Opinion

Jaime Chamorro Cardenal cerró un ciclo

Siempre he creído que la historia de Nicaragua puede estudiarse siguiendo los vaivenes del periodismo nicaragüense, especialmente del diario La Prensa

Contrario a la creencia de Herbert Altschull, en Agentes de Poder —estudioso de la historia del periodismo estadounidense— quien pensaba que la segunda generación de periodistas de ese país no era buena para nada, en Nicaragua la familia Chamorro Cardenal, resultó exitosa y comprometida con su destino sociopolítico. El más ilustre y combativo de todos, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, continúo los pasos de su padre y se convirtió en el más alto referente del periodismo nicaragüense durante el siglo veinte. Al relevar de manera definitiva a su progenitor, en la tarea de conducción de La Prensa (1952), ya había emprendido su modernización y dado los pasos iniciales para lograr cambios en su política editorial e informativa. La jefatura de La Prensa quedaba en buenas manos.

Pedro Joaquín reforzó los principios sobre los que cimentaron La Prensa, Pedro Joaquín Chamorro Zelaya y Margarita Cardenal. Las discrepancias mantenidas con su padre con relación a la ejecutoria del diario, cuando lo nombró codirector (1948), estas jamás fueron extensivas a la configuración de su propiedad. Su hermano, Xavier Chamorro Cardenal, me reveló la grandeza de Pedro Joaquín. Sin que se lo preguntara, me contó que Pedro Joaquín era tan noble que, habiendo convertido a La Prensa en una empresa radicalmente distinta, fruto de su esfuerzo y empeño, propició un reparto equitativo de las acciones- Mantuvo a su madre como cabeza de la empresa. La noble matrona acompañó a su marido al exilio que les impuso Tacho, el viejo, y en las subsiguientes vicisitudes.

Más reveladoras fueron las palabras de Jaime Chamorro Cardenal, a raíz del asesinato de Pedro Joaquín en 1978. Su desaparición fue para él como la pérdida de la brújula que señalaba un norte a la familia Chamorro Cardenal. Un golpe que resintió su corazón. Más allá de su condición de hermano, su muerte significaba la desaparición de alguien que congregaba a la familia, igual como sabía hacerlo doña Margarita. Después del naufragio de la empresa Chamorro y Cuadra Arquitectos, Pedro Joaquín incorporó a Jaime a La Prensa en 1974. Antes había hecho lo mismo con su hermano Xavier, confiándole la tarea de mantener engrasada la maquinaría donde se imprimía el diario. Pedro Joaquín acogió gustoso a sus dos hermanos en el seno de La Prensa.

La manera como sojuzgaban los Somoza al pueblo nicaragüense, fue clave para que Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, se involucrara en política. Jaime Chamorro Cardenal, se sumó en la invasión aerotransportada de Olama y Los Mollejones (1959), como su compañero de armas. Cada vez que las protestas políticas para deponer al somocismo arreciaban, estos recurrían a la censura de prensa. Entre más se empecinaba la dinastía por atropellar al pueblo nicaragüense, imponiendo el Estado de Sitio y enviando a la cárcel a quienes disentían de su manera de ejercer el poder, más inflexible y rectilínea se mantenía La Prensa. Las veces que cayeron presos, Pedro Joaquín, padre, y Pedro Joaquín, hijo, doña Margarita suplía el vacío dejado por ambos, actitud que la enaltece.

Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, continuador y forjador de la combatividad del periodismo nicaragüense, insufló con su ejemplo de vida y martirio, el espíritu de toda su familia. Los tres hijos varones de Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, por idénticas razones, hicieron del periodismo un dispositivo político para enfrentar al somocismo. El asesinato de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, catalizó la conciencia social y política y de los nicaragüenses. Miles de personas se insurreccionaron en las calles de Managua, la noche de su vela. La muerte del connotado líder cívico ratificaba que todas las salidas legales estaban cerradas. Su hermano Xavier lo relevó en la dirección de La Prensa.

El asesinato de su padre, hizo que Carlos F. Chamorro, se integrara al equipo de La Prensa. En los ochenta, Violeta Barrios de Chamorro y sus hijos Pedro Joaquín, Cristiana y Carlos F. Chamorro Barrios, ejercieron el periodismo. Estando en 2001 al frente de la decanatura de la Facultad de Comunicación de la UCA, celebramos el 75 Aniversario de fundación de La Prensa. Presidieron el evento, Jaime y Anita Chamorro Cardenal y Hugo Hollman Chamorro, su gerente general. La Prensa ostenta el decanato del periodismo nacional. La gerencia general la ocupa Juan Lorenzo Hollman Chamorro, detenido en la Dirección del Complejo Judicial. La tercera generación de la familia Chamorro Barrios, dio continuidad al legado de su padre al periodismo y pueblo nicaragüense.

Durante la celebración del 75 aniversario —La Prensa, un diario en la vida del país— expuse algunos principios que todavía mantengo. Los medios en Nicaragua deben superar su carácter oposicionista y abrirse a la crítica de todas las corrientes político-ideológicas. Están llamados a evitar compromisos político-empresariales que resten fuerza y vigor a sus políticas editoriales e informativas. Para fundamentar mi exposición, recurrí al pensamiento de Pedro J. Chamorro Cardenal. Veinticinco años antes, durante el festejo del 50 Aniversario, su director-mártir, sostuvo que, como empresa próspera, La Prensa, no estaba supeditada a intereses empresariales, subrayando su carácter pluralista y la necesidad de seguir comprometida con el mejoramiento de las mayorías marginadas.

Desde siempre he creído que la historia de Nicaragua puede estudiarse siguiendo los vaivenes del periodismo nicaragüense, especialmente del diario La Prensa. La decana del periodismo nicaragüense, ha sobrevivido a la censura, retención aduanera del papel requerido para su impresión, hostigamientos, cierres y el asesinato de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, portador de una conducta a prueba de pactos y componendas. El último representante de la dinastía, le propuso pactar a través de la mediación oficiosa de José García Bañón, aliado de la dinastía y embajador de España en Nicaragua. La respuesta de Pedro Joaquín, fue profética. “Decile a Somoza que, si mi cabeza es el precio que tengo que pagar por el precio de la liberación de Nicaragua, tiene mi cabeza a la orden”.

En 1991 comprobé el apego de Jaime Chamorro Cardenal por la verdad. La Fundación Friedrich Neumann, auspició un seminario sobre los nuevos desafíos del periodismo nicaragüense. Margarita Kauffman, representante para América Latina, me invitó como panelista. Al evento celebrado en el entonces Hotel Intercontinental-Managua, asistieron expositores internacionales. Danilo Aguirre Solís intervino por El Nuevo Diario. A Chamorro Cardenal y a mí, nos fue asignada La Libertad de Expresión en Nicaragua. Desde entonces surgió una relación —aunque distante— de simpatía y respeto. Gracias a Dios que a Guillermo no le tocó censurar”, fueron sus palabras iniciales. Su honestidad pesaba más que mentiras propaladas por algunos periodistas de La Prensa y de otros medios.

Por iniciativa de Jaime Chamorro Cardenal, asistí a Costa Rica en 1995, a un simposio centroamericano convocado por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Durante una semana estuvimos debatiendo los alcances del Acta de Chapultepec. Compartimos almuerzos y tuvimos tiempo para conversar sobre diversos temas. Una tarde invité al Ing. Chamorro Cardenal a que fuésemos a comprar libros —un acto sacramental para mí—. Conocí parte de sus gustos literarios y supe de sus inquietudes sociales y económicas. Era partidario de mejorar la calidad de vida de los nicaragüenses. Seis años después el Acta de Chapultepec sería firmada en casa de Violeta Barrios de Chamorro, por los candidatos a la presidencia de la república de Nicaragua, incluyendo el comandante Daniel Ortega.

A diferencia de lo sostenido por Altschull, los Chamorro Zelaya, Chamorro Cardenal y Chamorro Barrios, conforman tres generaciones lúcidas de periodistas. Con la muerte de Jaime Chamorro Cardenal, desaparece el último representante de la segunda generación. Tres hijos de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, forman parte de la tercera. Pedro Joaquín Chamorro Barrios, detenido al igual que su hermana Cristiana, fue creador de varios suplementos. Cristiana comenzó como reportera; ambos ocuparon el cargo de codirector. El menor, Carlos F. Chamorro, más versátil y emprendedor, se labró su propio camino. Es fundador-director de la revista Confidencial y de los programas televisivos, Esta Semana y Esta Noche. Por segunda vez ejerce el periodismo en el exilio.


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