Opinion

Los periodistas están en primera fila de la resistencia pacífica

La Policía, la Inteligencia del Ejército, y la Presidencia, se han ensañado contra el periodismo no oficial ni oficialista

Los periodistas y comunicadores independientes de Nicaragua han sido golpeados con crudeza con todos los instrumentos represivos con que cuenta la dictadura orteguista que controla absolutamente el Estado, que dispone de un ejército paramilitar y de violentas turbas fanatizadas. La Policía, la Inteligencia del Ejército, la Fiscalía, el Poder Judicial y la Presidencia de la República, se han ensañado contra el periodismo no oficial ni oficialista.

“Esta Semana”, “Esta Noche” y “Confidencial” así como “100% Noticias”, fueron ilegalmente allanados y confiscados, “La Prensa” aguantó el bloqueo de materias primas impuesto por la DGI, “Canal 12” resiste un embargo fiscal, etc. Recordarán que “Radio Darío” fue incendiada y que “Radio La Costeñísima” ha estado fuertemente asediada y su directora de prensa, Kalúa Salazar, fue condenada este año en un tribunal orteguista.

Otros pequeños medios de comunicación desaparecieron en León, Jinotega, Estelí y otros departamentos, sin embargo, los intervenidos por el régimen continúan transmitiendo desde plataformas digitales. Además, en la Internet noticieros y revistas informativas se han multiplicado desde Nicaragua y el exilio.

Imaginen por un momento que ustedes son periodistas que están siendo reprimidos, que son retenidos y reciben ofensas y advertencias de oficiales de la Policía orteguista, que son asediados y hostigados en sus casas y en sus medios de comunicación, que son acusados ante un juzgado, que les abren juicio y finalmente los condenan a pagar una alta cantidad de dinero. ¿Díganme si esto no es como estar en un infierno donde es puesta a prueba la salud emocional, física y económica de los periodistas y de sus familiares?

No han doblegado al periodismo independiente

Imaginen a periodistas prisioneros en El Chipote, ese lugar tenebroso desde los tiempos de la dictadura somocista. Además, está bloqueado el acceso a la información pública y hay que soportar casi con estoicismo frecuentes campañas denigrativas desde medios de comunicación de la dictadura, incluso directamente de parte de la todopoderosa Vicepresidenta de la República. ¡No se puede vivir de esta manera!

Durante todo este año 2020 le ha llovido tieso y parejo al periodismo independiente de Nicaragua, pero las mujeres y hombres de prensa no han dado un pie atrás. ¡Es admirable! Todos los embates de la dictadura se han estrellado contra la voluntad de reivindicar los derechos a la libertad de expresión y a la libertad de prensa, de parte del auténtico periodismo de nuestro país.

No han doblegado a una gran cantidad de comunicadores independientes, la mayoría jóvenes, de los que unos 200 están asociados en Periodistas y Comunicadores Independientes de Nicaragua (PCIN), joven organización gremial de solo dos años que ha demostrado un inclaudicable compromiso con el derecho a recolectar información, procesarla y transmitirla; con la promoción y defensa de los Derechos Humanos y el respeto a la Constitución y las libertades fundamentales de los nicaragüenses; y con una firme oposición a la violencia contra la mujer, a la corrupción y al narcotráfico.

La aprobación el 27 de octubre pasado de la Ley Especial de Ciberdelitos o “Ley Mordaza”, como la calificó el periodismo, y que entrará en vigencia a finales de este mes de diciembre, es parte de una serie de leyes punitivas aprobadas en las últimas semanas por el régimen, y es una expresión de derrota y desesperación de la dictadura orteguista, porque no ha logrado impedir el diario flujo informativo sobre la realidad nacional e internacional que mantienen los periodistas y comunicadores independientes.

Reflexionar sobre tácticas y estrategias

En momentos en que no hay marchas en las calles, ni siquiera piquetes relámpago, en que las actividades visibles de protesta son mínimas, el periodismo de Nicaragua sigue manteniendo una férrea resistencia pacífica ante la dictadura que es ejemplar para toda la sociedad nicaragüense. Con su práctica, el periodismo independiente se ha colocado en la primera línea, en la primera trinchera, ante la represión orteguista.

Hasta el momento todo ha sido inútil para los Ortega-Murillo, no les han funcionado los halagos, advertencias, amenazas y represión de todo tipo –incluye un asesinato, encarcelados, heridos, hostigados, golpeados, asaltados, judicializados, etc.–, pues los periodistas más bien se han organizado, han multiplicado sus cibermedios de comunicación y en circunstancias adversas siguen informando lo más apegado a los hechos.

Finalmente, los periodistas, como toda la sociedad, en cierto modo nos hemos estado acostumbrando a la represión y nos movemos entre el temor, la desconfianza y la incertidumbre y también con la fuerza y seguridad que nos dan nuestras convicciones y compromiso profesional. Quizá sería conveniente que en PCIN se hiciera un alto y se dedicara un momento a reflexionar como organización gremial sobre lo que podría acontecer el próximo año (año electoral) y elaborar algunas tácticas y estrategias frente a situaciones que podrían ser previsibles, para preservar nuestras posibilidades de seguir informando.

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