Opinion

La represión, 24 horas después del acuerdo

A once meses, el poder de Ortega sigue emanando de la boca de un fusil. Comentarios frente a la represión a 24 horas del acuerdo firmado en el Incae

El viernes 29 de marzo, la delegación de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD) y la delegación de la dictadura acordaron una serie de aspectos en relación al restablecimiento de libertades públicas de la ciudadanía nicaragüense, entre ellas el derecho a la libre movilización pacífica, la libertad de prensa e incluso el desarme de cuerpos paramilitares. A 24 horas de haberse firmado los acuerdos, los autócratas, a través del accionar de sus fuerzas represivas, han demostrado no tener voluntad en avanzar seriamente para darle solución pacífica a la crisis sociopolítica y de violación de derechos humanos que hoy afectó a todos y todas las nicaragüenses, incluyendo militancia sandinista, funcionarios públicos y empresariado sandinista.

¿Cuestión de voluntad política o de equilibrio relativo de poderes entre los bandos en contienda?

El régimen dictatorial de Ortega y Murillo, durante un proceso de negociación en que se está jugando su continuidad en el poder y lo que significa eso para su seguridad y la de su círculo de poder más cercano, no va a restablecer los derechos constitucionales a la protesta cívica y pacífica de la ciudadanía, ni llevará a cabo esfuerzos por desarmar fuerzas represivas que operan paralelamente y en complicidad con la policía del régimen.

¿Por qué? Porque el proceso de restablecimiento de dichas libertades podría hacer que el pueblo siga saliendo #ALaCalle, lo que posibilitará un alineamiento de posiciones favorables para las fuerzas democráticas organizadas del pueblo en la correlación de fuerzas políticas en el ámbito interno – tomando la calle- y en el ámbito internacional- dada la presión de EE. UU., UE y gran mayoría de países miembros de la OEA-. Esto pondría en jaque a la dictadura en la negociación, teniendo esta que ceder a las exigencias más profundas que clama el pueblo de Nicaragua.

Ortega necesita durante la negociación e incluso en el proceso de implementación y más allá, monopolizar el derecho a la protesta solo para sus adeptos y simpatizantes, protegiendo a turbas y paramilitares y encarcelando al pueblo que grita libertad, justicia y democracia.

El poder de Ortega, para mantener un orden y estabilidad ficticio – ese que solo se logra en los cementerios porque ahí las voces de apagan-, sigue a once meses de lucha cívica, emanando de la boca de un fusil.

Estudiante de Sociología. Miembro de la plataforma política Con Vos.

 



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