Opinion

Isla de Ometepe: de Somoza a Ortega

Es posible que este titular les haya llamado la atención y causado alguna sorpresa. Pero, como lo verán, la diferencia de 73 años que median entre una represión somocista y la actual represión orteguista es un suspiro para la historia, además de que ambos sucesos han ocurrido en el mismo escenario: la Isla de Ometepe, Lago Cocibolca.

Así es. Y, tómese en cuenta, una dictadura es igual a otra dictadura de represora y criminal, cualquiera sea el origen político partidario que tengan. Tampoco nos pueden sorprender las coincidencias personales, porque toda dictadura es parte de un mismo proceso histórico de lucha entre la libertad y la opresión.

¿Qué ocurrió en 1947 en Ometepe, bajo la dictadura de Anastasio Somoza García, fundador de la dinastía? ¿Cuáles eran las circunstancias políticas de aquel año? Similares a las de hoy: un pueblo haciendo lo justo por verse libre y una dictadura reprimiéndolo.

Como entre cualquier proceso histórico de lucha, los asuntos personales tienen su vigencia. Por ejemplo: en 1947, el primer Somoza tenía 51 años, el segundo Somoza 25 años y el tercer Somoza 21 años. Daniel Ortega, tenía un año, pues nació en 1946. Los cuatro respiraron el mismo aire y los calentó el mismo “Sol nicaragüense de encendido oros.”

¿Nos damos cuenta? Esos 73 años son suspiros en la historia, y en ese lapso, se produjo una serie de hechos y sucesos en cadena, que vamos a ver:

El primer día de mayo de 1947, el primer Somoza cruzó la banda presidencial en el pecho del doctor Leonardo Argüello, una banda que no se había ganado en las elecciones frente al doctor Enoc Aguado, sino mediante un tremendo fraude electoral ordenado por el dictador, su padrino.

Tan obvio fue aquel fraude, que el propio doctor Argüello se avergonzó y trató de remediar esa burla contra el pueblo, tomando medidas, casi de inmediato, en contra de la corrupción de Somoza García, ordenándole la devolución de lo robado en esos días a la empresa nacional del Ferrocarril y pidiéndole la renuncia de jefe director de la GN.

Un poco después de su toma de posesión, el doctor Argüello intentó practicar un nuevo estilo democrático de gobernar, desconocido e intolerable para Somoza. Sucedía que en los días anteriores a su toma de posesión, la guardia había reprimido una huelga en la mina El Jabalí –empresa norteamericana, para variar— y había sido encarcelado el dirigente obrero Carlos Pérez Bermúdez, quien asesoraba a los huelguistas. El doctor Argüello, concedió una entrevista a una comisión obrera socialista, a cuya petición respondió ordenando la libertad de Pérez Bermúdez.

Motivos suficientes para que el dictador reaccionara colérico, y 27 días después de haberle cruzado la banda presidencial le diera el golpe de Estado al doctor Argüello. De ese breve período, quedaron consecuencias perjudiciales para los nicaragüenses, las que varias generaciones conocieron y sufrieron, hasta 1979.

El 10 de junio del 47, catorce días después del golpe, Somoza ordenó la destrucción de la Imprenta Morazán, en donde se imprimía un semanario socialista. Luego, encarceló a varios personajes de oposición, entre ellos al poeta Manolo Cuadra y a los socialistas José Francisco Pinel, Manuel Pérez Estrada, Edmundo Leets y Augusto Lorío.

Y Ometepe, apareció en esta historia: esos opositores fueron condenados a confinamiento durante varios meses en la Isla. Hoy sería un castigo “turístico”, pero no entonces. Ometepe, un bello lugar tan cerca de Rivas y de Granada, como lejos estaban sus habitantes de conocer el “progreso” somocista. Viajar a la Isla no era fácil, porque los medios de transporte acuático eran pocos y controlados por la dictadura.

No se supo que los confinados sufrieran la represión física, y el castigo de la dictadura, más que todo, fue aislarlos de sus familias y de la actividad política. Aquí están ya las coincidencias entre ambas dictaduras, y ahora veamos las diferencias.

Algunas diferencias saltan a la vista: la dictadura actual es más represiva y cruel, pues con la represión del domingo 19 de abril 2020, y días posteriores, en la Isla de Ometepe mujeres y hombres fueron golpeados con brutalidad, causaron roturas óseas que ameritaron hospitalización, piezas dentales arrancadas con violentos golpes y balazos en contra de dos jóvenes.

Esos opositores, mujeres y hombres, son originarios de la comunidad Esquipulas de la isla. En la represión de la dictadura somocista de 1947, no hubo mujeres confinadas, y Ometepe solo fue lugar de castigo para opositores masculinos habitantes de Managua.

La represión en la comunidad Esquipulas de la Isla de Ometepe, incluye cacería de mujeres que con hijos presos, quienes han huido al monte con sus otros hijos para protegerse y protegerlos.

Para cualquier observador extranjero, lo que pasa en la Isla podría parecer justamente un hecho inverosímil, aunque en todas partes hay represión política, pero no se violan los derechos humanos de forma tan brutal por ejercer el derecho de manifestarse públicamente y hacer demandas políticas a su gobierno.

Los motivos por los cuales la guardia orteguista se ensaña contra mujeres y hombres de la comunidad de Esquipulas, no justifican ningún tipo de represión, pero son los mismos motivos por los cuales la dictadura ha reprimido a sangre y fuero en el curso de dos años, desde el 19 de abril 2018: lanzar globos azul y blanco e izar la bandera nacional, recordar a los asesinados y en reclamar libertad para los presos políticos.

Tampoco falta la mentirosa y truculenta versión oficial de la guardia orteguista, de presentarse ante los jueces de la dictadura como víctima de la población y procesar a sus víctimas por los delitos cometidos por sus propios verdugos por:

¡Lesiones graves, obstrucción de funciones, tentativa de homicidio, secuestro extorsivo, daño y robo agravados!

Los únicos armados son los guardias de la dictadura, y los únicos que atropellan y disparan por algo que no constituye delito, como es hacer resistencia ante sus gratuitos agresores.

¿Por qué creer, si no es por perversidad, que constituye delito el hecho de que los ciudadanos agredidos sin razón ni derecho, se defiendan con piedras ante las agresiones y amenazas de muerte?

¿Acaso son más letales las piedras que los fusiles? ¿Acaso tienen autoridad civil y moral los policías que utilizan sus armas contra personas que no han cometido ningún delito?

¿No es esta misma guardia orteguista, la que lleva trece años cometiendo delitos similares contra la población desarmada, en obediencia ciega a las órdenes violadoras de los derechos humanos y constitucionales de los dictadores?

Las respuestas están en los hechos. Solo resta señalar la treta del represor acusando al reprimido, común en las dictaduras somocista y orteguista. En Managua, calle El Triunfo, frente a la casa del partido liberal somocista, años setenta: un guardia estrelló la culata de su Garand sobre la cabeza de una mujer. Al día siguiente, un medio somocista publicó la versión militar:

“La mujer tuvo la mala suerte de meter su cabeza debajo del rifle en momentos de su forcejeo con la autoridad”.

El juez orteguista, Abelardo Alvir Ramos, ahí tiene un modelo para su sentencia, si (también) quisiera hacerle justicia a la guardia (su tía-presidente de la CSJ) condenando a sus temibles agresores en Esquipulas, Ometepe, Rivas, Nicaragua, América Central, 2020…

 



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