Opinion

El vacío que nos deja Danilo

Un ser humano generoso y solidario que practicó siempre el periodismo combativo

Los periodistas nicaraguenses le debemos mucho de lo que hemos aprendido de este oficio, y sobre todo lo que nos inspira para seguir haciendo periodismo a pesar de todas las dificultades, a Danilo Aguirre Solís. Abogado y periodista, que como muchos de los mejores nunca estudió la profesión en las aulas, Danilo fue maestro de varias generaciones, ejerciendo su magisterio como mentor en las salas de redacción o simplemente actuando como un referente profesional del periodismo combativo de calidad, líder indiscutible y consumado editor, cuyos titulares ¨danilescos¨ forjaron una escuela imperecedera.

Danilo es el primer gran periodista de dos siglos. Marcó el siglo XX como Jefe de Redacción de La Prensa, entonces el mejor periódico de Centroamérica, bajo la dirección de mi padre Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, y entró al siglo XXI dirigiendo El Nuevo Diario que fundó con mi tío Xavier, desde el cual formó a la generación de periodistas que, desde distintos medios, hoy ejerce la mayor influencia en el periodismo independiente del país.

Recuerdo la primera vez que pisé la redacción de La Prensa como aprendiz de redactor en 1978. Danilo recitó escuetamente el ABC de la reportería, me asignó las fuentes económicas en virtud de mis estudios universitarios, y me mandó a la calle de la mano de Luis Hernández Bustamante a aprender el oficio. En medio de la tormenta pre insurreccional, La Prensa era entonces una nave herida en su máxima conducción, tras el asesinato de mi padre, y Danilo Aguirre se aferró al timón de su redacción para escribir las páginas más hermosas e influyentes del periodismo nacional, desde aquellos icónicos titulares ¨Mandaron a asesinarlo¨ y ¨Los enterrados serán ellos¨, hasta empujar el derrumbe de la dictadura de Somoza. Coincidí de nuevo con él en julio de 1979 en la fundación de Barricada, cuando apenas se reponía del dolor de la muerte de su hijo Danilo caído en combate en Masaya durante la insurrección, y en medio del caos reinante encontró, otra vez, la serenidad para nombrar el inicio de una nueva época con aquel ¨Vencimos y Adelante¨ y organizar una nueva redacción. Un cuarto de siglo después nos reencontramos discutiendo las bases del relanzamiento de END, y el veterano editor, aún aferrado a su máquina de escribir y un poco alérgico a las nuevas tecnologías, se abría poco a poco a la modernización del periodismo, pero sobre todo defendía con el mismo celo de siempre la vocación popular y la esencia del periodismo combativo que praticó toda su vida.

El talento periodístico de Danilo Aguirre se puso a prueba mil veces en ese instante singular que los editores llaman ¨la agonía a la hora del cierre¨, y nos enseñó que aún en los momentos de máximo dolor y privación, el periodista debe prevalecer y atender después los duelos personales. Lector voraz, observador agudo, y dotado de una inteligencia analítica, Danilo nutría su talento de una amalgama de ese temperamento volcánico, el humor negro a flor de piel, y su memoria de elefante. Pero no debe soslayarse su condición de intelectual y hombre de ideas, comprometido hasta el último día con los cambios sociales que demanda Nicaragua, en libertad y democracia. En las tertulias de la bohemia de redactores de La Prensa a finales de los 70, siempre oficiando como el indiscutible jefe del gang, Danilo se explayaba en su conocimiento enciclopédico sobre la historia de la revolución francesa, que terminó devorando a sus mejores hijos. Entonces aún no había triunfado la revolución sandinista y quizás Danilo, premonitoriamente, empezaba a asomarse al futuro hablando del pasado.

Danilo Aguirre libró sus propias batallas durante la revolución sandinista como periodista y legislador, y después de 1990 se comprometió con sus colegas de la bancada sandinista hasta lograr la reforma constitucional de 1995, que restableció el equilibrio de poderes y el control sobre el presidencialismo, poniendo límites a la reelección. En el fondo, saldaba la deuda de su propia autocrítica sobre el fracaso de la revolución a la que dedicó sus mayores esperanzas: esa idea seminal de que el proyecto revolucionario naufragó principalmente por el desprecio flagrante a las instituciones democráticas, que en esencia son mecanismos de control ciudadano sobre el poder. En las últimas dos décadas de su vida, alternando su prédica contra la corrupción pública y la regresión autoritaria, Danilo dedicó toda su lucidez intelectual y sus energías a promover esa convicción de que las instituciones democráticas si importan y resultan imprescindibles para lograr un desarrollo sostenible. Crítico acérrimo de la ¨plutocracia¨ y el ¨corporativismo autoritario¨, se empeñó en sembrar ideas para refundar el país, bajo la premisa de un radicalismo democrático que no concibe la justicia social separada de la democracia con libertad y el empoderamiento de los ciudadanos.

Cuando dejó la Dirección de El Nuevo Diario, lo invité a escribir una columna en Confidencial, pero optó por que creáramos un segmento televisivo en Esta Noche para conversar, y así nació ¨Enfoque con Danilo Aguirre¨, una pequeña cátedra semanal de sabiduría política y amenidad, que solo fue interrumpida por el trastorno de su salud. Lo ví por última vez el pasado ocho de septiembre, cuando celebramos con la periodista mexicana Carmen Aristegui el Día Internacional del Periodista y los quince años de Esta Semana. Unos días antes me llamó para brindarme el que sería su último de muchos consejos, que atesoro con respeto y gratitud. Ahora se nos ha ido ¨Danilón¨, ¨Bananón¨, ¨el Doctor¨, o ¨el doc¨, como le conocíamos sus amigos y seguidores. Era un ser humano generoso y solidario que nos deja un gran vacío para practicar el periodismo que enseñó, y hacer germinar las ideas del cambio que sembró.

 



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