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Gobierno impone un “apagón informativo”

Ya ni siquiera cumplen con el censo de población requerido por ley. Funides: "No podemos incentivar el cambio, si no lo podemos medir"

Hace un año, representantes de quince instituciones del gobierno se reunieron para validar el formulario que el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide), usaría para recolectar los datos de la Encuesta de Medición de Nivel de Vida (EMNV-2014), a realizarse con el financiamiento y asistencia técnica del Banco Mundial.

Fue, tal vez, la última noticia que se tuvo de esa encuesta, hasta que ayer a última hora el Banco Central anunció que presentará hoy los resultados en una conferencia de prensa. Tampoco se sabe qué pasó con los resultados de la Encuesta Continua de Hogares (ECH). Ni con el Censo Nacional Agropecuario (Cenagro). Ni con el Censo General de Población, que según la Ley, tiene que levantarse cada década, en años que terminen en 5.

“El último se hizo en 2005, y es obvio que ya no se va a hacer el del 2015, y con eso, se perdería algo muy importante en estadística, que es mantener los plazos estables para poder comparar unas encuestas con otras, y para poder hacer comparaciones internacionales”, explica Juan Sebastián Chamorro, Director Ejecutivo de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides).

El economista Adolfo Acevedo amplía la lista de informes que están ‘desaparecidos’, al recordar que “este es el año establecido para saber si se cumplieron las Metas de Desarrollo del Milenio, lo que habría requerido la publicación de la EMNV que supuestamente se realizó en 2014, para ver todos los indicadores de pobreza e ingresos”.

“También se habría tenido que tener a mano los indicadores educativos, para conocer el cumplimiento de las metas en materia de educación. Hasta el 2012, año en que se cayó fuertemente la matrícula, se publicaban los datos de la matrícula escolar. A partir del 2013 dejó de publicarse el dato”, recordó.

“Todos los indicadores de educación se dejaron de publicar. Todos”, insistió.

Acevedo dijo que “la Cepal también propuso una serie de indicadores de seguimiento de la calidad del empleo, porque gran parte del ingreso de los pobres depende de un puesto de trabajo. Hay que medir el empleo, el sub empleo, la calidad del empleo, el empleo formal, pero se dejó de publicar la ECH, que se especializaba en empleo. La última vez que se publicó fue en el cuarto trimestre del 2012. En este momento deberían estar publicando las bases de datos de la ECH del tercer trimestre del 2014, y los de la EMNV del 2014, pero están desconociendo el decreto presidencial que ordenaba su publicación”.

Otras instituciones que se habrían sumado al ‘apagón informativo oficial’ son el Ministerio de Salud, que “cesó por completo la publicación de datos. Ineter, que publicaba información valiosa en términos geológicos, hidrológicos. El Ministerio de Economía, que cada mes publicaba el mejor informe de comercio exterior. El sistema de información ambiental, donde había información muy importante por cuenca hidrográfica, evolución de indicadores. Todo eso desapareció”.

Cumplir… ¿solo a la fuerza?

Cada vez que un empleado público deja de entregar la información que posee, además de incumplir su deber como funcionario, está frenando el análisis de la realidad, lo que es determinante para proponer soluciones.

“No entendemos por qué este retraso en la publicación de la información, pero es algo que ciertamente es problemático, porque como decimos en Funides, no podemos incentivar el cambio en algo si no lo podemos medir. Es fundamental medir las cosas para poder incidir sobre ellas”, señala el Director de Funides.

Para Néstor Avendaño, Presidente de Consultores para el Desarrollo Económico y Social, (Copades), la “conducta anómala” de los servidores públicos le lleva a asegurar que “mientras no publiquen, demuestran que los resultados cuestionan el discurso oficial”.

“Es muy penoso que un servidor público reciba presión internacional para divulgar la información, como ocurrió con los resultados de la quinta edición de la EMNV 2009, cuando la representante del BID, Mirna Liévano, exigió directamente al Secretario de Políticas Públicas, Paúl Oquist, que publicara las bases de datos, como condición para desembolsar US$40 millones atados a programas y proyectos del sector público”, rememoró.

En diciembre del 2011, la entonces representante Liévano, dijo que resultaba “imposible diseñar una nueva estrategia o un programa de acción a corto y mediano plazo si no hay información estadística actualizada sobre sectores como educación, salud, agua potable, saneamiento, etc.”. En ese momento, las cifras oficiales disponibles correspondían a la Encuesta de Hogares sobre Medición del Nivel de Vida de 2005.

“Ningún programa se puede diseñar adecuadamente si no hay cifras sobre cuáles son las brechas y las carencias entre la población. Por otra parte, nuestros recursos (crediticios) son limitados, por ello debemos enfocarnos en aquellas zonas del país más vulnerables que presentan mayores brechas y sin esa información se nos hace difícil identificarlas”, explicó. “No sólo es importante que la tenga el BID para el desarrollo de sus proyectos, sino también la sociedad en general, para que conozca cómo evoluciona el país”, añadió.

Cuatro años después, el problema se repite, sólo que agravado, porque si en el 2011 lo que se exigía era que presentaran las bases de datos para poder corroborar que los resultados presentados eran fieles a las respuestas de los encuestados, en el 2015 no están disponibles los resultados de la encuesta, ni las bases de datos en base a las cuales se elabora.

En realidad, ni siquiera se sabe si la encuesta se efectuó.

Seis años de atraso

Mantener esa información en secreto dificultará el análisis de los problemas más importantes del país. El formulario de la EMNV-2014 preguntaría sobre el hogar, vivienda, actividad agropecuaria, migración, salud, educación, actividad económica, y gastos e ingresos del hogar. Pretendía conocer la situación de pobreza (general o extrema) de los hogares, así como consumo, ingreso, necesidades básicas insatisfechas, determinantes de la pobreza, y perfil de los hogares pobres.

Para el economista Néstor Avendaño es inadmisible que no se ofrezca esa información al país, y pretender que el análisis continúe con datos antiguos, “porque estaríamos hablando de 2009, que es el último año del que se tienen datos. De hecho, ese es el dato que ofrecemos cuando nos preguntan por los datos de pobreza”, admite.

Por su parte, Gloria Carrión Fonseca, Investigadora del Fideg, recuerda que las encuestas “normalmente miden periodos específicos, y por eso es muy importante poder actualizar esos datos. Si la EMNV ya está hecha, la necesitaríamos para poder actualizar los análisis, como instituto independiente que somos, así como para comparar con nuestras propias encuestas”.

Para Chamorro, del Funides, es importante tener ‘datos frescos’, si se quiere “tener una medición clara de dónde está fallando la atención de algún servicio médico en particular, que esté elevando la mortalidad infantil, la materna, la desnutrición, el abandono escolar. Todas estas cosas, al recoger esta información de los territorios, se convierten en insumos básicos para retroalimentarse en la política social, y fortalecer los territorios donde se están dando esos problemas”.

El economista dijo que Funides detectó que Rio San Juan, las dos regiones autónomas y Jinotega, “tienen indicadores sociales que son estadísticamente diferentes a los del resto del país: la mortalidad y la deserción escolar son mayores, mientras que las tasas de cobertura son menores. Esto tiene sentido: son los lugares de más difícil acceso, menor densidad poblacional, donde cuesta mucho llevar a la población la política pública, social”.

Aunque un gobierno o un centro de pensamiento puede seguir trabajando con datos de las encuestas anteriores, Chamorro recuerda que el resultado sería más bien una visión congelada hasta ese momento del tiempo. “Te permite tener un poco las tendencias, pero hasta la fecha de esa última encuesta”.

“Algunas variables no cambian tan radicalmente, de tal forma que todavía se pueden hacer algunas aproximaciones, además que no toda la información está ausente. Tenemos la información del Presupuesto anual, que se desglosa bien por territorio, por departamento, por ministerio. Tenemos el Plan de Inversión Pública, que se publica, de tal manera que no es que todo no esté disponible”, admitió.

Chamorro insiste en que desconocen las razones por las que no se han publicado los resultados de las encuestas., aunque también reconoce que “algunas instituciones (no gubernamentales) han seguido trabajando por su cuenta, como Fideg, que ha seguido haciendo encuestas de nivel de vida”, las que han servido para darle algún tipo de seguimiento a la evolución de la pobreza.

“Ahora más bien estamos dependiendo de ese tipo de estudios, que son individuales, privados, y no de cifras oficiales”, lamentó.


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