Opinion

Lo que el electorado debe saber sobre los candidatos de la oposición en Nicaragua

Pesos y contrapesos entre las emociones, la información, el factor miedo, las decisiones, los valores, y la idoneidad de los líderes

El éxito en la política electoral estriba en la retroalimentación que hay entre la visión que tiene un candidato de su electorado y de las expectativas del electorado sobre el candidato.  No es un proceso unidireccional, sino una actividad dinámica e interactiva entre el candidato y el elector sobre sus emociones, su conocimiento y expectativas. En medio de restricciones a las libertades, entender, articular y reconciliar este balance es vital para lograr un cambio justo en Nicaragua.

El candidato y sus electores

Para los políticos el llegar a entender las emociones personales del votante contribuye a saber la dirección en donde pueden votar los nicas. Las emociones juegan un rol preponderante en las decisiones políticas, tales como por quién votar. No es accidental por qué los nicaragüenses tienen su opinión de cada candidato en relación con lo que ellos sienten de cómo este actúa, trabaja, transa o lidera. El cálculo político que todos hacemos incluye esa ponderación entre nuestras emociones y lo que sabemos del entorno político (el partido, la política, el candidato).

Las emociones que inundan el pensamiento político nicaragüense son intensas y extensas.  Hay en el nicaragüense sentimientos encontrados en el entorno político, tal como un fuerte resentimiento (e indignación dicen algunos) sobre el curso de su país, sobre lo que ‘otros’ hacen en contra de ellos, en donde el problema no es unidimensional: el sandinista se siente a la defensiva, el ‘azul y blanco’ se siente bajo asedio.

El miedo opositor a la magnitud de la represión, el miedo sandinista de que les ‘roben’ las elecciones, el sentimiento de lealtad que compra el clientelismo y la tradición, el resentimiento de la continua desigualdad social,  las ‘ganas’ de pelear, hacerle daño a gente en la calle, y la vez una especie de creciente indiferencia sobre los candidatos, acompañado por la impaciencia de tener empleo y mejor ingreso están influyendo racionalmente el pensamiento político que asocian con un candidato, y se convierte en factor que inhibe o motiva por quién votar.

Esta realidad explica en gran parte por qué las encuestas no siempre reflejan con claridad las preferencias políticas de los nicaragüenses; situación que lleva a atribuirse al fenómeno ‘guegüense’, como el factor que lo explica todo. Sin embargo, mucho del misterio entre lo que una encuesta reporta (además de la pobreza metodológica de éstas y quienes las pagan) y lo que termina decidiendo el nica, no es el fenómeno guegüense, pero la forma en cómo el electorado procesa su emoción en relación con lo que aprende, vive, y asocia con el candidato. En toda campaña están también los políticos que manipulan esos sentimientos para jalar votos a su favor.  Por ejemplo, un cálculo del factor miedo ponderando la opinión sobre el líder Daniel Ortega, muestra una gran diferencia de favorabilidad que cae de un 24% a un 14% después de controlar estadísticamente el factor miedo, por ejemplo, las ‘visitas’ de los CPC a su casa como parte del buen Gobierno de reconciliación. La manipulación es subyacente especialmente en el partido de Gobierno toda vez que hay votantes que viven bajo dos códigos morales paralelos intentando reconciliarlos regularmente, el código de lealtad al caudillo y el de fidelidad a los valores aprendidos en casa. El enojo, la ira, las ganas de pegarle a otros es un reflejo de frustración de saber que esos códigos son irreconciliables, pero que no hay alternativa.

De ahí que los líderes tienen que conocer el cúmulo de sentimientos, su intensidad y la forma en cómo se traduce, expresan y evocan en la vida cotidiana. La razón de ser no es para manipular esos sentimientos, situación común entre los caudillistas, pero para validar sus exigencias y demandas con soluciones concretas.

Cuando el electorado piensa en los candidatos

De igual forma, las posiciones del público nicaragüense sobre el figureo político de los pre-candidatos se han referido en torno a un sentimiento desagradable, traicionero, falso, que lo asocian con que si éste robó, formó parte de una alianza con el régimen o el ‘gran capital’, fue parte del “golpe”, o del pacto FSLN-PLC, tiene algo que ofrecerles, o es simplemente un oportunista en busca de un puesto, una diputación o un ministerio.

El clavo del problema es que, en un ambiente político poco informado, el candidato termina procesando sus decisiones con la poca información a mano y con un exceso de emoción que los candidatos le evocan. Es importante que los votantes logren crear un balance entre la intensidad de sus emociones exigiendo información fiable de las características de cada candidato. De esta forma, cada quien puede filtrar por si solo, en buena fe y con la conciencia clara, al candidato más idóneo para uno.

Los nicaragüenses tienen que establecer un contrapeso que procese los sentimientos positivos y negativos que los candidatos les evocan con el conocimiento real de ciertos atributos.  El carácter moral y político del candidato, su trayectoria laboral, el nivel de experiencia en política pública, su capacidad de liderazgo, su atractivo popular, y la oferta electoral que presente el candidato son los componentes de una lista que cada votante tiene que considerar al sopesar sus decisiones de por quién votar. Este conocimiento permite ponderar las emociones con un pensamiento mejor informado.

En un país en donde la preferencia por el líder priva sobre el partido, es importante que los electores informen sus emociones con un mejor conocimiento de estos atributos  Aún en países donde las libertades están restringidas, la decisión de votar está fuertemente influida por un sentimiento de ajuste de cuentas, de necesidad de normalidad. Pero este sentimiento para que rinda con el mejor candidato depende de tener claridad de esos atributos y reconciliarlos con la importancia que éstos representan y se comparan con otros candidatos.

Para algunos, el carácter moral es importante, para otros, solamente es la oferta electoral, aun si ésta es clientelista y subordina las libertades.

El buen gobernante es uno que termina siendo escogido de los mejores valores de cada atributo y es importante que el ciudadano asuma su obligación de arriesgar su voto por la persona idónea.

Los candidatos son responsables de ser transparentes en presentar esos atributos, de no esconderse detrás de ‘trofeos’ como su única insignia electorable. Esta lista es el verdadero rendimiento de cuentas de cualquier candidato presidencial de su idoneidad para ser electo.

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