Nación

Ileana Lacayo: una vida dedicada al periodismo y la defensa de los derechos humanos

Bluefields despidió a la periodista, activista, pero sobre todo a la amiga que ayudó a todas las personas que se cruzaron en su camino

Ileana Lacayo fue enterrada junto a su hija que murió de ocho meses hace 22 años. Fue uno de sus últimos deseos. Volver a abrazarla por la eternidad. A su entierro llegaron familiares, amigos, colegas periodistas y ciudadanos de Bluefields que quisieron rendirle tributo a una mujer que se dedicó a defender los derechos humanos desde el periodismo. 

Nació en Bluefields en 1975. Desde pequeña mostró su gran capacidad para defender a las demás personas y ya desde los cinco años mostraba aptitudes para la comunicación, recuerda su prima Ana María Martínez. 

Sus primeros pasos en la comunicación fueron en la Radio Zinica cuando todavía era una niña. Tuvo su primera oportunidad de trabajar en una radio infantil y a sus 14 años logró locutar su primer noticiero, según dijo la misma Lacayo en su cuenta de Twitter cuando celebró sus 24 años de ejercer la profesión en marzo de 2020. 

Lacayo no se graduó en comunicación en Nicaragua. Persiguiendo su sueño se fue hacia México donde logró sacar su licenciatura y cuando regresó a Bluefields, logró hacer que se abriera la primera carrera de periodismo que, hasta la fecha, se imparte en la Universidad de las Regiones de la Costa Caribe Nicaragüense (URACCAN).

Apoyo a jóvenes periodistas

Pero durante su carrera también logró encaminar a muchos jóvenes en el periodismo, dando charlas, talleres o simplemente hablando de su vida y su profesión. En sus primeros días, alentaba a otros jóvenes a involucrarse en la comunicación explicándoles cómo podían tener más confianza en sí mismos a la hora de hablar en radio o televisión. 

Experiencia le sobraba, porque también fue corresponsal del Canal 2 de televisión, cuando estaba en manos de Octavio Sacasa y transmitía sus reportes en el noticiero Tv Noticias. Durante esos años de corresponsalía fue que conoció a Martha Irene Sánchez, periodista que reportaba los hechos desde Matagalpa para el mismo noticiero. 

“Nos conocemos desde hace más de 15 años. Coincidimos siendo parte del equipo de corresponsales de Canal 2. Y desde entonces me acuerdo que siempre, con la -chelanegra-, siempre estuvimos reclamando porque las voces fuera de Managua, de los departamentos y las Regiones Autónomas se escucharan”, recuerda Sánchez. 

En su carrera periodística hizo colaboraciones con diferentes medios de comunicación, desde 100% Noticias, CONFIDENCIAL, fue corresponsal de La Prensa en Bluefields y hacía piezas periodísticas para cuanto medio se necesitara. 

A pesar que las dos amigas habían perdido contacto físico tras la venta de Canal 2, seguían comunicándose y volvieron a coincidir en abril de 2018, en medio de la rebelión cívica. A Ileana la noche del 21 de abril de 2018 la marcó cuando asesinaron a su colega y amigo, Ángel Gahona, mientras realizaba una transmisión en Facebook Live de las protestas.

Lacayo levantó la voz tras el asesinato y de inmediato señaló directamente al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo de haber causado la muerte del periodista, y pagó caro el grito de justicia que hizo por él. 

Acoso, persecución y exilio 

Tras haber dado declaraciones a diferentes medios de comunicación por lo ocurrido esa noche de abril, a Lacayo la empezaron a querer involucrar en la muerte del periodista. Los simpatizantes del régimen en las redes sociales la señalaban de haber “incitado al odio”, lo que, según ellos, posteriormente habría llevado al asesinato. 

La Policía incluso llegó a seguirla a todos lados y a apostarse en su casa o la vivienda de su mamá, según denunció la misma Lacayo durante el programa Esta Noche en junio de 2018. 

“Los medios oficiales dijeron que a Ángel lo habían matado las personas que estaban manifestándose. Mientras que en Bluefields, me tildaron a mí con nombre y apellido de la persona responsable de los disturbios y del asesinato de Ángel”, dijo Lacayo en el programa. 

Martínez recuerda la preocupación que tuvo Lacayo en ese entonces. Se sentía insegura en su propio pueblo y el temor fue mayor cuando la misma Policía irrumpió en su casa y ella tomó la decisión de exiliarse en Costa Rica. 

Su prima, Ana María Martínez, recuerda que a Lacayo la escondieron en la parte trasera de un vehículo como si fuera equipaje para poderla sacar de la ciudad cuando se filtró una lista de personas que supuestamente serían detenidas por la Policía tras la muerte de Gahona. 

Así la encaminaron por la carretera. Lacayo llegó a Costa Rica y su drama, para entonces, todavía no había terminado. Durante un tiempo, recuerda Sánchez, estuvo posando con familiares, alquilando locales para quedarse, hasta que un día el dueño de uno de los cuartos la corrió y no le permitió quedarse más en el lugar. 

“En Costa Rica pasó momentos difíciles porque ella no podía trabajar, ella dependía de algún apoyo. Nunca dejó de haber gente que le brindara la mano. Ella pasó todas las situaciones del exiliado: momentos tristes, la soledad y hasta escasez.”, recuerda Martínez. 

Ese cuarto, donde ella se quedaba, también servía de refugio para todos aquellos periodistas que se fueron al exilio durante los momentos en que el régimen desató la represión más cruda.

La periodista Ilena Lacayo, junto a los poster y arreglos florales en honor a Ángel Gahona (asesinado en 2018) y Sergio León, quien falleció por covid-19 hace un año. Cortesía | Confidencial

A pesar de todas las situaciones que vivía, Lacayo le daba ánimo a los demás periodistas. Logró encontrar oportunidades de capacitación que sirvieron para que todos aquellos que habían trabajado en medios tradicionales pudieran hacer la transición a medios digitales. 

Pero también les advertía, recuerda Sánchez, que para poder informar a la población, los periodistas debían estar en una situación “un poco mejor”, que la del resto de ciudadanos que eran perseguidos y por ello también buscó apoyo psicosocial para todos los periodistas exiliados. 

Lacayo junto a Sánchez empezaron a buscar a los demás periodistas que habían salido de Nicaragua para proteger sus vidas, los agruparon y fundaron el capítulo de Periodistas y Comunicadores Independientes de Nicaragua (PCIN), que funcionaba, esencialmente, en Costa Rica y apoyaba a todos los colegas de Lacayo que estaban allá. 

“Ella nunca lo quiso contar, no por pena, sino porque decía que había gente que la había pasado peor, pero a ella la corrieron de donde vivió y en ese momento no tenía dinero para rentarse otro espacio. La amenazaron con echarle la Policía en Costa Rica porque el señor no le daba chance para quedarse con sus cosas. Había días que no tenía para comer y le daba pena pedir ayuda, pero cuando ella tenía se sacaba la comida de la boca para darle a los colegas que necesitaban”, relata Sánchez. 

Regresa a Nicaragua por sus padres 

Durante más de un año Lacayo vivió en el exilio en Costa Rica. Su primer intento de regresar fue en noviembre de 2019, cuando un grupo de periodistas volvió a Nicaragua, pero el temor de lo que pudiera pasar no la dejó hacer el viaje con el resto. 

Un mes más tarde regresó motivada porque quería estar con su mamá y su papá, dos ancianos enfermos que la esperaban en Bluefields. 

“Su mamá es una señora de avanzada edad, diabética, hipertensa con problemas cardíacos y un día dijo ella que no valía la pena estarse escondiendo y no pasar el tiempo con su mamá y que no quería un día no estar para vivir sus últimos momentos con ella”, recuerda Martínez. 

A su regreso siguió haciendo el mismo trabajo periodístico, levantando su voz en contra de los atropellos que el régimen hacía en contra de la ciudadanía y desarrollando proyectos que le ayudarían a capacitar a más periodistas de la Costa Caribe. 

Fue hasta que regresó a Bluefields que pudo retomar sus estudios universitarios de abogacía, los mismos que le servirían para defender a quienes el régimen encarcelaba injustamente. Ese era uno de sus planes.

Pero también quería hacer justicia en aquellos casos donde todavía se pide que se encuentre un culpable, como el de su sobrina, quien fue violada en Venezuela en 2011, un año después de haber viajado al país para estudiar medicina en la Escuela Latinoamericana de Medicina. 

Dentro de dos meses, en junio, se graduaría de abogada, había sido un largo camino que se vio pausado por un año de exilio y la persecución del régimen en su contra. Estaba tan cerca de terminar su segunda carrera y tan contenta también.

Acoso policial vela Ileana Lacayo
Policía acosa a familiares y amigos de Ileana Lacayo durante su vela. Foto: Cortesía/Ana María Martínez.

“Vieja, no me quiero morir”

Lacayo llevaba varios meses enferma, dijo su prima Ana María Martínez. “Ella me dijo: vieja, no me quiero morir. Yo le dije no te me vas a morir, vamos a dar la lucha”, recuerda entre lágrimas. 

Lacayo había estado resguardada en su casa y aislada de casi todas las actividades periodísticas desde el inicio de la pandemia de la covid-19, por temor a enfermarse. Sin embargo, junto a otros colegas viajó a la Isla de Ometepe para dar un taller de atención psicosocial. Las sospechas son que ahí pudo haberse contagiado. 

Según Martínez, es difícil  no asociar los síntomas que ella tenía a la covid, más aún, cuando una de esas personas del viaje le dijo que se había contagiado de la enfermedad lo que hizo que Lacayo entrara en pánico, pues había tenido tanto cuidado durante los últimos meses para no contagiarse. 

La otra persona que había presentado síntomas relacionados a la covid-19 fue su amiga, Martha Irene Sánchez, que no ha podido confirmar la enfermedad dado que el Ministerio de Salud mantiene centralizadas las pruebas. 

“Cuando regresamos el lunes yo empecé a presentar síntomas como dolor en articulaciones,  tos seca, fiebres, pérdida del olfato e inmediatamente lo relacioné al virus e hice saber a Ileana y ella a su vez lo comentó con el grupo para que estuviéramos atentos si alguien más presentaba síntomas.  Y fue Ileana quien al día siguiente dijo que estaba presentando mis mismos síntomas.  Sugerimos aislarnos y hacernos exámenes privados”, dijo Sánchez. 

Por las sospechas, el médico de Sánchez le recomendó tratamiento contra el covid, mientras que, a Lacayo, su médico, quien era del Hospital Ernesto Sequeira Blanco de Bluefields, no le dio ningún tratamiento y descartó que padeciera de la enfermedad. 

En el acta entregada por el Minsa a los familiares, además de enumerar los padecimientos crónicos de Lacayo, también se trató como si padeciera de neumonía atípica, el mismo cuadro con el que se ha tratado a muchos de los pacientes que han fallecido por la covid-19. 

Su condición se deterioró rápidamente, recuerdan Sánchez y Martínez. Pero no fue hasta que su saturación de oxígeno bajó al 70% que Lacayo decidió ir al hospital. Allí empezaron a tratarla y como se estaba complicando decidieron que la intubarían, pero no aguantó. 

El 29 de abril se conoció la noticia y los titulares de los medios independientes del país dieron a conocer la tragedia: Fallece la periodista Ileana Lacayo con síntomas asociados a covid-19. 

Acoso policial en entierro 

La Policía del régimen la había acosado en vida, y eso no cambió cuando murió. Durante su vela de cuerpo no presente en casa de su prima, la Policía asedió el lugar según relata Martínez, a pesar que el hermano de Lacayo había ido personalmente a pedir permiso al jefe policial de Bluefields para que les permitieran cerrar la calle esa noche para la vela. 

“Había un policía vestido de civil tomando fotos. Cuando una de las periodistas lo enfrentó se escondió. Hoy en la mañana me levanté a poner los arreglos florales afuera y estaba la patrulla y estaba un vehículo de la Policía parqueado y han estado así”, dijo Martínez quien agregó que incluso los siguieron hasta las inmediaciones de la Iglesia donde realizaron parte de las honras fúnebres. 

Entierro Ileana Lacayo. Foto: Kalúa Salazar

El último viaje de Ileana Lacayo 

Ileana Lacayo tenía 46 años, la misma edad que su prima Ana María Martínez, solo cumplían con algunos meses de diferencia. En julio estaría cumpliendo los 47 años y hace unos meses hizo la propuesta de que, entre ambas ahorraran dinero para que, a sus 50 años, emprendieran un viaje sin rumbo. 

La idea de las dos mujeres era “llegar hasta donde el dinero nos de”, y luego regresar a Bluefields para seguir con sus vidas. 

“Ella no va a estar para ese viaje. Quiero hacerlo yo sola, porque no hay nadie que pueda sustituir la compañía de Ileana”, llora Martínez. 

El último viaje de Ileana Lacayo lo tuvo que emprender abrazada de los restos de su hija que murió hace 22 años. Además de su familia, la llora su hija adoptiva que logró llegar desde Costa Rica. 

“Estoy llegando de Costa Rica, la pude ver por última vez”, dijo a CONFIDENCIAL, pero se excusó de dar declaraciones porque se encontraba cansada. 


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