Opinion

El enigma del nuevo fujimorismo

Las probabilidades de triunfo de Keiko Fujimori son grandes. Esto llevaría a la consolidación de esa dinastía en la política peruana

Aunque le cueste admitirlo a cierta derecha latinoamericana, el populismo no es un tipo de dominación únicamente de izquierda. En la historia reciente de América Latina, especialmente en el periodo neoliberal de los 90, gobernaron derechas populistas. Una de ellas fue la encabezada por Alberto Fujimori en Perú, durante toda aquella década.
Fujimori desreguló, privatizó, disolvió el congreso, violó Derechos Humanos, malversó fondos públicos y, a pesar de todo, conservó una importante popularidad en Perú. Como a Augusto Pinochet en sus días, a Fujimori nunca le ha faltado respaldo popular, especialmente en la clase media.

Ahora su hija Keiko, de 40 años, gana las primarias presidenciales en Perú con cerca del 40% de los votos, y su hijo Kenji, de 35, es el candidato al congreso más votado, con más de medio millón de electores. Si gana Keiko la segunda vuelta, el partido de ambos, Fuerza Popular, tendrá a dos Fujimori en los dos poderes fundamentales del Estado peruano, el ejecutivo y el legislativo. Y a un padre en la cárcel. Como quiera que se vea, será un escenario de telenovela peruana o, más bien, de telenovela japonesa-peruana, ya que los Fujimori tienen doble nacionalidad.
El nuevo fujimorismo no es la mera renovación generacional del viejo.

Keiko fue Primera Dama en los 90, pero en sus dos últimas campañas presidenciales, la de 2011 y la de 2016, ha tomado distancia del programa neoliberal de su padre. En sus intervenciones legislativas o en sus discursos proselitistas ha hablado de regresar al Estado, como garante de derechos sociales básicos, especialmente el de la educación, que se ha convertido en uno de los puntos más atractivos de su proyecto. Con ese desplazamiento, parte del voto de izquierda, que debió favorecer a la joven dirigente socialista, Verónika Mendoza, se ha movido a favor de Fuerza Popular.

Es curioso que haya sido el conservador Pedro Pablo Kuczynski, el rival de Keiko en el balotaje, quien, durante las primarias, ha propuesto que Alberto Fujimori sea trasladado a reclusión domiciliaria. Tan sólo ese gesto sería suficiente para pronosticar una segunda vuelta en la que no habrá mayores diferencias ideológicas y en la que Keiko Fujimori se moverá, astutamente, hacia el centro con el fin de seguir atrayendo el voto de izquierda. Si el populismo no es únicamente de izquierda, tampoco la derecha es –o procura ser- siempre neoliberal.

El hermano menor, Kenji, se dio cuenta de que hubiera sido más fácil para Keiko vencer a Mendoza que a Kuczynski, ya que en una segunda vuelta entre ambas mujeres, buena parte del electorado del Partido Peruanos por el Kambio -PPK, las iniciales del candidato- se iría con los Fujimori. Aunque le será más difícil, las probabilidades de triunfo de Keiko Fujimori son grandes, lo que llevaría, inevitablemente, a la consolidación de esa dinastía en la política peruana del siglo XXI. No sabemos si el programa de gobierno de Keiko Fujimori será neoliberal, como el de su padre: lo que sí sabemos es que no le faltará ese populismo de marca.

Originalmente publicado en ProDaVinci.

 



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