Opinion

Los modelos epidemiológicos sobre la covid-19 en Nicaragua

A riesgo de ser imputados de alarmistas, nuestro objetivo es alertar y llamar la atención para actuar a lo inmediato contra la covid-19

El recién pasado 18 de marzo se registró el primer caso de covid-19 en Nicaragua, sumándonos a los 164 países que habían registrado casos hasta ese momento. Desde que se inició el brote en China y más recientemente con la declaración de pandemia, los nicaragüenses hemos tenido una gran incertidumbre sobre cuál será el escenario que viviremos en los próximos días, semanas y meses. Esto se debe —por un lado— a que las autoridades nacionales no habían revelado ningún plan de contingencia coherente con los lineamientos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y por otro, a que no había proyecciones muy claras del comportamiento de la epidemia en nuestro país. No obstante, en días recientes se han hecho públicos al menos tres análisis sobre el posible desarrollo del covid-19.

El primero al que haremos referencia es al estudio del Dr. Víctor Tercero, profesor de la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey, México. En el modelo del Dr. Tercero, la estimación de muertes a lo largo de la epidemia en Nicaragua —de acuerdo con la pirámide poblacional, la experiencia obtenida en China y en un escenario sin intervención, es decir, sin adoptar ninguna medida de contención o mitigación—, es de aproximadamente 49 800, equivalente a un 0.75% de la población general. Este porcentaje es más bajo que en otros países asiáticos y europeos debido a que la población nicaragüense es mucho más joven. Para establecer el impacto de la epidemia a corto y mediano plazo se tomaron en cuenta los siguientes elementos: un número estimado de casos al inicio del brote en el país (14, obtenidos del promedio centroamericano, ya que, para el 15 de marzo, fecha de realización del modelo, no se había reportado ni un solo caso en Nicaragua), la tasa diaria de crecimiento del virus y el tamaño de la población expuesta (solamente urbana). El modelo reveló que el número diario de casos esperados podría ser de 100 o más en tan solo una semana y que podría alcanzar su pico máximo alrededor de los primeros 30 días. Este repunte de casos se sostendrá por seis semanas, cuando “la saturación de la población haga que se ralentice a menos de 100 por día”. Un 0.75% de los casos serán letales lo que impondrá una carga de estrés adicional al maltrecho sistema de Salud. Será el período en el cual el sistema colapse, aunque se tomen medidas drásticas, pues ya serán muy tardías para evitar el impacto. En este análisis, aun asumiendo que solo el 5% de los pacientes necesitarán hospitalización (los críticos), la capacidad de camas del Sistema de Salud (5781) se verá superada con creces a partir del día 24 o 25 de la epidemia. El Dr. Tercero demuestra que con medidas de distanciamiento social, como las tomadas en Costa Rica y en Corea del Sur, las hospitalizaciones se reducirían y aunque el país estaría en una situación grave, podría ser manejable.

Por otro lado, el Ministerio de Salud (MINSA) en su Protocolo de Contención de la covid-19 establece que en nuestro país se infectarán 32 500 personas durante un período de seis meses, con base en una tasa de ataque del 0.5% (una cifra subestimada, ya que la probabilidad de infección es mayor del 30% aún con medidas de contención debido a que toda la población es susceptible de enfermar por un nuevo virus, para el cual no tenemos inmunidad) e indica que un 25% de los casos serán graves. Según el análisis del MINSA estos enfermos podrán ser absorbidos por el Sistema de Salud sin mayores dificultades.

El Dr. Carlos Hernández, médico salubrista, hizo algunas observaciones a este protocolo: ninguna epidemia es plana y no se distribuye uniformemente en el tiempo, y aun teniendo ese comportamiento quedaría un déficit de 423 (6%) camas para pacientes graves en el Sistema de Salud. Tomando en cuenta el número inicial de casos registrados por el MINSA (2), el Dr. Hernández hizo una corrección al análisis del Dr. Tercero. En el modelo se estima que para el día 22 el sistema estará en el límite de su capacidad de camas, 451 proyectadas por el MINSA para enfrentar la epidemia, y para el día 29 se sobrepasará la capacidad total de camas del sistema (5781).

El Dr. Álvaro Ramírez, epidemiólogo, radicado en Irlanda, desarrolló un modelo de predicción utilizando como referencia el crecimiento exponencial generalizado de la epidemia y específicamente el comportamiento en los países vecinos. En su modelo establece que, con una baja frecuencia de infecciones, al día seis de abril podríamos tener 24 casos, pero en un escenario de rápida progresión (sin medidas de control), los casos esperados se elevarían a 3522. Para el seis de mayo, las proyecciones son más dramáticas: 2136 casos acumulados en el mejor de los escenarios, pero 230 340 en el peor de ellos. La mortalidad sería de 587 y 9784 pacientes, respectivamente.

El tercer modelo es el desarrollado por Patrick GT Walker y cols. del Imperial College de Londres, centro colaborador de la OMS, que compara la mortalidad —en todos los países— en ausencia de intervenciones o con diferentes grados de distanciamiento social con el fin de facilitar datos estadísticos sobre el impacto de las estrategias de supresión y mitigación en la transmisión del SARS-CoV-2. Definen como supresión las medidas de distanciamiento social a gran escala para eliminar rápidamente la transmisión y minimizar los casos y muertes. Mitigación consiste en las acciones de distanciamiento social que pueden reducir uniformemente la tasa de contactos entre los individuos. En un escenario con medidas de supresión en una etapa temprana de la epidemia el número total de infectados es de aproximadamente 730 000, con más de 2000 fallecimientos, además se requerirían casi 13 000 hospitalizaciones y una demanda de camas hospitalarias y de cuidados intensivos en el pico máximo de la epidemia absorbibles por el Sistema de Salud. En una epidemia relativamente avanzada, el número de infecciones se eleva a un poco más de 2.5 millones, con casi 8000 muertes y necesidades de camas hospitalarias y de UCI cinco veces más alta. Sin intervenciones en esta etapa, los números estimados son extraordinariamente altos, con más de 5.8 millones de infectados, más de 23 500 fallecimientos y más de 140 000 hospitalizaciones. El requerimiento de camas se eleva de manera significativa sobrepasando al menos diez veces la disponibilidad actual. En relación con las medidas de mitigación, si estas se aplican a toda la población, con tasas variables de distanciamiento social, el número de infecciones oscila entre 3 millones y 4 millones, con una mortalidad que se eleva hasta las 14 000 personas. Si las medidas de mitigación se orientan a la protección de la población mayor de 65 años, el impacto en la mortalidad podría ser menor, dado que este grupo de población es el más vulnerable. Sin embargo, sin implementarse ningún tipo de intervención en la etapa de mitigación, el efecto en la mortalidad se duplicaría.

Para concluir podemos afirmar que estos modelos —que se fundamentan en la experiencia ganada por otros países en estos tres meses de pandemia— son la evidencia científica que valida la efectividad las intervenciones de supresión o mitigación. Todos ellos coinciden en que, sin el establecimiento temprano de estas acciones, no existe un escenario favorable para Nicaragua y que el Sistema de Salud se verá sobrepasado por la epidemia.

Sin embargo, es importante recalcar que estos modelos son aproximaciones matemáticas, que no siempre toman en cuenta distintas variables que pueden modificar estos resultados. Algunos factores que podrían favorecer su contención son: la capacidad y ritmo de muestreo, las condiciones climáticas que podrían ralentizar el número de contagios y la pirámide poblacional que podría reducir el número de muertes; pero en sentido contrario, factores como las condiciones biológicas, sociales, culturales y de salud de un país empobrecido como el nuestro, podrían acelerar su desarrollo.

A riesgo de ser imputados de alarmistas, nuestro objetivo es alertar y llamar la atención de la sociedad en general y de las autoridades de salud en particular, para actuar a lo inmediato. Solo la prevención temprana impedirá que estos pronósticos se cumplan, evitando así las graves consecuencias humanitarias que acarrearía para nuestra nación.

 



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