Opinion

La cruzada unitaria de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal

Su ejemplo, sigue siendo aleccionador, aunque casi a 43 años de su sacrificio, portadores del arcaísmo político le están saboteando su lección

¡Qué puede decirse de este personaje histórico que no se haya dicho?

A eso podría responder que sí, se ha dicho de todo, pero no se ha dicho todo de esta personalidad. Pedro Joaquín (así, con familiaridad para todos, como el amigo) se comenzó a conocer en sus días de estudiante universitario en 1944, y en los siguientes 34 años de su vida pública se convirtió en el referente político más conocido y el más combativo también. Digo verdad cuando afirmo que de él no se ha dicho todo, porque no es posible decirlo de ninguna persona.

Cada persona es única y multifacética a la vez.  Cada quien hace cosas que no son, no pueden ni deben ser del dominio público, pues aun dentro de una actividad pública existen áreas reservadas. Y a toda persona le suceden cosas que no derivan de su voluntad, sino por hechos incidentales.

Nunca tuve una relación personal con Pedro Joaquín y, por supuesto, tampoco amistad. Pero tuve un hecho incidental en política con él, fuera de ambas voluntades, y quizás él ni lo recordaría después. Era una personalidad del periodismo y la política, que a nadie le podía ser indiferente.

II

Su nombre sonaba desde los años 44-45 del siglo pasado, cuando era estudiante de la Universidad Central y se oponía con firmeza a la segunda reelección de Anastasio Somoza García, la cual pretendía alcanzar con las elecciones de 1946, y le fue frustrada.  El dictador clausuró la Universidad Central para vengarse de la que se llamó Generación Estudiantil del 44. Dos de ellos partieron hacia México a estudiar, prácticamente exiliados: Pedro Joaquín Chamorro (Derecho) y Mario Flórez Ortiz (medicina psiquiátrica).

Otros estudiantes muy mencionados eran Rafael Córdova Rivas, quien sería vicepresidente de la Junta de Reconstrucción Nacional (años 80), Arsenio Álvarez Corrales (cuya imagen de encarcelado publicó el diario La Prensa, demostrando los estragos de su huelga de hambre) y Luis Andara Úbeda.

En El Universitario se publicaron las fotografías prohibidas de Augusto C. Sandino, quizás por primera vez en un periódico. Somoza García, su asesino, las había publicado antes en el libro El Calvario de Las Segovias, cuya autoría siempre estuvo en duda, y parece que muy pocos lo leyeron.

III

Pedro Joaquín regresó en 1948. Se hizo cargo de la subdirección y después de la dirección del diario La Prensa, al cual le hizo innovaciones técnicas, le dio mayor espacio a la fotografía como parte complementaria de la noticia y, a veces, como la noticia misma. Pedro Joaquín modernizó al diario, la forma de hacer periodismo en Nicaragua y sus editoriales a veces impactaban más que las noticias.

Esta actividad de Pedro Joaquín la conocí como lector. Hasta 1962, cuando asumí la edición del semanario Orientación Popular, me tocó iniciar polémica, anónimamente (no se acostumbraba firmar) contra algunos contenidos de sus editoriales. Todo con ribetes del sectarismo ideológico, de ida y vuelta, algo normal entre medios de comunicación de signos encontrados. Era una lucha desigual: el número de lectores del diario multiplicaba en mucho a los lectores del semanario, una lógica diferencia entre una publicación cotidiana y otra semanal.

Lo que ahora importa, son las lecciones políticas que, con su carga de negatividad, dejaba aquella lucha ideológica entre dos sectores igualmente opositores a la misma dictadura, pues esta era la única que sacaba ventaja, mientras entre la oposición se levantaban barreras inamistosas, estériles.

Eso de entonces, se repite ahora, aunque de manera diferente, entre aquel periodismo y el periodismo actual. Entonces (años 60-70) se polemizaba a tres bandas, todos contra todos: La Prensa vs. Novedades y Orientación Popular; Novedades vs. Orientación Popular y La Prensa; Orientación Popular vs. Novedades y La Prensa. Las polémicas no solo eran de contenido político ideológico, sino también de ataques personales, y todo era reflejo de la lucha entre opositores contra somocistas; opositores contra socialistas; y socialistas contra somocistas y opositores.

Esa lucha entre opositores (conservadores, socialcristianos y socialistas) se extendió a varios foros políticos en el auditorio de la Unan, León (1964), en la Radio Corporación (1965), y si hubo otro no lo recuerdo. Esos foros tenían un mayor nivel cultural y político, pero igualmente se defendían posiciones ideológicas inconciliables y con sectarismo. No buscaban unidad frente a la dictadura, sino demostrar quiénes tenían la razón y quiénes no, como si eso fuera posible. Participaron: por un lado, Pedro Joaquín Chamorro, Reynaldo Antonio Téfel y Robleto Gallo; por el otro, Álvaro Ramírez González, Manuel Pérez Estrada y Mario Flórez Ortiz.

IV

Los somocistas (funcionarios del Estado y del partido liberal) protagonizaban en Novedades su propia defensa y sus ataques en contra de la oposición y los periodistas críticos de la dictadura. ¿Qué pasa ahora? Pasa que ningún funcionario de la dictadura orteguista protagoniza polémicas políticas ideológicas, ni ejerce su propia defensa ante las críticas del periodismo independiente y de la oposición, porque las críticas son fundamentadas, y porque la vicepresidenta les ha impuesto el bozal; no les permite hablar ni de sus propias públicas. Todas las voces sobre las informaciones estatales y políticas se centralizan en una sola voz: la de Rosario Murillo.

Los periodistas orteguistas… ¿qué hacen? Muchas cosas, menos periodismo. Solo recogen noticias oficiales del discurso de Murillo; ofenden a los opositores y desprestigian sus actividades; rinden culto al binomio dictatorial; elogian la represión de la policía; ignoran los problemas económicos sociales; aplauden toda medida, decreto y ley tendiente a consolidar el poder dictatorial; ocultan la corrupción en el Estado, el gobierno y el “partido” (de la cual algunos de ellos participan); presentan al dictador como líder “revolucionario” de dimensión continental. Todo eso lo practican desde los medios de comunicación propiedad de la familia Ortega-Murillo.

V

Los acercamientos personales que tuve con Pedro Joaquín no fueron directos: a su regreso (no recuerdo si del exilio o de la cárcel) se le hizo un recibimiento político en el exclusivo Club Social Managua, y como yo estuve allí, debió de ser por un motivo político partidario. Pienso que entonces se iniciaba cierto deshielo político entre opositores.

Situación contraria a la de los primeros años 60 –años de los ataques mutuos—, durante la cual Pedro Joaquín expresaba sus convicciones anticomunistas (con ciertas alusiones al PSN) leyendo sus editoriales en la Radio Centauro a las cinco de la tarde y los que recopiló en el libro 5 pm.

VI

Antes, en la proximidad del decenio 1970, Pedro Joaquín ya elaboraba sus juicios políticos con nuevos contenidos, y los socialistas fueron llegando a posiciones menos sectarias, lo que a unos y a otros llevó a una acción política tolerante entre las tendencias opositoras para combatir a la dictadura somocista, sin renuncias ideológicas de nadie, sino de unidad en la acción para impulsar la lucha común contra la dictadura.

Ningún hecho político es casual, es fruto de un proceso. Uno de ellos, ocurrió antes de 1967, y para mí la única ocasión en la cual pude hablar con Pedro Joaquín. Esa reunión fue parte de esos esfuerzos unitarios, efectuada en la oficina de Álvaro Ramírez González (segundo piso de un edificio situado frente al Teatro González en la avenida Bolívar, pre terremoto 1972). Asistentes que recuerdo: Pedro Joaquín Chamorro, Reynaldo Víquez, Mario Flórez Ortiz, Ramírez González, Manuel Pérez Estrada y el suscrito (seguro que hubo otros, entre ellos del Partido Socialcristiano, pero lamento no recordarlos).

Eso se consolidó años después con el manifiesto de los 27 (tres firmantes por cada una de las nueve organizaciones (siete partidos políticos y dos centrales sindicales), en contra de la reelección de Somoza Debayle. Ese esfuerzo unitario fructificó con la creación de la Unión Nacional Liberación (UDEL) el 14 de diciembre de 1974.  Este acto político se efectuó en Masaya, y fue otra ocasión en la que estuve próximo a Pedro Joaquín, pero sin saludos.

UDEL fue la concreción de la política unitarias por la cual Pedro Joaquín venía trabajando pese a toda clase de contradicciones, tanto o más complejas que en la actualidad. Pero ahora, asoman los mismos prejuicios de antes en boca de líderes de oposición, saboteadores de la unidad en la acción.

Aquel acto unitario del 74 tuvo sus orígenes en un proceso lento, pero firme, gracias a la incansable cruzada unitaria de Pedro Joaquín, la cual el somocismo creyó haberla matado junto a su inspirador. Justificar o no aquella pretensión del somocismo, depende de la actual oposición a la dictadura orteguista.

Su ejemplo, sigue siendo aleccionador, aunque casi a 43 años de su sacrificio, portadores del arcaísmo político le están saboteando su lección. Lo que ninguna mezquindad le puede escamotear a Pedro Joaquín, es su triple condición de Héroe Nacional, Mártir de Libertades Públicas y Forjador de la Unidad Nacional. Este título aún no le es reconocido, pero lo ostenta con igual legitimidad.


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