Opinion

Han distorsionado el concepto de unidad

Algunos "analistas" se dedican a criticar con cierta saña... parecen más interesados en acabar con la Coalición que en ayudarla a corregir errores

Con la misma frecuencia y la facilidad con que utilizamos el concepto de cada cosa, así solemos equivocarnos cuando tratamos de aplicarlo en la realidad. El concepto Unidad –o, en este caso, la idea de la unidad opositora— ha sido el vocablo más pronunciado y de mayor resonancia desde el inicio del proceso organizativo de la lucha antidictatorial, despertada de su letargo por la rebelión espontánea en abril de 2018.

Y seguimos utilizando el idioma ese vocablo el curso de los últimos tres años, porque unidad, es el más adecuado para darle cohesión en la práctica al descontento popular –amplio y diverso— por liberarse de la opresión. Es apropiado también para definirle un nuevo curso histórico a esa aspiración de libertad que nunca ha cesado ni cesará bajo cualquier régimen, con mayor razón cuando se enfrenta a un régimen despótico como el orteguista. Para consolidar esa unidad y orientar la lucha es que surgió la Coalición Nacional, cuya génesis y desarrollo todos conocemos.

Lo que parece haberse olvidado, y por eso su actual crisis interna, es que la unidad no es idílica, sino un acto político complejo. La unidad, tampoco es un acto de fe religiosa, porque la diversidad política e ideológica no se manifiesta como una expresión moral, sino con las contradicciones y estas no se resuelven por el hecho de estar juntos, solo es un acuerdo político para la de mutua tolerancia. Es lo más conveniente, porque se trata de luchar en contra de una dictadura que oprime, persigue, encarcela, mata por igual a cualquiera, solo por el motivo de oponerse y desconocer su poder.

Las causas de la crisis interna de la Coalición Nacional no están en las diferencias de las estructuras orgánicas de sus integrantes, pero pueden estar en las diferencias de las estructuras ideológicas de cada organización: las de carácter social son más libres, mientras que los partidos políticos tienen una rigidez disciplinaria. Es verdad que estas diferencias son superables, pero no cuando los partidos tratan de imponer su rigidez a quienes no la acostumbran. Además, los partidos tienen caudillos y dirigentes tienen los organismos sociales.

Es posible que no se haya tomado en cuenta eso, o que no le hayan dado importancia. El hecho, es que no se entendió el asunto ni hubo interés por encontrar soluciones adecuadas a las diferencias. Y sucedió algo común en la vida ordinaria: los invitados quisieron hacerse dueños de la fiesta.

Y los sabemos ya por qué: a las organizaciones de los jóvenes que le impregnaron a la nueva etapa de la lucha el Espíritu de Abril que –entre otras cosas— comprende el rechazo al partidismo tradicional y un nuevo modo de hacer política, les negaron el número de sus delegados que merecen en el aparato directivo de la Coalición Nacional.

Solo les dejaron la opción de retirarse de la Coalición Nacional, con el posible resultado del fracaso, porque solo con los jóvenes se puede rescatar el Espíritu de Abril. En cambio, quieren imponer delegados de sus ficticias “organizaciones juveniles” para recetarse un doble voto y convertirse en mayoría, pero sin capacidad para rescatar lo que nunca fue suyo: el Espíritu de Abril.

No obstante, hace falta no perder de vista, que quienes han creado el conflicto interno por su politiquería partidista –siempre fieles a sus costumbres—, no son los únicos enemigos de la unidad opositora, sino también muchos de los que están afuera y, en buena parte, actúan bajo el título de “analistas” prefabricados por los medios de comunicación social. Estos, lo hacen por un facilismo nada crítico, por pereza mental, o por temor de hacer sus propios comentarios políticos.

Independiente de eso, la verdad es que algunos de estos analistas dicen cualquier cosa y siempre quedan debiendo el análisis, aunque en general, se dedican a criticar con cierta saña, de tal manera que parecen más interesados en acabar con la Coalición Nacional que en ayudarla a corregir errores.

Son familiares ya las expresiones descalificativas en su contra: acusan a sus dirigentes de estarse peleando por futuros cargos públicos; expresan su deseo de anularla cuando dicen que “la oposición no existe”; que la Coalición “no representa nadie”; utilizan adjetivos y frases hirientes contra sus directivos, como oportunistas o gente inmadura, sin experiencias.

En eso, compiten con los “propaganderos” de la dictadura, en una competición por el campeonato de las descalificaciones contra la Coalición Nacional. Es lógico que la dictadura no oculte sus malas intenciones, pero estos críticos muy difícilmente pueden ocultar las suyas, pese que –al final de cuentas y en la realidad— son dos malas intenciones que se hermanan.

Se piensa que los partidos promotores de la crisis en la Coalición Nacional son “alacranes dentro de la camisa”. Pero, los alacranes, se “matan”, o se sacan, mientras que los de afuera inoculan su veneno desde la sala de sus casas, bien sentados, haciendo su “trabajo a distancia” vía Internet.

Igual hacemos quienes criticamos a los “analistas”. La diferencia, es que nosotros acompañamos a distancia, políticamente, a los que surgieron en los combates civiles de las calles, y sus proyectos, mientras los “analistas” hacen lo mismo a distancia, políticamente, pero con sus sentimientos orientados hacia otro destino.

Al margen de estas cuartillas:

*No sería correcto, pero sí posible, que algunos lectores pensaran que estamos poniendo a la AC y la UNAB en el nicho de la inmunidad, para impedir sea criticada, o porque no merecen ninguna crítica.

*Pero no sería correcto pensar eso, porque todos somos criticables y se nos debe señalar errores, porque puede emprender ningún proyecto y menos cuando ese proyecto se tiene que desarrollar frente a una dictadura cruelmente represora, sin equivocarse con respecto a cualquier cosa.

*Entonces, ¿cuáles serían los motivos los que estas organizaciones merecen una crítica sincera, no venenosa?

*A mi entender, hay dos que merecen señalamientos críticos: 1) no haber sido lo suficientemente críticos a la hora de admitir al PLC (Olvidaron que sigue siendo cómplice de la corrupción, en particular, en la Contraloría General, en donde la burócrata del PC cobra por no controlar nada, igual que los demás burócratas liberales en el Estado, frutos del pacto Ortega-Alemán); 2) algunos directivos de la Coalición Nacional –independiente de su orientación política— depositan demasiada esperanza el triunfo contra la dictadura, en “la solidaridad internacional”.

Aunque esto de la solidaridad, contiene un porcentaje de certeza, hay un “pero” que nace de un hecho del tamaño del mundo: detrás de esa “solidaridad internacional”, está la geopolítica de los Estados Unidos, cuyos efectos en la práctica –y durante varias etapas de nuestra historia—, fueron lesivos a los intereses nacionales: primero con el “América para los americanos” a través de la Unión Panamericana, hasta 1947, y ahora en su “área de influencia” bajo el manto de la OEA.

*Si alguien quisiera pedirme “pruebas” de esas afirmaciones, con la buena o mala intención de “desmentirme”, que primero piense que hay una memoria histórica escrita por aquí y por allá. Quienes, pese a ello, me exigieran las pruebas podría ser porque nunca han leído nada sobre el tema.

En este caso, recurrir a los abuelos es recomendable, o en su defecto, preguntarle a un viejito de su confianza… pero si este fuera liberal o conservador, y aunque dijera la verdad, dudo que quiera criticar a su partido o autocriticarse.


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