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Walter Montenegro, el preso político que sobrevive con cuatro balas en su cuerpo

Ortega mantiene a reos políticos enfermos y sin atención médica; Walter, en "estado crítico", no tiene acceso a medicinas, y familia exige su libertad

A Walter Antonio Montenegro Rivera la justicia orteguista lo condenó a cinco años y medio de prisión por un delito común: intento de homicidio. Sin embargo, su expediente en el Sistema Penitenciario de Waswalí, Matagalpa, está marcado con las palabras “familia tranquera”. Para su familia, esta es una prueba de que su condena es una represalia política, porque el régimen lo vincula a la familia Montenegro Centeno, de Wiwilí, Jinotega, a la que le han asesinado a cuatro miembros de su familia, y sufre de persecución política permanente.

Walter tiene 31 años y es padre de seis hijos. Desde el domingo 14 de octubre de 2018 vive con cuatro balas dentro de su cuerpo, es diabético, hipertenso y padece de triglicéridos altos. Su salud ha empeorado en la cárcel desde finales de diciembre de 2020, y su familia está en zozobra porque no pueden ayudarlo y temen por su vida.

Es el segundo de ocho hermanos de la familia Montenegro Rivera –siete hombres y una mujer–, originarios de Wiwilí. Ellos no comparten una relación biológica con los Montenegro Centeno, pero si han cultivado una amistad durante años. Sin embargo, los familiares de Walter consideran que las autoridades policiales si lo relacionan con la familia opositora.

“Por eso se ensañaron ellos con Walter, por llevar el mismo apellido de una familia opositora al Gobierno”, expresaron sus familiares, quienes aclararon que el joven tampoco participó en las protestas de abril de 2018. Ellos solicitaron no se revelara sus identidades por temor a represalias.

La tragedia de Walter Montenegro

El 14 de octubre de 2018, Walter circuló por un bar, ubicado en el sector conocido como El Bojazo, en Pantasma. Escuchó que lo llamaron y retornó. Estaban tres conocidos, amigos, y simpatizantes del Frente Sandinista, que lo invitaron a quedarse. Walter accedió y empezaron a conversar sobre negocios y vehículos, ya que él es comerciante. “Nada referido al contexto político”, relata un familiar.

Sin embargo, de broma en broma, la conversación se tornó tensa y empezó un enfrentamiento; primero, uno de los hombres le pegó con una cajilla de cerveza en la espalda, y luego, otro le pegó dos balazos, siempre de espalda. Walter se mareó y cayó de rodillas. El hombre aprovechó, y nuevamente le descargó dos balazos.

Un tercer sujeto disparó otras cinco veces contra Walter, pero los proyectiles no atinaron. Ya en el suelo, Walter disparó en defensa propia contra dos de los agresores y los hirió. Los tres heridos fueron llevados al centro de salud de Pantasma, y dos de ellos fueron remitidos al hospital de Jinotega. Pero a Walter, con cuatro balas en el cuerpo, no lo trasladaron. A él solamente lo canalizaron y no lo trasladaban porque, argumentaron a la familia, no había ambulancia.

El preso político Walter Montenegro cuando estuvo hospitalizado en Jinotega.
Foto: cortesía

La Policía Nacional ya estaba al tanto de la situación. Después de dos horas de espera, con ruego de los familiares, Walter fue trasladado al hospital de Jinotega, y de inmediato lo custodiaron.

“Se iba muriendo, se iba ahogando”, relata un familiar. El médico fue claro y les dijo que la operación era para controlar la hemorragia interna, pero que una vez recuperado, necesitaban practicarle otros estudios para conocer el estado de las balas. Walter estuvo diez días en el hospital y el 23 de octubre un forense dijo que ya estaba sano y lo trasladaron a las celdas de Jinotega.

Se niegan a liberarlo

Walter salió con una herida de 32 puntadas, que partía de su abdomen. No recibió cuidados posoperatorios, y la familia tuvo que luchar para que les permitieran pasar comida acorde a su estado de salud, y evitar futuras infecciones.

En su cuerpo, las balas han hecho estragos. Sus familiares describen que tiene la boca reseca de tanta fiebre que le ha dado. También ha evacuado sangre, sufre de fuertes dolores de cabeza y en más de una ocasión, ha sido llevado a la enfermería cuando su cuerpo ya no resiste.

“Walter está ilegalmente detenido. Hay una ley, bien hecha o mal hecha, pero al final es una ley emitida por la Asamblea, y tenían que ponerlo en libertad”, expresa su abogado defensor Maynor Curtis, en relación a la ley de autoamnistía que aprobó el régimen en junio de 2019.

Actualmente, más de cien reos políticos siguen en las cárceles de la dictadura, entre ellos Walter. Como él, la mayoría están acusados de delitos comunes, en un intento de burlar el trasfondo político de las detenciones ilegales y las cuestionables condenas.

En el caso de Walter, el juez lo declaró culpable, pese a que actuó en legítima defensa y declaró inocente a su agresor, “que es del partido de Gobierno, quien le disparó a Walter por la espalda. A él lo exoneran de todo cargo”, reclama el abogado defensor.

Curtis presentó este lunes un escrito en Jinotega, ante el juez de ejecución y sentencia, a través del que explica las graves condiciones de salud en las que se encuentra Walter, y solicita una valoración médica por parte de Medicina Legal y que rinda un informe con sus recomendaciones.

Asimismo, en esta semana presentará un recurso de exhibición personal, ya que su familia solo conoce de su condición de salud a través de las visitas.

Walter Montenegro vive con cuatro balas en su cuerpo. Es padre de seis hijos y su familia está preocupada por el deterioro de su salud.
Foto: cortesía

Niegan atención médica

En abril de 2019, a Walter lo llevaron al hospital de Jinotega, y ahí le negaron la atención médica, afirma su familia. Al día siguiente, lo valoraron por parte del forense del Juzgado, quien confirmó signos de derrame cerebral y de tuberculosis. La orientación era remitirlo al hospital, pero no fue cumplida, señala un familiar.

“El propuesto beneficiario habría sido llevado al puesto médico del SPN Matagalpa. Sin embargo, la respuesta de los médicos habría sido calificar su situación como psicológica y que no tendría nada, a pesar de que el propuesto beneficiario puede incluso tocar una de las balas en su cuerpo”, relata la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en la resolución publicada en noviembre de 2020, en la que otorga medidas cautelares a 41 reos de conciencia, entre ellos Walter.

El encierro ha marcado el cuerpo de Walter. Está delgado y descompensado. Un familiar relató que el pasado jueves lo llevaron al hospital de Matagalpa. El médico dijo que su estado de salud es “crítico” y recomendó que debe seguir una dieta específica, no le deben faltar sus medicinas, y debe controlar el estrés.

Sin embargo, sus familiares temen que en el Sistema no le facilite los medicamentos, ya que en ocasiones anteriores, no le han entregado las pastillas que su familia le llevó. Tampoco les permitieron pasarle alcohol y mascarilla para protegerse ante la pandemia de covid-19.

La demanda es que lo liberen porque él está con “una condena injusta” aseguran sus familiares; si eso no fuera posible, piden una valoración médica adecuada o que permitan que la Cruz Roja Internacional lo visite.

Su abogado, Curtis recordó que los recursos permiten documentar que se le hizo saber al Poder Judicial sobre las condiciones de salud de Walter. Sin embargo, es consciente que las autoridades no van a responder de forma positiva. “Yo sé que ellos van a hacer caso omiso a la solicitud que estoy haciendo”, lamentó.


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