Opinion

Ni por quién ni para qué

La abstención se justifica por la ambición de Ortega de continuar en el poder atropellando derechos y con imposición de una ridícula monarquía aldeana

Se afirma, y es verdad, que en noviembre no habrá por quién votar. Pero como después del fraude electoral del 2008 Ortega practicó graves arbitrariedades contra los derechos políticos, hizo el fraude del 2011 y con sus arbitrariedades actuales ha convertido en una farsa las elecciones de este año, nadie puede confiar en sus elecciones y, todo ello, obliga a pensar… ¡que tampoco hay para qué votar! Esto pareció haber pasado inadvertido, mientras Ortega consolidaba su control y la deformación a su conveniencia de la institucionalidad. Haya sido una actitud inconsciente de unos partidos o calculada por otros, lo real es que no se actuó en consecuencia durante los nueve años de orteguismo.

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Quizás un poco tardío, pero con toda la razón, 27 ciudadanos reaccionaron aconsejando la abstención electoral activa, después que Ortega puso el selló de su carácter dictatorial a las elecciones para bloquear toda oposición a su continuismo. Sin embrago, lo tardío no tiene que ser extemporáneo, pues hoy se han unido la razón de que no hay “por quién votar” con la razón de que no hay “para qué votar”. La excitativa no es un simple capricho y menos una casualidad. La justifica la ambición de Ortega de continuar en el poder atropellando derechos con los peores métodos, incluso con la imposición de una ridícula monarquía aldeana.

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Esa decisión de Ortega es anti histórica, y amerita alertar a la población con algo más que un pronunciamiento llamando a la abstención para deslegitimar una acción antidemocrática y ambiciosa que, además, tiene un motivo que llena de vergüenza a los nicaragüenses ante el mundo, como es que un presidente autoritario haya negociado la vicepresidencia de la república para apaciguar un conflicto familiar. El único precedente en América Latina de la repartición del poder en una alcoba matrimonial, se produjo en la Argentina, cuando la esposa del dictador Juan Domingo Perón, heredó la presidencia al morir su marido.

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Ante la amenaza de que ese hecho absurdo se repita en Nicaragua, no amerita perder el tiempo discutiendo o negando los valores personales de los aspirantes a dinastas, sino ver la gravedad que eso significa para poder estructurar una república democrática y progresista. Incluso, parece necio discutir si la abstención electoral es menos efectiva que depositar un voto nulo o viceversa. A un gobierno autoritario que ya agotó los derechos electorales, le da igual hacer un fraude con una gran cantidad de votos nulos junto a otra gran cantidad de votos válidos (ya ocurrió en el 2011), que hacerlo con una mínima cantidad de votos. El asunto, es cómo enfrentar la decisión –de mil formas demostrada—, de burlar una vez más la voluntad ciudadana.

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Pero si en tan corto tiempo no hay capacidad para revertir la actual situación, algo habrá que hacer. También es cierto que con los votos nulos más la abstención, igual habrá fraude. Pero ese “algo que hacer”, aunque mínimo, induce a pensar en lo más elemental, como es decidir con cuál de ambos recursos se le podría incomodar a la dictadura la imposición de su nuevo fraude electoral. Entre el voto nulo y la abstención, hay ligeras diferencias que no está de más identificar.

Veamos: a) abstenerse evita ofrecer la imagen de gente pasiva (aborregada) ante un centro de votación; b) las filas nutridas, aunque sea de votantes que anularán su voto, ofrecen las imágenes perfectas para las fotografías con que el gobierno “demostrará” la gran asistencia como una prueba de “confianza” en su aparato electoral; c) haciendo grande filas, ni siquiera se podrá calcular con cuántos votos nulos y cuántos votos válidos harán “ganar” al candidato oficial; d) en cambio, con las filas escuálidas se le hará obvio el fraude al dictador cuando se asigne una cantidad de votos que no se corresponderá con la escualidez de las filas; e) el voto nulo, solo es recomendable para quienes, como los empleados públicos, están obligados a votar para no ser despedidos; f) la abstención, más lo que se pueda hacer denunciando la farsa, es lo más efectivo para la mayoría de los ciudadanos.

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Solo con algunos aspectos puntuales no estoy de acuerdo en su totalidad con el pronunciamiento “de los 27”, aunque son menos esenciales que los motivos que les estimuló a pronunciarse contra la farsa electoral en marcha, y llamar a la abstención. Por la gravedad en que la ambición ha situado al país y a su futuro democrático, no será imposible que una campaña bien orientada con la verdad logre despertar la conciencia de la mayoría del pueblo para que no solo se abstenga de ser instrumento de una farsa, sino también para que decida actuar de forma consecuente.

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Pero la debilidad histórica de la oposición de no haber podido unir la palabra con su acción, es una situación riesgosa. Lo peor es que ha complementado esa debilidad con una debilidad ideológica, cual es mirar siempre hacia el Norte y depositar su confianza en que las soluciones vendrán según lo defina la política exterior de uno u otro gobierno de los Estados Unidos. Triste complejo que no abandonan muchos políticos, sino que se aferran a él y más bien han logrado transmitirlo a políticos que se suponían tener una posición patriótica y hasta de izquierda, en cuanto a la política exterior norteamericana.

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Algunos políticos parecen desvelarse imaginando qué ocurrirá con las relaciones Estados Unidos-Nicaragua si ganara Donald Trump las próximas elecciones; o por saber qué táctica impondrá Hillary Clinton, de ganar las elecciones, a su Departamento de Estado, respecto a un “nuevo” gobierno de Daniel Ortega. Incluso, por ahí anda circulando un documento público, expresando esos desvelos, lo cual no deja dudas acerca de que esos políticos aún no se liberan de sus complejos de ahijados de los gobiernos norteamericanos.

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Esa lamentable realidad, podría echar a la basura la iniciativa de “Los 27” de que la abstención electoral el próximo noviembre pueda ser realmente activa para que la dictadura no se nos convierta en otra dinastía. Y, para mayor desgracia, la suerte que correrá tal iniciativa ha encontrado una respuesta política nada positiva ni realista: hay quienes pretenden desviar la lucha hacia la tradicional e inútil vía de los milagros, pues se ha conocido una convocatoria a “luchar”… ¡orando en las iglesias católicas! Pobre nuestro país.

Curiosidades:

  1. Terminaron las Olimpíadas de Río Janeiro, con unos resultados más o menos esperados de la redistribución de las medallas. También revelaron el efecto negativo de la política sobre estos eventos deportivos: los mutuos sabotajes a las olimpíadas de los Estados Unidos a la URSS y de esta a la de los Estados Unidos; la desintegración de la Unión Soviética; y la prohibición del atletismo ruso en las de Brasil. Resultado: nuevos países ganadores, el máximo ganador histórico, los Estados Unidos, obtuvo menos medallas que en juegos anteriores y Rusia perdió su histórico segundo lugar.
  2. De los países ex soviéticos, solo Letonia no ganó ninguna medalla, y juntando las de los restantes no serían suficientes para conservar el segundo lugar, pues apenas llegaron a 92 medallas de todos los colores, y Rusia, con solo56, pasó al cuarto lugar, como para demostrar –una vez más— que sin unidad no hay fuerza.

Cronología imperial (*)

1969.- 1) La CIA apoyó una invasión de Haití contra “Papa Doc” Duvalier, procedente de Honduras. Fue un fracaso total.

2) En entonces gobernador de Nueva York, Nelson A. Rockefeller, efectuó cuatro viajes a Latinoamérica en misión especial encomendada por Richard Nixon. En buena parte de los países visitados lo recibieron con hostilidad, y la acostumbrada represión de los gobiernos en los países visitados produjo muertos y heridos.

1970.- El 4 de septiembre, en Chile, triunfó en las elecciones la fórmula de la Unidad Popular. La empresa multinacional Telephone & Telegraph (ITT) comenzó a procurar la no ratificación por el Congreso, del presidente electo Salvador Allende. El Departamento de Estado, la Casa Blanca, la CIA y el consejero Henry Kinssinger implicaron en su propósito al embajador Edward Korry, al presidente Eduardo Frei, al ex presidente Arturo Alessandri y a otros políticos.

(Continuará)

(*) Resumida de Guía del Tercer Mundo-86.

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