Opinion

Realidades y ficciones de la solidaridad

Tremenda contradicción entre la irresponsabilidad del Gobierno orteguista y las medidas que el gobierno cubano está tomando contra la covid-19

Por la avalancha de críticas al discurso del fantasmagórico dictador, se agotaron los adjetivos del español con los cuales merece ser calificada su actitud ante la pandemia. Por ese motivo, emularé a un diputado del viejo congreso, quien pedía la palabra solo para decir: ¡“Me arrebiato a lo que han dicho mis colegas”!

Y a otra cosa. El destape planetario del neoliberalismo ante la pandemia del covid-19, de paso reveló muchas falsedades universalmente creídas.

Una de esas cosas, es la difamación de la solidaridad entre los pueblos. Esa solidaridad es objeto de alusiones negativas divulgadas desde países cuya naturaleza política, económica y social, practican lo contrario a la solidaridad: una geopolítica agresiva para la dominación.

No se puede negar que la difamada solidaridad se ha convertido en una idea sustentada por amplios sectores de la población mundial. En su proceso creador y su divulgación confluyen: a) intereses geopolíticos transnacionales; b) la tonta ignorancia cultivada; y 3) los prejuicios políticos con mucho odio concebidos.

En el mundo angustiado por la pandemia del covid-19, de nuevo la solidaridad médica cubana está presente, ahora en Italia (con dos brigadas), en Togo y en países del vecindario caribeño. Y, la mezquindad mediática, también lo está.

No trato de negar que en Cuba no hay nada que merezca ser criticado, sino de señalar que esa crítica, además de parcial (lo natural en todo adversario) se hace con extremo encono, porque su objetivo único es arrasar hasta con la posibilidad de que en la mente popular crezca alguna imagen positiva de su revolución.

Lo subrayo, ante lo habitual: ninguna crítica escatima esfuerzos en difamarla. ¿Qué se ha dicho de esta nueva expresión de su solidaridad? Lo que la miseria moral es capaz: acusar a Cuba… ¡de utilizar médicos “esclavizados” y moverlos a su antojo por todas partes como agentes políticos!

Cuando los ojos de gente mezquina no quieren ver lo que no les gusta, tejen vendas sobre los ojos de sus creyentes, o simplemente les ocultan cualquier cosa inconveniente a sus intereses políticos.

No se habla de que la solidaridad médica cubana se expresa básicamente de dos formas: 1) con las brigadas médicas bajo contrato entre Estados (por ejemplo, con Brasil) con la mediación de la OMS; 2) con las brigadas médicas, compuesta por voluntarios dispuestos a ir a cualquier país, en donde haya catástrofes naturales y graves emergencias sanitarias.

La primera, no requiere justificarse con palabras retóricas, basta un par de preguntas:

¿Por qué el Estado cubano, está obligado a suplir gratuitamente, las deficiencias y la irresponsabilidad de otro Estado que, teniendo mayores recursos, sus clases dominantes han abandonado durante siglos la salud de su pueblo?

¿Es justo, condenar a un Estado que bloqueado y con sacrificios, crea condiciones a su juventud (¡y la extranjera también!) para estudiar gratuitamente lo que desee en cualquiera de las universidades, por el hecho de contratar y organizar los servicios médicos con otro Estado que, si capaz de negarle educación y salud a su pueblo, no se interesaría por la seguridad personal y profesional de los médicos si estos llegaran sin la garantía de un contrato interestatal?

En cuanto a la otra forma solidaria, tampoco es necesaria mucha retórica:

La Brigada médica cubana siempre dispuesta a entregar sus servicios solidarios en cualquier parte del mundo, tiene el nombre de Henry Reeve, en memoria de quien fue uno de los jóvenes norteamericanos que en la historia (de ayer y hoy), han pisado el suelo cubano en misiones solidarias y no en las excursiones militares agresoras de sus Gobiernos.

Henry Reeve, se incorporó al Ejército mambí y cayó luchando por la liberación de Cuba del coloniaje español. De modo que, con ese nombre, la brigada médica cubana reconoce, agradece, hermana e inmortaliza su solidaridad mutua con el pueblo norteamericano. Cosas que los mezquinos no entienden.

Ahora, mis observaciones sobre la presencia de médicos cubanos en nuestro país, con motivo de la pandemia. ¿En qué lugar están? ¿En dónde operan?

Ningún médico cubano viene a proyectarse en público, sino a trabajar. Pero de nuevo: ¿en dónde están? Insisto en preguntarlo, porque informes del Minsap cubano han dado a conocer el ingreso de cuatro o cinco de sus compatriotas procedentes de Nicaragua, contagiados con el covid-19, pero el Minsa de aquí… ¡no ha reconocido a ninguno!

Los médicos isleños que aquí están, callan también. ¿No se darían cuenta del contagio de sus compatriotas, o ellos fueron quienes los detectaron? Si es cierto, ¿por qué callan? Y si es mentira, ¿por qué callan los médicos cubanos de aquí y de allá?

El presidente cubano, cada día se reúne con el gabinete para informar sobre las incidencias del covid-19 en su país. Igual cosa hacen la televisión y la radio cubanas, informar sobres el covid-19 de su país y el mundo. Pero parece que Nicaragua se les borró del mapa.

Callan también sobre la irresponsabilidad del Gobierno orteguista respecto a la pandemia, su rechazo a las medidas recomendadas por la OMS, y su promoción de actos públicos, exponiendo la salud de los nicaragüenses.

Tremenda contradicción entre la irresponsabilidad del Gobierno orteguista y las medidas médico sanitarias que el Gobierno cubano está tomando contra el covid-19. Esto, echa por tierra algunas comparaciones entre ambos países. Incluso, aquella idiotez de que “Ortega quiere hacer de Nicaragua otra Cuba”.

Aparte de idioteces como esa, el Gobierno cubano está protegiendo al dictador y tiene un alto porcentaje de culpa por los ataques de que es objeto por su falta de crítica a la represión y los crímenes del orteguismo contra nuestro pueblo. Al contrario, el gGobierno cubano ha declarado su solidaridad con la dictadura Ortega-Murillo, con lo cual estimula a ciertos sectores nicaragüenses a demostrar sus simpatías por las agresiones norteamericanas contra Cuba.

¿Qué le puede aportar a Cuba, en términos de solidaridad, que el orteguismo eche discursos de retórica “revolucionaria” contra las agresiones de los Gobiernos estadounidenses? Nada.

Los abusos con los derechos humanos y la corrupción del orteguismo son estériles, no producen solidaridad. Y, en lo geopolítico, el orteguismo más denigra a quien le ofrece “solidaridad”.

Lo que el Gobierno cubano suponga, en cuanto a que su defensa se fortalece con el discurso “solidario” de Daniel Ortega, será una ficción. Y las ficciones, son inconcebibles en el Gobierno de un pueblo con sesenta años de digna resistencia ante el bloqueo y los asedios económicos y políticos.

La resistencia del pueblo cubano tiene un récord histórico: durante doscientos años, ha derrotado la pretensión de ver a su Isla figurando en el mapa estadounidense como “una extensión territorial” de los Estados Unidos.

Si restáramos alguna similitud histórica entre Cuba y Nicaragua (que es también la de todos los pueblos latinoamericanos), ¿qué queda de común entre ambos países?

Solo el recuerdo de que en Nicaragua hubo una revolución que contó con la solidaridad cubana, incluso en lo militar, ante la política de agresión norteamericana y su apoyo económico y armado al sector nicaragüense disconforme con esa revolución.

Después de haber abierto el campo al pluralismo político con la derrota de la dictadura somocista, y algunos otros avances limitados, de aquella revolución solo queda la pésima versión del orteguismo.

Respecto al desarrollo educativo y cultural, los altos niveles artísticos, científicos y las atenciones médicas sanitarias de Cuba, nada similar existe en Nicaragua.

Por eso, concluyo en que la solidaridad Cuba-Nicaragua es peor que una ficción, porque el Gobierno cubano es solidario con el verdugo del pueblo nicaragüense, y lo “revolucionario” que les atribuyen a los Ortega-Murillo… ¡es una estafa al pueblo cubano!

 



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