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La Rebelión de Abril hoy: “El pueblo sigue despierto y exige un cambio”

En abril de 2018, Nicaragua “despertó” contra tiranía orteguista, pero solamente con democracia y justicia logrará transformarse en una nueva república

“¡Gerald Vázquez!”, gritaba con todas sus fuerzas Susana López, encabezando el cortejo fúnebre de su hijo asesinado por paramilitares la madrugada del 14 de julio de 2018. “¡Presente!”, le respondían los estudiantes durante el recorrido de más de cinco kilómetros desde el barrio La Morita hasta el cementerio de Las Sierritas, en Managua.

La madre no lloraba y su fortaleza sorprendió. Su voz y su mirada estaban cargadas de coraje y dolor. ¡El Chino, presente! ¡Él era estudiante, no era delincuente!”, repetía.

Una bala en la cabeza acabó con la vida de Gerald. Un tiro hecho por alguno de los paramilitares que ejecutaban la llamada “Operación Limpieza”, ordenada por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo contra barrios y ciudades y los estudiantes atrincherados en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua). Aquellas fueron 17 horas continuas de un ataque violento contra los jóvenes que dejaron la universidad para resguardarse en la parroquia Divina Misericordia, donde fueron sitiados y atacados la noche del 13 de julio de 2018.

Desde entonces, el dolor invade a Susana, y a su duelo le han seguido el desempleo, hostigamiento, asedio, exilio, hambre y rabia de aún no encontrar justicia por el asesinato de Gerald. También tuvo que separarse de sus otros cuatro hijos, y por eso la han criticado. Pero asegura que no se arrepiente ni por un segundo de reclamar justicia y sostiene que no ha perdido la esperanza.

Desde la Asociación Madres de Abril (AMA), que reúne a familiares de los asesinados por la matanza orteguista, Susana se ha destacado como uno de los rostros más visibles en la lucha por la búsqueda de justicia. “No hemos perdido la esperanza y el norte”, reitera.

“No es para quedar en una silla presidencial”

El 18 de abril de 2018, el rumbo de Nicaragua cambió para siempre. La brutal represión y matanza que el régimen Ortega-Murillo ordenó contra la población que empezó a manifestarse –primero contra las reformas al Seguro Social, y luego por las demandas de justicia, libertad y democracia– provocó muerte, dolor, desempleo, cárcel, separación de familias e impotencia. Pero también necesidad de justicia, de memoria y un verdadero cambio para Nicaragua.

“En su momento quisieron comprarme, dándome una casa. Mi hijo no era un delincuente, él era estudiante y nunca me quedé callada, porque lo que yo necesito es justicia. Eso es lo que exigimos las Madres de Abril”, sostiene Susana. Ante el constante asedio, la madre decidió exiliarse en Costa Rica. “Ellos creían que de esa forma nos iban a doblegar y olvidarnos, pero se equivocaron”, declara tajante.

Entierro estudiante UNAN
Susana López, demanda justicia al frente del entierro de su hijo Gerald Vásquez, asesinado durante el ataque paramilitar contra la UNAN-Managua y la parroquia Divina Misericordia, a mediados de julio de 2018. Carlos Herrera | CONFIDENCIAL.

A pesar del estado policial y el encarcelamiento de defensores, estudiantes, empresarios, campesinos, líderes políticos y sociales, para Susana el pueblo de Nicaragua “está despierto”.

“Nuestra lucha no empezó para quedar en una silla presidencial, va más allá de eso, es una demanda de justicia por nuestros hijos y un cambio radical para el futuro de Nicaragua”, afirma. Susana considera injusto “tener que andar huyendo” sin haber hecho nada. “Los que me hicieron un daño irreparable fueron ellos, porque no me van devolver a mi hijo que este año cumpliría 24 años”, insiste.

“Logramos desenmascarar a un régimen criminal”

El exreo político Edwin Carcache afirma que es inmenso el costo pagado por los jóvenes, tras encabezar las protestas cívicas iniciadas en abril de 2018. Muchos siguen escondiéndose, otros están presos y otros –como él– han tenido que exiliarse.

En su caso, aún sufre las secuelas de los momentos de tortura vividos durante los nueve meses que estuvo encarcelado por la dictadura. Sin embargo, afirma que volvería a hacerlo todo de nuevo.

“No me arrepiento de nada, porque desenmascaramos a un régimen abusador, a empresarios que comparten con ellos, a funcionarios corruptos como se los dije en cada uno de los interrogatorios que viví”, dice.

Para Carcache, aunque el régimen tenga a los liderazgos políticos y sociales encerrados, “tendría que encerrar a todo el país para apagar el espíritu de la Rebelión de Abril”.

“Hicimos las cosas bien. No optamos por el camino violento que ellos preferían. Optamos por practicar la paz, buscar el diálogo, cuando ellos solo ofrecieron violencia. Hemos sido ejemplo mundial de una rebelión cívica contra una tiranía del terror”, valora.

Para lograr un cambio verdadero y sanar heridas, Carcache piensa que deben existir procesos de justicia. “No puede haber un borrón y cuenta”, insiste.

“Nada puede seguir igual en Nicaragua”

La exrea de conciencia y líder estudiantil, Yaritza Mairena, hoy forma parte de la Unión de Presas y Presos Políticos de Nicaragua (UPPN) que trabaja en la sistematización de las múltiples violaciones del régimen en los encarcelamientos arbitrarios cometidos.

Yaritza fue expulsada de la UNAN-Managua y no pudo culminar su carrera de Ciencias Políticas. Solamente le faltaban cinco clases para graduarse, pero en estos cuatro años aprendió más que lo que había aprendido en las aulas.

“He podido conocer vivencias, experiencias… y en sí la realidad de mi país”, reflexiona.

Mairena detalla que una de las grandes lecciones de la Rebelión de Abril es que la sociedad nicaragüense “se dio cuenta que no podemos seguir con el sistema corrupto que tenemos”.

“No es solo una dictadura, sino la corrupción institucionalizada y la falta de democracia plena en el país”, menciona. Pero admite que la cultura política “ha sido impedimento para lograr una coalición real que permita un frente unido contra la dictadura”.

“Estamos acostumbrados a liderazgos autoritarios y a mucha desconfianza de los intereses de las demás personas, pero a la vez se ha empezado a dar pasos en la búsqueda de justicia, tan necesaria”, afirma Yaritza, también exiliada.

Fue un “campanazo”, pero “el futuro es preocupante”

En cuatro años, la situación en Nicaragua se ha deteriorado y “se nos fue de las manos hacia un rumbo autoritario muy peligroso”, opina el académico y ex rector universitario, Ernesto Medina, quien participó en los fallidos intentos de Diálogo Nacional con el régimen Ortega-Murillo en 2018 y 2019.

“No tenemos claro el futuro, es lo más preocupante”, estima. Para Medina, la Rebelión de Abril nunca fue una lucha política por sacar a nadie del poder. “Fue un despertar provocado por los errores del régimen, porque ellos creían que tenían todo controlado y el pueblo venía viendo que estábamos lejos de ser un país perfecto”, señala.

Pero Medina considera que la Rebelión de Abril fue solo “el campanazo”, porque “el despertar del pueblo está por venir”.

“La ciudadanía le dijo al régimen que no puede seguir haciendo lo que le da la gana, pero también se lo dijo a sí misma. Lo que está por venir debe abrir las puertas para una democracia de verdad”, reflexiona.

espíritu de abril, elecciones 2021 en Nicaragua
La marcha multitudinaria del 23 de abril de 2018 que se dirigió espontáneamente a la Upoli. El “árbol de la vida” que se ve al final, fue derribado por la noche. Confidencial | Carlos Herrera

Medina agrega que también “la oposición debe reconocer los errores que ha cometido por cultura política de repetir las formas del pasado, el caudillismo, querer ser el chavalo de la política. No lo hemos superado y ojalá que eso lo podamos cambiar pronto”.

Para poder dar “pasos en serio, para encontrar mecanismos de trabajo y definir acciones que le den esperanza al pueblo de Nicaragua” todos los sectores, incluyendo los empresarios, “deben asumir una posición más digna”, señala.

Medina insiste que en gran medida la Rebelión de Abril no logró sacar a Ortega y Murillo del poder porque mandaron a reprimir y matar bajo la orden de “vamos con todo”, pero también porque la protesta ciudadana surgió de manera espontánea sin ningún liderazgo y sin intención política. “Prueba de eso es que las marchas fueron en otra ruta y ninguna fue hacia El Carmen (la residencia de la pareja gobernante)”, argumenta.

El académico considera que los ciudadanos pensaron “románticamente que, con protestas, Ortega se iría del poder, pero después de las marchas no pasaba más, cada uno se iba a su casa después”.

Sin embargo, valora que Ortega “quedó condenado a estar en el poder a punta de bayoneta y balas”.

“Se han perdido muchas libertades”

Dos exilios, en cuatro años, ha vivido la periodista matagalpina Martha Irene Sánchez. “Pareciera corto tiempo, pero han pasado demasiadas cosas que nos envuelven en duelo, tristeza, en desesperanza. Hemos perdido mucho en términos de libertades públicas, además de la pérdida de vidas de muchos nicaragüenses”, manifiesta.

Martha Irene se vio obligada a salir por seguridad y para buscar una mejor posibilidad de continuar informando. Por eso fundó, junto a otros colegas, el portal digital República 18.

Recuerda haber visto en las marchas de Matagalpa a personas que nunca se habían involucrado en nada. “Hoy veo a una ciudadanía más activa, más solidaria”, detalla.

Miles recorren las calles de Matagalpa en peregrinación convocada por la Iglesia Católica. Foto: Elmer Rivas

Sánchez estima que, aunque el régimen se ha encargado de “imposibilitar un cambio inmediato” a través de la represión, “hay expresiones visibles de la gente resistiendo”.

“Ha habido algunas lecciones, por ejemplo, mujeres protestando en Bluefields, levantamiento de pobladores del Norte por la cancelación de organizaciones tan cercanas a ellos”, recuerda.

“Es una de las dictaduras más crueles del mundo”

El defensor del Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca+, Juan Carlos Arce, tiene “sentimientos encontrados” al hablar de la Rebelión de Abril. Por un lado, ve un retroceso enorme en el país porque “la población vive bajo un estado policial terrible y se han vivido cuatro años de crueldad, de prácticas de tortura como política terrorista de Estado”, pero también siente “orgullo” de que “no han podido acallar las voces y de que los nicas estamos encaminándonos a construir el país que nos merecemos”.

“En nuestra historia ha habido alrededor de 52 amnistías para promover el borrón y cuenta nueva, pero esta vez el pueblo sabe que quiere justicia, memoria y no repetición”, insiste.

Arce apunta que la población ha documentado todas las violaciones de “una de las dictaduras más crueles del mundo” que ha fallado al querer “aniquilar cualquier sentimiento de protesta”.

Un sociólogo, que por seguridad pidió omitir su nombre, asegura que Nicaragua está viviendo “una fase de deterioro progresivo” que ha provocado un éxodo masivo de ciudadanos.

“Muchas violaciones ya se cometían antes de 2018, pero muchos estaban dormidos, unos comprados, otros participando de la fiesta a saco lleno y muchos otros consiguiendo un empleo, pero callados casi todos. La Rebelión de Abril le arrancó la careta al ogro filantrópico que se dedicaba a repartir láminas de zinc, a construir un parque, poner wifi gratis, mientras desmantelaba la institucionalidad”, precisa.

Valora que no se logró sacar a Ortega y Murillo del poder porque dieron muestra “que habían decidido aplastar la rebelión con sangre, sin importar que en vez de 355 hubieran sido 700 o más los asesinados”.

“Muestra de ello es que dispararon a matar para provocar un pánico profundo. No hubo balas desperdiciadas, sabían lo que hacían”, explica.

“Nicaragua nunca volverá a ser igual”

Haydée Castillo, defensora de derechos humanos y presidenta del Movimiento Nicaragüenses en el Mundo fundado en el exilio, tiene un sentimiento de frustración porque percibe que “estamos enfrentando un régimen que está aferrado totalmente al poder y que en estos cuatro años ha ido hundiendo al país, haciéndolo cada vez más inviable”.

Sin embargo, cree que la Rebelión de Abril marcará la historia de Nicaragua porque “es la primera vez que el pueblo se une sin distingo de nada, en una rebelión cívica y pacífica en torno a su bandera azul y blanco”.

“Nicaragua nunca volverá a ser igual y ha llegado el momento de dar un salto en la cultura política del país, en el sentido que las élites económicas y políticas nos entregan un país en saldo rojo, pero el pueblo no quiere volver a vivir estas situaciones nunca más”, anota Castillo.

Pacto EE UU con Nicaragua

Aunque admite que hay mucha desesperanza, estima que el pueblo “sigue despierto” y cita “la gesta silenciosa del 7 de noviembre de 2021, cuando el pueblo se quedó en su casa sin salir a votar en una elección fraudulenta”.

“Nicaragua cobró conciencia de que sin justicia, no hay democracia, libertad, ni paz sostenida posible”, asegura.

Sin embargo, sabe que la cultura política prebendaria “subsiste también en las filas azul y blanco”. “Es difícil y nos está costando dejar ese lastre, de competir en lugar de cooperar. De reconocer que todos tenemos un lugar, dejar el protagonismo, el caudillismo, pero se está venciendo”, reflexiona.

“El sistema político de los Ortega-Murillo ya no tiene viabilidad, ya murió. Es un monstruo que está en los últimos tiempos, que se niega a morir, que sigue haciendo daño, pero que no puede con un pueblo valiente”, expresa Castillo.

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