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Químico refuta versión policial del incendio en Catedral: es científicamente “improbable”

Para que el alcohol isopropílico produjera la cantidad de gases necesarios para iniciar un incendio de gran magnitud se necesitan tres barriles

Una vela, gases producidos por alcohol contenido en un atomizador y condiciones de alta temperatura, según la Policía del régimen de Daniel Ortega, fueron los elementos que  intervinieron en el incendio ocurrido el 31 de julio en la capilla de la Sangre de Cristo de la Catedral de Managua.  Sin embargo, expertos consultados por CONFIDENCIAL afirman que los resultados de las investigaciones policiales “son improbables” e “incoherentes” científicamente, pues hay condiciones específicas que se deben dar para que el alcohol llegue a su punto de ignición.

La versión policial refiere que “los vapores de alcohol acumulados en el interior de la cúpula de la Sangre de Cristo, al mezclarse con el aire caliente (temperatura 36.1), produjeron el fuego en un proceso conocido científicamente como desolvatación”.

El peritaje policial apunta como fuente de los vapores a un atomizador con alcohol isopropilico al 96%, encontrado en la primera grada de la plataforma de la cúpula de la imagen de la Sangre de Cristo.

Un especialista en ciencia forense con amplia experiencia a nivel nacional y regional, que pide que se le proteja la identidad por su seguridad, cuestionó que la Policía no indique las dimensiones de la capilla, detalles de las dimensiones de la cúpula que cubría la imagen de la Sangre de Cristo, las series fotográficas de la investigación y la cantidad de alcohol que contenía el recipiente, pues lo considera determinante para comprobar algunos fenómenos como “desolvatación” a la que refiere la investigación policial.

“La investigación presentada tiene varios vacíos. El contenido no determina la cantidad de líquido, en este caso alcohol isopropílico que tenía el atomizador. No se determina de cuantos mililitros es el atomizador y la cifra perfección está entre 150 y 200 mililitros”, señala.

Además, afirma que la cantidad estimada que puede tener el atomizador -presentado casi intacto en una foto publicada por la Policía- “no va a generar la cantidad de vapores para que se dé la iniciación de una desolvatación, pues se necesitaría al menos unos 5000 mililitros y, tal vez, así se podría generar una solvatación, pero se necesitaría una temperatura mayor a 38 grados centígrados, un lugar totalmente hermético y sin acceso de corriente de aire”.

“Se necesitaban los gases de tres barriles”

El ingeniero químico William Marín concuerda en que la cantidad de alcohol del atomizador presentado por la Policía “es insuficiente” para generar una gran acumulación de gases.

“El atomizador que ellos presentan lo más que puede acumular son 200 mililitros de alcohol y está completamente sellado, según la imagen que ellos mismos presentan. Entonces, el uso del atomizador es mínimo para producir una gran acumulación de vapores”, afirma.

El ingeniero químico explicó que para llenar de vapores el área completa de la capilla se “tendría que acumular entre 500 y 3000 litros de vapores aproximadamente para que se hubiera producido un incendio como el que se vio, pero eso jamás pudo pasar porque la misma Policía dijo que en la capilla había dos entradas, entonces, todos los vapores que podrían haberse producido tenían un escape. Esa posibilidad entonces es incoherente tomando en cuenta sus mismas versiones”.

Agrega que para lograr esa cantidad de vapores de alcohol en la capilla se necesitaba al menos tres barriles llenos de alcohol, que estuvieran destapados y que el lugar estuviese completamente cerrado.

“Para que se diera ese efecto de desolvatación que ellos mencionan tendrían haberse evaporado por lo menos tres barriles de alcohol, acumularse los gases en un lugar completamente cerrado, reaccionar con el aire y entrar en contacto con la veladora. Entonces, con esa cantidad de vapores o gases que genera un atomizador de entre 150 y 200 mililitros es imposible”, insiste el experto.

La versión policial también refiere que dentro de la capilla había una veladora, ubicada en un candelabro que estaba a 70 centímetros de la cúpula que cubría la imagen de la Sangre de Cristo. Sin embargo, el cardenal Leopoldo Brenes aseguró que “dentro de la capilla no tenemos ninguna vela, tampoco tenemos cortinas”.

Marín agregó que, en caso que en el lugar realmente se hubieran acumulado grandes cantidades de gases generados por el alcohol, los “testigos” que presenta la Policía debieron presentar síntomas de intoxicación.

“Los testigos que ellos presentan, si hubiera tantos gases acumulados en la capilla como ellos dicen, tendría que haber presentado síntomas de intoxicación previo al conato de incendio, pero no lo dicen en su testimonio publicado”, señala.

El también opositor al régimen de Ortega valora que la institución policial y de bomberos del Ministerio de Gobernación (Migob) en realidad buscaron “acomodar” la versión indicada por Rosario Murillo, vicepresidenta de Nicaragua, quien el mismo día del incendio dio un informe preliminar  sobre el incendio aduciendo que ocurrió por “velas encendidas” y no de un objeto explosivo.

“La existencia de veladoras encendidas en el entorno de la Sangre de Cristo se comprobó. Son las veladoras que encienden los feligreses que buscamos siempre como pagar promesa a nuestros santos”, dijo Murillo al leer lo que dijo era un reporte preliminar de la Dirección de Bomberos Unificados.

Policía descarta “mano criminal”

El primero de agosto, tras la presentación de la investigación del siniestro en la capilla de la Sangre de Cristo de la Catedral, la Policía reiteró que “el incendio no fue intencional y se descarta mano criminal”.

Sin embargo, la Iglesia católica mantiene su postura de que el incendio no fue accidental. El arzobispo de la Arquidiócesis de Managua, cardenal Leopoldo Brenes, expresó que los obispos respetan, pero no comparten, los resultados de la investigación hecha por la Policía Nacional, sobre el incendio ocurrido en la Catedral Metropolitana.

El cardenal explicó que la Iglesia mantiene su postura de que se trata de un ataque planificado y provocado por mano criminal. El cardenal Leopoldo Brenes aseguró, el día del incendio, que el acto había sido “planificado” y lo calificó como un “acto terrorista”.

Algunos feligreses y personal de la Catedral que conversaron con Canal 10, el 31 de julio, indicaron que vieron a un sujeto encapuchado interesado en llegar a la capilla. Alba Ramírez, una de las vendedoras de velas consultadas por el medio de comunicación, afirmó que había observado a “un tipo que vino y preguntó dónde estaba la Sangre de Cristo, un muchacho, un joven, todo como alocado, con una camisa encapuchado, y a los minutos nos cuenta que se estaba incendiando”.

Una ciudadana identificada solo como la secretaria de la Catedral, también entrevistada por ese medio de comunicación independiente, refirió que vio al sujeto encapuchado y que este  “intentó pasar por el otro lado (interno de la Catedral) porque dijo que venía a orar, no le digo solo en la Sangre de Cristo, tiene que irse por el otro lado (ingreso externo de la capilla)”.

Los altos representantes de la Iglesia católica de Nicaragua han pedido una investigación “a fondo”, mientras que organizaciones civiles y políticas exigen se resuelva el caso con expertos independientes, pues consideran que la institución policial ha perdido toda la credibilidad por las violaciones a derechos humanos con los que está vinculada desde 2018.


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