Opinion

La iglesia católica y la pederastia

Santiago Roncagliolo decidió tomar partido y poner de relieve que los novelistas latinoamericanos continúan siendo fieles a la tradición realista

                                     

“”…cómo puede ser que un sacerdote, consagrado
a Cristo y a su Iglesia, llegue al punto de causar tanta desgracia…
no solo daña al niño, sino también a la vida de la Iglesia”.

Papa Francisco

Santiago Roncagliolo volvió a la novela, ventila a la luz pública, las trapisondas cometidas por religiosos católicos, quienes para vestir hábitos hacen votos de castidad. La pederastia arrasa con el prestigio de la iglesia católica, como si todos los curas fuesen culpables de los desafueros cometidos por ovejas descarriadas. Desde diversas partes del mundo, las campanas suenan a arrebato, manifestando urgencia por atajar un mal que corroe su tejido social. La gravedad de lo ocurrido estremece conciencias. El Papa Francisco ha salido al quite, condenando no solo a sus actores, también pidiendo un castigo ejemplar. Una manera de evitar mayores estragos y desaliento entre su grey.

La aparición de Y líbranos del mal, (Seix Barral, 2021), indica que la censura inquisitorial está de vuelta. La novela no fue bien recibida en México. La cadena de Librerías Sanborns se había negado a distribuirla, bajo el pretexto que su trama habla de abusos sexuales cometidos por curas y miembros de la iglesia católica. Los mexicanos todavía no se recuperan de las tropelías cometidas por Los legionarios de Cristo. La congregación fundada en 1941, por Marcial Maciel, abusó de centenares de niños. ¿Cómo explicar que Carlos Slim, dueño de Sanborns, se negara a vender esta obra? Maciel fue victimario de sesenta niños. La política del avestruz ni siquiera es apoyada por las esferas vaticanas.

El novelista peruano se había comprometido a no tocar aspectos de la vida real, para no mal disponerse con su familia. Creía haber encontrado en la ficción el sucedáneo para evitar futuros encontronazos. ¿Deberíamos dar crédito a esta confesión? Como lo demostró en su momento, Ernesto Sábato, por mucho que un escritor se esfuerce por tratar de evadir su entorno, termina dándose de bruces. Especialmente un autor del talante de Roncagliolo. Solo basta echar la mirada hacia atrás, para comprobar que ni en su novela más ficcional —Tan cerca de la vida, Alfaguara, 2010— puede sustraerse de temas que inciden en el curso de la humanidad: un mundo constituido por robots.

Esta circunstancia prueba que Roncagliolo no podía ignorar los estropicios provocados por miembros de Sodalicio, comunidad apostólica cristiana, fundada en Perú en 1971, por sacerdotes y laicos. Llevan en común una vida fraterna. Y líbranos del mal, viene a ser un vasto lienzo, aparecen las truculencias a las que recurren sus miembros —incluyendo su fundador— para engatusar a niños incautos, recién salidos del cascarón. Doble aberración. Para contar la historia, Roncagliolo se asiste de James, joven interesado en conocer sus ancestros, viaja a Lima desde New York a visitar a su abuela. Se entera de las prácticas infamantes practicadas por su progenitor. Un enorme desconsuelo.

Entre más indaga James, mayor es la desilusión, corridos los cerrojos, no hay manera de parar. La conducta del padre Gaspar y Gabriel Furiase, solo es comparable con las diferencias que guardan el día y la noche. Narrada en primera persona, deja que James se haga cargo del relato; con saltos en el tiempo, auxiliado de textos que se ocupan del tema y las revelaciones de personas vejadas durante los retiros religiosos, construye un alegato ajeno a toda moralina. Corre el velo para que podamos ver de cuerpo entero a falsos redentores, abusando sexualmente de niños a quienes estaban obligados a proteger, guiarlos y enseñarles a crecer espiritualmente. En Sodalicio ocurre todo lo contrario.

Roncagliolo delinea algunos atributos de infantes presas de los extravíos, personas tímidas, inseguras, carentes de afecto familiar, afeminadas, huérfanas, hijos de padres divorciados y hogares destruidos. Los jóvenes de Sodalicio son conminados a ser mitad monjes, mitad guerreros. Un guiño del novelista a la investigación periodística realizada por Pedro Salinas y Paola Ugaz. Tuvieron la valencia de poner frente a los ojos de los peruanos, la infamia perpetrada contra niños que no tenían la menor idea de estar siendo abusados sexualmente. Una denuncia confrontada ásperamente por todos aquellos interesados en doblar la página, hacerse los tontos y pasar por alto el oprobio.

Entre quienes conforman la fraternidad, no existen diferencias de clase, provienen de sectores pudientes, “blanquitos” a quienes sobra el dinero. Los “cholos” y menesterosos no son acogidos. Las burlas de Gabriel a Gaspar se deben a que considera que su novia es una “chola”. Solo bastaba verle el color de la piel y la repele. Gaspar no aguanta la presión social del amigo y quiebra con ella. En Sodalicio se impusieron la misión de formar “la élite que queríamos, un grupo de chicos fuertes, sanos, consagrados a la vida espiritual, para compensar a quienes quieren incendiar la Iglesia”. Niños con quienes se encamaban en los retiros. Sus padres vivían ajenos a esta realidad. Se refocilaban al saber que estaban en buenas manos.

James termina comprobando que su padre fue víctima y victimario, proviene de un hogar roto, un padre borracho, traficante de drogas y muy dado a golpear a las mujeres. No solo a su abuela Tita, también lo hacía con Miluska, su amante. La separación obligó a su padre a vivir en dos mundos radicalmente opuestos. De lunes a viernes permanecía en casa de sus abuelos, en el barrio rico de San Isidro y los fines de semana, en Callao, en el tugurio habitado por su padre. Se percató que eran mundos distintos. En Callao aprendió a sobrevivir. Las normas de comportamiento eran diferentes. El trompón y la patada formaban parte del ritual callejero. Una jungla donde sobreviven los más duros.

La pederastia ocupa un enorme espacio en la agenda mediática mundial, la entrega del informe encomendado por la Conferencia Episcopal francesa, el 8 de octubre 2021, causó estupor, reafirma la pertinencia de la novela de Roncagliolo. 216,000 menores fueron víctimas de pederastia por sacerdotes de la iglesia católica francesa, durante los últimos 70 años. Curas, enseñantes, catequistas y responsables de movimientos juveniles, son culpables de estos desvaríos. La inconformidad contra la jerarquía católica, obedece a que las acusaciones vienen desde hace muchísimos años y las sanciones a los religiosos son pocas. Los escándalos provocados por curas pederastas crecen y se multiplican.

Roncagliolo logró concitar interés, decidió tomar partido, abordar la pederastia, pone de relieve que los novelistas latinoamericanos continúan siendo fieles a la tradición realista. No han desertado. Siguen firmes. Y líbranos del mal constituye una de las tantas pruebas. Nadie más consciente que Roncagliolo, sabe muy bien que cada generación de escritores debe hacerse cargo de los temas más palpitantes de su sociedad. Tuvo la valentía de correr riesgos. Con el fallecimiento de su padre, mi amigo Rafael Roncagliolo, (iniciamos nuestra amistad en México y continúo para siempre), ningún reclamo tocará a sus puertas. Cómo él mismo sostiene, se escribe para incomodar. No para aquietar.

El humor del peruano vuelve más ligera la lectura de una novela que nos conduce al infierno. Deja a un lado toda sacralidad. No anda con remilgos. Con diálogos irreverentes y una prosa limpia y elástica, logró que sintiera la proximidad de Lima. James aterido, siente necesidad de pedir a Cristo, le diga qué hacer en esas horas de angustia. Las turbulencias hieren su espíritu. Se siente derrotado. Todo le parecía gris, como un día cualquiera en Lima, la horrible. Y líbranos de todo mal, una imprecación dirigida a religiosos y laicos. Más de alguno escuchará el reclamo y creerá justo reparar la humillación recibida por niños, creyentes como nadie, en lo dicho por los curas

Sacar a la superficie la pederastia y airear el tema ante los ojos del mundo, como lo hace Roncagliolo, indica la relevancia y toma de conciencia de los escritores de esta parte del universo. La premura por evidenciar el malestar que brota de las heridas —podrían terminar engangrenando el cuerpo social— reitera el compromiso de no dejarse vencer por quienes aspiran a la complicidad y el silencio. El fuego sagrado del escritor no puede apagarse para complacer a quienes piden vendarse los ojos y dejar que los malandrines anden sueltos. Menos que capitulen en momentos que los abusos contra la niñez, deben ser frenados para siempre. Sería condescender con la degradación moral.

El regreso de Roncagliolo llegó justo a tiempo, como hizo ver a Carlos Slim, “la literatura no se hace para agradar. Como las buenas terapias, las buenas novelas suelen sacar a la luz los temas oscuros de nuestras sociedades para que podamos reconocerlos, visibilizarlos y enfrentarnos a ellos”.  La recuperación de la credibilidad de la iglesia católica, pasa por exterminar esta lacra. Está frente a una nueva oportunidad histórica, le permite mostrarse ejemplarizante. Los hechos son los que cuentan. Solo a ellos podemos atenernos. La realidad con la que se topó James a 6 mil kilómetros de New York, desquició su vida y la de su familia. Esto no puede continuar sucediendo. La alta jerarquía eclesiástica está obligada a contenerlo.


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