Opinion

El eslabón perdido de la Alianza para la Prosperidad

Inversión en capital humano desde la niñez, apostar a la retención escolar, migración y desarrollo, y educación financiera

El compromiso de los gobiernos bajo la Alianza para la Prosperidad es asegurar que se dé un aumento en la calidad educativa y una inversión continua que ayude a la retención escolar. Sin embargo, abordar al volumen de personas que están migrando debería priorizarse una meta clave. En el 2015, más de 40,000 personas menores de edad, cuya mayoría estaba en edad para estar cursando la secundaria, y 140,000  personas adultas cruzaron la frontera hacia Estados Unidos.

Para ponerlo en términos prácticos: de los 2 millones de jóvenes en edad secundaria en El Salvador, Guatemala y Honduras, más del 2% está migrando anualmente. Si se considera además que desde el 2010 el incremento en estudiantes de secundaria ha sido de menos de un 1% anual para los tres países juntos (en Honduras solo ha sido negativo), el patrón migratorio observable es similar al de las personas adultas, pero más dramático: el aumento en la matrícula anual en secundaria es igual o menor al aumento en migrantes menores de edad entrando a los Estados Unidos.[1]

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Como uno de sus hitos, la Alianza para la Prosperidad debería apuntar a la retención escolar, mejorar el desempeño escolar y acompañar al menos al 5% de los estudiantes en secundaria a subir en la escalinata de desarrollo. Esto quiere decir trabajar con aquellos que tienen bajos rendimientos y por lo tanto son más proclives a migrar. La participación de gobiernos y sociedad (incluidos los padres familia y el sector privado) es necesaria dentro de esta estrategia.

La educación complementaria a la escuela asegura la permanencia escolar, así como un aprendizaje más sólido. Con mejores centros vocacionales y con cercanía a sus viviendas las familias sentirán un mejor incentivo en la inversión de mantener a sus hijos estudiando.

Inversión en capital humano dentro de la fuerza laboral. La fuerza laboral actual carece de herramientas sustanciales para competir en la economía global. Como primer característica, la mayoría son trabajadores informales o empresarios en mercados saturados y con limitadas ventajas competitivas. La inversión en economías del conocimiento es clave para expandir las herramientas (cualidades) de la fuerza laboral. La economía del conocimiento es aquella conformada alrededor de un ecosistema compuesto por un capital humano adecuadamente formado e informado; esto incluye conocimientos, educación, habilidades de a[aprendizaje, capacidad de innovar y de adaptarse a las normas sociales modernas. Se alimenta de redes sociales y de conocimiento para crear valor tangible e intangible.[1]

Como tal, la economía del conocimiento depende de las habilidades y capacidades de las personas para aprender y adoptar nuevas herramientas cognitivas, técnicas, valores, y comprensión intelectual para responder a las demandas de la economía global (portabilidad, productividad y flexibilidad)

La estrategia de aproximación que utilice la Alianza para la Prosperidad deberá contribuir a crear un mercado de intermediarios en la economía del conocimiento que autosatisfaga las demandas sociales de su fuerza laboral. Este mercado incluye a emprendedores del conocimiento (docentes, capacitadores, consejeros, consultores en innovación, tecnólogos, entre otros), entes de financiamiento que proveen de crédito a estos emprendedores y un estado que facilite la inversión en conocimiento. Uno de los nodos que conforma este mercado son centros vocacionales que operen mediante iniciativas público privadas que brinden servicio a al menos un 2% de la fuerza laboral, o bien dos veces el número de personas que están buscando migrar. De esta manera además se incorpora aquel sector migratorio como una meta clave.

La demanda de innovación

Aún y cuando la versión actual de la Alianza para la Prosperidad no incorpora el tema innovación, este es central para el crecimiento y el desarrollo. La innovación es el camino estratégico que abre espacio a oportunidades más allá de lo convencional y conocido, y sobre todo más allá del modelo de crecimiento tradicional. (La lógica es evidente:) El crecimiento dentro del contexto actual es precario, por tanto, explorar aproximaciones innovadoras para aumentar la productividad y la equidad en la región es tema central.

Pensar acerca de estos temas impulsa  el debatir acerca de la innovación en Centroamérica y conlleva explorar soluciones prácticas en áreas como bajar el costo de ciertas tecnologías (por ejemplo el acceso incremental a internet, tecnologías para pagos, así como disminuir el costo de internet) y la inversión en tecnología agrícola. Por ejemplo, en algunos países existen discusiones relevantes en cuanto a educación donde el tema innovación permanece al margen, en parte porque las autoridades involucradas piensan que la innovación sólo importa en las economías industrializadas, cuando lo cierto es que es clave para superar los problemas actuales en Centroamérica.

El debate acerca de la innovación debería consistir en crear una agenda que defina políticas de inclusión social y económica en el largo plazo y que les relaciona con la demandas de la economía global. Dos áreas claves al discutir innovación son la implementación de tecnología agrícola modernas, desde la hidroponía al uso de energía alternativa en contextos agrícolas, y el costo de los productos tecnológicos. En cuanto los costos de productos tecnológicos, la región carece de acceso completo a internet, en parte debido a que las tecnologías basadas en internet no son rentables, o bien los costos se vuelven muy altos y el consumo por tanto se limita. Las tecnologías móviles presentan una alternativa para la región ya que parten de una red de valor que conecta a consumidores con una serie de servicios e intermediarios financieros y no-financieros. El acceso a crédito a lo largo de esta cadena de valor y a productores en la economía local, podría tener un impacto enome.

Migración y desarrollo

La migración ha generado una importante fuente de ingreso a la región, que como se mencionó anteriormente llega al 20% de su PIB. Sin embargo, no se han desarrollado políticas ni estrategias para vincular estos lazos económicos con el desarrollo. Una aproximación propuesta para vincular migración y desarrollo podría incorporar cinco componentes de manera única e innovadora:

  • Asesoría e inclusión financiera para receptores de remesas
  • Acceso a crédito para pequeñas empresas, especialmente aquellas vinculadas con la economía del conocimiento
  • Promoción de oportunidades de comercio impulsadas por la diáspora (conocido como comercio nostálgico)
  • Involucramiento de la diáspora en apoyo a la educación
  • Programas educativos fuera de horario escolar en áreas de alta emigración

Estas estrategias, interdependientes, comparten un vínculo tanto con migración como con desarrollo, y se complementan para construir activos para la sociedad. La educación financiera, y en especial la inclusión financiera que promueve, es una meta por sí sola gracias a que formaliza millones de dólares en ahorros de miles de hogares receptores de remesas. Estos recursos pueden a su vez ser apalancados para promover inversión para promover la economía del conocimiento y el comercio nostálgico. Este apalancamiento puede lograrse a través de la movilización de los ahorros captados en programas de educación financiera en forma de créditos para emprendedores de la economía del conocimiento y productores de bienes nostálgicos.

La demanda de la diáspora por productos de su país de origen puede ser apalancada para promover una producción de calidad de estos productos especializados, beneficiándose así de los ahorros creados gracias a la educación financiera. Aún más, la filantropía de la diáspora se puede ligar a los servicios en educación como lo son los  programas educativos fuera de horario escolar en áreas de alta emigración.

El objetivo ultimadamente consiste en contar con una masa crítica de personas que ahorren, que inviertan en educación, y que sobre todo contribuyan al desarrollo humano y económico en cada uno de los países, mientras estos transitan hacia economías basadas en el conocimiento.

Esta forma de hacer las cosas es de una importancia fundamental, ya que abarca varias necesidades estratégicas. En primer lugar, integra la inversión de capital migrante y los ahorros de quienes reciben remesas al sector financiero formal, para además movilizar estos recursos para el desarrollo local y la educación. En segundo lugar, la estrategia expande y complementa –  y esto no quiere decir reemplaza – las aproximaciones actuales al desarrollo económico regional, a la vez que impulsa un nuevo modelo para la muy necesaria inversión en servicios para la economía global. La inversión en la promoción del ahorro y la educación, como estrategias de negocio, llevará a la creación de oportunidades de trabajo y en especial a poder competir en la economía del conocimiento.

Como ejemplo, un programa nacional de educación financiera que alcance a una tercera parte de los hogares receptores de remesas puede formalizar los ahorros de unas 200 mil familias y crear depósitos por US$100 millones. Estos recursos pueden utilizarse para brindar créditos. Además, involucrar a la diáspora puede atraer recursos de más de medio millón de personas migrantes dispuestas a invertir para apoyar la educación. El impacto de esto puede fortalecer significativamente el valor de la Alianza para la Prosperidad, al completar el círculo entre desarrollo y migración.

Investigador del Diálogo Americano. Tercera parte

 

[1]Hanushek, Eric, The Knowledge Capital of Nations: Education and the Economics of Growth, Cambridge: MIT, 2015.

[1] If the aprehensions of unaccompanied minors at the Mexican border is included, the number of children emigrating is higher than the annual enrollment increase.

 



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