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Las 19 madres que perdieron sus hijos en la masacre del 30 de mayo

Nicaragua se movilizó para acompañar a las madres de 90 asesinados el 30 de mayo de 2018. Nadie esperaba que aquella marcha fuera masacrada

El 30 de mayo de 2018, Nicaragua se movilizó para acompañar a las madres de 90 hijos asesinados por la matanza contra la Rebelión de Abril, sin esperar que aquella “madre de todas las marchas” concluyera con una nueva masacre. En un día dedicado a las madres, 19 de ellas perdieron a sus hijos. Estas son sus historias de luto, exilio y demandas de justicia sin impunidad.

Yadira Córdoba, madre de Orlando Aguirre Córdoba

Yadira Córdoba, madre de Orlando Aguirre Córdoba
Yadira Córdoba recuerda la indignación que sentía su hijo, Orlando Aguirre Córdoba, por los asesinatos cometidos por la dictadura durante las protestas. Por eso, el adolescente le insistió desde días antes que fueran el 30 de mayo de 2018 a la marcha en solidaridad con las mujeres que habían perdido a sus hijos. Ella estaba cansada después de lavar once docenas y media de ropa en su trabajo, por lo que no pudo acompañarlo. Sin embargo, antes de que él se fuera, almorzaron y se tomaron una foto juntos. Era la última que se tomarían.

“Ese día yo me sentí muy cansada y no fui a la marcha, pero no le quité a él el deseo de que fuera. Eran las madres y todos pensábamos que no iban a reprimir. Nadie se podía imaginar lo que iba a suceder, nadie pensaba que se atreverían a atacar. Y ese día yo me convertí en una de esas madres”, recuerda Yadira en “AMA y Construye la Memoria. Libro Arte Interactivo”, publicado por la Asociación Madres de Abril y el “Museo AMA y No Olvida”.

Una amiga de la iglesia a la que asiste, la llamó para contarle que “Orlandito”, como llamaban a su hijo, había sido herido. Desesperada salió hacia el hospital, pero ya Orlando había fallecido.

“En el marco de los incidentes que se generaron en la zona próxima al Estadio Nacional Dennis Martínez y a la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), aproximadamente a las 4:00 de la tarde recibió un disparo en el tórax: “¡Me dieron, me dieron!”, exclamó”, reseña un informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) que investigó los sucesos de aquel día.

“Recordar las bromas de Orlandito me hacen llorar. Nunca más habrá para mí un 30 de mayo, ese día no será para mí el Día de las Madres”.

El adolescente de 15 años estudiaba primaria y era apasionado por el fútbol. También era baterista de la iglesia a la que asistía.  

En un video realizado por el Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más, Yadira Córdoba describe su vida hasta antes de 2018 como “linda” porque tenía a sus cuatro hijos. Recuerda que el día de las madres, Orlando le puso un mensaje en Facebook que decía: “Este no es un día cualquiera, este es el día de mi viejita (como la llamaba cariñosamente)”.

Ella espera que se haga justicia por el asesinato de su hijo. “Quiero que se sepa la verdad, que el Gobierno acepte que dio la orden de asesinar al pueblo”, afirma.

Paula Hernández, madre de Maycol Cipriano González Hernández

Paula Hernández, madre de Maycol Cipriano González Hernández

Paula Hernández afirma que su familia entera se unió a las protestas contra el régimen de Daniel Ortega desde el 21 de abril de 2018, el día que fue asesinado en Ticuantepe su sobrino, Jeisson Chavarría.

Cuarenta días después, su hijo Maycol Cipriano González Hernández también sería asesinado. El 30 de mayo, recuerda, la familia completa se fue en un camión a sumarse a la marcha, pero doña Paula creyó que su hijo no podría sumarse porque se fue a trabajar. Él estudiaba Inglés y laboraba como obrero de la construcción. 

“Yo que me hago para adelante para ver el mar de gente que venía con sus banderas, y cuál es mi susto que veo a Maycol marchando en medio del gentío. Fue la última vez que lo vi”, expresa conmovida en “AMA y Construye la Memoria. Libro Arte Interactivo”, publicado por la Asociación Madres de Abril y el “Museo AMA y No Olvida”.

Ella se quedó cerca del colegio Teresiano porque la gran cantidad de asistentes a la marcha les impidió avanzar. Pero su hijo logró llegar hasta el sector de la UNI. 

Madres 30 de mayo 2018
Paula Hernández, madre de Maycol Hernández, llega al hospital para preguntar por su hijo. Él falleció esa noche. // Foto: Carlos Herrera

El informe del GIEI detalla que “avanzó en la marcha para llegar al lugar donde se encontraban las Madres de Abril. En el contexto de los incidentes que se generaron en la zona próxima al Estadio Nacional Dennis Martínez y a la UNI, y poco antes de las 5:00 de la tarde, recibió un disparo en el abdomen. Relatos atribuyen la muerte de la víctima a la acción de francotiradores, lo que resulta concordante con otros diversos elementos de información que avalan esa hipótesis, que deberá ser investigada adecuadamente. Un grupo de personas presentes en la protesta lo trasladó al Hospital Vivian Pellas, donde llegó aún con vida. Falleció a las 7:12 de la noche de ese mismo día”. 

Maycol era el mayor de sus hermanos y pagaba su carrera de Inglés con mucho sacrificio, convencido de que era la oportunidad de darle una mejor vida a su familia. Por las noches, en su tiempo libre, estaba trabajando en la construcción de una casa para su mamá. No la pudo terminar.

Guillermina Zapata, madre de Francisco Javier Reyes Zapata

A Guillermina Mercedes Zapata le entregaron una bandera de Nicaragua manchada con la sangre de su hijo, Francisco Javier Reyes Zapata, el Viernes Santo de 2019. Casi un año después que fuera asesinado. Se la dio un joven moreno y colochón que recogió el cuerpo de su hijo después de recibir un disparo certero en la cabeza. 

“Me sentí emocionada. Quería encontrarme con este muchacho que había recogido a mi hijo al momento que cae por la UNI”, relató Guillermina a CONFIDENCIAL.

El video de su hijo trasladado fallecido en moto hacia el hospital fue compartido miles de veces en redes sociales. Murió casi de inmediato. El proyectil de alto calibre le perforó la parte trasera del cráneo y la bala salió por el ojo derecho. 

Ella también participó en la multitudinaria marcha y habían acordado encontrarse en el sector de Metrocentro para salir juntos. Pero Guillermina se atrasó en el trabajo y Francisco Javier cogió puntual hacia la Rotonda Jean Paul Genie, de donde partió la manifestación. Nunca se encontraron. 

Cuando empezaron los disparos, ella corrió hacia la Rotonda Cristo Rey. Desde ahí llamó al celular de su hijo. Pero nunca hubo respuesta. Cuando llamó al teléfono convencional de su casa, otro de sus hijos le contó que habían llamado del hospital reportando que habían matado a su hermano. 

“A mi hijo lo mata alguien que sabe tirar y que tiene experiencia para matar. Porque ya son sicarios. Son genocidas. Y el responsable es Daniel Ortega y Rosario Murillo”, afirma Guillermina Zapata.

Su hijo conocido como “el zurdo” se dedicaba, junto con ella, a la venta de ropa de manera informal en Rivas y en Salinas. Le gustaba jugar al fútbol. Era tímido, reservado, pero amoroso con su madre. 

masacre del 30 de mayo
Momento en que “Spiderman” entrega a Guillermina Zapata, la bandera con la sangre de su hijo asesinado. // Foto: Cortesía

La última vez que viajaron juntos a Rivas el transporte estaba escaso y pidieron raid en un carretón. “Él iba contento porque le gustaba el campo, los animales. Quería conocer Playa Gigante, porque su deseo era viajar, conocer Nicaragua”, recuerda en “AMA y Construye la Memoria. Libro Arte Interactivo”, publicado por la Asociación Madres de Abril y el “Museo AMA y No Olvida”.

Tras el asesinato de Francisco Javier, su padre, Armando Antonio Reyes Rojas, que era un policía activo anunció que se retiraría de la institución para la que sirvió durante 36 años.

“Yo me retiro de la institución a la vida civil, porque es duro ver ese video que lo agarran y lo llevan en la moto, y él muere”, afirmó Reyes Rojas a CONFIDENCIAL.

Josefa Meza, madre de Jonathan Morazán Meza

Josefa Meza, madre de Jonathan Morazán Meza, masacre del 30 de mayo

“Cuidate, hijo. A los jóvenes los andan reprimiendo más”, recomendó Josefa Meza a su hijo Jonathan Morazán Meza antes de que saliera de casa hacia la “Marcha de las Madres” con unos amigos.

Le respondió que sí, que ella también se cuidara. Minutos después le escribió para advertirle que había una buena cantidad de turbas motorizadas en el sector de la Rotonda El Periodista. Ella se vistió de negro, en solidaridad con las madres de los asesinados durante las protestas, y también salió a unirse a la masiva manifestación. 

Cuando el ataque empezó ella estaba cerca de la Avenida Universitaria. Vio a la multitud corriendo despavorida buscando refugio. Lo primero que hizo es llamar a Jonathan de forma insistente. La voz de la contestadora la angustió. 

“Poco antes de las 5:30 de la tarde, durante la represión desplegada contra los manifestantes por parte de policías uniformados y personas de civil que actuaron junto con ellos, recibió un disparo de arma de fuego que impactó en su cabeza”, relató el GIEI en el informe en el que confirmó que el Estado cometió crímenes de lesa humanidad. 

Media hora después, Josefa recibió una llamada del teléfono de su hijo, pero era del hospital. Cuando se presentó el parte médico no era esperanzador. El encefalograma mostraba el tallo cerebral fuera de su sitio. Jonathan murió el primero de junio de 2018. 

Justicia en Nicaragua
Josefa Meza, madre de Jonathan Morazán, junto a Guillermina Zapata, madre de Francisco Reyes, ambos asesinados el 30 de mayo de 2018, se abrazan durante una eucaristía en mayo de 2019. // Foto: Archivo | Carlos Herrera

“Él siempre estuvo inconsciente porque el disparo fue directo al tallo cerebral, fue a matar, fue un tiro certero de un francotirador”, insiste Josefa en el relato recogido por el Museo AMA y No Olvida de las Madres de Abril.

“Nunca más volverá a haber Día de las Madres el 30 de mayo. ¡Nunca más! Vamos a tener Día de las Madres hasta que haya justicia”, insiste Josefa en entrevista con CONFIDENCIAL. 

Jonathan estudiaba Diseño Gráfico en la Universidad del Valle y frecuentaba la Iglesia mormona. Su madre guarda con cariño la última foto que le tomaron durante esa marcha con un pañuelo colorido tapando la mitad de su rostro y una cinta en su cabeza que dice “Nicaragua”. 

A tres años de su asesinato, Josefa está exiliada en Europa y lamenta que la impunidad sigue reinando en Nicaragua porque el sistema judicial es un instrumento del régimen, que ha impedido investigaciones transparentes sobre la brutal masacre.

“La verdad debe salir a la luz, que quede registrado en la historia y que no haya más repetición de que un Gobierno masacre a su propio pueblo”, demandó en una entrevista publicada en La Lupa en abril pasado.

Alejandra Rivera, madre de Daniel Josías Reyes Rivera

Alejandra Rivera, madre de Daniel Josías Reyes Rivera

“La gente que se queda en su casa cree que la lucha es de los que andan en las calles, pero la lucha es de todos, también de los que se quedan en casa. ¿De qué me sirven los estudios con este hombre (Daniel Ortega) que nos está matando? No se preocupe, no me va a pasar nada”, le respondió Daniel Josías Reyes Rivera a su madre, Alejandra Rivera uno de los tantos días que ella le insistió que no saliera a la calle en abril y mayo de 2018. 

Desde el inicio de las protestas él dejó de ir a la Universidad de Ciencias Comerciales (UCC), donde cursaba el tercer año de Medicina Veterinaria y Zootecnia, pero salía diario sin decir adónde iba. Después supieron que iba a sumarse a las protestas. 

Él había pertenecido a la Juventud Sandinista (JS), pero Alejandra lo había hecho reflexionar sobre la actitud dictatorial de Daniel Ortega y Rosario Murillo. 

“Veo a dos personas aferradas al poder desde mucho tiempo, que tienen el Ejército, la Policía y un tercer ejército vestido de blanco, que son ustedes, la Juventud Sandinista. A la hora de un reventón, ustedes van a ser el ejército”, le repetía Alejandra a su hijo, Daniel Reyes.

El 30 de mayo, el joven salió de su casa para sumarse a la marcha del Día de las Madres. “Iba adelante, en el cordón de protección que hicieron los estudiantes para proteger a las mamás”, recuerda Alejandra en “AMA y Construye la Memoria. Libro Arte Interactivo”, publicado por la Asociación Madres de Abril y el “Museo AMA y No Olvida”.

Ella miraba la marcha por televisión y se angustió cuando observó el inicio del ataque a la masiva concentración. Llamó varias veces a Daniel, pero no respondió. Desde ese día desapareció y no lo encontraban hasta que supieron dos días después que su cuerpo estaba en el Instituto de Medicina Legal.

“Aproximadamente a las 5:30 de la tarde, en la represión desplegada contra los manifestantes por parte de policías uniformados y personas de civil que actuaron junto con ellos, fue impactado por un disparo de arma de fuego en el abdomen”, detalla el GIEI. Falleció de una hemorragia masiva interna. 

La UCC entregó a su familia el título “In Memorian” como un homenaje póstumo al joven que soñaba con tener su propia clínica veterinaria y amaba a los animales. En su casa tenía ovejas, perros y gatos.

Marta Portobanco Vallejos, madre de Edgard Guevara Portobanco

El 30 de mayo de 2018, Marta Portobanco Vallejos estaba en su casa viendo noticias. Se había quedado cuidando a sus nietos menores mientras sus dos hijas, yernos y nietos mayores participaban en la masiva marcha del Día de las Madres. En ese momento llegó su hijo, Edgard Guevara Portobanco. Se acostó con ella y se quedaron viendo televisión. 

Cuando empezaron a informar sobre el ataque a disparos a la marcha, él se levantó y le dijo. “Ya vengo, voy a hacer un mandado”. Se marchó en la moto. Ella no imaginó que se iba al lugar que miraba en televisión, donde la gente corría aterrorizada. 

Decidido, Edgard se fue hasta la zona de Enel Central donde se unió a un grupo de motorizados azul y blanco que formaban una barrera para impedir que un grupo de turbas que venían del antiguo Hospital Militar hacia la UCA pudieran seguir atacando a manifestantes. 

“Aproximadamente a las 5:30 de la tarde, mientras circulaba en su motocicleta sobre la Avenida Bolívar en el sector próximo a los semáforos de Enel Central en dirección al lago, fue impactado en el tórax por un arma de fuego –los disparos fueron presumiblemente tres–. Los perpetradores habrían sido integrantes de los grupos de choque que operaron ese día. Se reportó que, en esta zona, al igual que en las demás, tales grupos actuaron coordinadamente con integrantes de la Policía Nacional. Fue conducido en ambulancia al Hospital Bautista, donde llegó inconsciente y falleció el mismo día a las 9:08 de la noche”, indica el informe del GIEI. 

Al denunciar su asesinato la familia relató que fue para impedir que siguieran atacando la masiva marcha porque él sabía que andaban muchas madres y muchos niños.

Madres de Abril
Madres de Abril durante un plantón el 17 de mayo de 2018. Foto: Carlos Herrera | Confidencial

Edgard tenía tres hijos. Estaba desempleado y conducía circunstancialmente un taxi. Además, cursaba cuarto año de Derecho en la Universidad de las Américas. 

Aunque había sido sandinista, dos años antes de 2018 dejó el partido por no estar de acuerdo con las prácticas represivas del Gobierno contra movilizaciones ciudadanas.

“Queremos que se haga justicia, que se investigue quién disparó y que se respeten los derechos de las personas, porque ellos (la mayoría de los 328 asesinados durante las protestas) murieron reclamando esos derechos. Cada vez que hago memoria de todo lo sucedido, de lo que hemos vivido, vuelvo a vivir lo que pasó y siento a esos muchachos asesinados como si fueran mis hijos”, dice Marta.

Vilma Reyes Somoza, madre de Kevin Antonio Coffin Reyes

Vilma Reyes Somoza, madre de Kevin Antonio Coffin Reyes

El 16 de diciembre de 2017, Kevin Antonio Coffin Reyes, le dio una de las mayores alegrías de la vida a su madre, Vilma Reyes Somoza, cuando ganó medalla de oro en sambo en la categoría 90 kilogramos durante los XI Juegos Centroamericanos Managua 2017. 

Menos de un año después fue asesinado, el 30 de mayo de 2018. Su familia afirma que “lo rafaguearon desde una camioneta” cuando asistiría a una actividad del Gobierno. 

Vilma declaró al oficialista Canal 4 que su hijo soñaba con lograr el éxito con su disciplina deportiva.

“Se fue la mitad de mi vida, él era todo (…) él decía que un día lo irían a traer al Aeropuerto como al ‘Chocolatito’ por su deporte”, recordó su madre.

Kevin era militante del FSLN y tenía un poco más de un mes de trabajar en la Alcaldía de Ciudad Sandino. 

El informe del GIEI indica que a las 5:30 de la tarde “habría ingresado sin vida al Hospital Militar Escuela “Dr. Alejandro Dávila Bolaños”, producto de un disparo de proyectil de arma de fuego en su tórax”. 

Pese a que la Policía Nacional expresó en una nota de prensa que murió tras el ataque que “grupo de delincuentes” habrían realizado contra “personas que participaban en Cantata en Homenaje a las Madres Nicaragüenses” organizada por el Gobierno en el “sector del Estadio Nacional Dennis Martínez, hasta semáforos Jonathan González”, el informe del GIEI señala que se ha cuestionado seriamente esa información. 

El GIEI solicitó expresamente al Estado proporcionar información de contacto o gestionar las medidas pertinentes para poder concretar una reunión con la familia de Kevin, pero no fue posible. “En este caso, la falta de información y la escasez de fuentes alternativas han impedido determinar en mayor medida las circunstancias de la muerte”, precisa el informe. 

El complejo deportivo Kevin Coffin Reyes, inaugurado en Ciudad Sandino. // Foto: Carlos Cortez | Tomada de El 19 Digital

En julio de 2019, las autoridades municipales de Ciudad Sandino inauguraron un complejo deportivo con el nombre de Kevin Coffin Reyes. En el evento su madre declaró agradecimiento porque que le hayan dedicado esa obra a su hijo. 

“Para mí es un gran honor que le hayan puesto el nombre de mi hijo a este complejo deportivo, es el mismo orgullo que mi hijo le dio a toda la familia con su deporte y cuando ganó los juego Centroamericanos en sambo medallista oro. Fue un joven que quiso sacar en alto a su país y su municipio”, manifestó Vilma en el acto.

Margarita Díaz Aguirre, madre de Heriberto Maudiel Pérez Díaz

Tres días antes de que Heriberto Maudiel Pérez Díaz fuera asesinado el 30 de mayo de 2018, su madre Margarita Díaz Aguirre soñó que moriría de forma atroz. 

Yo soñé hace tres días que estaba ensangrentado. Yo no pido nada porque la justicia va a venir desde arriba. Los hombres se han equivocado porque no tienen conocimiento de la palabra de Dios”, declaró al oficialista 19 Digital.

Además, según el medio de propagada del Gobierno, culpó a los estudiantes universitarios del asesinato. 

“Por eso les hago un llamado a todos ellos que se arrepientan, que se conviertan a Cristo, y que no anden matando, porque la palabra de Dios dice: No Matarás”, manifestó en sus únicas declaraciones hasta la fecha. 

El informe del GIEI indica que a las 5:30 de la tarde “habría ingresado sin vida al Hospital Militar Escuela “Dr. Alejandro Dávila Bolaños”, producto de un disparo de proyectil de arma de fuego en su tórax”. 

Una nota de prensa de la Policía Nacional detalló que murió tras el ataque que “grupo de delincuentes” habría realizado contra “personas que participaban en Cantata en homenaje a las Madres Nicaragüenses” organizada por el Gobierno en el “sector del Estadio Nacional Dennis Martínez, hasta semáforos Jonathan González”. Sin embargo, el informe del GIEI señala que se ha cuestionado seriamente esa información. 

El GIEI solicitó expresamente al Estado proporcionar información de contacto o gestionar las medidas pertinentes para poder concretar una reunión con la familia de Heriberto, pero nunca obtuvo respuesta. “En este caso, la falta de información y la escasez de fuentes alternativas han impedido determinar en mayor medida las circunstancias de la muerte”, precisa el informe. 

Heriberto era obrero y militaba en la Juventud Sandinista (JS). Tenía un hijo de dos años.

Marvin José Meléndez Núñez, asesinado en Chinandega

A pesar de que varios medios oficialistas reportaron ampliamente el asesinato de Marvin José Meléndez Núñez, un militante del FSLN de 49 años que trabajaba en la Unidad de Gestión de Riesgos de la Alcaldía de El Viejo, Chinandega, nunca reportaron el nombre de su madre, aunque si difundieron una foto de ella y familiares a la par de la bóveda en un cementerio.

“A nosotros nos duele, sus hermanos, sus hijos (…) mi madre quedó con un gran dolor, (pedimos) que dejen esos pleitos, porque ya demasiadas muertes”, declaró una de sus hermanas al oficialista Canal 13, que tampoco la identificó. 

Su familia ha participado en eventos organizados por el FSLN, pero tampoco los medios han transmitido declaraciones. Han destacado que durante 18 años desempeñó importantes misiones de carácter humanitario en huracanes, sequías, inundaciones, simulacros, rescate de ciudadanos perdidos en la zona del Volcán Cosigüina y en el combate a los incendios forestales. 

El GIEI en su informe indica que la tarde del 30 de mayo de 2018 “comenzó a desarrollarse en Chinandega una protesta enmarcada en la denominada Marcha de las Madres” y que en ese contexto “se produjeron incidentes entre los manifestantes y efectivos de la Policía Nacional y grupos de choque afines al Gobierno”.

“Marvin José recibió al menos un disparo de arma de fuego que provocó lesiones en su abdomen y tórax. Fue trasladado al Hospital España, donde ingresó aproximadamente a las 09:00 de la noche y falleció a la 01:35 del día 31 de mayo”, detalla el organismo. 

Una nota de prensa de la Policía Nacional indicó que Marvin falleció frente a las instalaciones de la Alcaldía de Chinandega cuando un “grupo de delincuentes” atacaron ese edificio y agredieron a personas que resguardaban el lugar. 

Al respecto el informe del GIEI insiste que “en reiteradas ocasiones solicitó información al Estado sobre las muertes producidas dentro del período de su mandato y sobre las investigaciones respectivas, pero nunca obtuvo respuesta”. 

“En este caso, la falta de información y la escasez de fuentes alternativas han impedido determinar en mayor medida las circunstancias de la muerte”, apuntan.

María Elena Zepeda, madre de Juan Alejandro Zepeda Ortiz

María Elena Zepeda madre de Juan Alejandro Zepeda Ortiz

El sueño de Juan Alejandro Zepeda Ortiz, un joven de 18 años asesinado en Chinandega el 30 de mayo de 2018, era ser médico. Así lo recuerda su madre, María Elena Zepeda. “Le gustaba estudiar, era un buen alumno, pero nos robaron su sueño al asesinarlo”, repite.

Lo define como un chavalo alegre, que sacaba buenas calificaciones y al que sus amigos le apodaban “El Gastón”. Recuerda que le gustaba jugar béisbol y cursaba quinto año de secundaria en el Colegio Politécnico de Chinandega. 

Ella se percató que su hijo “andaba metido en algo” (en las manifestaciones de 2018) cuando lo observó cantar canciones de protesta. 

“Yo lo oía que le gustaban las canciones de las marchas y vi que él se fue integrando (…) no me decía nada porque sabía que, a mí, como a cualquier otra madre, me daba miedo”, explica en un video del Museo AMA y No Olvida de las Madres de Abril.

Desde el 23 de mayo de 2018 su hijo se incorporó en las marchas organizadas en Chinandega y empezó a sufrir persecución de policías que lo acosaban en motos y patrullas hasta en su vivienda. Pero eso no lo detuvo. “Quería un país libre”, insiste María Elena. 

Recuerda que ese ese 30 de mayo de 2018 salió de su casa alrededor de las 7:30 de la mañana para integrarse a la marcha de protesta convocada en solidaridad con las madres de los jóvenes asesinados por la represión estatal en su ciudad. 

En Chinandega, igual que en otros departamentos del país, la marcha fue atacada por la Policía Nacional y grupos de choque afines al Gobierno. De acuerdo al informe del GIEI, “Juan Alejandro recibió el impacto de un proyectil de arma de fuego en su cabeza”. 

“Fue trasladado en motocicleta hasta el Hospital España donde ingresó pasada la medianoche y murió poco después, siendo aproximadamente a las 03:30 de la madrugada del 31 de mayo”, refiere el documento elaborado por los expertos independientes del GIEI de la CIDH. 

Aunque la Policía indicó que el joven asesinado habría fallecido, junto a otras personas frente a la Alcaldía de Chinandega cuando “grupos de delincuentes” atacaron ese edificio. Sin embargo, los relatos de familiares indican que él estaba participando en la protesta cuando fue herido cerca de la Clínica Amocsa, cuando fue arrastrado y golpeado por efectivos policiales.

Nidia Hernández Almendárez, hermana de Rudy Antonio Hernández Almendárez

Nidia Hernández Almendárez, hermana de Rudy Antonio Hernández Almendárez

Rudy Antonio Hernández Almendárez no estaba de acuerdo con la brutal represión del Gobierno de Daniel Ortega contra las manifestaciones iniciadas en abril de 2018. Desde entonces, andaba una bandera de Nicaragua en el triciclo en el que se ganaba la vida haciendo acarreos. Así lo recuerda su hermana, Nidia Hernández Almendárez.

“Desde que él caminaba su bandera azul y blanco, a él lo andaban en la mira. Los vecinos lo amenazaban, le decían que le iban a quemar el triciclo”, menciona Nidia en “AMA y Construye la Memoria. Libro Arte Interactivo”, publicado por la Asociación Madres de Abril y el “Museo AMA y No Olvida”.

Desde pequeño su hermano empezó a trabajar en un carretón y después se dedicó a trabajar en el triciclo en el que acarreaba maletas, bolsos y pasajeros.  

El 30 de mayo, a las 11:40 de la noche, Rudy ingresó fallecido al Hospital España en Chinandega, de acuerdo al informe del GIEI. En el listado de personas fallecidas entregado por el Estado de Nicaragua a la CIDH se indica que las heridas que presentó fueron producidas por “múltiples charneles en el tórax”. Sin embargo, en el relato publicado por el diario La Prensa se indicó que su cuerpo presentaba “perdigones de escopeta en el hombro izquierdo y en el tórax”. 

En un video grabado por el oficialista Canal 8, Lucía Margarita Almendárez, madre de Rudy, cuenta que su hijo fue herido tras acercarse circunstancialmente al lugar donde había enfrentamientos. En su testimonio afirma que su asesinato no es culpa de Daniel Ortega, aunque tampoco responsabiliza a los “grupos de delincuentes” a los que culpó la Policía de su asesinato. 

“En este caso, la falta de información y la escasez de fuentes alternativas han impedido determinar en mayor medida las circunstancias de la muerte”, reitera el informe del GIEI. 

Pero su hermana, que participó en la marcha, recuerda que la protesta fue reprimida por policías y por la Juventud Sandinista (JS) que se atrincheraron en la Alcaldía de Chinandega “porque los muchachos los habían hecho retroceder a pedradas”.

“Esta fue una masacre que hizo el Gobierno contra jóvenes que andaban desarmados, solo andaban piedras y huleras.  Ellos tiraron a matar porque todos los muertos tienen disparos certeros”, expresa Nidia Hernández Almendárez, hermana de Rudy.

Ella pide justicia por ese crimen que dejó en orfandad a sus tres sobrinos a los que su hermano les había prometido mudarse a Terrabona, Matagalpa, junto a su madre, Luciana Aguinaga, para construirles una casa.

Felipe Salcedo, padre de Darwin Salcedo Vílchez

Darwin Salcedo Vílchez

La familia de Darwin Salcedo Vílchez, originario de San Juan del Río Coco, prácticamente no dio declaraciones a medios de comunicación. El único que habló fue su padre Felipe Salcedo, aparentemente sandinista, quien relató al oficialista El 19 Digital que el joven de 18 años no era estudiante y trabajaba en el Taller de Torno Iván en Estelí, de donde había salido la noche del 30 de mayo de 2018 con dirección a su residencia cuando fue impactado por una bala. 

El medio de propaganda indica que su padre relató que el joven falleció el 1 de junio en el hospital San Juan de Dios de Estelí luego de que “fue accidentalmente impactado por arma de fuego en la cabeza el 30 de mayo en los enfrentamientos ocurridos en esa ciudad”. 

El relato recogido por el diario La Prensa señala que la causa directa de su muerte fue “por disfunción del tallo encefálico producto de una herida provocada por una bala de rifle calibre 22 que le penetró el cráneo”. El joven originario de Madriz vivía en el barrio Óscar Turcios, en Estelí.

El informe del GIE recuerda que ese Día de las Madres “se suscitaron enfrentamientos entre personas apostadas en el tranque instalado sobre la carretera Panamericana Norte kilómetro 124 (Municipio La Trinidad – Estelí) y efectivos policiales e integrantes de la caravana de personas simpatizantes del partido de Gobierno que pretendían desalojarles para cruzar por ese lugar hacia Managua” con la finalidad de participar del acto oficialista que se celebraría en la capital. 

“Como se indicó en este informe, es altamente probable que quienes se encontraban en el tranque o los pobladores que les apoyaron hubieren utilizado armas de fuego durante esos incidentes”, advierte el GIEI. 

Los expertos del GIE aclaran que pidieron una reunión con la familia de Darwin y mayor información al Estado sobre esta y otras muertes, pero “nunca obtuvo respuesta. 

“La falta de información y la escasez de fuentes alternativas han impedido determinar en mayor medida las circunstancias de la muerte”, explican en su informe.

Mirna Ríos, abuela de Dariel Steven Gutiérrez Ríos

60 días de angustia y dolor vivió la familia de Dariel Steven Gutiérrez Ríos, joven de 20 años que recibió el impacto de un proyectil de arma de fuego en la cabeza el 30 de mayo de 2018 y falleció el 31 de julio del mismo año. 

Su madre, una militante sandinista no identificada, culpó a través del oficialista Canal 4 “a la banda terrorista de La Trinidad” por el asesinato de su hijo. Su abuela, Mirna Ríos, exvicealcaldesa del FSLN en Jalapa fue el rostro más visible en la demanda de justicia por su asesinato. Ella fue quién llegó a retirar su cuerpo al Instituto de Medicina Legal. 

Según el relato familiar, recogido también en el informe del GIEI, Dariel integraba la caravana sandinista cuando “se suscitaron enfrentamientos entre personas apostadas en el tranque instalado sobre la carretera Panamericana Norte kilómetro 124 (Municipio La Trinidad – Estelí) y efectivos policiales e integrantes de la caravana de personas simpatizantes del partido de Gobierno que pretendían desalojarles para cruzar por ese lugar hacia Managua” con la finalidad de participar del acto oficialista que se celebraría en la capital. 

“Existen elementos para pensar que los disparos recibidos por la víctima provinieron de las personas apostadas en el tranque. Sin embargo, pese a que en reiteradas ocasiones el GIEI solicitó información al Estado sobre las muertes producidas dentro del período de su mandato y sobre las investigaciones respectivas, nunca obtuvo respuesta, lo que dificulta precisar en mayor medida las circunstancias de la muerte”, refiere el informe. 

Sin embargo, el Movimiento 19 de Abril de Estelí publicó el 31 de mayo de 2019 un video en el que se puede ver al joven en una caravana opositora con la misma ropa del día que recibió el certero disparo gritando: “¡Que vivan los estudiantes!”

Ellos alegan que el joven se había sumado a las marchas contra el Gobierno de Ortega. 

Su entierro fue un masivo acto en el que participaron decenas de militantes sandinistas. La emisora ABC Stereo de Estelí relató que Dariel era muy reconocido en Jalapa porque formó parte del voluntariado de la Cruz Roja de esa localidad. 

Jairo Antonio Osorio Raudales, asesinado en Jalapa

Jairo Antonio Osorio Raudales

Jairo Antonio Osorio Raudales tenía 39 años. Originario de Teocacinte, Jalapa. Trabajaba como agricultor y padre de un niño de diez años. Su historia y el nombre de su familia es desconocido. 

Un año después de su asesinato su madre y familia participaron en un acto organizado por el FSLN, según fotos del portal Las Segovias en Noticias, pero no hay ningún testimonio de sus declaraciones. 

El 30 de mayo de 2018, de acuerdo al informe del GIEI, Jairo fue asesinado cuando “se suscitaron enfrentamientos entre personas apostadas en el tranque instalado sobre la carretera Panamericana Norte kilómetro 124 (Municipio La Trinidad – Estelí) y efectivos policiales e integrantes de la caravana de personas simpatizantes del partido de Gobierno que pretendían desalojarles para cruzar por ese lugar hacia Managua” con la finalidad de participar del acto oficialista que se celebraría en la capital. 

“Jairo Antonio, quien integraba la caravana, recibió el impacto de un disparo de arma de fuego en el tórax. Aproximadamente a las 1:00 de la tarde llegó al Hospital San Juan de Dios (Estelí), ya fallecido”, según el informe del GIEI.

La Policía Nacional informó en una nota de prensa que ese día 16 policías y 31 personas resultaron heridas ese 30 de mayo de 2018, culpando a “sujetos encapuchados”.

El informe del GIEI menciona que “existen elementos para pensar que los disparos recibidos por la víctima provinieron de las personas apostadas en el tranque”. 

“Sin embargo, pese a que en reiteradas ocasiones el GIEI solicitó información al Estado sobre las muertes producidas dentro del período de su mandato y sobre las investigaciones respectivas, nunca obtuvo respuesta, lo que dificulta precisar en mayor medida las circunstancias de la muerte”, señala el documento. 

Tampoco pudieron concretar una reunión con la familia de Jairo Antonio, al igual que la de otras víctimas.

Aura Blandón, madre de Dodanim Castilblanco Blandón

Su mirada es el reflejo del dolor que sigue vigente. Aura Blandón Ortiz describe —en un video publicado en el Museo de la Memoria de AMA— como el momento más “horrible” de su vida ocurrió el 30 de mayo de 2018, fecha en la que tuvo que reconocer el cuerpo de su hijo Dodanim Castilblanco Blandón, asesinado de un impacto de bala en el tórax cuando participaba de la Marcha de las Madres en Estelí.

Castilblanco Blandón —que participaba de las protestas sociales contra el régimen de Daniel Ortega desde abril de 2018— tenía 26 años y cursaba el tercer año de ingeniería agroindustrial en la UNI-Norte, con sede en Estelí, cuando fue asesinado. 

El GIEI explica que Dodanim recibió “un disparo de arma de fuego en el tórax frente a la Ferretería Monterrosa”, luego que el grupo de manifestantes, que circulaba por la zona de la Dirección General de Ingresos (DGI) de Estelí, fue “atacado por grupos de choque armados que salieron desde ese edificio público”.

Contrario a esto, la versión oficial de la Policía del régimen de Ortega indica que Dodanim, junto a otras personas, murió cuando “sujetos encapuchados” atacaron las instalaciones de la DGI, la alcaldía y comercios aledaños.

La familia del joven señala como responsables del asesinato de su pariente a “personas armadas, exguerrilleros, representantes de la Juventud Sandinista y otras que estaban fuertemente armadas, con armas de potencia, que emboscaron” a los manifestantes.

Destacan —en entrevista con TeleNorte— que Dodanim “no era un vago como dice la vicepresidenta (Rosario Murillo)” y fue asesinado por manifestarse. 

Los parientes del joven siguen exigiendo “justicia”, aunque han afirmado que no confían en las autoridades del Poder Judicial de Nicaragua. 

Tras el asesinato, la familia de Dodanim lo recuerda como un hombre dedicado al cuido de sus dos hijos menores de edad; apasionado por el taekwondo en el que fue ganador de múltiples medallas a nivel centroamericano; y un gran trabajador y emprendedor, pues se la pasaba innovando en el campo de su carrera para salir adelante económicamente.

En los recuerdos de su madre, Dodanim siempre será ese buen hijo que “siempre decía la verdad, que no le gustaba la violencia y que luchó por la justicia”.

Sara Amelia López, madre de Cruz Alberto Obregón López

Sara Amelia López, madre de Cruz Alberto Obregón López

Una llamada anunció la desgracia. Sara Amelia López, madre del manifestante Cruz Alberto Obregón López, se encontraba la noche del 30 de mayo de 2018 en Costa Rica, cuando recibió una llamada de su hija Emy Obregón, que le informó que había sido asesinado de varios impactos de bala en su tórax, cuello y espalda.

“Tenía días de sentir mucha tristeza por lo que estaba ocurriendo en Nicaragua… sin saber que el 30 de mayo (de 2018) me tocaría recibir esa noticia tan dura, que me habían quitado a mi hijo menor (de 23 años) en esas circunstancias”, lamentó López en una entrevista con Radio ABC Stereo .

El GIEI señala que “grupos paramilitares”, que habrían sido convocados por las autoridades de la Alcaldía de Estelí, fueron quienes “atacaron” a los “manifestantes que participaban de la Marcha de las Madres” que se realizó en ese municipio, misma a la que Cruz había asistido en horas de la tarde.

Los expertos detallan que Cruz, a eso de las 7:45 de la noche, “cuando se encontraba a media cuadra de la plaza Domingo Gadea, en la puerta del local Western Union, recibió el impacto de múltiples proyectiles, la mayoría de ellos en su tórax”.

Luego de ser herido, el joven fue trasladado en motocicleta hasta un puesto de paramédicos de la Cruz Roja y, posteriormente, al Hospital Adventista de Estelí, donde falleció a las 08:20 de la noche.

La mujer afirma que, desde que su hijo fue asesinado, es “es como si una parte de mí también se fue al cementerio”. 

Sara Amelia describe a “Crucito” —como le llamaban de “cariño”— como una persona inteligente, estudiosa y trabajadora, que tenía un futuro brillante por delante, ya que estudiaba dos carreras: Ingeniería Civil e Ingeniería en Energía Renovable. 

Resalta que, aunque su hijo simpatizaba con el Frente Sandinista, pues toda la familia paterna es militante y se le inculcó el amor por la Revolución, Cruz cambió su percepción del partido rojo y negro por la represión que fue desplegada desde abril de 2018, sumado al asesinato de su amigo y compañero de facultad Orlando Francisco Pérez.

“La muerte de Orlando le dolió mucho… y se integró más a las marchas”, comenta su madre.

López apunta que después de la muerte de su hijo se han convertido en “perseguidos” y son “asediados” por patrullas policiales y civiles motorizados. Sin embargo, espera que “algún día” la muerte de hijo obtenga “justicia”. 

Thelma López, hermana de Mauricio Ramón López Toruño

Familiares en el entierro de Mauricio Ramón López Toruño. // Foto: Meridiano Informativo Estelí -Nicaragua

El nombre de la madre de Mauricio Ramón López Toruño, asesinado el 30 de mayo de 2018, no figuró en ningún medio de comunicación. La voz que llevaba toda declaración sobre su muerte fue la de su hermana Thelma Lucía López Toruño, que negó rotundamente —ante medios oficialistas— que su pariente estuviera participando de las manifestaciones contra el régimen de Daniel Ortega, que se realizaron en Estelí. 

Los medios de propaganda del régimen Ortega-Murillo indicaron, a través de un reporte en Radio Ya, que Mauricio Ramón recibió un impacto de bala “en la cabeza”. Además, destacaron que la hermana de la víctima afirmó que “al momento de ser asesinado su hermano no participaba en ninguna protesta o enfrentamiento, tampoco era estudiante, sino una persona que se ganaba la vida trabajando para el sostén de su familia”.

El GIEI detalla que Mauricio Ramón, de 42 años, recibió “un disparo de un arma de fuego” y fue “asistido” en el Hospital San Juan de Dios de Estelí. Sin embargo, falleció durante la intervención quirúrgica a las 10:30 de la noche.

Los expertos explican que, desde la mañana del 30 de mayo de 2018, “una caravana de simpatizantes oficialistas” intentó desmantelar el tranque instalado en La Trinidad, Estelí, pero una parte de estos no logró cruzar rumbo a Managua y “se dirigió hacia la ciudad de Estelí, donde se les unieron paramilitares que habrían sido convocados por el alcalde de la ciudad”. 

Señalan que —en la tarde del 30 de mayo de 2018— los manifestantes que participaban de la “Marcha de las Madres”, que inició a las 04:00 de la tarde en la ciudad de Estelí, “fueron atacados por esos grupos”.

El cuerpo de Mauricio Ramón fue sepultado en el cementerio municipal San Francisco de Asís de Estelí. Además, refiere que su familia lo describe y recordará como una “persona trabajadora, jovial, alegre y popular”.

Thelma manifestó —en el reporte oficialista— que “toda la familia y amistades no asimilan el crimen”. La mujer señala como perpetradores del asesinato de su pariente a “vándalos” que lo atacaron cuando “regresaba de vender productos en compañía del conductor de una camioneta, que también resultó herido de bala”.

No obstante, los expertos del GIEI lamentan que en el caso de Mauricio Ramón “la falta de información y la escasez de fuentes alternativas han impedido determinar en mayor medida las circunstancias de la muerte”.

José Manuel Quintero, asesinado en Estelí

La historia de cómo sucedió la muerte de José Manuel Quintero aún no ha sido contada. No se conoce el nombre de su madre o el de algún pariente, el número de balas que ocasionaron su muerte, la parte de su cuerpo en la que fue impactado, si era un manifestante más que protestaba contra el régimen de Daniel Ortega o si la familia continúa exigiendo justicia.

El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) refiere, en su informe divulgado en diciembre de 2018, que José Manuel Quintero fue asesinado a sus 28 años en Estelí.

Los expertos, aunque no dan detalles de qué ocasionó la muerte, indican que Quintero llegó fallecido, el 30 de mayo de 2018, al Hospital San Juan de Dios de Estelí.

“La Comisión de la Verdad, Justicia y Reparación (creada por la Asamblea Nacional de mayoría Sandinista) vincula su muerte con el contexto de protesta social, ubicándola en el Tranque la Trinidad, sin mayores precisiones”, reseña el informe del GIEI.

De acuerdo con el informe del GIEI, el 30 de mayo de 2018 en el departamento de Estelí “tuvieron lugar dos conflictos, en los que se registró el uso de armas de fuego y violencia”.

Detallan que tanto en el tranque instalado sobre la ruta Panamericana Norte, exactamente en el kilómetro 124 del municipio La Trinidad, como durante la Marcha de las Madres que se realizó en la ciudad de Estelí, hubo actos vinculados a “ataques” dirigidos por personas “paramilitares” y “grupos de choque” afines al régimen de Daniel Ortega.

El GIEI denuncia que pese a haber solicitado información al Estado de Nicaragua sobre “las muertes producidas dentro del período de su mandato y sobre las investigaciones respectivas, nunca obtuvo respuesta”.

En el caso de Quintero, destacan, “la falta de información y la escasez de fuentes alternativas han impedido determinar en mayor medida las circunstancias de la muerte”.

Candelaria Díaz, madre de Carlos Manuel Vásquez Díaz

Horas previas al asesinato de su hijo, Candelaria Díaz logró escuchar la voz de Carlos Manuel Vásquez Díaz. Relata, en un video publicado por el Museo de la Memoria de AMA, que su hijo le avisó que estaba de camino al barrio Monimbó, Masaya, para visitarla ese 30 de mayo de 2018, en ocasión del Día de las Madres. Sin embargo, un impacto de bala en el tórax no le permitió llegar.

“Me llamó temprano y me dijo: mamá, felicidades… te quiero mucho… ahí llego en la noche. En la noche, me llama otra vez y me dice que ya viene para la casa, pero se dieron las 10:30 de la noche y no llegaba”, relata.

El Grupo Internacional de Expertos Independientes (GIEI) explica que ese 30 de mayo de 2018 en Masaya “se produjeron diversos incidentes en el contexto de las protestas enmarcadas en la denominada Marcha de las Madres, entre las fuerzas de la Policía Nacional, grupos de choque afines al Gobierno y manifestantes”.

Detalla que “la madrugada del día 31 de mayo Carlos Manuel fue trasladado por la Cruz Roja al Hospital Humberto Alvarado, donde llegó sin vida a las 12:15 (de la mañana).  Tenía un impacto por arma de fuego en el tórax”.

La madre recuerda que cuando se enteró de la muerte de su hijo salió a buscarlo a “La Placita” de Monimbó, donde le dijeron que estaba siendo atendido por un grupo de manifestantes que habían improvisado un puesto médico. Sin embargo, cuando ella llegó el joven ya había sido trasladado al hospital.

“Jamás imaginé la tragedia con la que me iba a encontrar… pensaba que le habían dado en una pierna, en un brazo… pero en el hospital solo duré cinco minutos cuando salió un doctor a decir que ya no había nada qué hacer por él, que ya estaba fallecido”, lamenta la madre.

Tras la muerte de Carlos Manuel, Candelaria se enteró que el joven se quedó apoyando la resistencia de la población cuando se dirigía a visitarla.

“Vio a los muchachos que estaban en la lucha y él se quedó”, comenta.

La madre afirma que su hijo, asesinado a sus 28 años, ahora es recordado como un hombre valiente, trabajador y dedicado a sus dos hijas. A tres años de su asesinato, ella sigue exigiendo justicia para “que su muerte no quede en la impunidad”.

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