se ocupen de la vida pública y política del país. Doña Rosario, por si no se había percatado, se lo informo, su política de persecución contra organizaciones de la sociedad civil tiene rostro de mujer. Para muestra un botón, Vilma Núñez de Escorcia del CENIDH; Mónica López de Popol Na; Ana Quiroz de CISAS; Haydée Castillo del Instituto de Liderazgo de las Segovias; y Cristiana Chamorro de la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, tienen hoy en Nicaragua restringida  su labor como defensoras de Derechos Humanos.

Doña Rosario, usted quiere poner a contar votos a las mujeres, situación que en otro contexto me parecería maravilloso, pero considere qué al momento que un miembro de la estructura del FSLN le pida a esas mujeres marcar las boletas en blanco en favor de su partido, o que les pidan alterar las actas, es en ese momento que se va a transformar su propuesta de participación política en un mecanismo de violencia política contra esas mujeres. Ello porque la participación política de las mujeres es para decidir, para incidir, y no para recibir órdenes ilegales, anular su voluntad y negar el derecho de otras mujeres.

Para concluir, considero que Doña Rosario, entre otras cosas, es una hija del patriarcado y enemiga de la democracia, ya que amparándose en la falacia de participación política de las mujeres, ha desplazado el liderazgo histórico  del FSLN, pero ese es un análisis que no me toca ni me interesa desarrollar.

Maestro en Derechos Humanos

 

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