Opinion

La patria soy yo, la oposición soy yo

A los de la Alianza Ciudadana se les olvidó la aritmética de segundo grado: es peor dividir que restar

“El estado soy yo”, vociferó Luis XIV, llamado el Rey Sol, el 13 de abril de 1655 ante el parlamento francés. La patria soy yo, dijeron los Ortega Murillo en la Asamblea Nacional el día 21 de diciembre del año 2020 cuando aprobaron la ley 1055, llamada Ley de defensa de los derechos del pueblo a la independencia, la soberanía y autodeterminación para la paz. “La patria soy yo”, dicen Ortega y Murillo. La oposición soy yo, dice la Alianza Ciudadana. Ortega y Murillo y la Alianza Ciudadana son los dos diferentes más parecidos del mundo.

De la operación Danto 88 a la derrota electoral de 1990

Las huestes propagandistas de la dictadura han llamado Danto 2021 a la operación con la que la dictadura ha impuesto y seguirá imponiendo el terrorismo de estado contra lo que considere oposición. Con esta operación pretenden adueñarse de los resultados electorales desde antes de las elecciones de noviembre. Es decir, Danto 2021 no solo tiene la actual fase represiva, sino que continuará hasta que el Consejo Electoral lea los “ resultados ” que le manden desde El Carmen, si no pasa nada que obligue a Ortega a cambiar de rumbo.

Y aquí viene lo interesante. Es necesario detenerse en el nombre del operativo. Con la operación Danto 88 el sandinismo de la época pretendió vender la idea de que le había “ quebrado el c….” a la contra, para usar la frase que le dictaron al corifeo de La Primerísma. Pero nada más falso que eso. Danto 88 terminó tres días después en Sapoá y Sapoá terminó en la derrota electoral de Ortega en 1990. De tal forma que no hay peor operativo que el Danto 88 para los sandinistas, ganaron para perder. Supuestamente la operación Danto 88 significaría la derrota militar y política de la contra pero el que terminó llorando el 25 de febrero de 1990 fue Ortega. Igual debe pasar ahora.

La operación Danto 2021 es el preámbulo o el contexto de las elecciones de noviembre. Y a diferencia de 1988 cuando el sandinismo concitaba la solidaridad de muchos pueblos, ahora la Danto 2021 agarra a Ortega desnudo en su miseria humana. La Danto 2021 está en la fase de preparación del diálogo o negociación, tal como ocurrió en 88. Ortega está preparando el escenario y quiere a unos adversarios arrodillados que lleguen a pedir perdón por haber traicionado a la patria, que pidan que le levanten todas las sanciones y que le agradezcan que les perdonó la vida. La representación empresarial en el diálogo ya la tiene en sus manos con su “apego a las leyes vigentes en nuestro país”, como dijo el Banpro, lo cual incluye la ley con la que tienen preso a su propio presidente.

Las cámaras de la minería, la construcción, los desarrolladores de urbanizaciones, la cámara de la energía, la cámara de comercio, siempre han sido proclives a Ortega y en algunos casos, socios de Ortega o del Ejército.

Entonces Ortega quiere un Sapoá donde lo reconozcan como presidente legítimo y democrático. Eso es mucho más importante para Ortega que las propias elecciones. Es decir, Ortega no quiere “ ganar ” unas elecciones que nadie le va a reconocer, quiere un acuerdo donde se le reconozca como presidente a cambio de algunas migajas, asegurarse impunidad y para eso estaría dispuesto a sacar a todos los presos políticos para que los nicaragüenses aplaudamos el adefesio de acuerdo que pretende lograr con sus socios comerciantes y los políticos arrodillados.

La oposición, si se abre el espacio para una negociación, no tiene más que exigir el cumplimiento de los acuerdos de marzo de 2019 y redefinir totalmente todo el marco electoral. La pregunta es: quiénes estarían en ese diálogo ? Habrían actores presentes y actores ausentes. Según los voceros de la dictadura sería entre Ortega y Estados Unidos, pero sabemos que eso no será así. Deberían estar los presos y las presas, ya liberados. Deberían estar las madres de las víctimas de la represión, una delegación de exiliados y seguramente estaría la Alianza Ciudadana y aquí es donde entra en escena la Alianza Ciudadana.

La Alianza Ciudadana: solo la derecha es oposición

Entre tantas joyas que ha dicho Kitty Monterrey a nombre de la Alianza Ciudadana, está la frase sacada de algún oscuro manual del sectarismo: hay sumas que restan. Con esa grandilocuente frase pretenden justificar que la lucha contra la dictadura es una lucha en que cada quien debe ir en su propio barco. No hay un barco de la unidad, de la democracia, de la justicia. Un barco para los de derecha, un barco para los de izquierda, un barco para los negros, un barco para los ateos, un barco para las feministas, un barco para la diversidad sexual. Es decir, la teoría de la Alianza Ciudadana es que ellos van en el barco estandarte y detrás un cardumen sin importancia. Según Monterrey, el pueblo seguirá a la Alianza como si ella fuera Hamelin. A los de la Alianza se les olvidó la aritmética de segundo grado: es peor dividir que restar. A la frase hay sumas que restan hay que contraponerle que hay restas que dividen.

La Alianza Ciudadana cree que va en un barco tuani, pero su sectarismo les impide ver que en el barco que va se llama Titanic. La Alianza piensa, alentada por sectores de la jerarquía católica,  que esta es una lucha de los impolutos contra Satanás, que esta es una lucha de los santos inquisidores contra el pecado. Para ilustrar mi afirmación citaré unas declaraciones de Jaime Arellano, vocero oficioso de la Alianza. En su programa del lunes 14 por la tarde dijo que se solidarizaba con Suyén Barahona, Ana Margarita Vijil y Tamara Dávila, pero no con Dora María, ni Hugo Torres ni Víctor Hugo Tinoco. Dijo que a estos últimos por fin les había llegado la justicia, la justicia orteguista. Es exactamente lo mismo que dice Ortega.

La Alianza Ciudadana está siguiendo al pie de la letra el calendario electoral. El 25 de julio irá a inscribir una fórmula presidencial que seguramente no incluirá a ninguno de los candidatos o candidata presa. Con la recaptura de Miguel Mora, aunque no fuera candidato de la Alianza, Ortega sigue señalando a quién quiere de candidato. Hay un político de vieja data y de viejas mañas agazapado frotándose las manos en alguna de las oficinas de la Alianza.

Las peores elecciones posibles, como dijo Almagro, con el peor partido posible y con el peor candidato posible es el plan B ideal para Ortega. Si Ortega no logra su plan de un Sapoá que lo reconozca como presidente legítimo, para ir a las elecciones con un futuro sin sorpresas desagradables, su plan B es ir a unas lecciones legitimadas por la Alianza Ciudadana, la que se sentirá muy afana de haber mantenido su personería jurídica y que le hayan asignado cinco diputados, que asumirán sonrientes sus diputaciones para “ gobernar desde abajo ”.

La Alianza Ciudadana no solo está poniendo en riesgo el futuro de Nicaragua, sino que está corriendo el riesgo de pasar a las páginas de la ignominia en la historia de Nicaragua.


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