Opinion

De la ruta de abril…a la suscripción popular

La suscripción popular podría ser una demanda para constreñir a Ortega a retroceder. Pero, lo importante es hacer que retroceda

Mónica López, vocera de lo que se ha dado en llamar “Articulación de movimientos sociales”, inscrita en la UNAB, escribió un artículo de opinión en Confidencial del 5 de abril, titulado “El secuestro de abril, la dictadura de las casillas, y la suscripción popular”.

Con este artículo sin sentido, confuso, banal, López hace evidente que los pequeños grupos que integran la UNAB, a los que ella representa, no tienen ideología, ni programa, ni estrategia, ni táctica, línea política, sector social, análisis de coyuntura, principios, identidad política. En fin, nada. De modo, que simplemente rondan la política nacional planeando en vórtice con algún interés propio.

¿Qué justifica, entonces, esta crítica? La necesidad de señalar que entre la lucha de masas y la dictadura orteguista se interponen grupos de la oposición tradicional que, en propio interés, en un país tan atrasado, traban la acción combativa.

La política tiene contenido de clase, y la estrategia también, por supuesto

En tal artículo, escribe López: “Urge recordar la importancia de la suscripción popular y las candidaturas independientes como herramienta democrática moderna”.

Divorciada de las luchas sociales…, López sólo busca “herramientas”, o, como veremos adelante, “instrumentos”.

En lugar de diseñar líneas de acción urgentes para la sociedad, López llama a recordar herramientas. Pero, no hay herramientas democráticas. Lo que hay son conflictos sociales cuya solución apunta a conquistas democráticas. La democracia, vista desde la óptica de los sectores marginados, es un proceso continuo de lucha por influir en la sociedad, programáticamente, para la conquista de derechos innovativos para los ciudadanos, cada vez más amplios. Lo esencial, es influir programáticamente en el rumbo de la sociedad.

La suscripción popular podría ser una demanda válida para constreñir a Ortega a retroceder. quitándole candados a la Ley Electoral. Pero, lo importante es hacer que Ortega retroceda. La suscripción popular, por sí sola, podría dejar intacta a la dictadura, aunque tal o cual grupo pueda optar, entonces, a presentar candidatos (favoreciendo a Ortega la dispersión del voto). Por ello, las demandas deben ser evaluadas en el contexto de la estrategia, no por sí solas.

Abril intentó darle respuesta a la crisis de la sociedad

Escribe López, refiriéndose a la rebelión de abril: “Abril fue una sublevación no-partidaria, pluralista, inclusiva, horizontal y diversa. Hay quienes pretenden matricular la lucha azul y blanco con un sello ideológico, excluyente y partidario, secuestrando así los principios de la insurrección cívica”.

Una insurrección no tiene principios, y tampoco es posible secuestrarla. Es absurdo que López diga que la insurrección tiene principios y, a la vez, diga que no tiene ideología. En política, los principios son necesariamente ideológicos. No existe la política en abstracto, sin contenido social. Son los sectores sociales quienes imprimen su ideología a su política respectiva, a la confrontación de ideas y de intereses por el rumbo de la sociedad.

Una rebelión social es un intento de dar respuesta a una crisis por medio de la movilización de las masas (no algo no-partidario, pluralista, inclusivo, horizontal y diverso). De tal rebelión se pueden extraer enseñanzas, positivas y negativas. Se puede señalar errores de conducción, errores estratégicos que condujeron a un reflujo prolongado de la lucha de masas.

Toda experiencia social consolida, por acción u omisión, una visión estratégica

Lo importante, sin embargo, es la perspectiva principista, ideológica, con que se analiza la rebelión de abril, para la preparación de las próximas luchas conscientes de las masas por la transformación de la sociedad.

La burocracia ve abril como si fuese una reliquia embalsamada a la que se le debe rendir culto. No es posible secuestrar un hecho histórico, como la rebelión de abril, pero, alguien burocrático puede intentar castrar la rebelión, deformarla, embalsamarla como un cadáver. Escribe López desde una óptica reaccionaria, primitiva:

“Los partidos siempre han empujado hegemonías bipartidistas que facilitan la repartición de cuotas y los pactos. La ausencia de una participación ciudadana (por suscripción popular) en el proceso (electoral) ha llenado de desesperanza a la mayoría azul y blanco y nos confirma la urgencia de romper el monopolio de los partidos”.

El monopolio que existe es el absolutismo orteguista, que crea privilegios burocráticos en la estructura vertical del servilismo, construida por el bipartidismo. Pero, el objetivo táctico a golpear no es el bipartidismo (que se debe desechar), sino, la estructura servil del absolutismo. Y este objetivo no es puramente electoral. La mayoría azul y blanco no cifra sus esperanzas en las elecciones y en la suscripción popular, sino, en su propia movilización para sacar a Ortega.

Un partido político es una creación histórica de la modernidad

Un partido político es una organización de lucha, con principios definidos socialmente, con ideología, con estrategia, con línea política, con conducción centralizada, con influencia de masas, con militantes. No se define, ni mucho menos, desde una óptica electorera. Su objetivo actual es romper el absolutismo.

Descartar a los partidos políticos por la experiencia desastrosa del PLC y del orteguismo, es tan infantil y reaccionario como concluir, después de ver un terrible accidente automovilístico, que se debe regresar al uso de los caballos como medio de tracción.

Abril fue un síntoma precoz de una situación revolucionaria que madura a medida que el sistema orteguista entra en crisis, empujando a las masas a la acción. Un partido político de combate puede aportar a la próxima insurrección de masas –al próximo barullo- la estrategia que derrote a la estrategia orteguista.

¿Combatir contra la dictadura u oxigenar la democracia orteguista?

Escribe López: “La Articulación de Movimientos Sociales planteó la recuperación de la suscripción popular. Para dar pluralismo a nuestra democracia, así como para oxigenar y modernizar la política nica”.

¿Cuál es nuestra democracia, según López? ¿El orteguismo? Concluiríamos, entonces, que López se propone darle pluralismo a la “democracia orteguista”.

Lo que corresponde es ver si la demanda de candidaturas por suscripción popular, impulsada por la Articulación, gestó una movilización de masas bajo formas organizativas combativas. Si no fue así, ¿a qué viene insistir, demagógicamente, que tal demanda oxigena y moderniza la política nica?

En política, las demandas sobre el orden político o social son para gestar movilizaciones por el cambio, no para oxigenar al orteguismo. El objetivo político de las consignas es integrar combativamente a más sectores a una visión compartida de la sociedad (en un partido político) que responda a los problemas que enfrentan los ciudadanos.

La estrategia de Ortega, en esta coyuntura, es el fraude. los movimientos sociales deben luchar contra la estrategia orteguista, es decir, contra el fraude. La política no se moderniza con demandas al margen de las contradicciones de la sociedad.

La política es expresión consciente de intereses sociales en cada coyuntura

Escribe López: “La suscripción popular es también un “instrumento” para acercar la política al territorio, y abre la posibilidad de que la ciudadanía participe en la creación de procesos que respondan a sus problemas”.

La política, no es un objeto que se acerca con un instrumento. Es, únicamente, expresión consciente de intereses sociales, que la hegemonía cultural en el poder reprime. Buscar “instrumentos” que acerquen la política…, es parte de una superchería alienante, anti política.

La lucha colectiva es la que lleva la política a las masas. Es decir, la lucha de masas adquiere carácter político cuando enfrenta conscientemente a los intereses sociales contrapuestos.

¿Un objetivo particular como consigna interna para el futuro?

Escribe López: “Tenemos que lograr que la suscripción popular y las candidaturas independientes sean una realidad en las elecciones municipales del 2022”.

¿Quiénes tienen que lograrlo? Probablemente López se dirija a la Articulación, no a los ciudadanos. Su inquietud es otra, parcelas de poder en las alcaldías.

La inquietud general de la población y de la comunidad internacional, en cambio, es por la contradicción con Ortega, que encuentra su momento culminante, ahora, en el proceso electoral de noviembre. En el cual, hay que trabajar para que la dictadura pierda legitimidad al proceder fraudulentamente.

Sólo alguien despistado de la realidad política puede atraer la atención revoloteando sobre un objetivo secundario, que permita presentar cualquier cosa (como candidaturas por suscripción popular) el próximo año.

Escribe López: “De igual forma, respaldando la naturaleza democrática de abril, estos candidatos deben pronunciarse en favor que la suscripción popular sea un derecho en el futuro”.

La preocupación de López está orientada a procesos electorales futuros, no a las luchas políticas del presente. Según ella, la suscripción popular debería ser apoyada, no porque produzca un supuesto efecto en la correlación de fuerzas contra la dictadura, sino, por la naturaleza… de abril.

¿Qué importa, políticamente, tal pronunciamiento de los candidatos, y peor aún, sobre el futuro? El propio rol suspirante de los candidatos es incierto en el cortísimo plazo.

Los cambios en el futuro dependen de las luchas en el presente, no de pronunciamientos de candidatos. La postura de López no es más que un revoloteo codicioso, sin pies ni cabeza, sobre la realidad.

*Ingeniero eléctrico

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