Opinion

De sorpresas y un primer magistrado sin magisterio

Todo lo represivo de este régimen se hace con acciones combinadas con esas fuerzas, que tienen igual sumisión que los llamados poderes del Estado

La vida es muy pródiga en sorpresas, y la que recibió Pedro Navaja fue convertida en una anécdota musical. En la realidad, no todas las sorpresas que da la vida a toda hora en todo el mundo son musicalizadas, pero provocan marchas fúnebres sin música y con mucho drama. No hay motivos para esperar que bajo una dictadura las sorpresas no sean una colección de hechos con dramatismo fúnebre.

En verdad, en Nicaragua las sorpresas tienen poco que ver con la historia de Pedro Navaja: aquí se muere en las calles a manos de policías al servicio de los Navaja, sus sorpresas tienen derechos de autor y conocidos intérpretes, aunque algunas veces sus autores buscan el anonimato, las niegan o le echan la culpa al muerto.

Los periodistas no necesitan de agudas observaciones para conocer esta realidad, pues de eso se encargan los dictadores con sus mecanismos represivos que tienen en función permanente. Ahora pretenden reprimir en grado sumo con decretos y leyes con caracteres fascistas, que amenazan derechos humanos, libertades civiles y en especial la libertad y el derecho de informarse para informar.

Esa violación del derecho de informarse para informar, arrancó con el abuso de no darle vigencia a la ley sobre el derecho a la información pública. Toda esta información quedó al capricho de la vicepresidenta, quien estrenó su monopolio imponiéndoles el bozal a los burócratas de todos los niveles en las instituciones del Estado. Sin embargo, los altos a burócratas no pueden alegar inocencia, con lo cual contraen un alto nivel de complicidad, pero también hay burócratas conscientes de la criminalidad de los dictadores, y aportan al periodismo independiente algunas informaciones secuestradas.

Además de la pretensión de darle la continuidad al navajismo el objetivo de los decretos y las leyes de la represión para ponerle la tapa al sarcófago de las libertades muertas, para lo cual pretenden obligar a fingir que nada se sabe, hacer como que nada se ha visto y callar como que nada se ha oído. Todo va contra la naturaleza humana de los nicaragüenses. Así comienza la malsana finalidad de convertir a Nicaragua en cárcel y a los nicaragüenses en virtuales prisioneros de un par de enloquecidos y anarquizantes tiranos.

Posiciones del periodismo

Hemos hablado de un solo periodismo, el independiente. Aunque, como en todas partes, aquí no hay periodismo homogéneo en ningún sentido, ni puede haber unanimidad de convicciones, sino tendencias con características y orientaciones disímiles en lo político, lo ideológico, lo técnico y hasta en lo económico.

En sus informaciones, también hallamos contradicciones. ¿Por qué no, si el periodismo es como un espejo de nuestra realidad? Algunas son criticables, cuando realmente son malas o deficientes, porque todo lo que se escribe para el público no tiene por qué ser bueno para todos, ni inmune a la crítica. Tampoco todo lo que se escribe tiene que buscar un blanco a quien dispararle dardos envenados, pero se busca. En este caso, la dignidad personal del afectado le exige ofrecer una merecida respuesta.

Con lo dicho, trato de confirmar que una cosa es la observación crítica por la mala actuación dentro de la realidad social, o tratando de buscar la verdad dentro de sus contradicciones, y otra cosa es utilizar los medios de comunicación privados u oficiales, con el objetivo de ocultar verdades, distorsionarlas y justificar el uso de los mecanismos físicos represivos y los recursos pretendidamente legales para defender un sistema político injusto. Este periodismo, se ejerce en los medios oficiales y privados de la dictadura. Su línea editorial se reduce a la propaganda, la adulación y defensa ciega de todo lo que manda y ordena la dictadura.

Sus periodistas fingen no estar conscientes de que con su ejercicio profesional al servicio de los opresores lesionan los derechos democráticos de sus colegas a quienes atacan por estar en franca posición crítica y con todo derecho defender los derechos de todos frente al régimen, denunciar sus desmanes, exigirle respeto a los derechos humanos y los derechos democráticos de los nicaragüenses.

Al margen de estas cuartillas

*Pero nada está al margen de nuestra realidad política y social, pues históricamente todo comienza con la distorsión de la institucionalidad, desde su cumbre: tenemos (hemos tenido) un primer magistrado que no sabe ejercer ningún magisterio; no funciona como maestro de ciudadanía, sino con maestría represiva.

*No sería tan grave lo que está sucediendo, si el primer magistrado no tuviera su actividad oficial fuera de todo magisterio de civismo, y sus medidas represivas no contaran con fieles ejecutores en las instituciones administrativas, armadas y jurídicas del Estado.

*Si tomamos en cuenta a los paramilitares del “partido”, aunque estén totalmente fuera de la ley, de hecho, son una tercera fuerza armada represiva.

*Todo lo represivo de este régimen se hace con acciones combinadas con esas fuerzas, que tienen igual sumisión que los llamados poderes del Estado que, ante el Ejecutivo, siempre han estado sin poderes.

*Cuentan también con el periodismo oficialista y sus periodistas oficializados, incondicionales y fanatizados.

*Demos por descontado referirse al hecho de que su función es disfrazar como noticias los juicios políticos e informaciones tan oficializadas, porque no existe muchos oídos prestos a oírlas, tampoco ojos que quieran verlas y, sobre todo, ganas para leerlas.

*Aparte de todo eso –más bien en la acera opuesta—, lo que asombra es conocer que el periodismo en pie de lucha y valientes denuncias contra las leyes y los métodos represivos, no reconoce mucho o nunca lo que, desde el exterior, gira en torno de nuestro problema político y social.

*Me refiero al silencio ante el carácter parasitario de la geopolítica estadounidense que, a la sombra de lucha del pueblo por liberarse, procura garantizarse la continuidad de su influencia sobre nuestro país una vez liberado de la dictadura, y no por amor a lo nuestro. La histórica y accidentada relación Nicaragua-Estados Unidos, no por ser ignorada, negada o defendida, se puede esfumar por el encanto del silencio.

*Ese silencio causa la impresión de que tienen temor de ver la historia tal cual, como si reconocerla significaría cometer traición a los principios democráticos.

*Hay mucha recurrencia –casi oficiosa— al argumento de que los gobiernos de tales o cuales países son los malos, los más malos o igual de malos que el de Nicaragua, como si eso fuera bálsamo para las chimaduras que nos causa la dictadura de los Ortega-Murillo.

*Alimentarse casi exclusivamente de las fuentes estadounidenses, refleja encasillamiento ideológico de manera igual al que les produce a los medios y periodistas de los países malos, según el esquema discursivo de los políticos de la Casa Blanca.

*No tengo inconveniente alguno en reconocer que mi crítica es casi exclusiva hacia la geopolítica estadounidense, y mucho menos hacia otros países (los oficialmente dados por malos), por lo cual también puedo ser visto igualmente parcializado. Hay derecho a pensar cualquier cosa, pero esto no le resta importancia a la obligación ética de todos a ser transparentes en la exposición de nuestras opiniones, sin fingir imparcialidad, pues no existe imparcialidad en ninguna gestión humana. Y el periodismo no es ni puede ser la excepción.

*El mundo está artificiosamente dividido entre buenos y malos, periodismo y periodistas han establecido una relación de ida y vuelta, una relación de mutua influencia, con tendencias políticas por coincidencias ideológicas, y otros intereses. Unos reflejan y justifican todo lo malo de los otros, y no siempre rarísimas veces de manera autónoma. Actuar dentro de esta estrechez ideológica, le quita seriedad al periodismo.

Aunque parece innecesario decirlo, termino aclarando que no veo semejanzas entre el trabajo de los periodistas simpatizantes y los críticos de la geopolítica estadounidense, y el trabajo propagandista de los periodistas del régimen.

 



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