deudas por covid-19, endeudados por la pandemia

Endeudados por la pandemia: Enfermarse de covid-19 fue el inicio de un calvario financiero

Toparon tarjetas de crédito, prestaron a familiares, buscaron solidaridad en redes… y meses después aún tienen deudas acumuladas

Al enfermar de covid-19, “Rafael” y su esposa “Raquel” enfrentaron dos luchas a la vez: él, desde una cama de terapia intensiva, resistiendo los síntomas de la enfermedad, y su esposa, afuera, endeudándose para cubrir los costos de su hospitalización privada, que sumó más de 7000 dólares en la primera semana.

El matrimonio de profesionales entrado en los 50 años, dueños de un negocio, con hijos en la universidad y deudas acumuladas, intentaron sortear la covid-19 de “Rafael” desde casa, pero la enfermedad avanzó y tuvo que hospitalizarse.

La desconfianza en el sistema sanitario público –cuestionado por su manejo de la pandemia– los motivó a optar por ingresar a “Rafael” en un hospital privado.

"Rafael" estuvo más de tres semanas hospitalizado por covid-19. Luego de varios meses recuperado, aún tiene una deuda de 63 000 dólares por los gastos médicos.

“También te queda una deuda moral”

A finales de agosto de 2021, la casa del odontólogo James Toruño Gordon se convirtió en un “hospitalito”. Su mamá, Catalina Gordon, de 55 años, y su abuelita, Frances Moses, de 90, se contagiaron de covid-19 con unas semanas de diferencia. James pensó en ingresar a su mamá a un hospital privado para evitar complicaciones por la enfermedad, y trasladar a su abuelita a otra casa para que no se infectara –porque creía que estaba sana–, pero ninguno de los dos planes funcionó. 

El depósito que exigía el hospital para ingresar a su mamá era demasiado: 30 000 dólares, asegura James. Atendieron a su madre en casa, pero pronto, el nivel de saturación de Catalina empezó a disminuir y requirió oxígeno. 

La familia desistió, desde el principio, de acudir a un hospital público, porque no querían vivir la angustia de estar lejos de ella, y soportar la espera eterna de una llamada diaria para conocer su evolución médica. Eso los hubiera matado. 

Prestaron y alquilaron tanques de oxígeno, consultaron a médicos y especialistas privados, y buscaron los costosos medicamentos. En la semana más crítica, James calcula que gastó unos 1000 dólares por día. “Es bastante difícil, la ansiedad de ver al paciente y el dinero que necesitás” reflexiona. 

Los gastos rebasaron su economía familiar de clase media, pese a que además contaba con el apoyo de familiares en el extranjero. Además, la situación empeoró cuando se confirmó que la abuelita Frances estaba contagiada, y el diagnóstico coincidió con la escalada de contagios y fallecidos por la segunda ola de la pandemia, por lo que tuvieron problemas para poder hospitalizarla.

Con ayuda de familiares y amigos, a diario “Raquel” pagaba 4000, 3500, 3000 o 2000 dólares. La cantidad dependía del consumo de medicamentos y exámenes realizados. Las sumas minaban sus bolsillos, pero la familia estaba dispuesta a darlo todo para que “Rafael” sobreviviera.

–“No ha pagado ni ayer ni hoy”– le dijo un trabajador del hospital a “Raquel”, en una ocasión que no alcanzó a juntar la cuota dos días consecutivos.

La deuda comenzó a crecer a diario, y luego de más de tres semanas en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), “Raquel” topó las tarjetas de crédito de varios de sus parientes, que encontraron en ese medio la única forma de ayudar. También recibieron transferencias de amistades en el extranjero y de la población en general, que se solidarizó con su caso, difundido a través de redes sociales. Sin embargo, aún arrastran una deuda de 63 000 dólares, que equivalen a más de dos millones de córdobas.

Aunque nadie más enfermó en la familia, el matrimonio carga con una deuda que califican de “exorbitante”. “No somos millonarios. Buscamos el pan de cada día”, aclara “Rafael”, ahora recuperado. Sin embargo, estima que un hospital público hubiera fallecido, como muchos otros “muertos por covid que no sabemos”.

Cuando su madre y abuelita enfermaron de covid-19, el odontólogo James Toruño Gordon y su familia usaron tarjetas de crédito y recurrieron a la solidaridad a través de una cuenta de GoFundMe, pero aún deben aproximadamente 8000 dólares.

En el Hospital Fernando Vélez Páiz la admitieron por dos horas, la estabilizaron y la dejaron volver a casa. Estuvo dos días en su hogar, pero la tuvieron que ingresar al Hospital Alemán Nicaragüense, de referencia nacional para pacientes con covid-19, y al tercer día, el 6 de septiembre, Frances falleció. 

La familia, originaria de Puerto Cabezas, en el Caribe Norte, tuvo que incinerarla y cruzar el país para llevar sus cenizas a su tierra natal. Con ello, sumaron 2500 dólares en gastos funerarios.

La familia usó tarjetas de crédito y recurrió a la solidaridad a través de una cuenta de GoFundMe, pero aún deben aproximadamente 8000 dólares.

James también reflexiona que, “más que deuda económica, te queda una deuda moral”, pues incluso los médicos que atendieron a su mamá y su abuelita le dieron la oportunidad de pagar cuando ellas se recuperaran, y comprende que ellos “no te están cobrando, pero sabés que les debés”.

Debe C$7000 que prestó para pagar ataúd de su padre

“Tomás”, de 75 años, murió el 24 de diciembre. Apenas tres días antes había llegado fatigado a la clínica del Seguro Social. Las vaporizaciones y nebulizaciones que consumió en casa no aplacaron la severidad de la neumonía, que entonces él ni su familia habían asociado con el SARS-CoV-2. 

“Cuando nos enfrentamos a su muerte, no hallábamos qué hacer, porque uno nunca está preparado. Jamás está preparado”, reflexiona “Sofía”, hija de “Tomás” y docente en el departamento de Jinotega, en el norte de Nicaragua.

Cuando su padre enfermó, “Sofía” estaba desempleada. Sobrevivía con 500 córdobas (unos 15 dólares) a la semana, que obtenía con una venta de comida. En casa, todos confiaban que “Tomás” no tenía nada grave. Un par de años antes –cuando aún no existía esta pandemia– él ya había superado una neumonía y los síntomas que presentó eran similares. Por eso no hubo alarma.

Sin embargo, en la víspera de Navidad, llamaron desde el Hospital Victoria Motta, de Jinotega, para avisar que “Tomás” había muerto y urgían un ataúd para que luego una ambulancia lo trasladara directo al cementerio.

Sin dinero para el féretro, la familia de “Sofía” acudió al Seguro Social para solicitar una caja fúnebre a la que su padre –como jubilado– tenía derecho. Pero el ataúd era igual que la pensión que recibía: miserable.

Un amigo de la familia se ofreció a pagar la mitad de un mejor ataúd y “Sofía” prestó a una amiga los otros 7000 córdobas (unos 200 dólares) para cubrir la otra mitad de la caja.

“Sofía” ahora consiguió un empleo en el que obtiene 9000 córdobas mensuales, pero entre los costos de la casa y la mantención de sus cuatro hijos en edades escolares, el dinero no le alcanza para cancelar la deuda.

“Los alimentos cada día están más caros, las deudas, el préstamo que uno hizo”, enumera la maestra, apenada por su deuda.

La maestra "Sofía" estaba desempleada cuando su padre "Tomás" murió por covid-19. Prestó 7000 córdobas (unos 200 dólares) para comprarle una ataúd y con sus bajos ingresos no consigue pagar la deuda.

REPORTAJE ESPECIAL

Dos años de pandemia en Nicaragua: Contagio, muerte, deudas y censura

Entre marzo de 2020 y diciembre de 2021 fallecieron 14 815 nicaragüenses por covid-19. La pandemia de covid-19 cumple dos años este próximo 11 de marzo, y en CONFIDENCIAL publicamos una investigación especial. Este reportaje es parte de esa investigación.

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