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Pandemia y censura: Minsa mandó a callar a los médicos que alertaron sobre covid-19

Médicos enfrentaron rebrote desprotegidos y censurados. Entre agosto y septiembre, 290 sanitarios se contagiaron y 93 fallecieron

Los días más oscuros de la segunda ola de covid-19, en Nicaragua, se vivieron en septiembre de 2021, cuando esta alcanzó su pico máximo. En esas semanas, los principales hospitales del país superaron su límite en ocupación hospitalaria y cada día sacaron de las morgues a más de una decena de personas que no sobrevivieron a la pandemia, incluidos médicos y personal de enfermería.

Esta ola, que fue advertida aún en la clandestinidad que impuso el Ministerio de Salud (Minsa) al amenazar con cárcel y suspensión de licencias a los médicos que alertaban públicamente sobre la pandemia, superó la capacidad humana, física y de infraestructura de los hospitales en comparación con la primera ola registrada entre marzo y julio de 2020, según el testimonio del personal que la enfrentó en primera línea, aunque el Minsa no lo admitió.

“Nosotros le pedíamos a Dios que pudiera detener un poco la pandemia porque sabíamos que esto se nos había salido de las manos”,  dice el doctor “Torres”, quien trabaja en un hospital público del norte del país y por lo cual pide no revelar su identidad.

El rebrote –que comenzó a elevarse en julio y agosto– alcanzó su pico máximo en septiembre y descendió en octubre, dejando 12 113 contagios y 2491 muertes a nivel nacional según los datos independientes. Sin embargo, el gremio más golpeado fue el de Salud.

El Observatorio Ciudadano COVID-19, que lleva un monitoreo independiente ante la carencia de datos oficiales, supo de al menos 293 trabajadores de la Salud que se contagiaron y 93 fallecidos, en solo cuatro meses. Lo que indica que en promedio, cada semana, desde julio a octubre, murieron cinco trabajadores de la Salud y de estos tres eran médicos. Sin embargo, el Minsa solamente admitió una muerte a nivel nacional cada siete días.

Para nosotros ha sido duro asimilar que muchos colegas que hemos conocido, que hemos sido amigos, que fuimos compañeros en la universidad fallecieron por la epidemia. En el grupo de mi generación hay al menos nueve médicos que han fallecido y eso es triste y doloroso porque a algunos de ellos nos tocó verlos y manejarlos (atenderlos). Es deprimente esta situación porque nos queda esa sensación de qué pudimos hacer o qué pudo haber hecho el Estado para evitar estas muertes”, describe el doctor “Zamora”, quien labora en un hospital privado de Managua.

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nicaragüenses murieron por covid-19 entre julio y octubre de 2021, según monitoreos independientes.

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médicos y personal de Salud enfermaron en estos cuatro meses del rebrote de covid-19.

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médicos y personal de Salud fallecieron en agosto y septiembre con síntomas de covid-19.

covid-19 mascarilla

Minsa calló ante variante delta

Antes que la segunda ola alcanzara su pico máximo, el personal médico de varios hospitales del país comenzó a reportar casos sospechosos de la variante delta. El doctor “Torres” fue uno de ellos. Entonces los contagios ya iban en aumento, pero todavía no superaban el brote de 2020.

Aquí hubo varios pacientes que tenían los síntomas (de la variante) y esos pacientes se complicaron y fallecieron. Y aún sabiendo el Ministerio de Salud, porque cada departamento lleva un control de las personas fallecidas asociadas a síntomas de covid –porque eso es algo que se está reportando y hubo varios médicos que reportaron los casos y dijeron que esta es la nueva cepa por toda la sintomatología que los pacientes presentaban– no dijeron nada”, señala.

Los contagios por covid-19 se multiplicaron principalmente en los departamentos del norte del país: Matagalpa, Madriz, Estelí, Jinotega y Nueva Segovia. Según datos del Observatorio Ciudadano en esta zona hubo al menos 5887 contagios y 897 muertes en esos días. El 55% de casos ocurrió en Madriz.

El doctor “Parrales” quien atiende de forma privada en Somoto, ciudad cabecera de Madriz, explica que en septiembre llegó a atender entre ocho y diez pacientes con síntomas de covid-19 cada día. Más de una vez tuvo que atender a familias enteras que llegaban en busca de ayuda ante el temor de ir a los hospitales de la zona que para entonces estaban al límite de su capacidad.

“Esos días fueron muy extenuantes y cansados para nosotros porque los consultorios había que estarlos esterilizando con una serie de químicos que definitivamente afectan al personal y para mí como médico fue duro porque tenía que usar dos trajes, dos mascarillas, guantes, botas de hule y todo para evitar contagiarme”, recuerda.

Durante el rebrote de 2021, las clínicas privadas se convirtieron en uno de los brazos que ayudaron a contener el creciente número de pacientes graves que, a pesar de la negación de parte del Estado, pronto salió a luz por el rápido número de muertos y de familiares desesperados que buscaban tanques de oxígenos. Mientras, dentro de los hospitales los médicos agotaban todos sus recursos y energías para salvar a la mayor cantidad de pacientes.

“Además fue triste ver cómo que la gente más pobre, la gente que vive en la montaña tenía que bajar dos o tres días antes al pueblo para buscar cómo vacunarse ante la desesperación que daba ver tantos contagios”

Doctor "Torres", médico en un hospital del norte del país.
Hospital Alemán Nicaragüense

La lucha dentro del hospital

El doctor “Zamora”, de un hospital privado de Managua, recuerda que el número de pacientes hospitalizados llegó a ser tan grande que tuvo que suspender las consultas en línea y presenciales que daba antes del brote, para dedicar todo su tiempo a la atención de sus pacientes internados.

Atender a los pacientes hospitalarios era muy cansado. Implicaba hacer toda una ceremonia para ingresar al “área covid”, usar el equipo de protección, quitarlo cada vez que uno entraba o salía. Además que es más agotador porque son pacientes delicados que están en seguimiento, hay que estar atendiendo todas sus necesidades y las de sus familias, hacer videollamadas para dar informes, etcétera”, recuerda.

Asimismo, explica que a pesar de tener muchos años ejerciendo como médico, atender la pandemia es una experiencia completamente nueva para ellos y también para los pacientes, quienes enfrentan la enfermedad sin el apoyo físico de sus familiares y tienen el riesgo de no sobrevivir.

Es la parte más dura. Desprenderse. Saber que pueden morir en una sala, solos, sin ningún familiar. Muchos de los enfermos sufrían colapsos emocionales por esa causa. Por eso, para nosotros la salud mental es muy importante y en ese sentido la tecnología nos ayudó porque pudimos desarrollar una forma de comunicar al paciente con su familiar”, describe.

Sin embargo, la experiencia de este médico no es igual para todos. En los hospitales públicos los pacientes no tienen contacto con sus familiares que aguardan por alguna noticia.

El doctor “Torres”, del hospital público, describe que en el peor momento de la segunda ola, en su lugar de trabajo, tuvieron que reforzar las salas covid con personal de otras áreas y un médico, con su equipo de enfermería, estuvo a cargo de hasta 25 camas con pacientes graves.

Cuando no estaba el rebrote y uno estaba de turno podía recostarse por un par de horas dependiendo de qué tan pesado estuviera el turno, pero con este brote no podíamos hacer eso porque había pacientes que en la tarde estaban bien y ya en la noche se complicaban y uno tenía que buscar cómo subirle la saturación, buscar oxígeno y si no lo conseguía, mandarlo a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) para intubar. Pero el problema era cuando en la UCI no había espacio, entonces el paciente tenía que morir porque no podíamos intubarlo. Eso era lo más triste, saber que tu paciente se está muriendo y ya agotaste todo lo que tenías y que por falta de recursos no podías salvarle la vida”, describe.

El doctor “Torres” calcula que en el hospital donde trabaja atendieron a unos 1500 pacientes, entre quienes llegaron a pasar consulta con síntomas leves y fueron enviados a sus casas, quienes se quedaron hospitalizados durante unos días y quienes fallecieron. En solo dos meses, según este sanitario, hubo unos 280 fallecidos, lo cual significa que murieron unas cinco personas por día.

“A todos los médicos del hospital nos impactó ver cómo estaban muriendo las personas, uno sentía que por más que dábamos lo mejor de nosotros no era lo suficiente”, lamenta el médico.

Mientras ocurrían estos fallecimientos a nivel nacional, que fueron incluso mayores en el Hospital Alemán Nicaragüense, donde murieron hasta 30 personas en un día durante el pico más alto, el Minsa reportó solo un deceso por semana.

Segunda ola bajo represión y silencio

La segunda ola de la covid-19 fue superior a la sufrida en 2020. Según las mismas estadísticas del Minsa, el número de contagios más alto reportado en una semana de septiembre de 2021 casi duplicó el identificado el año anterior. Sin embargo, Nicaragua se enfrentó a este brote desprotegido y bajo el silencio que impuso el mismo Ministerio de Salud (Minsa).

En mayo, desde el Estado se acusó a los médicos y a los periodistas que alertaban sobre la covid-19 de imponer “terrorismo pandémico”. Estos señalamientos dichos en reiteradas ocasiones por la vicepresidenta y vocera estatal, Rosario Murillo, se volvieron en amenazas directas en julio, cuando las autoridades del Minsa comenzaron a citar a los médicos más visibles durante la pandemia y los amenazaron con la Ley Especial de Ciberdelitos o “Ley Mordaza”, que castiga penalmente a quienes según el Gobierno difunden noticias falsas. También fueron amenazados con la suspensión de sus licencias médicas.

“Lo que me dijeron es que en las impresiones que están dando en las entrevistas están diciendo cosas falsas y están creando alarma en la población”, dijo uno de los diez médicos que se conoce que fueron citados por el Minsa.

Ante los citatorios y las capturas a opositores, varios médicos decidieron exiliarse o dejaron de dar declaraciones a los medios de comunicación. Y quienes continúan brindando entrevistas, que sirven para informar a la población ante la opacidad impuesta desde el Estado, lo hacen en anonimato.

Sin embargo, una de las mayores pérdidas fue la autodisolución del Comité Científico Multidisciplinario, que durante el primer año de la pandemia aportó desde la ciencia a la divulgación de información confiable, pero por el temor a represalias se desintegró.

vacunas contra la covid-19

Médicos no estaban vacunados

Cuando la segunda de la ola de covid-19 se esparció, en Nicaragua no estaba vacunada ni el 5% de la población. Incluso ni siquiera se había vacunado a todo el personal de Salud. El doctor “Torres” no había recibido ni una dosis y se contagió durante el pico epidémico.

“Todos estabamos expuestos a contagiarnos, los médicos, el personal de enfermería, todos. Y así fue. Porque incluso habíamos muchos que no nos habíamos vacunado cuando comenzó el brote”, afirma.

Además, durante esta ola el personal sanitario también se enfrentó al acceso limitado a equipos de protección personal. Les proporcionaban una o dos mascarillas al día. Asimismo, al no estar disponibles las pruebas PCR para confirmar el virus, los médicos perdían tiempo valioso en los diagnósticos.

La limitación más importante para nosotros (médicos privados) fue la falta de pruebas diagnósticas. Con esas pudimos haber establecido rápidamente si el paciente era covid-19 o no, pero como no teníamos acceso a estas, teníamos que hacer otro tipo de estudios para establecer que un paciente tiene covid”, describe el doctor “Zamora”.

A pesar de la pérdida de más de 2400 vidas durante el rebrote, que incluyen a personal médico, las autoridades del Minsa celebran con globos y banderas del Frente Sandinista su gestión de la pandemia.

“En medio de los desafíos, Nicaragua es un pueblo valiente que sabe nacer de las cenizas y que se levanta cada día más fuerte, más digno, más soberano, y con ganas de salir adelante, con amor y deseo de servir”, dijo la ministra asesora, Sonia Castro, durante una asamblea en la que el Minsa evaluó, sin mayor énfasis a la pandemia, los logros y desafíos de 2021. Pero no dijo ninguna palabra sobre la censura impuesta, ni sobre la cantidad de sanitarios contagiados y fallecidos. Incluso sobre sus muertes, el Minsa calló.

REPORTAJE ESPECIAL

Dos años de pandemia en Nicaragua: Contagio, muerte, deudas y censura

Entre marzo de 2020 y diciembre de 2021 fallecieron 14 815 nicaragüenses por covid-19. La pandemia de covid-19 cumple dos años este próximo 11 de marzo, y en CONFIDENCIAL publicamos una investigación especial. Este reportaje es parte de esa investigación.

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