Opinion

México y la salida a la crisis sociopolítica en Nicaragua

Si Nicaragua retoma la senda de la democracia gracias a México, se mejoraría la recientemente dañada popularidad del canciller mexicano

La llamada política exterior de no intervención que adoptó México a partir de diciembre de 2018, hizo perder al pueblo de Nicaragua un importante aliado en la OEA, pero en el contexto actual puede ser determinante para resolver la crisis sociopolítica si Ortega así lo deseara. El régimen Ortega-Murillo tiene dos urgencias, garantizarse impunidad y salvar su inmensa fortuna hecha a base de corrupción, pero, ¿tiene la posibilidad México de ofrecer legítimamente a Ortega impunidad y salvaguardar su fortuna?

El régimen ha sido insistente en demandar el levantamiento de sanciones a la familia Ortega-Murillo y sus allegados, toda vez que esto limita enormemente sus actividades comerciales fuera y dentro de Nicaragua. Por su parte, la política exterior de EE. UU. no va a ser inconsecuente y levantar las sanciones, después de los señalamientos de violaciones a Derechos Humanos que ha hecho. Bajo esa lógica, es una estrategia equivocada del régimen pensar que apresar a líderes políticos de oposición, le dará una mejor posición para negociar algo, en todo caso, lo que ocurrirá es que EE. UU. la Unión Europea y otros actores internacionales van a ajustar la tuerca respecto de las operaciones financieras del régimen Ortega-Murillo y sus allegados.

Otra cosa que tiene que comprender el régimen, es que la demanda de justicia es incontenible estando Ortega en el poder o fuera de él, la demanda de justicia y el cansancio respecto de la represión son una bomba de tiempo que le puede estallar en las manos al régimen Ortega-Murillo en cualquier momento, si Ortega desea librarse de un mal final, deberá salir de Nicaragua. Ese es justamente el punto de conexión con México.

Ortega debe ser pragmático y dejar de lado por un instante su megalomanía, para pedir la intervención de México a la “Evo Morales”. No he visto en la última década una estrategia diplomática tan audaz como la que implementó el canciller de México Marcelo Ebrard en el caso de Bolivia, por un lado, denuncia golpe de estado obteniendo aplausos de la izquierda latinoamericana, y por otro, saca a Evo Mortales del plano político boliviano al trasladarlo a México, permitiendo al país suramericano avanzar en el restablecimiento democrático sin que Evo sea un actor determinante en el proceso.

Si Ortega deja de reprimir y encuartela a la Policía Nacional, la movilización masiva sería inevitable. Si a eso le sumamos una simulación del leal ejército para contener el accionar policial represivo y que incluso finjan un operativo para apresar a Ortega, se lograrán dos objetivos: que de nueva cuenta México use el discurso de golpe de Estado y pueda sustraer legítimamente a Daniel Ortega y su familia; y el Ejército se llevará las palmas por finalmente “haberse puesto del lado del pueblo”, salvándose con ello de su abolición. Si me permiten el sarcasmo, ojalá el Ejército valore que hago gratis mejor trabajo de lobby que Francisco Aguirre Sacasa.

México no solo podría interceder por Ortega y su familia, sino que también por su fortuna. Los enormes intereses económicos existentes entre México y EE. UU., puede propiciar de parte de EE. UU.  la “inobservancia” de las sanciones, tal y como operó la diplomacia mexicana en el caso del general Salvador Cienfuegos. No hay que subestimar a la cancillería mexicana considerando que, el pasado 10 de junio el canciller Marcelo Ebrard publicó en su cuenta de Twitter la “aclaración” que hiciera nada más y nada menos que la propia, Kamala Harris, excluyendo a México de su exigencia de dejar trabajar a la prensa y las ONG.

Si Nicaragua retoma la senda de la democracia gracias a México, se mejoraría la recientemente dañada popularidad del canciller mexicano y éste podría retomar sin problemas sus aspiraciones presidenciales, lo cual también sería conveniente para Ortega finalmente. Mientras tanto, en Nicaragua habría condiciones para entrar en profundos cambios legales que consoliden el Estado de Derecho y la democracia.

En este escenario, habría muchos actores contentos: Ortega, su familia y su fortuna; un Marcelo Ebrard acariciando la banda presidencial en México; un ejército con imagen renovada superando la amenaza de abolición; el gran capital contento por la mejora en el clima de negocio; y hasta los nicaragüenses promedio felices por el término del régimen. Los perdedores serían naturalmente las víctimas de la represión, aunque podría garantizarse parcialmente su derecho a la justicia al sancionar a los mandos bajos y medios utilizados por el régimen para reprimir; la verdad por medio del esclareciendo de los hechos; y la creación de un programa de reparación integral que vele por las indemnizaciones, compensaciones y rehabilitación de las víctimas de la represión y sus familiares, el contexto planteado solamente excluiría la sanción de los peces gordos, al menos por ahora.

Nadie duda que Daniel Ortega está atornillado al poder, pero lo que debemos comprender es que además de estar obsesionado con el poder, Ortega es rehén de sus crímenes y avaricia, al momento de dejar el poder será llamado a cuentas. Mi consejo para Ortega es, sálvese usted y su familia de un mal final, y permita que la democracia y la justicia renazca en Nicaragua, no vea en los tuits de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México del 14 de junio la pérdida de un aliado silencioso, sino la oportunidad de poner fin a esta crisis que nos mantiene en vilo a todos.

*El autor es maestro en Derechos Humanos.

 



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