Emergencia Coronavirus

Familia de nicas exiliados lucha por sobrevivir a la covid-19 en Costa Rica

Pareja y sus dos hijos huyeron de Nicaragua para resguardar sus vidas y cuando por fin se estabilizaron en una patria ajena, llegó la pandemia

Aldo Peña reunió todas sus fuerzas para llegar al Hospital Max Peralta, ubicado en Cartago, Costa Rica. El hombre de 41 años, quien llegó a ese país junto a su esposa y sus dos hijos en 2018, huyendo de la violencia política de Nicaragua, no tuvo más opción que llevarse una silla plástica de su casa para sentarse cada vez que le faltara el aire al dar unos cuantos pasos.

Caminaba un par de metros y se sentaba. Volvía a ponerse en pie y paraba, narra su esposa, Alejandra Úbeda, de 38 años, que al igual que sus hijos convalecía por la covid-19. Ella lo acompañó en lo que entonces parecía una eternidad o un calvario, según quien lo vea. Para ese momento, el cuerpo de Aldo estaba tan débil y fatigado, que ni siquiera podía hablar, pues llevaba una semana con tos, diarrea y calentura.

Un par de días atrás, Aldo fue trasladado en ambulancia a ese mismo hospital porque ya le costaba respirar; pero después de unas horas lo regresaron a su casa con 20 paracetamol y un jarabe para la tos, que tuvo que compartir con su familia ante la falta de un seguro médico para todos. Sin embargo, ese miércoles, 09 de junio de 2021, que llegó al hospital por su propio pie, después que le negaron el servicio de ambulancia, su salud empeoró tanto que no hubo otra opción que dejarlo internado.

“A él lo llevamos al Hospital Max Peralta, pero de allí me trasladaron al Hospital de Pavas. De todo eso me di cuenta porque me escribió por celular. ¿Cómo hizo? Solo Dios sabe. Pero como fue empeorando lo volvieron a trasladar a otro hospital, que es donde está ahorita. Allí nos dijeron que daban 12 horas para valorar si había que intubarlo o no”, explica su esposa, quien omitió el nombre del hospital para no exponerlo.

Este martes, Aldo cumple 20 días desde que fue internado en la sala de cuidados intensivos de un hospital de Costa Rica. No está intubado, pero sí necesita oxigenación. Su familia, que a diario ora por su salud, solo lo ha visto a través de unas cuantas videollamadas que el personal médico logra hacerle. Mientras, en casa enfrentan su propia recuperación, el encierro por la pandemia y el día a día ante la ausencia del único miembro de la familia que conservaba su puesto de trabajo.

Captura de pantalla de la videollamada que tuvo Alejandra con su esposo Aldo, desde la UCI en donde se encuentra. Cortesía | Confidencial

Pandemia agudiza exilio

La vida de Aldo y su familia cambió completamente después de las protestas de 2018. Antes de eso vivían con comodidades, tenían un negocio de servicios de transporte, sus hijos estudiaban en buenos colegios y jamás habían pasado hambre. Sin embargo, cuando las protestas y el descontento social por la gestión del presidente Daniel Ortega se extendieron por todo el país, ellos no fueron indiferentes.

“Mi esposo se suma a las protestas el 11 de mayo de 2018, que inició el primer tranque en Matagalpa. Como teníamos nuestro negocio, él se encapuchaba; trabajaba de día y por las noches se unía a los tranques. Colaboramos en las primeras marchas”, recuerda su esposa Alejandra, quien es tía de la expresa política, Solange Centeno, una de las primeras arrestadas de Matagalpa.

Tras varias semanas de protestas y de represión, la familia Peña Úbeda comenzó a recibir amenazas. En las redes sociales comenzó a circular la imagen de ellos donde los señalaban de golpistas. Los acusaban de torturar personas y en alguna ocasión las turbas ingresaron a su casa para robar sus bienes. Las amenazas se volvieron tan recurrentes que no tuvieron otra opción que dejarlo todo para comenzar de cero en otro país.

“A nosotros nos siguieron motorizados. Nos llamaban para decirnos que no saliéramos porque nos iba a pasar lo mismo que la familia del Carlos Marx (seis miembros de una familia murieron carbonizados en junio de 2018). Nos acusaron de vender droga, de ser torturadores. Así que tuvimos que irnos. Mi esposo fue el primero en que salió”, explica Alejandra.

Aldo llegó a Costa Rica el 11 de julio de 2018. Viajó por vereda y con poco o nada de dinero. Su esposa y sus hijos se quedaron en Nicaragua solicitando pasaportes para hacer el viaje de forma legal. Mientras él se las arregló como pudo para esperarlos en San José.

“El vivió casi un mes y algo en el parque La Merced. Yo no podía mandarle dinero porque aquí no te permiten una identificación nicaragüense y como se vino por veredas no tenía pasaporte. Fue hasta que mis hijos y yo llegamos, el 14 de agosto, que alquilamos un apartamento pequeño, donde no teníamos nada. Donde mis hijos después de tenerlo todo, dormían en el suelo”, dice.

Las limitaciones eran tantas, que a veces el dinero solo les alcanzaba para un tiempo de comida y para moverse por la ciudad caminaban porque no tenían para pagar el pasaje del autobús.

“Antes de la pandemia yo había logrado conseguir trabajo en una tienda. Era solo por la temporada de octubre a diciembre, pero le gustó mi trabajo y me ofrecieron quedarme. El 23 de marzo (de 2020) que se cierran todos los mall, yo me quedo sin trabajar”, señala.

Al perder su trabajo, Alejandra también perdió su seguro médico. El único ingreso fijo que recibían era el del trabajo de su esposo. Sin embargo, este también era a medias porque le redujeron el salario. Para ayudarse, ella comenzó a vender comida típica nicaragüense de forma ambulante, pero con la imposición de la cuarentena también se vio afectada.

“A mis hijos les fue arrebatada su vida, y ahora con la pandemia han sido revictimizados. No es que seamos pobrecitos, los nicaragüenses somos personas que sabemos luchar, pero ¿Cómo en medio de una pandemia?; la gente ni siquiera te va a dejar entrar a su casa. Y no se lo deseo ni al diablo, es espantoso”, cuenta.

Aunque ella y su esposo cumplían con los requisitos para aplicar al “Bono Proteger”, una ayuda económica que brinda el Gobierno de Costa Rica a familias afectadas por la pandemia, nunca fueron beneficiados. Tampoco, fueron incluidos en el Seguro ACNUR.

“Nosotros en 2020 creíamos que ya íbamos a avanzar porque sinceramente es terrible subsistir aquí. Son demasiado amplias las brechas. Nos enfermamos de estrés, mi esposo resultó hipertenso de tanto estrés, yo que tenía una enfermedad vascular se me acrecentó. Pero vino la pandemia”, lamenta.

Les negaron la vacuna

De toda la familia, Aldo fue la primera persona en presentar los síntomas de la covid-19. Su esposa piensa que él se contagió en su trabajo. Inició el 29 de mayo con dolor en el cuerpo y después fue empeorando. El lunes 31, se hizo la prueba y al día siguiente le confirmaron el diagnóstico. Una semana atrás a ellos les negaron la vacuna.

“Aquí ya se estaba vacunando a las personas de 18 a 58 años y la semana anterior, a mí me negaron el acceso a una cita médica porque no estaba asegurada, ese mismo día yo rectifique si nos podían vacunar, les dejé claro que éramos personas con enfermedades de riesgo y que necesitábamos ser vacunados, pero no nos vacunaron”, relata la nicaragüense.

Desde que Aldo se enfermó gravemente de la covid-19, su cuerpo ha sido muy afectado. Según le explican los médicos a su esposa, por los medicamentos tiene afectaciones en sus riñones y también desarrolló diabetes y volvió a tener episodios de asma, que no padecía desde su infancia.

—¿Cómo están usted y sus hijos?, — le pregunto vía telefónica.

— En casa, haciéndonos té. Ayudándonos entre nosotros mismos porque no queda de otra. ¿Quién más nos iba a hacer algo en un país donde no tenés nada? … Y sabés qué es lo difícil, ver cómo un exiliado en las mismas condiciones ayuda a otro  y otros con mejores condiciones no.

—¿Ha conocido casos de otros exiliados contagiados?

Casi todas las personas que conocemos ahorita han estado infectadas. Esta semana son siete personas que conozco que están infectadas, igual sin nada, sin recibir medicamentos.

— ¿Solo los graves reciben medicamentos?

—Sí, y los que tiene seguro. Dicen que atienden a todos, pero aquí te enfrentás a la voluntad del funcionario. No en todos lados te atienden igual.

Desde abril de 2021, Costa Rica vive una alta ola de contagios de covid-19. Los casos diarios superaron a los 2000, un número sin precedentes para el país, y las camas de Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) tenían alcanzaron una ocupación casi total. De los 355 620 casos positivos reportados hasta el 22 de junio, 39 852  son de ciudadanos extranjeros. No se precisan datos de cuántos son nicaragüenses.

***Desde que Aldo Peña enfermó y fue hospitalizado, la situación económica de su familia se vio afectada porque los gastos por la enfermedad incrementaron y no han podido recibir el sueldo que ganaba, pues es un trámite personal. Si desea ayudarlos puede enviar una donación a la cuenta Simpe Móvil número 64161307.**

 



Tu apoyo es imprescindible

En este momento clave para la historia de Nicaragua, acceder a información confiable es más importante que nunca. Es por eso que, en CONFIDENCIAL, hemos mantenido nuestra cobertura noticiosa libre y gratuita para todos, sin muros de pago. Este compromiso con la ciudadanía no sería posible sin el respaldo de nuestros lectores. Por ello, te invitamos a apoyar nuestra labor uniéndote a nuestro Programa de Membresía o haciendo una donación. Al convertirte en miembro, recibirás productos exclusivos como eBooks, boletines especializados y archivos digitales históricos. Como donante, te enviaremos un reporte anual sobre cómo invertimos tu aporte económico. Gracias, de antemano, por formar parte de este esfuerzo colectivo para informar a toda nuestra comunidad.

 


Más en Emergencia Coronavirus

Share via
Send this to a friend