Opinion

El castigo a los presos políticos: Vergüenza de humanidad

Este oprobioso régimen caerá estruendosamente tal y como sus árboles de hojalata cayeron por toda Nicaragua en abril de 2018

Trabajé en Nicaragua desde 1997 al 2004, con una agencia del Gobierno de Suiza, cuya sede regional para Centroamérica estuvo allí en Managua. Luego, del año 2012 al 2019 regresé, esta vez, viajando en forma periódica a Nicaragüita, en esa otra ocasión, con una agencia civil de Holanda.

Durante los sucesos de abril de 2018 quise estar en Managua cuando ocurrió esa grandiosa insurrección cívica, que Ortega, —experto en inventar o magnificar enemigos externos— llamó intento de golpe de Estado, argumento que una misión de la Oficina del Alto Comisionado de DD. HH. y otras entidades como Amnistía Internacional, desvirtuaron.

El nivel de violaciones sistemáticas de la dictadura de Ortega y Murillo va más allá de violar los derechos civiles de nuestro querido y admirado Sergio Ramírez, premio Cervantes, y para mi gusto, lo más parecido a un Gabriel García Márquez centroamericano. Celebro que prefirió calzar las sandalias del peregrino, antes que ingresar en una prisión tiránica.

Son más de 150 las personas en condición de presos políticos, no sólo la legendaria Dora María Téllez, comandante número dos, que a sus 22 años puso a temblar a la guardia pretoriana del dictador de entonces, con la toma del Palacio Nacional en 1977, sino también el prestigiado académico y analista político Dr. Arturo Cruz Sequeira, nuestro maestro predilecto en INCAE en 2001; o la lúcida Cristiana Chamorro, con pluma de lujo y palabras amorosas, hija de la expresidenta Violeta Barrios de Chamorro, dama madre que pacificó y reconcilió a Nicaragua en 1990. Y también están presos, cualquier ciudadano que haya manifestado intención de ejercer su elemental derecho a aspirar a la presidencia o diputaciones. El proyecto totalitario de Daniel y Rosario es el de un partido único, que asiste a elecciones controladas el 7 de noviembre con cinco partidos inventados o cooptados, y aterrorizando, todos los días, a la población para que no asista a las urnas.

En Costa Rica hay registrados 60 000 exiliados, que sumados a los que no se registran llegan a los 100 000. En los últimos meses, se duplicó la salida de nicaragüenses, ya no solo a la solidaria Costa Rica sino al norte, a Honduras, a cuyo paso —y por acuerdos entre pares— el dictador narco, los hostiliza. También a El Salvador, donde acaban de inaugurar la avenida para la tercera dictadura, o a Guatemala, a México y a Estados Unidos, cuyo Gobierno y halcones de su industria militar, son expertos en criar estos engendros del mal, y que después, no saben conjurar.

Más de la centena de presos políticos muestran niveles de tortura solo comparables al holocausto judío, sin exagerarse —pues esos últimos 37 presos políticos tienen condiciones carcelarias inhumanas, de hasta dos meses continuos, humillados en celdas solitarias, de máxima seguridad, sufriendo torturas, con riesgo de padecer secuelas irreversibles, tanto física como psicológicamente. Además, sin comunicación con sus familiares, incluyendo hijos menores de edad que claman por sus padres/madres. Ni siquiera les permiten una comida decente al día. La última solicitud de las familias al régimen es que al menos les permitan a los presos, 20 minutos de sol al día.

Lester Alemán, el joven amigo de 24 años que en una sesión del diálogo nacional, mediados por la Iglesia, osó afirmarle en su congelada cara a Ortega que debía salir del poder por medios pacíficos lo antes posible, fue capturado hace meses y el 9 de septiembre llevado a una audiencia privada en la cárcel de “el Chipote”, con el agravante que ni Somoza hizo semejante atropello, pues los jóvenes sandinistas de entonces, eran presentados en audiencias públicas en juzgados civiles. Siendo muy joven le costó permanecer de pie, halado del pelo para levantar su mirada perdida y simular escuchar al sicario juez, volverlo a enviar a las catacumbas donde estuvieron hace 50 años, los mismos ideales de libertad.

No solo escribo indignado por el atropello a Sergio Ramírez, o a Arturo, —que me ha enseñado tanto— sino anonadado, con vergüenza de humanidad, por los más de 150 presos políticos y me uno al mundo que exige la  liberación inmediata de todos y todas, el cese a la represión sistemática, de un régimen que robado por dos personas, ha demostrado que jamás fueron, ni entendieron el nacionalismo revolucionario de Sandino, que sigue siendo un referente moral aun con todo el lodo, ostracismo y estafa, que ese par les han vertido.

En esta hora oscura —la que más quizás— estoy orando por luz para ese bello y alegre pueblo nicaragüense, que también nos acogió con cariño y solidaridad en junio de 2009, y sé, que más temprano que tarde, irán al encuentro del camino y de la claridad meridiana, para separar de sus hermosos legados, este par de gobernantes, que, desquiciados en sus afanes de poder, perdieron hace años, todo sentido de humanidad.

“Por las convicciones se paga”, ha profetizado Sergio. “La pareja imperial no tiene futuro”, ha expuesto el maestro Cruz. “La dictadura está en agonía”, sentenció Dora María. “Esta no es una mesa de diálogo, es una mesa para negociar su salida y usted lo sabe muy bien porque es lo que el pueblo ha solicitado”, dijo el joven Alemán. Monseñor Báez, pacífico, determinado y pronto victorioso, explica que la causa moral es invencible, y esta resumida en su grito de batalla, Patria Libre, para Vivir.

Frases, medallas, muestras apenas, que han sido, y son, un pueblo experto, —con un gran know how social y político— para deshacerse de dictaduras, y en esta ocasión, lo están haciendo limpiamente, si disparar desde su trinchera, una sola bala.

De forma que muy pronto, este oprobioso régimen caerá estruendosamente tal y como sus árboles de hojalata cayeron por toda Nicaragua en abril de 2018.

Y, entonces, desde la Honduritas también libre, volveré a sus calles, en la Loma de Tiscapa, para echar junto mis hermanos y hermanas, tierra a esas catacumbas, que sabemos, serán, como en el pasado, almácigos de la libertad.


* Hondureño de nacimiento, aspirante a nicaragüense, por gracia de Dios.


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