Opinion

Cuotas falsas para las mujeres

La reforma electoral del FSLN está destinada a socavar la organización ya existente de los partidos, obligándoles a incorporar mujeres porque sí

En las estadísticas mundiales, Nicaragua aparece como un país extraordinario en cuanto a la participación de las mujeres en puestos de decisión. Creo que sale en quinto lugar, apenas por debajo de los países escandinavos. Esos números reflejan una ficción creada por el régimen Ortega Murillo. Son estadísticas manipuladas similares a las del COVID que maneja el MINSA; carecen del respaldo de la realidad. En Nicaragua hay mujeres nombradas a cargos, pero ellas son fichas en un tablero ilusorio. Son tan poco relevantes que la población ni siquiera sabe cómo se llaman las que dirigen ministerios. Ellas son ejecutoras de las “órdenes de arriba,” carecen de autoridad y de autonomía.

La reforma a la Ley Electoral que la Asamblea Nacional propone aprobar en los próximos días, sin consulta y siguiendo órdenes “de arriba,”, impone una cuota obligatoria del 50% femenino en todas las estructuras electorales. Esta es una demanda destinada a socavar la organización ya existente de los partidos, obligándoles a incorporar mujeres porque sí.

Por supuesto que estoy de acuerdo con que deben existir mujeres en las estructuras electorales, pero demandar un 50-50 en términos de representación de género es una medida artificial que supone una realidad distante a la nuestra.

Las mujeres no sólo hemos estado marginadas de muchas esferas de la sociedad por el machismo inherente a nuestro desarrollo, sino porque en la actual organización social y laboral, cargamos la total responsabilidad de las funciones de cuido dentro de nuestras familias y hogares. La mujer es responsable de alimentar, y cuidar de los hijos; es la que se encarga de los mayores, de los enfermos. Es la que hace un trabajo arduo y cotidiano cuyo valor no es reconocido ni remunerado. Las labores del cuido han impedido y truncado en muchos casos, la educación de la población femenina. Hay muchas jóvenes en las universidades, pero pocas de ellas, después que se casan y tienen hijos, pueden acceder a puestos de trabajo que les demandan ausentarse de sus casas de 8 am a 5 pm. Las que lo hacen dependen de otras mujeres, familiares o contratadas, que hacen las labores del hogar y cuidan a sus hijos o ancianos. En consecuencia, en un país donde las labores de cuido son consideradas “oficio de mujeres” y donde los hombres sienten que se rebajan si cocinan, lavan, planchan o se encargan de los hijos, es iluso y es una trampa política exigir que haya paridad en las estructuras electorales. Sin paridad en el cuido y en las tareas domésticas, la verdad es que no se puede exigir este tipo de paridad.

Por otro lado, y esto se ha visto incluso en países como Francia donde se intentó la paridad política, hay una percepción en las mujeres, acertada por desgracia, de que asumir funciones políticas es exponerse a ser descalificada constantemente. La presente organización y cultura de las clases políticas es adversa a la presencia femenina, de manera que las mujeres carecen de incentivos para involucrarse. Muchas prefieren el

anonimato de sus vidas cotidianas a colocarse en puestos donde serán mal pagadas o estarán “de adorno”, como es el caso de las que actualmente ocupan puestos o cargos de “dirección” sólo para que la vicepresidente en funciones pueda exhibir a Nicaragua como el país igualitario que dista mucho de ser.

No hay duda de que la mujer nicaragüense se ha destacado por su presencia, arrojo y energía en las luchas de nuestro país, pero este poder es moral, más que real.

Por todas estas razones, la demanda de paridad de esta arbitraria, limitante y amenazante Ley Electoral que quiere imponer el régimen, solamente pretende continuar con el espejismo de que en este país las mujeres gozamos de condiciones que nos permiten una movilidad social y laboral extraordinaria.

Basta ver la alta tasa de femicidios, los horrendos crímenes contra mujeres, la extendida persistencia de abuso sexual, de maltrato doméstico, y la tasa de embarazo en adolescentes (la mayor de Centroamérica) que existe en nuestro país, para darse cuenta de que aquí hablar de paridad en las estructuras electorales es un argumento más para descalificar y dificultar el tendido electoral de la oposición.

 



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