Opinion

El señor de los milagros

Es imposible imaginar que por un milagro de vulgar brujería pudiera lograrse la impunidad por hacer de todo contra todos

En el titular escribí señor con s minúscula, y no con S mayúscula, para que no se supusiera que voy a escribir sobre algún motivo religioso. Pero no será sobre eso. Hablaré sobre los milagros del señor que ostenta el poder político, y en su régimen no encaja lo religioso como para ser vinculado a santidad alguna. ¿Acaso no es público que este señor, junto a su mujer, es un manipulador de la religión? Ninguna de sus acciones con las cuales persigue conservar su poder, tiene una pizca de santa.

Y de remate, la pareja también está dispuesta a conservar su poder a cadena perpetua para todo azul y blanco que ose disputárselo, aunque nadie puede asegurar que sus acciones actuales no serán motivos por los cuales ellos serían los mejor recomendados a terminar en cadena perpetua. Pero por lógica y humanismo, esas dos posibilidades son tan absurdas que solo caben en las mentes desquiciadas. Además, nadie olvida que nada de lo que existe puede vivir a perpetuidad para disfrutar esa crueldad.

Imagínense qué absurdo: ¡cadena perpetua! Como si no fuera suficiente la salvajada de provocar muertes por otras vías. Si aquí ya tenemos de sobra las muertes no oficialmente declaradas por la corte de sus esbirros supremos, para que ahora busquen justificarse con los supuestos crímenes “de odio”. ¿Acaso pensarán que las muertes extra oficiales bajo su dictadura pudieran quedar impunes porque digan que son crímenes “de amor”?

Aquí entre nos: el señor de los milagros, ¿se creerá dueño de la eternidad, como para pensar que podrá ver a sus adversarios encadenados perpetuamente? Nadie podrá vivir por tanto tiempo para gloria del señor. Pero no se lo diga a nadie, porque lo puede escuchar un fanático, y convertirnos en candidatos a cadena perpetua, aunque usted crea en los milagros de la virgen del Perpetuo Socorro y yo no crea ni en los de la virgen de El Carmen.

Es imposible imaginar que por un milagro de vulgar brujería pudiera lograrse la impunidad por hacer de todo contra todos. Eso no podrá lograrlo este señor ni ningún otro, por muy malvado que sea.

Entonces, como tal inmunidad no puede ser posible ni por san Nicudemos, aclaro que no voy a referirme a los milagros hechos por este señor, sino a los milagros que otros le han hecho en su vida para que la viva sin las molestias de tener que secarse el sudor que produce el trabajo… cuando no se es burócrata estatal ni millonario cuyo trabajo sea contar sus millones. Hablo del trabajo que produce sudor:

Bajo pleno sol en los campos.

En el encierro de los talleres, las fábricas y las escuelas sin aire acondicionado.

Buscando la noticia en donde puede hallarse a un guardia (alias policía); una carceleada chipotera; el hostigamiento de un paramilitar o la visita a una sala de torturas.

Transmitiendo la verdad a riesgo de ser expropiado de su medio de comunicación, hostigado, encarcelado, procesado y multado.

Vendiendo cualquier cosa en las calles detrás de cada tiempo de comida, estibando en los puertos y los mercados unas mercancías que nunca utilizará.

Es decir, cuando la mujer y el hombre sudan en todo lo que hacen para vivir honradamente y no del trabajo ajeno, que solo puede hacerlo un millonario o un ladrón… o quien ejerce los dos oficios al mismo tiempo.

Hablar de trabajo, tampoco es hacer gárgaras con la teoría de Engels (el Federico fraterno del demonizado Carlos Marx), quien pensó –y pensó muy bien— que el trabajo fue el medio con el cual el hombre se forjó así mismo como tal y le permitió abandonar el estado animal de los primeros históricos amaneceres del mundo. Hablo del trabajo concreto, sencillo, cotidiano de mujeres, hombres y niños. (Esos niños que trabajan en las calles y los campos, quienes no han visto ni en sueños lo “socialista”, lo “solidario” ni lo “cristiano” que dice tener este régimen de parásitos).

En fin, hablo del trabajo que a diario se hace honradamente lo días y las noches que vivimos y morimos sea por Covid-19, por Aka 47, por hambre o hartura de injusticias y de años. El señor de los milagros nunca supo nada del trabajo, ¡ni dios lo quiso, no lo quiere todavía ni podrá quererlo ya! ¿Para qué? Pues sin haber trabajado lo tiene todo y de todo, sin ser dueño del mítico Cuerno de la Abundancia, y si lo fuera no importa, pero que la abundancia se le nota, se le nota. Este es uno de los más grandes de los milagros.

Como fuere, comienzo la enumeración de algunos milagros que le hicieron al señor…

Al margen de estas cuartillas

*El primer milagro fue haber asaltado un banco y dado chicharrón a un torturador de la seguridad del Estado somocista (la seguridad de hoy es la suya, que le hace los milagros extraoficialmente), y en vez de cadena perpetua (la que, por quitá quiero pasar, se la está ofreciendo a sus opositores), le dieron siete años de descanso a la sombra.

*En el mencionado lapso, se le hizo el milagro de estar rodeado de súbditos fanatizados que le rendían culto y obediencia: un día declaraba una huelga de hambre, porque a uno de ellos habían castigado por haberle ofrecido a un guardia llenarle la panza de plomo cuando lo viera “en la calle”; y el otro día podía declarar traidor al quien no le obedeciera.

*El milagro que sus compañeros hicieron en diciembre de 1974, en casa de Chema Castillo, le ganó la libertad.

*El exilio en Cuba fue como un milagro, si se compara con el exilio que el señor les receta “con amor” a miles de nicaragüenses.

*El milagro de la publicidad que le hizo Herty Lewites: lo fotografió en un jardín de Costa Rica vestido de verde olivo como un guerrillero, para conseguir la solidaridad internacional (por la misma que ahora quiere condenar como “agentes extranjeros” a sus opositores).

*Ese mismo uniforme se puso en su visita al Frente Norte, no para participar en ningún combate, sino para tomarse las fotos que adornarían después el “museo de la revolución”, como el único comandante del milagro de 1979.

*Antes de ese milagro, el frescor de la capital costarricense le sirvió de escenario a su romántico encuentro con su amada, y luego se le dio el milagro de ser coordinador de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional.

*La insurrección popular que al mando de tres mujeres hicieron el milagro convertir a León en la primera capital de la revolución, le permitió al señor arribar en avión para coronarse y después comenzar el desfile triunfal hacia Managua (sin ensuciarse las botas) y tomar posesión del poder.

*Los errores impidieron la llegada de los milagros prometidos, pero vinieron los odios en ráfagas mercenarias, se frustraron en sangre los sueños de gloria para que al final, todo lo celebraran con una alegre y feliz Piñata.

*Los milagros continuaron con incendios de alcaldías, carros y calles; el encuentro con el Midas liberal (alias Arnoldo) quien todo lo que tocó en el Estado lo convirtió en oro, y para conseguir el milagro de la impunidad, propició al socio retornar al poder.

*Los milagros de las reelecciones continuas e ilegales se los hicieron esbirros togados de la corte, su suprema celestina.

*Ahora, hasta mujeres que liberaron León para que se coronara, están viviendo la misma persecución de los que se le rebelaron junto a miles de nicaragüenses de otros partidos y los sin partido. A todos, el señor de los milagros los ha convertido en potenciales candidatos a cadena perpetua.

*Durante trece años, sobre todo a partir de un 18 de abril, los milagros se los está haciendo su guardia y sus paramilitares, quienes causan bajas sin haber batallas y de hombres “armados” post mortem, por sus asesinos.

Por esa experiencia con los milagros que nos regalaron un señor de horca y cuchilla, ningún político podrá engañarnos con una libertad fabricada por los milagrosos organismos internacionales, casi todos manipulados por el tramposo comerciante de la Casa Blanca. Pero podrá hacerlo el trabajo político de la mayoría de este pueblo que, para liberarse… antes deberá tener un pensamiento libre de tutelajes extraños.

 



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