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Dos de cuatro vacunas prometidas por el Gobierno no revelan su eficacia

Gobierno sigue callando detalles sobre plan de inmunización que, según su promesa, cubrirá a más de tres millones de nicaragüenses

Dos de las cuatro vacunas contra la covid-19, prometidas por el Gobierno de Daniel Ortega para comenzar la inmunización de 3.5 millones de personas en Nicaragua, aún no revelan los resultados de su fase tres. Se tratan de la vacuna rusa Sputnik V y la vacuna india Covaxin, de las que –al pendiente de estos resultados– aún falta información concluyente sobre qué tan eficaces y seguras pueden ser.

La vacuna rusa Sputnik V se aplica en dos dosis: la vacuna A y la vacuna B, con intervalo de 21 días, y se puede almacenar a menos de 20 grados centígrados, según el epidemiólogo Leonel Argüello, miembro del Comité Científico Multidisciplinario (CCM) que estudia de forma independiente la pandemia en Nicaragua. Esta vacuna, agregó, está dirigida a una población de 18 a 59 años, debido a que mientras no se terminen los estudios, no se puede aplicar a personas mayores de 60 años ni tampoco a embarazadas.

El especialista lamentó que sobre esta vacuna aún “no se comparte información científica de la fase tres” y por tanto “no sabemos qué está pasando”.

Argentina es uno de los primeros países de América Latina donde ya se comenzó a inocular a la población con la vacuna rusa. Sin embargo, tampoco el Ministerio de Salud en ese país tiene detalles concluyentes. Hasta el pasado 30 de diciembre, las autoridades sanitarias argentinas reportaban 317 “eventos adversos” posteriores a la aplicación de 32 013 dosis de la vacuna Sputnik V. Algunos de esos síntomas fueron fiebre, cefalea o mialgias.

La vacuna rusa promete una eficacia del 91.4%, según su fabricante: el Centro Nacional Gamaleya de Epidemiología y Microbiología. Sin embargo, los especialistas nicaragüenses sostienen las dudas por la falta de información científica sobre los resultados de la última etapa de la vacuna.

“Hasta que no tengamos suficiente información científica que sea pública, y que esperemos a que vacunen más argentinos para ver qué sucede, podemos estar más tranquilo”, afirmó Argüello.

La promesa del régimen con las vacunas

La vicepresidenta y vocera del régimen, Rosario Murillo, prometió este 13 de enero que el Gobierno adquirirá más de 7.46 millones de dosis para la vacunación de 3.73 millones de nicaragüenses. Las tres vacunas ya confirmadas son la Sputnik V, de origen ruso, y Moderna y Oxford-AstraZeneca, de fabricación estadounidense. Una cuarta mencionada corresponde a la vacuna india Covaxin, de la compañía Bharat Biotech, que según Murillo fue propuesta para su comercialización, tras lo que calificó como una “generosa oferta de donación”.

Esta no es la primera vez que el Gobierno promete adquirir vacunas contra la covid-19. En agosto de 2020, Murillo también afirmó que Nicaragua produciría la vacuna Sputnik V, a través de la fábrica Mechnikov, ubicada en Managua. Sin embargo, fue hasta esta semana que Murillo volvió a referirse a la inmunización.

Según Murillo, se adquirirán: 3.8 millones de dosis de la vacuna Sputnik V, 1.5 millones de Moderna, y 2.16 millones de Oxford-AstraZeneca.

Covaxin, la vacuna india

La otra vacuna contra la covid-19 que llegaría a Nicaragua, primero mediante una donación de India, es la vacuna Covaxin. Sin embargo, según el registro de iniciativas de vacunas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta se encuentra en la etapa tres de elaboración y tampoco se conocen sus resultados finales.

Argüello explicó que las investigaciones sobre Covaxin han referido que se dirige a grupos de 12 a 65 años, mediante dos dosis con 28 días de diferencia. “Dicen que es segura y que tiene eficacia alta, pero yo todavía no he leído ninguna documentación que me diga qué tan segura y qué porcentaje de eficacia tiene”, expresó.

En India, se aprobó su aplicación a principios de este año, pero generó posiciones encontradas, pues mientras las autoridades sostienen que es segura, los expertos critican la necesidad de pruebas que soporten su eficacia.

El infectólogo nicaragüense Carlos Quant es más optimista. El médico afirma que todas las vacunas son seguras, y argumenta que, hasta ahora, la eficacia ha sido alta en todas, incluida la vacuna rusa. A su juicio, “los efectos siempre son más locales, y eso da una garantía que son vacunas bastante seguras, hasta ahora”.

Sin embargo, el epidemiólogo Rafael Amador reitera que no conocer información transparente sobre la eficacia de las vacunas, significa que “estás vacunando, pero no vas a tener a la población inmunizada adecuadamente”.

“Estás creando una falsa sensación de protección, que a lo mejor no lo estás logrando porque no sabés cuál es tu porcentaje de eficacia, y después de eso, los efectos secundarios no han sido reportados. No se sabe qué problemas puede encontrarse, a lo mejor, no encontrás ninguno, pero es como jugar a la ruleta rusa”, comparó.

Para el especialista, aunque las vacunas sean donadas –como Covaxin–, “no se debería poner una vacuna de la que no se tenga la información objetiva, transparente y clara”. “No se debería de usar”, recomendó.

Plan de vacunas contra covid-19 en el limbo

Los especialistas nicaragüenses coincidieron en destacar la capacidad de gestión del Ministerio de Salud en las jornadas de inmunización, con las que han superado la cobertura de un 70% de la población.

Esta experiencia podría ser un factor a favor de la inmunización total de la población nicaragüense contra la covid-19. Sin embargo, para el infectólogo Carlos Quant, la actual situación depende de muchas variables, empezando porque es una urgencia.

“Estamos atrasados, otros países ya comenzaron, las vacunas vienen supuestamente en marzo”, resumió. El especialista sugiere crear una infraestructura y una organización que garantice la prioridad de vacunas para los trabajadores sanitarios, las personas mayores de 60 años y las personas con enfermedades crónicas.

“Eso requiere un esfuerzo bastante extraordinario, pero creo que depende muchísimo de la voluntad política que tenga el Gobierno, de comenzar a hacer este tipo de jornada de vacunación masiva, sin distingo de ninguna especie, política, por ejemplo; sin sesgo y sin favorecer a sectores de la población, que esto se ha visto, no como una práctica generalizada, sino algunas fallas que se han cometido en algunos países también”, advritió.

Amador, por su parte, observa que la experiencia de Nicaragua en las jornadas de vacunación ha cubierto a una población menor en un mayor período de tiempo, es decir sin la urgencia de hacer frente a una pandemia. Además, se limita al alcance de los servicios de salud, que cubren poblaciones urbanas y semiurbanas, pero es más limitada en comunidades indígenas y rurales.

“¿Hasta dónde se tiene identificado, hasta dónde tenemos los censos bien definidos, y bien establecidos?”, increpa el epidemiólogo. En su opinión, uno de los retos para el sistema de salud será “tratar de garantizar esa información para priorizar a la población más urgente”.

Igualmente, Argüello agrega que el plan de vacunación deberá conocerse públicamente, entre otras razones, porque se contaría con varias vacunas, cada una con sus cualidades, coberturas y efectos, y por tanto no se pueden mezclar.

 



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